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El síndrome del guionista
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Hay ciertos síndromes o males que, por un motivo u otro, suelen venir asociados a una profesión en concreto: la ansiedad del controlador aereo, el codo del tenista, o la tendencia al suicidio del profesor de secundaria. Del guionista, en cambio, que yo sepa no hay nada. Es verdad que la mayoría nos ponemos mucho más redondos que nuestros tramas, de tanto estar sentados todo el día: y sí, solemos ser gente un poco friki que ha visto demasiadas películas, pero a mucha honra, oiga.

Sin embargo, yo creo que los guionistas sí solemos sufrir un mal: el síndrome de los perros apaleaos. No, los productores no nos pegan (eso dejaría marca, y ellos son muy listos). Sí, a veces somos vagos como perros, pero es lo que tiene depender tanto de la inspiración... pero no, la cosa no va tampoco por ahí. A ver si me explico.

El guionista está habituado a que lo que escribe no suela verse reflejado en pantalla como lo imaginó. Muchas veces es culpa nuestra (Ni Susan Sarandon ni Anthony Hopkins estaban disponibles para recitar tus supuestamente estupendas frases, y te tienes que conformar con un actor normalito que a su vez también se tiene que conformar con lo que considera que son tus muy normalitas frases) y otras muchas, de eso que llamamos el "proceso de producción", un mundo mágico en el que los establos con caballos se convierten en un relichar lejano en off y el exterior noche con lluvia acaba convertido en un interior con poca luz y el chorro de una manguera aporreando la ventana. A veces es verdad que se nos va la olla en plan el inolvidable principio de "El secleto de la tlompeta" ("Mil caballos corren por la pradera...") pero en la mayoría de ocasiones se trata de una simple realidad: es muy chungo poner un guión en imágenes, convertirlo en real, y que quede bien.

Sea por nuestra imaginación desbordante, por problemas de producción, o porque después de ser manoseado por mucha gente al final el niño se queda tonto, lo cierto es que en la mayoría de ocasiones suele ser un tanto desacorazonador "ver" lo que uno ha escrito. Incluso aunque los demás te digan que esté muy bien... nunca podrá superar a lo que tenías en la cabeza. Y es que imaginar un guión es mucho más fácil que plasmarlo, claro.

Es por esto que los guionistas suelen ser recelosos y un tanto pesimistas, sobre todo los de televisión, dónde ese "proceso de producción", si ya de por si es chungo, además se hace a toda velocidad y sin el freno de mano puesto. Esa cautela está bien, es sana: yo creo que el pesimismo dentro de un orden hace que uno amortigüe los golpes y reciba las flores con agradecida sorpresa. El problema viene cuando la euforia comienza a ddesatarse a tu alrededor.

He trabajado en una producción que iba bastante bien y con un productor muy entusiasta. Cada vez que venía a contarnos una buena nueva sobre lo bien que iba todo, lo mucho que estaban gustando los guiones, los decorados tan monos, los planos tan bonitos que se estaban haciendo... nosotros le recibíamos con una sonrisa triste y nos callábamos, como esperando que en cualquier momento dijera "y eso, pero...". Lo que pasa es que peros no ha habido casi ninguno, todo ha ido aparentemente muy bien; y cuanto mejor nos contaba que iban las cosas, más escépticos, precávidos y temeroso nos poníamos nosotros, hasta el punto de que el productor se enfadó, y con razón: ¿Pero que coño hay que hacer para que estos guionistas estén contentos?

Supongo que después de esa frase hubiera sido el momento de explicarle lo del síndorme del perro apaleao. Y es que cuando un perro recibe muchos palos, siempre está asustado, pensando que le puede caer una hostia en cualquier momento, de cualquier parte, más suspicaz imposible. Es más, cuando su amo se acerca con los brazos extendidos para darle un abrazo, el perro cree que en realidad le está levantando la mano y le va caer otra, y se acojona aún más. Y así somos los guionistas: con las orejas gachas, acojonados, esperando que nos caiga la hostia (el "pero") que nos tire un poco por tierra esa imagen probablemente pelín inalcanzable que habíamos reproducido en nuestras cabezas tantas veces.

La metáfora es chunga, lo sé (Sobre todo por el rollo productor-amo. Pero asín están las cosas). Pero es que además, los palos sí que vienen de todas partes: de los audímetros, de los críticos, de la panadera y del vecino del quinto, porque aquí de ficción sabemos todos, y de guiones todavía más.

Esta noche yo y mis compañeros nos enfrentamos a la posibilidad de que nos lluevan las hostias de todos lados: también los parabienes, claro, pero eso son más raros, y por eso mismo todavía más apreciados. Intento no sentirme un perro apaleao, no ponerme la venda antes de tener la herida y ser pesimista como autodefensa, pero no me sale. Está claro que tengo el síndrome, que puede que lo tenga toda mi vida (profesional), y que habrá que aprender a vivir con ello, oye. Y si no aprendo, siempre se pueden tomar otras medidas: Una vez le preguntaron a James Cameron que qué iba a hacer el día después del estreno de Titanic, cuando ya se sabría si la peli funcionaba o no, si ese trabajo brutal de tantos años iba a ser éxito o fracaso. Él contesto que no haría nada, solo esperaría. Esperaría en casa, pegado al teléfono, expectante ante la llamada definitva de su productor... con una botella llena de whisky en una mano y una pistola cargada en la otra.

Yo esta noche, de momento, me apunto a lo de la botella. Puede ser la mejor medicina para mi síndrome.

 
Comentario:
Muchas gracias, Ángela y pianista. Y Mariano, por la fábula.

Estamos contentos y eso. La respuesta ha sido positiva, sobre todo entre familiares y amigos, y hasta algún desconocido. Mañana llegan las críticas, y nos echaremos unas risas. Sobre todo con el Albeniz, yo ya he empezado con los ansiolíticos.

Eso si, Pianista, le tomo la palabra y por si acaso, empiezo a tomar clases de piano ya. En dís como hoy, mucho mejor un burdel que una productora. Dónde va a parar...
 
Comentario:


Muy chulo ese piloto. Me gustó mucho el caso y como estaba resuelto, y la referencia a Goya me sorprendió positivamente. También me gusta mucho lo del parentesco Mateo-Dani, y la afición al silencio de Mateo. Y desde luego visualmente es de lo mejorcito. Eché de menos saber algo más de los personajes pero bueno, supongo que esa intriga no es mala cosa para próximos episodios. Enhorabuena!
 
Comentario:
Buenas, no tengo el gusto, pero deduzco que eres guionista de Genesis (si es que soy un lince).

Mucha suerte desde la acera de enfrente, que por mucho que Sofres, Geca y la madre que los parió pretendan enfrentarnos (si es que lo pretenden: yo soy guionista de LHDP) a mí me tienes ganado con el blog.

Y ahora un cuento para niños:

En cierto laboratorio de cierta afamada universidad, hace ya muuuuchos años, un malvado profesor que no había disfrutado del cariño de sus padres experimentaba con ratoncillos. Los animalillos eran introducidos en una jaula sin más decoración que dos palanquitas: una accionaba el suministro de comida, la otra una descarga eléctrica muy dolorosa, pero no mortal.

Los ratoncillos, listos como ellos solos, aprendieron enseguida de la experiencia, y tras algún que otro calambrazo, apretaban exclusivamente la palanquita de la comida y se ponían hasta el culo. Hasta ahí, todo bien. Pero entonces, el malvado profesor que no había disfrutado del cariño de sus padres cambió la función de las palanquitas, de forma que los pobres ratoncillos, desconcertados, se hartaron a recibir calambrazos... hasta que llegados a un punto, prefirieron morir de hambre antes que apretar ninguna de las dos palanquitas.

El malvado profesor que no había disfrutado del cariño de sus padres dio por bueno el experimento y bautizó lo que de toda la vida había sido el por todos conocido "síndrome del perro apaleado" como "indefensión aprendida".

Y se quedó tan ancho.

Pues eso, por si a alguien le suena de algo.
 
Comentario:
He estado viéndola, y la verdad es que ha sido impresionante. De las series españolas más aparentes que he visto.
Parece que en Boomerang/Ida y Vuelta están empeñados en hacer series de género como Dios manda.
He tenido algunos problemillas de credibilidad con el casting, y en algunos momentos me ha parecido que el diálogo era algo explícito. Pero esas son mis obsesiones personales.
Es un producto valiente y muy conseguido. Enhorabuena.
 
Comentario:
Mucha suerte con Aro Tolbukhin.
Tiene una pinta buenísima.
Si al final no sale la cosa como esperabas, siempre te puedes venir al burdel a amenizar conmigo las fiestas de otros.
 
Comentario:
¡Muchas gracias a los tres!

Y tienes toda la razón del Mundo, Ángela... pero entiéndeme, es que estoy acojonaito. :)
 
Comentario:


Os deseo mucha suerte, Acho. De todas formas, ante el síndrome del guionista, creo que hay varios consuelos. Ver tus palabras traducidas, mejor o peor, en una pantalla, grande, pequeña o incluso del móvil, ya es un éxito. En definitiva, que para recibir palos hay que estar en el ruedo (en el ruedo de los perros, yo sí que estoy desafortunada con las metáforas hoy), del mismo modo que para que la panadera opine has tenido que sentarla delante de la tele y eso ya es algo grande. Tods las series (las que pinchan incluidas) congregan a millones de espectadores delante del aparato, pendientes de lo que tú, de lo que los compañeros guionistas tengan que ofrecer. Piensa en la cantidad de estadios de frusgol repletos de gente estará escuchando, y piensa en la posibilidad de hacerles adictos, de sentarles ahí semana tras semana. Y a disfrutar, que de eso se trata.
 
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te entiendo perfectamente.
suerte con el estreno.
 
Comentario:
Pues nada, habrá que ver la serie, pero tranquilo que seguro que habéis hecho un buen trabajo. Otra cosa es que la ingrata audiencia lo sepa apreciar y en un apretar de botón eche por tierra el duro laburo de tanto timepo. Gajes del oficio...

Y cierto, aquí todo el mundo sabe de televisión por el mero hecho de verla. No sé, yo monto todos los días en coche y no significa que sepa conducir. Y si quiero conducir de manera legal tengo que demostrar mis conocimientos en un examen, ¿no? Propongo exámenes para televidentes. Si tienes carné, opinas. Si no, inténtalo de nuevo.
- Mira que eres torpe Manoli, te has presentado quince veces al teórico y no hay manera de que apruebes.
- Jopelines, Gumersinda, es que me salió otra vez la del "plot point". Es que van a pillar, oye.
- Así no vamos a ir nunca de público al "Qué apostamos". Y mírate el tema de los arcos dramáticos no sea que te caiga esta vez.

Ánimo y suerte, acho.
No