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IO SONO STREGA

¿El Acorde de mi vida?
Prueba de amenazarlo, amor,
pero no te aseguro que calle.


Dicho sea:

"No vale la pena tener un mundo dentro y no sacarlo pa' fuera"
Pastora
 
Mirando al mar... SOÑÉ
Conocí a un genio

Hoy
conocí a un genio en el tren
como de seis años de edad;
se sentó a mi lado y,
mientras el tren
corría por la costa,
llegamos al océano.
el niño me miró y me dijo:
"el mar no es nada bonito".
fue la primera vez
que me di cuenta
de ello.

Charles Bucowsky
 
MAS VALE PREVENIR
Por si acaso

Y lo que espero de la vida
cabe un cascado vaso,
que está casi lleno
y medio vacío,

por si acaso.

Y lo que tengo de la vida
se lo debo al fracaso,
que me da sabiduría
y me daña,

por si acaso.


Por si acaso...
me enorgullezco
de fracasar en un vaso.

Por si acaso...
me contento
con navegar en el fracaso.
 
NO SOMO NADIE
- ¡Rosaaaah linda, tan a sinco euro! ¡Rosa, a sinco euro!



Y con la muerte
creció un rosal de rosas rojas,
sobre el vino derramado
por el reptil ardiente y miserable
de nombre malogrado
solo por tener hambre...
...valientemente asesinado
solo por sangre.

- ¡Rosaaaah linda, tan a sinco euro! ¡Rosa, a sinco euro!
 
CUANDO ME PICA LA PLANTA DEL PIE
La primera vez que me picó el pie me rasqué. El picor cesó, pero realmente no fueron mis manos quienes consiguieron tal alivio. Creó que dejó de picarme solo psicológicamente.

La segunda vez estuve con el picor el doble de tiempo.... no noté nada por mucho que me rasqué. Fue muy duro. Decidí por entonces que me calmaría el hecho de ponerme a correr, a saltar, a andar de puntillas, arrastrar los pies... y creo recordar que la mezcla de todo esto me alivió.

La tercera vez ya duró la cosa más de lo que es aguantable.
Corrí, salté, caminé kilómetros y kilómetros como antes y nada, el picor no cesaba.
Tuve que buscar otra vez nuevas soluciones.
Probé a pasear sobre varios terrenos: arena, hierba, piedras, tierra, duro asfalto... y no solo anduve encima de diferentes texturas sino que nuevamente corrí, salté y me refregué los pies sobre ellas.
Y cuando empezó a cesar - no recuerdo si realmente llegó a dejar de picarme - retornó el picor con más fuerza.
Era inaguantable, la angustia me dominaba.
Ya no sabía que hacer... Y en una de mis desesperaciones probé a pisar el borde de las aceras, hacer crujir las hojas secas, chutar piedras, saltar en charcos de agua, rozaslos rodando botellas, resbalar en aceite... a ver si con acciones más simples, con sensaciones más sutiles se calmaba.

Al final todo cesó - o eso creo- solo por cansancio.
Pero estoy segura de que volverá a picarme la planta de pie, como siempre, y con más fuerza.

Espero, para entonces, haber aprendido ya a desabrocharme los zapatos.
 
LA CALLE ES UN CHISTE
“Cosas que hacen que la vida valga la pena”

Salía de la tienda de libros. “Antología poética de Miguel Hernández”
- Vaya, con dibujos y letras de colores...
Pensé que era “moderno” el libro, pero que a mí me gustan más los de páginas amarillentas y faltos de garabatos que desfiguran la imaginación.
Levanté la vista y una niña se apartó de mi bruscamente porque, ensimismada en mis pensamientos, casi me la trago. Me giré pues hubo algo en ella que me llamó atención.
Estaba esquelética.
Quizás fuera genético, pero cuando iba hacía la librería me fijé en el escaparate de una tienda de ropa y vi que los maniquíes eran barbies a tamaño humano, así que mi pensamiento juzgó a su manera:
- Una niña de pocos años ¿cómo va a saber que no se puede ser como esos maniquíes? ¿Quién se lo va a enseñar? ¿sus amigas que tiene el mismo conocimiento? ¿de dónde lo va a aprender? ¿de su madre que hace dieta para adelgazar?

Giré la vista enfadada conmigo misma.
- ¡Quién me mandará a mi a meterme en tales debates!
Y vi un viejo –persona mayor para los modernos que piensan que queda peyorativo eso de decir viejo -, que muy, muy, muy lentamente se agachaba a coger una moneda de diez céntimos que se le acababa de caer. Bajaba gruñendo, como rompiéndose...
- ¡Y todo por diez céntimos! Qué gracia...

Seguí mi camino, fui a pasar por el paso de cebra y en la esquina un viento se levantó, una traviesa mota, esquivando las gafas, se metió en mi ojo, y no acabé de cruzar.
Eché una lagrimilla para expulsar a la intrusa, miré hacia arriba para ponerme las gafas, y vi que la calle se llamaba: BONAVISTA, que traducido sería BUENAVISTA.
- Ironía.

Continué pensando en lo divertido que estaba siendo ir por la calle cuando de pronto, pasa una mujer con un abrigo color verde fosforito, seguida, a varios pasos, por una señora que llevaba un vestido color verde hierba, y mirando hacia arriba, vi dos bloques pintados de color verde pistacho.
- Vaya, esto de piensa en verde está afectando a la gente... será la primavera.

Después fue muy curioso, porque observando la parada de autobús vi a un hombre que leía, con el que se chocó una mujer que iba distraída mirando a una pareja, pareja que se esforzaba por agradar a un bebé, bebé que intentaba que el “guauguau” se girara, “guauguau” que miraba a un niño, niño que observaba como patinaban dos chicas en el parque.
- Y yo pensando en que hoy no he cogido los patines... ¡Qué cosas!

Y llegando a casa ya, vi a un hombre que iba con una niña de la mano. Al principio pensé que eran pareja, pero a medida que lo iba viendo mejor –me iba acercando, soy miope -, comprobé que, seguramente, era su hija.
- Que pervertida que soy... jajajaja.
No pervertida no, pero es que hoy en día, ¿cuántos hijos van de la mano de sus padres?
Muy pocos, les da vergüenza se ve...
O bien sus madres no quieren... porque a luego vi un niño que iba a hacer un recado de compra.
Era un niño corriente, que andaba normal, y que no llevaba carro ni cesto del mercado, pero pensé así porque en la mano, casi ocultado, llevaba un monedero de charol, redondo y negro...
- ¡Pobre! Cómo se lo vena sus amigos qué pensaran...

Después me sorprendí observando otras tantas cosas más, porque no quería, por sobrestimar los pequeños detalles, perderme una carcajada.

Y es que la monotonía, si le aplicas la chispa adecuada, puede ser graciosa y todo.
 
A eso de las nueve y pico...
...cuando del soleado día se esconde el Sol:


 
CUANDO LA ARENA NO SE SECA
"...y si tus besos no son mi orilla, naufragaremos toda la vida."

La mar se llevó algo que no le di.
No se lo reprocho, aunque duela,
porque sé que en la buena playa
la sedienta arena nunca se seca.
 
ME BASTARÍA UNA VEREDA
Hoy me encuentro mal.

Muchas veces se tienen bajones, o dolores, o penares, o alegrías que matan... y se dicen cosas por el estilo.
La habré dicho alguna vez, pero nunca iba en serio. La dije como el ateo que dice: “¡Me cago en Diós!”.
Pero hoy supe realmente qué es eso que seguramente otros miles tampoco saben.
Una nueva y extraña sensación.

- ¿Cómo puede ser?
- Es todo un mundo... lo acabo de descubrir, de verdad.

He estado alegre, triste, melancólica, mimosa, arisca, compasiva y burlona.
He caminado, corrido, descansado, cantado... he escrito, borrado, leído, contado,...
He descubierto que la pupa de mi labio tiene forma de corazón...
He hecho un esfuerzo increíble pensando cómo ganar al ajedrez a un niño de diez años...
He escuchado tres veces la misma canción...

Y mientras hacía todas estas cosas, no he dejado de sentirme mal.
No es solo físicamente, ni moralmente...
Es un todo.
Un todo que no alcanzo a comprender, por supuesto.

No es nada malo, porque siempre que me ocurre algo que los demás ven negativo me alegra tanto, o puede que más, como lo positivo.
Sin embargo, tampoco es nada bueno.

¿Soy agua que aprende que puede apagar fuegos o fuego que aprende que el agua le mata?

Lo más posible es que, sencillamente, sea aire... de ése que no sabe donde está.


Voy a buscarme mejor,
es un momento,
ahora vuelvo.


PD: No quiero ánimos... sólo quiero llegar, me bastaría una vereda.
 
EL REBELDE CARACOL
Parte Segunda

Muy a su pesar aceptó el caracol subir al avión porque discurrió que así por lo menos atravesaría el bosque más rápidamente.
Una vez en el aire los gorriones conformistas fueron explicándole los maravillosos paisajes que sobrevolaban, elogiando hasta la pequeña piedra, como buenos guías.
Pero no sirvió de nada pues el caracol no abrió los ojos en lo que duró el trayecto.
- ¿Por qué no abres los ojos? ¡Es todo tan hermoso!
- Porque no me gustan las alturas.
Así el trayecto aéreo tampoco alegró al melancólico caracol que, una vez en el suelo, mareado, gritó:
- Menos mal que aquí abajo consigo ver.
Con todo y eso el caracol seguía muy triste, deseaba ahora con más fuera que nunca salir de ese tal Paraíso.
Ahora todos los animales se desvivían en la tarea de hacerle feliz, pero él, a cualquier proposición, protestaba:
- ¡Dejadme tranquilo! No me entretengáis.
Y la gente se turbaba con su respuesta.
¿Cómo era posible que aquél caracol no aceptara los exquisitos placeres que le ofrecían?
Algunos le acusaron de desconfiado.
- Siempre lleva su casa encima, no necesita pareja para perpetuar su especie, y se conforma con lo que puede abarcar.
- El caracol, realmente tiene miedo de todo.- apuntó un búho.
- Quizás solo haya que darle un poquito de confianza.
- ¡Hablemos con él! Ganemos su confianza y después expliquémosle porqué ha de sentirse feliz con todo lo que le ofrecemos.

Le cortaron el paso con unas enormes y preciosas piedras cubiertas de intenso musgo. Pero el caracol no se lo pensó dos veces y se dispuso, impulsado por la cabezonería mas que por la valentía, a escalar la piedra.
Una vez llegó a lo que para él fue la cima, llegaron un grupo de erizos y la rodearon.
Él se escondió en su caparazón de pánico que le entró pues ahora no podía descender.
El Sabio Búho, tardó en encontrarle, pero cuando lo hizo todavía lo miró con más rabia por haber, de alguna manera, huido de él.
habló:
- Vengo en son de paz – una vez el caracol asomó.
- ¡Vaya ironía! Si vienes en son de paz ¿por qué me tienes acorralado?
- Era la única manera de pararte...
- ¡Pero si no has probado otra!
- Llevamos unos largos días intentando complacerte, amigo y no encontram...
- ¿Amigo?
- Venga va, no te pongas a la defensiva, ya nos conocemos.
- Ya me conoceréis, porque yo de vosotros no sé nada.
- Sabes que queremos hacerte feliz. Nos desvivimos por ello, por tu felicidad, para tu bien...
- Y para el vuestro.
- ¿Para nuestro bien? ¿En qué me va a beneficiar que tú sonrías?
- Pues en lo mismo que te beneficia que no lo haga.

El Sabio Búho calló. Le despistó aquella respuesta.
El caracol, cansado de discutir con un búho ciego se propuso a encerrase de nuevo en su casita. Pero el Sabio retomó la conversación:
- Sonreír te beneficia mucho más que estar triste.
- ¿Ah, sí? ¿En qué?

El Sabio búho bajó la cabeza. En el fondo sabía que no había respuesta alguna, que todo depende de cómo se mire.
Lo supo desde la primera vez que habló con el caracol. Pero se lo negaba.
- ¡Erizos, retírense!

Así el caracol ganó la batalla.
No le venía de gusto la victoria. Ganar algo que ya se tiene es como beber sin tener sed.
Intentó continuar su camino, rezándole a su cáscara para que nadie más le interrumpiera:
- Con lo lento que soy, encima que me pongan obstáculos me parece una atrocidad...

Pero no por mucho madrugar amanece más temprano y, a la vuelta del hierbajo apareció el Ejercito de Hormigas.
 
EL REBELDE CARACOL
Parte Primera

Paseaba una mosquita alegre por el campo.
No estaba contenta, sino que nadie se atrevía a pasear triste por aquel lugar. No recuerdo si existía una ley que lo prohibía o simplemente allí no se entristecía, pero todos los habitantes paseaban así.
Siempre que llegaba un forastero que recorría el lugar con una cara larga, hacían por ofrecerle toda la riqueza del bosque: los mejores frutos, las más olorosas flores, el agua fresca y pura como la misma nieve, los comodísimos asientos de hierba fresca, las acogedoras camas de hojas secas... Todas las riquezas para que el ambulante cambiara la cara y no rompiera esquemas.
Después de tal recibimiento todos los forasteros suplicaban quedarse, pero, de los pocos que lo conseguían, la mayoría volvía a marchar. A la cara que ha sufrido la tristeza del alma, las arrugas del dolor no le desaparecen. Y pronto los veteranos aldeanos miraban con ojos de reproche a los que intentaban, con la máxima voluntad, instalarse.
Así transcurría la vida año tras año en el bosque, como un mundo a parte. Un mundo que creó fama de paraíso, pero que, aunque con puertas abiertas, era cerrado como un hueso.

Un soleado día, un melancólico caracol de jardín se perdió por la tierra y acabó en el bosque.
Estaba desconcertado, todo le parecía muy extraño, grande, temerario... y sabiendo que no podía dar marcha atrás, se dispuso, resignado, a atravesar el lugar tristemente.
Rápidamente extendida la noticia, el primer grupo de “conformistas” –así se llamaban los que alegraban el día a los forasteros -, se puso en marcha: le llevaron al caracol las hojas de parra más frescas del bosque, aquellas que estaban impregnadas con la brisa de la madrugada.
El caracol las aceptó de buen grado, y una vez digeridas, estas le aportaron el agua suficiente para llorar amargamente. El primer grupo de conformistas, desorientados y enrabiados, le preguntaron que porqué lloraba si acababa de ingerir un manjar exquisito.
- ¿Sí?
- Claro que sí.
- ¿Y me las habéis traído de este bosque?
- Exacto, de los enormes árboles, ¿es que no los ves?
- No... mi vista solo alcanza a las hierbas.
Y más aturdido y triste que antes continuó su travesía.
Pronto aparecieron los segundos conformistas que le regalaron las más apetitosas moras del bosque. El caracol no las comió, dijo que podrían estar envenadas.
- ¿Envenenadas? ¡Imposible! La zarzamora que ahí está es sana como un roble.
- ¿Qué zarzamora?
- Ésa, ¿es que no la ves?
- No, mi vista solo alcanza a las hierbas.
Y con la vista borrosa y los papos encendidos marchó para adelante deseando que el camino se acabara pronto.

En el bosque, los reyes congregaron a la Asamblea de Asuntos Interiores para discutir seriamente el problema. El caracol no veía más allá de las hierbas, había que enseñarle todo lo que no alcanzaban sus ojos. Pronto los sabios infirieron que le harían un avión de golondrinas para que atravesara parte del camino por las copas de los árboles y viera que, realmente, en el bosque podían ofrecerle lo mejor del mundo.
 
SA DESBOCAO LA PRIMAVERA
"Yo del aire menamoro, y hago siempre lo que quiero..."


El sol que pica en la cara, el vecino que me saluda y se despide en un solo paso, la rama del árbol que tiembla, el hombre que se asusta cuando paso corriendo a su vera, el vendedor que no me pregunta que quiero, la señora que me insulta por patinar en las Ramblas, el perro que me ladra todos los días, el andamio de la esquina, mi habitación llena de brujas, la pizza de la noche, el olor a pan caliente de las mañanas, el barullo del almuerzo y la discusión de la comida...

Menamoro.

La casa que me abriga, el padre que me alimenta, la madre que me parió, la familia que a ratos me recuerda, el hermano que siempre me ha faltado, la Odisea, los amigos que no conozco, los que tanto quiero...

Menamoro.

El cuento que nunca acabaré, el poema con el que siempre sueño, el dibujo que nunca veré, la canción que siempre escucho...

Menamoro...
...de todo.

Pero me enamoro de verdad, para lo bueno y para lo malo.
Hay horas en las que me pongo una gorra, bajo la cabeza para no saludar al vecino, me cago en los muertos de la señora que se ha cagado en los míos, y detesto el perro y el barullo insistente.
Días en los que la casa me comprime, mi padre me engorda, mi madre me pone a parir y mi familia no existe.
Meses en los que no escribo, los versos me pinchan y la música se me repite.
Pero, igualemente, sigo a la desbordada primavera.

¿Enamorada de la vida?
No, enamorada para la vida.

 
TRES TRISTES TIGRES vs UNA TRISTE PANTERA
La tristeza es siempre como una esponja, absorbe el agua de la vida hasta hacerla morir.

Aunque no morimos de tristeza, sino con tristeza.
Y orgullo... por haber pisado tierra firme y haber volado bien alto, por habernos caído y arrastrado, por haber muerto y resucitado miles de veces en un lecho, en unos brazos, en un ataúd de rosas... por habernos partido en dos, por entregarnos, vendernos y prostituirnos, por haberle llorado a la alegría y reído a la pena, por soñar con los pies y besar con las manos... por usarnos aún sabiendo que nos desgastamos...
Dejar todo ello atrás, aunque contentos con nuestra faena, es, posiblemente, lo más triste de nuestra vida.
Quizás, tan solo en eso consista la muerte...

Sentir deseo y estrangularlo un tiempo es llenar el mar de piedras e intentarlo cruzar.

Y hay que saber entristecer.
No se puede, por ejemplo, alimentarse con reproches o arrepentimientos. Morir así (o por ello) más bien sería una venganza personal, un suicidio.
No se puede.

Por eso, si tenemos que secarnos, que sea por derramar agua (de la vida) no por evaporarla. Así, como mínimo, tendremos algo donde nadar cuando intentemos salir a flote.

Cuando veas que no puedes soportar el vacío de la soledad... si la fuerza solo en tu saliva está:
- Aprende a actuar.


Pues, al fin y al cabo, la vida es un escenario; vivimos sobre tablaos, en corralillos, en sitios locales, a la italiana, e incluso, a veces, con dos cortinas y un poco de arena, nos basta.
Pero saberse mover en escena, o entre bambalinas, no depende del escenario sino de la actuación de cada cuál.

Actuar para hacer, no para fingir.

No es bueno solo hablar de ti la parte amable y que todo va bien.
- Aprende a llorar.


Así, cuando estés creciendo y la frustración te ciegue el camino hacia tus méritos, podrás desahogar el nudo que siempre lleva al embudo.

Y aprender.
Aprender no estudiar; escribir con pico y martillo no con lápiz o bolígrafo, no vaya a ser que alguna efímera y burlona gota borre lo adquirido.
En contra de lo que algunos creen, es tarea fácil.
Al principio vamos desnudos, y solo cuando nos visten sentimos pudor...
Antes que nada nos aislamos, caemos, nos perdemos, lloramos, y solo cuando encontramos una mano, un refugio, lo hacemos voluntariamente... Solo cuando no podemos jugar nos aficionamos, cuando nieva tenemos calor, queremos siempre que no podemos...
Con el tiempo vamos restamos lo que algún día sumamos... lo que no quiere decir que nuestro orgullo decaiga.
Compartimos, pero somos avariciosos sin límite, y nada, absolutamente nada de lo que conseguimos lo dejamos marchar sin hurtarle, como mínimo, la esencia.

Las marcas que deja la vida en la cara se ven.
Las huellas que deja el amor en el corazón se leen.


Nada desaparece, todo se...

Aprende a ver y leer...


PD: Todo lo que está en cursiva es de la canción de Mägo de Oz "Tres tristes tigres "
 
A caballo regalado...
A ver...
¿Porqué carajo hago esto?
¿Una manera más de perder el tiempo?
¿Una manera de huir? ¿De qué o quién?

Tal vez...
¿para decir algo cuando nadie escucha?
¿Y si nadie lee?
¿ Porqué pelearme con mi ordenador?
¿Porqué no?

Quizás...
¿para soltar según que cosas?
¿A quién? y ¿Qué cosas?
¿Porqué explicarlo casi todo?
¿Porqué callarse?

Puede ser que...
...que esto no funcione.
Pero también tiene el planeta miles de preguntas sin contestar y aún sobrevive, aunque de mala manera.

Es gratis, ¿no?

...no le mires el dentado