
Se conocieron en el parque mientras paseaban a sus mascotas.
Empezaron a encontrarse más a menudo en la panadería, en la ferretería, en el puestecito de cupones...
Y resultó ser que tenían amigos en común.
Sumaron días, compartieron risas, excesos, noches y lunas llenas.
Los dos corazones buscaban huir de sus casas de barrotes y uno de ellos pidió un préstamo para comprar un love en la terraza de un quinto sin ascensor.
No se fueron a vivir al momento, primero tenían que, cada cual por su cuenta, echar aceite a la puerta que iban a cerrar tras de sí para que no hiciera mucho ruido, o como mínimo, para que no se despertaran los vecinos.
Pasaban los días, los meses, se acabó de pagar el préstamo y el love se licenció en escondite de cabaña para dos minutos.
Ninguna de las cabezas comprendía que la acción y el sacrificio calla hasta a los mejores afiladores, y continuaban intentando que el tiempo y el disimulo engrasara la comprensión.
El hastío se encendió con la chispa de las lamentaciones, día a día:
- No podemos seguir así...
- Mi padre es más papista que el Papa y se empeña en que su heredero sea pollo pelado... y ¡de caza!
- Mis abuelos... es que ... no... me amenazan con morirse... dicen que quieren tanto a su único nieto... que mis padres me dejaron a su cuidado porque confiaban en... bueno, ya sabes...
La monotonía, aunque con polvos de felicidad, es agotadora...
Se querían mucho y por ello se ocultaban cada vez más, avergonzados de no ofrecerse al amor tanto como merecía, o mínimo, como requería.
Empezaron a no salir con sus amigos; a no bajar a comprar el pan, a pasarse por la ferretería y dejaron de saludar al vendedor de cupones.
El olvido se volvió bisiesto, como sus encuentros.
Cuando le pregunté cómo era que el love me lo vendía casi nuevo me respondió:
- Del plato a la boca se pierde la sopa...

No
importa que se rompa. No lloréis
por mí, llorad por vosotras mismas.
...Suavemente, las niñas abren sus piernas
al borde de la acera y orinan suavemente.
Yo escucho, al pasar, un dulcísimo susurro
y contemplo, algunas veces, cómo desciende temblando...
Me gustan las niñas una barbaridad.
Su manera de decir "mamá, quiero mear".
Me recuerda los años invisibles
atravesados por un arroyo de cintas y colores.
Ahora que está lloviendo, yo bien quisiera, niñas
del mundo entero, veros orinar todas juntas,
formando una fila infinita de templados surtidores
fluyendo del corazón de todas las niñas que orinana en la calle.
BLAS DE OTERO
No vayas a cerrar la ventana, el viento me clama.
¿Ironía dices?
Bueno, te dejo la contestación a libre albedrío.
La verdad es que era solo por abrir tema de conversación. Una se aburre mientras plancha la ropa... Pero ¡qué remedio! casi todo lo demás está hecho.
Aunque quizás pueda volver a sacar el azúcar del salero, y hacer montoncitos de diez granitos de sal alrededor del azucarero.
¿Absurdo dices?
Era ironía guapetón.
De qué quieres que hablemos... ya sabes que las palabras bonitas como las mujeres bonitas...
En fin, mejor cierra la ventana no vaya a ser que se sume más polvo a las cenizas que nos distancian.
¿Que no me entiendes?
Ay cariño... si te sienta algo mal, vea como se vea, tú tienes la culpa.
Mira, ni pa' ti ni pa' mi; un truco para atenuar nuestra herida: piensa en gris, ni a lo blanco, blanco, ni a lo negro, negro, así mi ironía no será más que... ironía.
¿Que mañana me llamas?
No te vayas, espérate a que acabe de planchar la ropa que el aburrimiento me deja un sabor amargo, y más si al abrir la ventana los montoncitos de azúcar y sal se fueron volando... ¡carajo! por algo te dije que el viento no me calmaba.

¿Ironía dices?
Bueno, te dejo la contestación a libre albedrío.
La verdad es que era solo por abrir tema de conversación. Una se aburre mientras plancha la ropa... Pero ¡qué remedio! casi todo lo demás está hecho.
Aunque quizás pueda volver a sacar el azúcar del salero, y hacer montoncitos de diez granitos de sal alrededor del azucarero.
¿Absurdo dices?
Era ironía guapetón.
De qué quieres que hablemos... ya sabes que las palabras bonitas como las mujeres bonitas...
En fin, mejor cierra la ventana no vaya a ser que se sume más polvo a las cenizas que nos distancian.
¿Que no me entiendes?
Ay cariño... si te sienta algo mal, vea como se vea, tú tienes la culpa.
Mira, ni pa' ti ni pa' mi; un truco para atenuar nuestra herida: piensa en gris, ni a lo blanco, blanco, ni a lo negro, negro, así mi ironía no será más que... ironía.
¿Que mañana me llamas?
No te vayas, espérate a que acabe de planchar la ropa que el aburrimiento me deja un sabor amargo, y más si al abrir la ventana los montoncitos de azúcar y sal se fueron volando... ¡carajo! por algo te dije que el viento no me calmaba.






