
Tiene dieciocho años en su joven piel,
residuos de muñecas en sus uñas
porque sigue siendo niña en su cuerpo de mujer.
Vive encarcelada entre los
murmullos de una gran ciudad
y de vez en cuando llora, no vio nunca el mar.
Desconoce tantas cosas que
una noche de estas tiene que escapar.
Y voló, se marchó dejando padres y un cajón
donde guarda cartas de un primer amor;
se marchó llorando sin decir adiós.
Y voló, se escapó una noche en dirección al Sol;
se marchó gritando por su dulce voz:
- ¡Quiero ser eterna, quiero ser canción!
(...)
CARTA
Tengo entendido que la adolescencia es una etapa en la que empezamos a cuestionar lo que nos rodea: el mundo, la muerte, los valores de las persona cercanas... En este ciclo se supone que yo debería construir mi identidad: el proceso de diferenciarme, de saber quien soy, que quiero hacer...
¿Por qué no me dejáis?
¿Por qué impedís que viva la vida y aprenda de mis propios errores?
Lo único que quiero es deshacer el nudo que me priva ser aquello que siempre ha estado allí, pero que nunca se le ha permitido salir.
Para qué tantas normas, tantas pautas, si lo único que producen son monotonía e igualdad. Dicen que cada persona es un mundo y tienen razón. Pero es que todo los mundos tienen la misma forma: agua y tierra. Todas las personas tienen la misma formación: mente y cuerpo. El agua y la mente son infinitas, libres e inagotables. Nadie puede impedir que sean de una manera o de otra. Sin embargo, la tierra y el cuerpo, no. La primera está compuesta toda ella por lo mismo, pero cada parte se puede dominar de una manera diferente; se le puede cambiar el aspecto, la productividad... Lo mismo pasa con el cuerpo. A este se le domina de una manera o de otra, se le manda y puede estar sometido a lo que se le ordene. Y yo pregunto:
Entre el agua y la tierra ¿qué es lo más frecuentado? Entre la mente y el cuerpo ¿qué es lo que tiene más protagonismo? ¿qué es lo único que se puede dirigir?
Con esto quiero llegar a la conclusión que a todas las personas desde chicas nos queréis hacer igual que a los demás: educadas, listas, respetuosas... y nos ordenáis lo que debemos hacer, como debemos ser. Nos regaláis un hogar, y conseguís que nuestro carácter vaya a juego con él.
La tierra, mi cuerpo, ya está dirigido para tirar por un camino determinado ¿Y si el agua no se lo permite? ¿y si mi mente no está de acuerdo?
Da igual. Una vez aceptado ese modo, una vez acostumbrados a esa vida, ya no nos podemos deshacer de esa monotonía que la rodea.
Sé que no puedo cambiarla, así que lo único que puedo hacer es no permitir que me cambien. Que no intenten que sea como los demás; si el lugar, si la clase social, si la vida no va conmigo ¿porqué tengo que adaptarme a eso?
Lo siento, a partir de ahora: nada de cargar con lo que no quiero, nada de soportar lo que odio, y sobretodo, nada de ser algo que no quiero ser.
Si no es así, no volveré.

Tengo entendido que la adolescencia es una etapa en la que empezamos a cuestionar lo que nos rodea: el mundo, la muerte, los valores de las persona cercanas... En este ciclo se supone que yo debería construir mi identidad: el proceso de diferenciarme, de saber quien soy, que quiero hacer...
¿Por qué no me dejáis?
¿Por qué impedís que viva la vida y aprenda de mis propios errores?
Lo único que quiero es deshacer el nudo que me priva ser aquello que siempre ha estado allí, pero que nunca se le ha permitido salir.
Para qué tantas normas, tantas pautas, si lo único que producen son monotonía e igualdad. Dicen que cada persona es un mundo y tienen razón. Pero es que todo los mundos tienen la misma forma: agua y tierra. Todas las personas tienen la misma formación: mente y cuerpo. El agua y la mente son infinitas, libres e inagotables. Nadie puede impedir que sean de una manera o de otra. Sin embargo, la tierra y el cuerpo, no. La primera está compuesta toda ella por lo mismo, pero cada parte se puede dominar de una manera diferente; se le puede cambiar el aspecto, la productividad... Lo mismo pasa con el cuerpo. A este se le domina de una manera o de otra, se le manda y puede estar sometido a lo que se le ordene. Y yo pregunto:
Entre el agua y la tierra ¿qué es lo más frecuentado? Entre la mente y el cuerpo ¿qué es lo que tiene más protagonismo? ¿qué es lo único que se puede dirigir?
Con esto quiero llegar a la conclusión que a todas las personas desde chicas nos queréis hacer igual que a los demás: educadas, listas, respetuosas... y nos ordenáis lo que debemos hacer, como debemos ser. Nos regaláis un hogar, y conseguís que nuestro carácter vaya a juego con él.
La tierra, mi cuerpo, ya está dirigido para tirar por un camino determinado ¿Y si el agua no se lo permite? ¿y si mi mente no está de acuerdo?
Da igual. Una vez aceptado ese modo, una vez acostumbrados a esa vida, ya no nos podemos deshacer de esa monotonía que la rodea.
Sé que no puedo cambiarla, así que lo único que puedo hacer es no permitir que me cambien. Que no intenten que sea como los demás; si el lugar, si la clase social, si la vida no va conmigo ¿porqué tengo que adaptarme a eso?
Lo siento, a partir de ahora: nada de cargar con lo que no quiero, nada de soportar lo que odio, y sobretodo, nada de ser algo que no quiero ser.
Si no es así, no volveré.






