Cuando mi pequeño Acorde vivía en la Selva, todo era terror. Sonidos guturales, caminos que tiemblan, vientos que pican, amigos que rugen, alimentos que matan... No sé si fue un fallo abandonarlo o una mala elección hacerlo en tan feroz paisaje. Se conviertió en un ser austero, cumpliendo todas las acepciones de la palabra, y nunca pude definir su personalidad sin evitar la mueca en mi rostro. Me aconsejaron que solicitara un traslado. Al fin me concedieron una plaza en uno de los Jardines de renombre, de aquellos en los que te prestan los cubiertos.
Parecía adaptarse a la perfección: su moral encajaba con la de los demás habitantes del césped. Y fue la primera vez que lo sentí suspirar. Yo hubiera suspirado de satisfacción con él si no fuera porque, a pesar de todo, mi querido Acorde exhalaba nada más que melancolía.
Lo que son las raíces...

Parecía adaptarse a la perfección: su moral encajaba con la de los demás habitantes del césped. Y fue la primera vez que lo sentí suspirar. Yo hubiera suspirado de satisfacción con él si no fuera porque, a pesar de todo, mi querido Acorde exhalaba nada más que melancolía.
Lo que son las raíces...

Algún día una nueva generación no aceptará la anticuada religión y los mitos de hoy. Cuando llegue la nueva religión negará la idea de que el hombre nace en el pecado. Una religión nueva alabará a Dios por hacer felices a los hombres.
La nueva religión negará la antítesis entre cuerpo y espíritu. Reconocerá que la carne no es pecadora. Sabrá que una mañana de domingo pasada nadando es más santa que una mañana de domingo invertida en cantar himnos, como si Dios necesitase himnos para tenerlo contento. Una religión nueva encontrará a Dios en las praderas y no en los cielos. Imaginémonos lo que se lograría si sólo el diez por ciento de todas las horas gastadas en rezar e ir a la iglesia se dedicasen a buenas acciones y actos de caridad y de ayuda al prójimo.
Todos los días me dice mi periódico cuán muerta está nuestra religión actual. Metemos a personas en la cárcel; suprimimos la opinión que no está de acuerdo con la nuestra; oprimimos al pobre; nos armamos para la guerra. Como organización, la Iglesia es débil. No termina con las guerras; hace poco o nada por atemperar nuestro bárbaro código penal. Rara vez se coloca frente al explotador.
(...)
Para muchas personas, la religión convencional organizada es una salida fácil para los problemas individuales. Si un católico romano peca, se confiesa con su sacerdote y el sacerdote lo absuelve de su pecado.
Las personas religiosas echan su carga sobre Dios; creen, y su camino a la gloria está asegurado. Así la importancia pasa del valor personal y de la conducta individual al credo. “Cree en el Señor y te salvarás.” El credo, en efecto, dice que hagáis una declaración y vuestros problemas espirituales quedarán resueltos. Tendréis garantizado un pasaje para el cielo.
A.S. Neill en SUMMERHILL


Ya ves. Decidido: será la última carta que escriba bajo este estilo mío, nacido de mi pulmón a tu pulmón. Aunque este tú haya ido cambiando de persona, no de sujeto. No pienso volver a hablar del tiempo, ahora me pesa y lo odio. Tampoco del amor, eso que, lamentablemente, ahora sí existe. He comprendido que las aventuras no se buscan, se tropieza una con ellas; que las palabras necesitan cariño, tanto como yo; que los caminos por los que me arrastro, piso o sobrevuelo son, en su manera, grandes Ramblas; que aunque no soy cuerpo&alma, solo materia, como tal, mi materia también siente. Sigo dejándome llevar por las letras de las canciones y la banda sonora de mi cerebro. Pura sangre. Y, la verdad, sigo soñando con mis diferentes tú, pero sobre todo contigo. Ya no sé si porque necesito a alguien o necesito alguien con quien soñar. Soy sincera, más conmigo misma que contigo, ya que nunca leerás esto. Y si me equivoco en este punto, por si acaso, recuerda: “y no hay que olvidarse de que al corazón le puedes decir de todo menos mentiras”.*
*Frase de Bacilos.