La primera vez que me picó el pie me rasqué. El picor cesó, pero realmente no fueron mis manos quienes consiguieron tal alivio. Creó que dejó de picarme solo psicológicamente.
La segunda vez estuve con el picor el doble de tiempo.... no noté nada por mucho que me rasqué. Fue muy duro. Decidí por entonces que me calmaría el hecho de ponerme a correr, a saltar, a andar de puntillas, arrastrar los pies... y creo recordar que la mezcla de todo esto me alivió.
La tercera vez ya duró la cosa más de lo que es aguantable.
Corrí, salté, caminé kilómetros y kilómetros como antes y nada, el picor no cesaba.
Tuve que buscar otra vez nuevas soluciones.
Probé a pasear sobre varios terrenos: arena, hierba, piedras, tierra, duro asfalto... y no solo anduve encima de diferentes texturas sino que nuevamente corrí, salté y me refregué los pies sobre ellas.
Y cuando empezó a cesar - no recuerdo si realmente llegó a dejar de picarme - retornó el picor con más fuerza.
Era inaguantable, la angustia me dominaba.
Ya no sabía que hacer... Y en una de mis desesperaciones probé a pisar el borde de las aceras, hacer crujir las hojas secas, chutar piedras, saltar en charcos de agua, rozaslos rodando botellas, resbalar en aceite... a ver si con acciones más simples, con sensaciones más sutiles se calmaba.
Al final todo cesó - o eso creo- solo por cansancio.
Pero estoy segura de que volverá a picarme la planta de pie, como siempre, y con más fuerza.
Espero, para entonces, haber aprendido ya a desabrocharme los zapatos.
La segunda vez estuve con el picor el doble de tiempo.... no noté nada por mucho que me rasqué. Fue muy duro. Decidí por entonces que me calmaría el hecho de ponerme a correr, a saltar, a andar de puntillas, arrastrar los pies... y creo recordar que la mezcla de todo esto me alivió.
La tercera vez ya duró la cosa más de lo que es aguantable.
Corrí, salté, caminé kilómetros y kilómetros como antes y nada, el picor no cesaba.
Tuve que buscar otra vez nuevas soluciones.
Probé a pasear sobre varios terrenos: arena, hierba, piedras, tierra, duro asfalto... y no solo anduve encima de diferentes texturas sino que nuevamente corrí, salté y me refregué los pies sobre ellas.
Y cuando empezó a cesar - no recuerdo si realmente llegó a dejar de picarme - retornó el picor con más fuerza.
Era inaguantable, la angustia me dominaba.
Ya no sabía que hacer... Y en una de mis desesperaciones probé a pisar el borde de las aceras, hacer crujir las hojas secas, chutar piedras, saltar en charcos de agua, rozaslos rodando botellas, resbalar en aceite... a ver si con acciones más simples, con sensaciones más sutiles se calmaba.
Al final todo cesó - o eso creo- solo por cansancio.
Pero estoy segura de que volverá a picarme la planta de pie, como siempre, y con más fuerza.
Espero, para entonces, haber aprendido ya a desabrocharme los zapatos.
Comentario:
Chica, pero si cada vez "que nos pique un pie" nos quitamos los zapàtos, tendremos un poco compleja la vida. Algunos picores los tenemos que aguantar, en caso contrario nos quejaríamos in crechendo y nuestro mundo se acavaría por el mínimo picor.
^_^ Grabu.
^_^ Grabu.
Comentario:
A veces nos ahorraríamos muchos picores si aprendiesemos que cuando nos pica el pie lo más sencillo es quitarse los zapatos.
Besetes!!!
Besetes!!!
Comentario:
lo mismo para entonces la suela ya se ha gastado...
¿Y por qué no te habias puesto los patines?
jjjjjjjjj
¿Y por qué no te habias puesto los patines?
jjjjjjjjj
Comentario:
Ô_Ô ¿Este cuento es tuyo? Es muy muy muy bueno. De veras.
Espero que no fueran hechos reales ;)
PD: Fomentemos desde ya los zapatos y zapatillas sin cordones.
Espero que no fueran hechos reales ;)
PD: Fomentemos desde ya los zapatos y zapatillas sin cordones.
Comentario:
Jejeje que gracioso. ¡Gracias por comentar en miblog...espero no tenerlo tan abandp nado como de costumbre...uff, demnasiadas cosas que hacer. La verda que hay cosa por el mundo sorprendentes y tristes... por eso hay que intentar hacerlo un poquito mejor no crees? ^_^ yo lo intento con estupidos dibujos... XDDD





