Buenas.
Quisiera invitaros a un concurso literario que se realiza en una página del cantante Joaquín Sabina:
www.flaquillo.com
Dentro del Foro, en Café Literario, está el post dónde se explican las bases.
Consiste en enviar una Poesía que contenga el verso: este virus que no muere.
O bien una Prosa de no más de 1500 palabras que contenga: otra vez a perder un partido sin tocar el balón
Libre tema, y libre extensión del poema.
Podéis participar todos sin compromiso alguno, es gratis...
Solo hay que dejar el poema o relato en el mismo post o enviármelo por mail, como prefieran.
Allí se pueden leer algunas de las composiciones de otros participantes.
Recibiréis un obsequio como agradecimiento por vuestra colaboración, si ganáis recibiréis un lote de libros en formato digital.
La verdad que es algo enriquecedor como experiencia.
Os animo a todos a participar y a pasar un buen momento con la lectura.
El año pasado quedó algo guapo. Este año puede quedar todavía mejor.
Para cualquier pregunta aquí estoy.
Gracias.
Quisiera invitaros a un concurso literario que se realiza en una página del cantante Joaquín Sabina:
www.flaquillo.com
Dentro del Foro, en Café Literario, está el post dónde se explican las bases.
Consiste en enviar una Poesía que contenga el verso: este virus que no muere.
O bien una Prosa de no más de 1500 palabras que contenga: otra vez a perder un partido sin tocar el balón
Libre tema, y libre extensión del poema.
Podéis participar todos sin compromiso alguno, es gratis...
Solo hay que dejar el poema o relato en el mismo post o enviármelo por mail, como prefieran.
Allí se pueden leer algunas de las composiciones de otros participantes.
Recibiréis un obsequio como agradecimiento por vuestra colaboración, si ganáis recibiréis un lote de libros en formato digital.
La verdad que es algo enriquecedor como experiencia.
Os animo a todos a participar y a pasar un buen momento con la lectura.
El año pasado quedó algo guapo. Este año puede quedar todavía mejor.
Para cualquier pregunta aquí estoy.
Gracias.
Comentario:
Grabu, gracias por tu cuento, cuando lo lea te comento algo.
Max, gracias por pasarte por acá, aunque sea de pura casaulidad.
Anne, me figuro que la itnención de esos versos es participar en el concurso.
Ahora los pongo en la página con los demás.
Muchas gracias.
^_^
Besos desde Espe
Max, gracias por pasarte por acá, aunque sea de pura casaulidad.
Anne, me figuro que la itnención de esos versos es participar en el concurso.
Ahora los pongo en la página con los demás.
Muchas gracias.
^_^
Besos desde Espe
Comentario:
Desde que tu nombre duele
clavado en mi palabra,
este virus que no muere,
mata.
clavado en mi palabra,
este virus que no muere,
mata.
Comentario:
Sorry, dejé mal el enlace a mi página. Lo repito.
Gracias
Gracias
Comentario:
No sé bien cómo he llegado hasta aquí, pero ha sido una grata sorpresa. Marco el camino de regreso.
Amable invitación la del concurso literario, que declino con toda cortesía, aunque visitaré la web. Me pierde la curiosidad.
Saludos
Amable invitación la del concurso literario, que declino con toda cortesía, aunque visitaré la web. Me pierde la curiosidad.
Saludos
Comentario:
Justo he escrito un relato que no tiene que ver para nada con el flaquillo, pero me hace ilu colgarlo aqui. ^_^
CIAO!
-------------
BIC TZHOUOTHROPHE
Ya hace más de veinticinco años que el planeta dejó de girar. Hasta entonces ni nos imaginábamos a la velocidad a la que nos movíamos.
Cuando todo paró, la inercia se puso manos a la obra. Personas, animales, plantas, autos, y edificios siguieron moviéndose en el espacio, mas su suelo con ellos no viajó.
En los diez minutos posteriores al paro terrestre todo salió por los aires. Fue el mayor cóctel cultural y arquitectónico de la historia.
Millones de indios terminaron en Europa, medio Taj Mahal se desmoronó sobre Moscú, los americanos sobrevolaron el Atlántico y cayeron sobre sus antiguos países de origen. Los sudamericanos terminaron en África, y los africanos, a su vez, se ahogaron en el Índico. El Empire State adorna Pequín, trozos de las Petronas salpicaron Texas, Dallas, Oklahoma, Kansas y Ohio. Las construcciones de Gaudí, paradojalmente, fueron a parar al Japón y, como si fuera poco, también recibieron tres pirámides de Egipto.
¿Se imaginan ustedes tres pirámides volando por los cielos, cruzando mares y montañas, y posándose en una de sus caras en medio de Kobe? Yo sí, siempre he tenido mucha imaginación.
Mares y océanos se salieron de lugar. Muchos países desaparecieron bajo las aguas, otros solamente fueron bañados por un tiempo. El primer año todo fue barro, el segundo “el año de los ríos”. Al tercero todo volvió a su sitio, que no a la normalidad.
Cinco mil millones de muertos, mil millones de discapacitados físicos. Sólo unos miles nos salvamos sin secuelas… físicas. Si ahora lo estoy contando es porque me encontraba en las calas de mi barca cuando esta salió volando desde las costas de Florida hasta la desembocadura del Ganges. Otros muchos se salvaron por estar encerrados en un avión a diez mil metros cuando todo se perturbó.
Ahora medio planeta está permanentemente cara al Sol. La otra mitad sumida en la oscuridad del frío eterno. Hielo y bruma por un lado, desierto y cactus por el otro. Si se quiere vivir hay que hacerlo en los límites geográficos que se conservan entre día y noche. Centro Europa se mantiene en un eterno atardecer.
Nueva Zelanda, Indonesia, y parte de China siempre están de amanecer.
He viajado durante tres años en busca del motor de la Tierra. Siempre me lo imaginé como un pequeño grupo electrógeno a gasolina. Tirabas fuertemente de una cadena y todo, lentamente por favor, se ponía en marcha otra vez.
Emprendí un gran viaje en busca de ese motor.
Llegué al Polo Norte a duras penas. No se veía el Sol desde allí, pero por suerte se intuía su resplandor. Unas cabañas improvisadas me dieron la bienvenida. Desconocía la existencia de vida en ese lugar, hacía frío, mucho frío, pero no tanto como en los Estados Unidos y su Oscuridad Eterna.
Los habitantes de esas cabañitas eran unos seres bajitos, amarillentos rollo esquimal, tremendamente obesos y con unos dientes parecidos a los de los leones marinos.
Al verme no se sorprendieron, y cada vez que abrían su enorme bocaza era para decir:
“Bic Tzhouothrophe”
Tres niños de aquella misteriosa raza me agarraron y, a duras penas, me llevaron a ver aquel “bic tzhouothrophe”.
Llegamos a un enorme claro en medio de las montañas de hielo. Había vegetación, bueno, hierbas y matorrales. Fascinante todo, pero más fascinante aún fue encontrarnos con el Bic Tzhouothrophe. No había astro alguno, mas estaba todo iluminado. Ergo algo se encargaba de iluminar, y no era sino el Bic Tzhouothrophe el que irradiaba tal cantidad de luz y calor.
A primer vistazo creí encontrarme ante un enorme pedazo de metal cilíndrico que habría ido a parar allí el día en que todo frenó. Aquellos achaparrados seres habrían creído hallarse frente una divinidad, un ídolo tal vez, un regalo de sus dioses al que orar. Realmente esos personajillos no parecían muy inteligentes, por lo menos no en el sentido que nosotros le damos a la palabra “inteligencia”.
Mire y remiré el Bic Tzhouothrophe, estaba bastante cubierto de nieve y ofrendas divinas. De sus lados pendían cordeles hasta unos troncos clavados en la nieve. En esos cordeles algunos seres habían tendido su ropa, puesto pieles a curtir, o pescado a secar.
Me recordaba a algo, pero hasta que no me acerqué más no supe a qué.
El Bic Tzhouothrophe era ahora una atracción para los niños autóctonos. El enorme cilindro estaba repleto de enormes puertas por donde las criaturitas entraban y salían persiguiéndose por doquier. Quise entrar por una de esas puertas, y vi que no eran más que enormes rajas hechas expresamente en la cara del cilindro. En su interior entendí el más que paradójico quid de la cuestión.
Bic Tzhouothrophe significaba Big Zoetrope, o lo que en la lengua de Cervantes llamaríamos Gran Zootropo. Como su nombre indica, un zootropo nos permite ver a animales en movimiento. Llamar al zootropo como la primera aparición de la imagen en movimiento en el planeta Tierra no es una tontería, fue a finales del siglo 19 cuando alguien lo inventó y permitió ver fotos aisladas en movimiento. Solían ser caballos con su jinete que divisábamos, a través de unas rendijas, mientras el cuerpo cilíndrico del zootropo giraba a toda velocidad.
¡Pero el zootropo que tenía frente mis narices era insultante! Enorme, algo nunca visto y, sobretodo, demasiado extraño. Demasiadas preguntas me asolaban la mente. Entre ellas el porqué de aquello en aquel lugar, quién lo construyó y, sobretodo, para qué. Recuerdo aún que tomé notas como un cosaco, hice ilustraciones, e intenté, en vano, entrevistar con mi grabadora a uno de los extraños chavales que por aquí correteaban.
Me tomé mi tiempo, pero finalmente entré plenamente en su interior.
La luz que ahí se irradiaba me dejó ciego. Justo en el centro del Gran Zootropo, en el suelo, había una enorme esfera azulada incandescente. Brillaba como una pequeña estrella, tal vez porque eso es lo que era.
Todos los seres que por ahí pululaban se acercaron a fisgonear conmigo. Pero ninguno entró en el centro. Supongo que lo consideraban como lugar sagrado.
En el centro había un pedestal vacío que pedía a gritos dejar de estarlo, estaba claro que la esfera brillante azul había descansado allí en otros tiempos. Por entonces yo ni suponía que me pudiera encontrar justo en el centro del motor del Mundo, y mucho menos que colocar la esfera en su lugar lo reactivaría. Eso hice, no por capricho del destino, tampoco movido por una fuerza mística, sino porque, simple y llanamente, me gusta que las cosas estén ordenadas.
Por desgracia sería la última vez que cogiera algo con mis manos. La esfera azul fue colocada en el pedestal, y mis manos se quedaron pegadas a ella para siempre.
Cuando el planeta dejó de girar la calma pasó a hecatombe. En cambio tardamos mucho tiempo en darnos cuenta que el planeta volvía a estar en marcha una vez el motor del mundo funcionó a toda máquina. Casi ni nos percatamos cuando los primeros rayos del Sol bañaron las oscuras nieves del Polo Norte.
Y aquí estoy, ahora no puedo volver a mi mundo, imaginen, sería una especie de Dalai Lama amputado.
Estoy bien aquí con mis nuevos amigos, he aprendido su lenguaje y ellos han pasado olímpicamente de aprender el mío, pero me divierto.
Además, aquí vuelve a hacer Sol.
FIN
CIAO!
-------------
BIC TZHOUOTHROPHE
Ya hace más de veinticinco años que el planeta dejó de girar. Hasta entonces ni nos imaginábamos a la velocidad a la que nos movíamos.
Cuando todo paró, la inercia se puso manos a la obra. Personas, animales, plantas, autos, y edificios siguieron moviéndose en el espacio, mas su suelo con ellos no viajó.
En los diez minutos posteriores al paro terrestre todo salió por los aires. Fue el mayor cóctel cultural y arquitectónico de la historia.
Millones de indios terminaron en Europa, medio Taj Mahal se desmoronó sobre Moscú, los americanos sobrevolaron el Atlántico y cayeron sobre sus antiguos países de origen. Los sudamericanos terminaron en África, y los africanos, a su vez, se ahogaron en el Índico. El Empire State adorna Pequín, trozos de las Petronas salpicaron Texas, Dallas, Oklahoma, Kansas y Ohio. Las construcciones de Gaudí, paradojalmente, fueron a parar al Japón y, como si fuera poco, también recibieron tres pirámides de Egipto.
¿Se imaginan ustedes tres pirámides volando por los cielos, cruzando mares y montañas, y posándose en una de sus caras en medio de Kobe? Yo sí, siempre he tenido mucha imaginación.
Mares y océanos se salieron de lugar. Muchos países desaparecieron bajo las aguas, otros solamente fueron bañados por un tiempo. El primer año todo fue barro, el segundo “el año de los ríos”. Al tercero todo volvió a su sitio, que no a la normalidad.
Cinco mil millones de muertos, mil millones de discapacitados físicos. Sólo unos miles nos salvamos sin secuelas… físicas. Si ahora lo estoy contando es porque me encontraba en las calas de mi barca cuando esta salió volando desde las costas de Florida hasta la desembocadura del Ganges. Otros muchos se salvaron por estar encerrados en un avión a diez mil metros cuando todo se perturbó.
Ahora medio planeta está permanentemente cara al Sol. La otra mitad sumida en la oscuridad del frío eterno. Hielo y bruma por un lado, desierto y cactus por el otro. Si se quiere vivir hay que hacerlo en los límites geográficos que se conservan entre día y noche. Centro Europa se mantiene en un eterno atardecer.
Nueva Zelanda, Indonesia, y parte de China siempre están de amanecer.
He viajado durante tres años en busca del motor de la Tierra. Siempre me lo imaginé como un pequeño grupo electrógeno a gasolina. Tirabas fuertemente de una cadena y todo, lentamente por favor, se ponía en marcha otra vez.
Emprendí un gran viaje en busca de ese motor.
Llegué al Polo Norte a duras penas. No se veía el Sol desde allí, pero por suerte se intuía su resplandor. Unas cabañas improvisadas me dieron la bienvenida. Desconocía la existencia de vida en ese lugar, hacía frío, mucho frío, pero no tanto como en los Estados Unidos y su Oscuridad Eterna.
Los habitantes de esas cabañitas eran unos seres bajitos, amarillentos rollo esquimal, tremendamente obesos y con unos dientes parecidos a los de los leones marinos.
Al verme no se sorprendieron, y cada vez que abrían su enorme bocaza era para decir:
“Bic Tzhouothrophe”
Tres niños de aquella misteriosa raza me agarraron y, a duras penas, me llevaron a ver aquel “bic tzhouothrophe”.
Llegamos a un enorme claro en medio de las montañas de hielo. Había vegetación, bueno, hierbas y matorrales. Fascinante todo, pero más fascinante aún fue encontrarnos con el Bic Tzhouothrophe. No había astro alguno, mas estaba todo iluminado. Ergo algo se encargaba de iluminar, y no era sino el Bic Tzhouothrophe el que irradiaba tal cantidad de luz y calor.
A primer vistazo creí encontrarme ante un enorme pedazo de metal cilíndrico que habría ido a parar allí el día en que todo frenó. Aquellos achaparrados seres habrían creído hallarse frente una divinidad, un ídolo tal vez, un regalo de sus dioses al que orar. Realmente esos personajillos no parecían muy inteligentes, por lo menos no en el sentido que nosotros le damos a la palabra “inteligencia”.
Mire y remiré el Bic Tzhouothrophe, estaba bastante cubierto de nieve y ofrendas divinas. De sus lados pendían cordeles hasta unos troncos clavados en la nieve. En esos cordeles algunos seres habían tendido su ropa, puesto pieles a curtir, o pescado a secar.
Me recordaba a algo, pero hasta que no me acerqué más no supe a qué.
El Bic Tzhouothrophe era ahora una atracción para los niños autóctonos. El enorme cilindro estaba repleto de enormes puertas por donde las criaturitas entraban y salían persiguiéndose por doquier. Quise entrar por una de esas puertas, y vi que no eran más que enormes rajas hechas expresamente en la cara del cilindro. En su interior entendí el más que paradójico quid de la cuestión.
Bic Tzhouothrophe significaba Big Zoetrope, o lo que en la lengua de Cervantes llamaríamos Gran Zootropo. Como su nombre indica, un zootropo nos permite ver a animales en movimiento. Llamar al zootropo como la primera aparición de la imagen en movimiento en el planeta Tierra no es una tontería, fue a finales del siglo 19 cuando alguien lo inventó y permitió ver fotos aisladas en movimiento. Solían ser caballos con su jinete que divisábamos, a través de unas rendijas, mientras el cuerpo cilíndrico del zootropo giraba a toda velocidad.
¡Pero el zootropo que tenía frente mis narices era insultante! Enorme, algo nunca visto y, sobretodo, demasiado extraño. Demasiadas preguntas me asolaban la mente. Entre ellas el porqué de aquello en aquel lugar, quién lo construyó y, sobretodo, para qué. Recuerdo aún que tomé notas como un cosaco, hice ilustraciones, e intenté, en vano, entrevistar con mi grabadora a uno de los extraños chavales que por aquí correteaban.
Me tomé mi tiempo, pero finalmente entré plenamente en su interior.
La luz que ahí se irradiaba me dejó ciego. Justo en el centro del Gran Zootropo, en el suelo, había una enorme esfera azulada incandescente. Brillaba como una pequeña estrella, tal vez porque eso es lo que era.
Todos los seres que por ahí pululaban se acercaron a fisgonear conmigo. Pero ninguno entró en el centro. Supongo que lo consideraban como lugar sagrado.
En el centro había un pedestal vacío que pedía a gritos dejar de estarlo, estaba claro que la esfera brillante azul había descansado allí en otros tiempos. Por entonces yo ni suponía que me pudiera encontrar justo en el centro del motor del Mundo, y mucho menos que colocar la esfera en su lugar lo reactivaría. Eso hice, no por capricho del destino, tampoco movido por una fuerza mística, sino porque, simple y llanamente, me gusta que las cosas estén ordenadas.
Por desgracia sería la última vez que cogiera algo con mis manos. La esfera azul fue colocada en el pedestal, y mis manos se quedaron pegadas a ella para siempre.
Cuando el planeta dejó de girar la calma pasó a hecatombe. En cambio tardamos mucho tiempo en darnos cuenta que el planeta volvía a estar en marcha una vez el motor del mundo funcionó a toda máquina. Casi ni nos percatamos cuando los primeros rayos del Sol bañaron las oscuras nieves del Polo Norte.
Y aquí estoy, ahora no puedo volver a mi mundo, imaginen, sería una especie de Dalai Lama amputado.
Estoy bien aquí con mis nuevos amigos, he aprendido su lenguaje y ellos han pasado olímpicamente de aprender el mío, pero me divierto.
Además, aquí vuelve a hacer Sol.
FIN
Comentario:
Cierto.
Lo siento. Si quieres puedo reescribir algun trozo para que se adapte a las normas. Aunque tampoco mola retocar lo escrito. Lo importante es participar.~~´
¿Se han presentado muchos cuentos o poemas?
Ya haréis un *.doc con todos los cuentos y poemas presentados ^_^ para leerlos todos con calma. O sino los ganadores¿no?.
Un beso-abrazo a todos.
CIAO!
Lo siento. Si quieres puedo reescribir algun trozo para que se adapte a las normas. Aunque tampoco mola retocar lo escrito. Lo importante es participar.~~´
¿Se han presentado muchos cuentos o poemas?
Ya haréis un *.doc con todos los cuentos y poemas presentados ^_^ para leerlos todos con calma. O sino los ganadores¿no?.
Un beso-abrazo a todos.
CIAO!
Comentario:
Me alegro que participes.
Gracias
Pero una cosita... pasas de 1500 palabras... 25 de más...
Vigilen no pasarse, si?
CIao
Gracias
Pero una cosita... pasas de 1500 palabras... 25 de más...
Vigilen no pasarse, si?
CIao
Comentario:
Hola... he escrito este cuento. No es gran cosa, pero me hacia ilusión participar en este concurso.
CIAO!
---------------
DEL SOL A LA LUNA, DE LA LUNA A LA FELICIDAD
Otra vez a perder un partido sin tocar el balón. Otra vez sentado en el banquillo de los fracasados, verme en el lote en stock de los fiascos intentando, en vano, zafarme de ellos. Pero en vano digo, porque librarme de mi condición es como renunciar a mi nacionalidad.
Mi condición no es más que un prejuicio racial. Soy gordo y feo. Algunos lo suavizan con achaparrado y desdichado, oblongo y peculiar, redondito y blandito… A fin de cuentas, digan lo que digan, soy gordo y feo, afín a ser comparado con un montón de sebo oxidado y ávido de un abrazo femenino; porque, aunque unos lo son más que otros, todos somos iguales.
Suelo ver las jugadas desde el Sol. Allí Amón-Ra hizo construir unas enormes gradas de granito y pizarra donde depositar a todos los feos y gordos. Dice que lo hizo por nosotros, para librarnos de dolores mayores. De este modo podemos ver las jugadas de los demás sin molestar. Nadie nos puede ver, y si lo intentan tienen que apartar la vista sino quieren abrasarse las retinas. Nosotros vemos a nuestros queridos mientras ellos no nos pueden ver ni aunque quisieran. Ellos viven en el mundo del orgullo, el orgullo marca el estatus social, y tienen prohibido relacionarse con nosotros.
Hoy me han invitado a una fiesta. Todos son guapos, altos, adecentados a la última moda y con la energía de una central nuclear. Seis chicos, seis chicas y yo. Buscadme, soy el único que estoy de espaldas a la fiesta, mis gafas de culo de botella están escudriñando una revista que pasaba por allí y, esporádicamente, miro a los demás. Seis parejas chico chica bailando al son de un Sabina.
Una de las chicas es Rosita. La conozco desde los cinco, ella se avergüenza de mí ante sus colegas pero no en la intimidad. Alguna vez la he ayudado a estudiar para un examen o nos hemos reunido para hacer juntos las tareas escolares. Eso sí, siempre me ha pedido que no se lo dijera a nadie, mantenerlo en secreto… sólo le faltó decirme que es porque soy feo.
En este partido tampoco voy a rascar bola, llegará el momento en que… ya ha llegado, todos están besándose el son de la canción. El camarero se ríe de mí, no es para menos, soy un maldito hazmerreír que además no sabe vestir con estilo.
Ver a Rosita enroscada en los brazos de ese energúmeno no es nada agradable, ni visual ni emocionalmente hablando. El chico que hoy pasa por sus labios tiene una moto y un tatuaje. No sabéis hasta que punto una moto y un tatuaje son símbolo de virilidad. A ellas les encanta subirse en las motos abrazados a su nueva adquisición. Así las pueden llevar a casa o a un parque donde terminar la faena. Curioso. Yo no sé ir en moto, tampoco en bicicleta, por no saber no sé ni nadar por lo que no voy a la playa ni a la piscina, pero… ¿por qué?
Parece que Rosita me ha mirado de reojo, pero rápidamente los ha cerrado, mi Sol la ha vislumbrado. Hoy ella parece triste, mira a sus demás compañeras y les copia los movimientos, agarra a los chicos como lo hacen ellas, hasta los besa cuando lo hacen sus amigas. Sé que Rosita no es una pelandusca más, pero está intoxicada. Yo la quisiera curar, pero no puedo, no me deja, ¿si no tengo la oportunidad de salir al campo como voy a tocar el balón?
Todos se van. Oigo el rugir de las motos y las risas femeninas esbozándose en el aire antes de desaparecer. Primero fardarán quién gasta más goma en el asfalto, luego harán unas carreras y terminaran marchándose cada uno por un camino distinto con un preciado regalo agarrado a sus espaldas.
Voy a subir a mi Sol. Desde allí podré verlos a todos mientras me aso de calor. Sudo y brillo, no me extraña que me aparten de sus cerebros, si yo fuera ellos me resultaría desagradable.
Rosita llora. El chico no lo ve, sólo piensa en el modo más sutil de decirle que quiere gozo nocturno. Pero ella llora porque quisiera ser libre. Quisiera no depender de sus amigas y hacer lo que le viniera en gana. Tal vez ahora deseara estar en su terraza escribiendo un poema y no recorriendo las calles a través de la nocturnidad. Pero “debe” hacerlo. Sabe que si hoy no lo hace con ese chico, éste se lo dirá a sus amigas, la marginarán y tendrá que subirse al Sol con “nosotros”.
Esa noche Rosita también se rindió. Hizo justamente aquello que más odia hacer con un desconocido. Pero ese es el modo de no llamar la atención. Rosita tardaría demasiado tiempo en subirse al Sol. Llegó tarde, el tren no pasa dos veces.
En mi Sol me encuentro con Felipe. El dice haber estado también en la fiesta. La verdad es que no lo recuerdo. Me ha dicho que le miré, pero que inconscientemente cerré los ojos deslumbrado. Él lleva tantos años en el Sol que ya no se vislumbra, sus ojos se han acostumbrado, por eso fue capaz de verme. Hoy viene a decirme que deje el Sol, que ha encontrado un lugar mejor.
¿La Luna? Sí, claro. ¿Cómo no se me había ocurrido? La Luna no ciega a quienes la miran. Increíble, una división de gordos y feos han dejado el Sol y han construido unas gradas nuevas, cómodas, y espaciosas en la Luna. Desde hoy soy el Gordo y Feo número 2.236 de la Luna. Estoy feliz, puedo ver a los demás y ellos ya pueden verme. Además, la Luna no es como el Sol, no es irritante y dolorosa de ver, pues es bella y agradable a la vista. Nunca más seré gordo y feo, ahora soy GORDO y FEO.
Felipe dice que mi salto del Sol a la Luna ha sido un gran paso por mi parte, que él sólo me ha dado un empujón. Ahora sonrío, increíble, y ya no tiemblo cuando hay una chica enfrente de mí. Mas eso no quiere decir que sea uno más de los que no sufren, sigo en la Luna, y la Luna está muy lejos de las chicas y mis otras ambiciones (que son muchas, muchísimas)
Desde la Luna puedo ver los que están en el Sol sufriendo y sudando día a día, y también veo más de cerca los que están en la Tierra, disfrutando como nunca he hecho. Ahora, más de cerca, veo que todo lo que pasa en mi planeta no es blanco o negro, todo es gris. Donde antes sólo veía bosques ahora veo árboles y, además, Felipe me ha dicho que esos árboles tienen hojas, y que dependiendo del tiempo hay más o menos hojas. Tengo ganas de descubrirlo en persona.
Con el tiempo me doy cuenta que mi lugar no está en la Luna. Cuando está llena todos son mis amigos, reímos, hablamos, jugamos, como decirlo… ¡disfrutamos! Pero pocas veces está llena, la mayor parte del tiempo está creciente o menguante, por lo que yo veo a quienes no me ven o no soy capaz de ver a los que me están mirando. Por no hablar de cuando no hay Luna, esos días son muy tristes, peores que en el Sol, nadie me ve y tampoco soy capaz yo de ver a nadie de la Tierra. Esos días la Luna suele estar muy fría, mis únicos amigos son los demás gordos y feos convertidos en carámbanos de hielo. Uno de esos días fue cuando decidí bajar de una vez por todas a la Tierra.
Esa vez Felipe no me acompañó. Su lugar estaba entre el Sol y la Luna, ayudando a unos a bajar a la otra. Ahora sé que nunca bajó a la Tierra, pero sé de muchos que sí lo hicieron gracias a él. Una de ellas fue Amanda, una chica realmente gorda y realmente fea de la que me enamoré solo con verla.
Ambos vivimos en una casa con las puertas más anchas que de costumbre, no tenemos ningún espejo, comemos lo que queremos cuando queremos, nos hartamos de chocolate y se nos llenan las mejillas de granitos más feos que nosotros. Eso sí, tenemos muchos amigos, algunos feos y gordos y otros que no lo son tanto. Tampoco es bueno creer que los que son guapos y delgados son tontos, un poco tal vez, suelen tener una filosofía de vida más estresante que la nuestra y se les caen los pantalones si no llevan cinturón.
Las noches de Luna llena Amanda y yo solemos subir al punto más alto de la ciudad. Alzamos las manos y reímos como idiotas. Felipe seguro que nos está mirando, y junto a él otros muchos que temen bajar de la Luna. Esperamos así que algunos vean que aquí también se puede estar bien, que aquí se juega un partido diario con miles de personas pero también con miles de balones que tocar, no sólo uno como muchos creemos. Lo importante no es lo que somos, sino lo que queremos ser.
FIN
CIAO!
---------------
DEL SOL A LA LUNA, DE LA LUNA A LA FELICIDAD
Otra vez a perder un partido sin tocar el balón. Otra vez sentado en el banquillo de los fracasados, verme en el lote en stock de los fiascos intentando, en vano, zafarme de ellos. Pero en vano digo, porque librarme de mi condición es como renunciar a mi nacionalidad.
Mi condición no es más que un prejuicio racial. Soy gordo y feo. Algunos lo suavizan con achaparrado y desdichado, oblongo y peculiar, redondito y blandito… A fin de cuentas, digan lo que digan, soy gordo y feo, afín a ser comparado con un montón de sebo oxidado y ávido de un abrazo femenino; porque, aunque unos lo son más que otros, todos somos iguales.
Suelo ver las jugadas desde el Sol. Allí Amón-Ra hizo construir unas enormes gradas de granito y pizarra donde depositar a todos los feos y gordos. Dice que lo hizo por nosotros, para librarnos de dolores mayores. De este modo podemos ver las jugadas de los demás sin molestar. Nadie nos puede ver, y si lo intentan tienen que apartar la vista sino quieren abrasarse las retinas. Nosotros vemos a nuestros queridos mientras ellos no nos pueden ver ni aunque quisieran. Ellos viven en el mundo del orgullo, el orgullo marca el estatus social, y tienen prohibido relacionarse con nosotros.
Hoy me han invitado a una fiesta. Todos son guapos, altos, adecentados a la última moda y con la energía de una central nuclear. Seis chicos, seis chicas y yo. Buscadme, soy el único que estoy de espaldas a la fiesta, mis gafas de culo de botella están escudriñando una revista que pasaba por allí y, esporádicamente, miro a los demás. Seis parejas chico chica bailando al son de un Sabina.
Una de las chicas es Rosita. La conozco desde los cinco, ella se avergüenza de mí ante sus colegas pero no en la intimidad. Alguna vez la he ayudado a estudiar para un examen o nos hemos reunido para hacer juntos las tareas escolares. Eso sí, siempre me ha pedido que no se lo dijera a nadie, mantenerlo en secreto… sólo le faltó decirme que es porque soy feo.
En este partido tampoco voy a rascar bola, llegará el momento en que… ya ha llegado, todos están besándose el son de la canción. El camarero se ríe de mí, no es para menos, soy un maldito hazmerreír que además no sabe vestir con estilo.
Ver a Rosita enroscada en los brazos de ese energúmeno no es nada agradable, ni visual ni emocionalmente hablando. El chico que hoy pasa por sus labios tiene una moto y un tatuaje. No sabéis hasta que punto una moto y un tatuaje son símbolo de virilidad. A ellas les encanta subirse en las motos abrazados a su nueva adquisición. Así las pueden llevar a casa o a un parque donde terminar la faena. Curioso. Yo no sé ir en moto, tampoco en bicicleta, por no saber no sé ni nadar por lo que no voy a la playa ni a la piscina, pero… ¿por qué?
Parece que Rosita me ha mirado de reojo, pero rápidamente los ha cerrado, mi Sol la ha vislumbrado. Hoy ella parece triste, mira a sus demás compañeras y les copia los movimientos, agarra a los chicos como lo hacen ellas, hasta los besa cuando lo hacen sus amigas. Sé que Rosita no es una pelandusca más, pero está intoxicada. Yo la quisiera curar, pero no puedo, no me deja, ¿si no tengo la oportunidad de salir al campo como voy a tocar el balón?
Todos se van. Oigo el rugir de las motos y las risas femeninas esbozándose en el aire antes de desaparecer. Primero fardarán quién gasta más goma en el asfalto, luego harán unas carreras y terminaran marchándose cada uno por un camino distinto con un preciado regalo agarrado a sus espaldas.
Voy a subir a mi Sol. Desde allí podré verlos a todos mientras me aso de calor. Sudo y brillo, no me extraña que me aparten de sus cerebros, si yo fuera ellos me resultaría desagradable.
Rosita llora. El chico no lo ve, sólo piensa en el modo más sutil de decirle que quiere gozo nocturno. Pero ella llora porque quisiera ser libre. Quisiera no depender de sus amigas y hacer lo que le viniera en gana. Tal vez ahora deseara estar en su terraza escribiendo un poema y no recorriendo las calles a través de la nocturnidad. Pero “debe” hacerlo. Sabe que si hoy no lo hace con ese chico, éste se lo dirá a sus amigas, la marginarán y tendrá que subirse al Sol con “nosotros”.
Esa noche Rosita también se rindió. Hizo justamente aquello que más odia hacer con un desconocido. Pero ese es el modo de no llamar la atención. Rosita tardaría demasiado tiempo en subirse al Sol. Llegó tarde, el tren no pasa dos veces.
En mi Sol me encuentro con Felipe. El dice haber estado también en la fiesta. La verdad es que no lo recuerdo. Me ha dicho que le miré, pero que inconscientemente cerré los ojos deslumbrado. Él lleva tantos años en el Sol que ya no se vislumbra, sus ojos se han acostumbrado, por eso fue capaz de verme. Hoy viene a decirme que deje el Sol, que ha encontrado un lugar mejor.
¿La Luna? Sí, claro. ¿Cómo no se me había ocurrido? La Luna no ciega a quienes la miran. Increíble, una división de gordos y feos han dejado el Sol y han construido unas gradas nuevas, cómodas, y espaciosas en la Luna. Desde hoy soy el Gordo y Feo número 2.236 de la Luna. Estoy feliz, puedo ver a los demás y ellos ya pueden verme. Además, la Luna no es como el Sol, no es irritante y dolorosa de ver, pues es bella y agradable a la vista. Nunca más seré gordo y feo, ahora soy GORDO y FEO.
Felipe dice que mi salto del Sol a la Luna ha sido un gran paso por mi parte, que él sólo me ha dado un empujón. Ahora sonrío, increíble, y ya no tiemblo cuando hay una chica enfrente de mí. Mas eso no quiere decir que sea uno más de los que no sufren, sigo en la Luna, y la Luna está muy lejos de las chicas y mis otras ambiciones (que son muchas, muchísimas)
Desde la Luna puedo ver los que están en el Sol sufriendo y sudando día a día, y también veo más de cerca los que están en la Tierra, disfrutando como nunca he hecho. Ahora, más de cerca, veo que todo lo que pasa en mi planeta no es blanco o negro, todo es gris. Donde antes sólo veía bosques ahora veo árboles y, además, Felipe me ha dicho que esos árboles tienen hojas, y que dependiendo del tiempo hay más o menos hojas. Tengo ganas de descubrirlo en persona.
Con el tiempo me doy cuenta que mi lugar no está en la Luna. Cuando está llena todos son mis amigos, reímos, hablamos, jugamos, como decirlo… ¡disfrutamos! Pero pocas veces está llena, la mayor parte del tiempo está creciente o menguante, por lo que yo veo a quienes no me ven o no soy capaz de ver a los que me están mirando. Por no hablar de cuando no hay Luna, esos días son muy tristes, peores que en el Sol, nadie me ve y tampoco soy capaz yo de ver a nadie de la Tierra. Esos días la Luna suele estar muy fría, mis únicos amigos son los demás gordos y feos convertidos en carámbanos de hielo. Uno de esos días fue cuando decidí bajar de una vez por todas a la Tierra.
Esa vez Felipe no me acompañó. Su lugar estaba entre el Sol y la Luna, ayudando a unos a bajar a la otra. Ahora sé que nunca bajó a la Tierra, pero sé de muchos que sí lo hicieron gracias a él. Una de ellas fue Amanda, una chica realmente gorda y realmente fea de la que me enamoré solo con verla.
Ambos vivimos en una casa con las puertas más anchas que de costumbre, no tenemos ningún espejo, comemos lo que queremos cuando queremos, nos hartamos de chocolate y se nos llenan las mejillas de granitos más feos que nosotros. Eso sí, tenemos muchos amigos, algunos feos y gordos y otros que no lo son tanto. Tampoco es bueno creer que los que son guapos y delgados son tontos, un poco tal vez, suelen tener una filosofía de vida más estresante que la nuestra y se les caen los pantalones si no llevan cinturón.
Las noches de Luna llena Amanda y yo solemos subir al punto más alto de la ciudad. Alzamos las manos y reímos como idiotas. Felipe seguro que nos está mirando, y junto a él otros muchos que temen bajar de la Luna. Esperamos así que algunos vean que aquí también se puede estar bien, que aquí se juega un partido diario con miles de personas pero también con miles de balones que tocar, no sólo uno como muchos creemos. Lo importante no es lo que somos, sino lo que queremos ser.
FIN
Comentario:
Grabu, a la derecha tienes un enlace directo que pone:
II Concurso Literario del Flaquillo
pinchas y allá está toda la info...
Si no te cuento, la fecha es hasta el:
13 de junio
Y si quieres yes, ponlo acá y yo lo llevo...
^_^
II Concurso Literario del Flaquillo
pinchas y allá está toda la info...
Si no te cuento, la fecha es hasta el:
13 de junio
Y si quieres yes, ponlo acá y yo lo llevo...
^_^
Comentario:
Yo voy a escribir uno.
No sé cómo publicarlo, así que una vez escrito... ¿lo puedo colgar aqui y tú Espe o Abel me lo podéis presentar al concurso del foro?
Y... ¿cúando es la fecha límite? La inspiración me viene y me va como la marea y no sé cuando lo escribiré.
Un abrazo cinematográfico (lleno de celuloide Pathé) para todos.
CIAO!
No sé cómo publicarlo, así que una vez escrito... ¿lo puedo colgar aqui y tú Espe o Abel me lo podéis presentar al concurso del foro?
Y... ¿cúando es la fecha límite? La inspiración me viene y me va como la marea y no sé cuando lo escribiré.
Un abrazo cinematográfico (lleno de celuloide Pathé) para todos.
CIAO!
Comentario:
Ay que alegría!
¿No te carga?
primero sale una presentación con un soneto y música...
Prueba este enlace que va directo al mensaje:
http://www.flaquillo.com/foro/viewtopic.php?t=6296
(ahora no recuerdo como se pone para que pinches directamente, copia y pega en el navegador y ya...)
^_^
Cualquier otro problema avísame y ya hablariamos a ver...
Besos
¿No te carga?
primero sale una presentación con un soneto y música...
Prueba este enlace que va directo al mensaje:
http://www.flaquillo.com/foro/viewtopic.php?t=6296
(ahora no recuerdo como se pone para que pinches directamente, copia y pega en el navegador y ya...)
^_^
Cualquier otro problema avísame y ya hablariamos a ver...
Besos
Comentario:
hola ESPe, me gustar,ia concursar, pero no me carga la pagina!! mañana me paso a ver si me dices algo.
muakis ; )
muakis ; )