
Tiene dieciocho años en su joven piel,
residuos de muñecas en sus uñas
porque sigue siendo niña en su cuerpo de mujer.
Vive encarcelada entre los
murmullos de una gran ciudad
y de vez en cuando llora, no vio nunca el mar.
Desconoce tantas cosas que
una noche de estas tiene que escapar.
Y voló, se marchó dejando padres y un cajón
donde guarda cartas de un primer amor;
se marchó llorando sin decir adiós.
Y voló, se escapó una noche en dirección al Sol;
se marchó gritando por su dulce voz:
- ¡Quiero ser eterna, quiero ser canción!
(...)





