Parte Primera
Paseaba una mosquita alegre por el campo.
No estaba contenta, sino que nadie se atrevía a pasear triste por aquel lugar. No recuerdo si existía una ley que lo prohibía o simplemente allí no se entristecía, pero todos los habitantes paseaban así.
Siempre que llegaba un forastero que recorría el lugar con una cara larga, hacían por ofrecerle toda la riqueza del bosque: los mejores frutos, las más olorosas flores, el agua fresca y pura como la misma nieve, los comodísimos asientos de hierba fresca, las acogedoras camas de hojas secas... Todas las riquezas para que el ambulante cambiara la cara y no rompiera esquemas.
Después de tal recibimiento todos los forasteros suplicaban quedarse, pero, de los pocos que lo conseguían, la mayoría volvía a marchar. A la cara que ha sufrido la tristeza del alma, las arrugas del dolor no le desaparecen. Y pronto los veteranos aldeanos miraban con ojos de reproche a los que intentaban, con la máxima voluntad, instalarse.
Así transcurría la vida año tras año en el bosque, como un mundo a parte. Un mundo que creó fama de paraíso, pero que, aunque con puertas abiertas, era cerrado como un hueso.
Un soleado día, un melancólico caracol de jardín se perdió por la tierra y acabó en el bosque.
Estaba desconcertado, todo le parecía muy extraño, grande, temerario... y sabiendo que no podía dar marcha atrás, se dispuso, resignado, a atravesar el lugar tristemente.
Rápidamente extendida la noticia, el primer grupo de “conformistas” –así se llamaban los que alegraban el día a los forasteros -, se puso en marcha: le llevaron al caracol las hojas de parra más frescas del bosque, aquellas que estaban impregnadas con la brisa de la madrugada.
El caracol las aceptó de buen grado, y una vez digeridas, estas le aportaron el agua suficiente para llorar amargamente. El primer grupo de conformistas, desorientados y enrabiados, le preguntaron que porqué lloraba si acababa de ingerir un manjar exquisito.
- ¿Sí?
- Claro que sí.
- ¿Y me las habéis traído de este bosque?
- Exacto, de los enormes árboles, ¿es que no los ves?
- No... mi vista solo alcanza a las hierbas.
Y más aturdido y triste que antes continuó su travesía.
Pronto aparecieron los segundos conformistas que le regalaron las más apetitosas moras del bosque. El caracol no las comió, dijo que podrían estar envenadas.
- ¿Envenenadas? ¡Imposible! La zarzamora que ahí está es sana como un roble.
- ¿Qué zarzamora?
- Ésa, ¿es que no la ves?
- No, mi vista solo alcanza a las hierbas.
Y con la vista borrosa y los papos encendidos marchó para adelante deseando que el camino se acabara pronto.
En el bosque, los reyes congregaron a la Asamblea de Asuntos Interiores para discutir seriamente el problema. El caracol no veía más allá de las hierbas, había que enseñarle todo lo que no alcanzaban sus ojos. Pronto los sabios infirieron que le harían un avión de golondrinas para que atravesara parte del camino por las copas de los árboles y viera que, realmente, en el bosque podían ofrecerle lo mejor del mundo.
Paseaba una mosquita alegre por el campo.
No estaba contenta, sino que nadie se atrevía a pasear triste por aquel lugar. No recuerdo si existía una ley que lo prohibía o simplemente allí no se entristecía, pero todos los habitantes paseaban así.
Siempre que llegaba un forastero que recorría el lugar con una cara larga, hacían por ofrecerle toda la riqueza del bosque: los mejores frutos, las más olorosas flores, el agua fresca y pura como la misma nieve, los comodísimos asientos de hierba fresca, las acogedoras camas de hojas secas... Todas las riquezas para que el ambulante cambiara la cara y no rompiera esquemas.
Después de tal recibimiento todos los forasteros suplicaban quedarse, pero, de los pocos que lo conseguían, la mayoría volvía a marchar. A la cara que ha sufrido la tristeza del alma, las arrugas del dolor no le desaparecen. Y pronto los veteranos aldeanos miraban con ojos de reproche a los que intentaban, con la máxima voluntad, instalarse.
Así transcurría la vida año tras año en el bosque, como un mundo a parte. Un mundo que creó fama de paraíso, pero que, aunque con puertas abiertas, era cerrado como un hueso.
Un soleado día, un melancólico caracol de jardín se perdió por la tierra y acabó en el bosque.
Estaba desconcertado, todo le parecía muy extraño, grande, temerario... y sabiendo que no podía dar marcha atrás, se dispuso, resignado, a atravesar el lugar tristemente.
Rápidamente extendida la noticia, el primer grupo de “conformistas” –así se llamaban los que alegraban el día a los forasteros -, se puso en marcha: le llevaron al caracol las hojas de parra más frescas del bosque, aquellas que estaban impregnadas con la brisa de la madrugada.
El caracol las aceptó de buen grado, y una vez digeridas, estas le aportaron el agua suficiente para llorar amargamente. El primer grupo de conformistas, desorientados y enrabiados, le preguntaron que porqué lloraba si acababa de ingerir un manjar exquisito.
- ¿Sí?
- Claro que sí.
- ¿Y me las habéis traído de este bosque?
- Exacto, de los enormes árboles, ¿es que no los ves?
- No... mi vista solo alcanza a las hierbas.
Y más aturdido y triste que antes continuó su travesía.
Pronto aparecieron los segundos conformistas que le regalaron las más apetitosas moras del bosque. El caracol no las comió, dijo que podrían estar envenadas.
- ¿Envenenadas? ¡Imposible! La zarzamora que ahí está es sana como un roble.
- ¿Qué zarzamora?
- Ésa, ¿es que no la ves?
- No, mi vista solo alcanza a las hierbas.
Y con la vista borrosa y los papos encendidos marchó para adelante deseando que el camino se acabara pronto.
En el bosque, los reyes congregaron a la Asamblea de Asuntos Interiores para discutir seriamente el problema. El caracol no veía más allá de las hierbas, había que enseñarle todo lo que no alcanzaban sus ojos. Pronto los sabios infirieron que le harían un avión de golondrinas para que atravesara parte del camino por las copas de los árboles y viera que, realmente, en el bosque podían ofrecerle lo mejor del mundo.
Comentario:
Grabu, no me estropees el cuento!
jajajja
Me alegra que me hagas este comentario, veo que se entiende.
Gracias
jajajja
Me alegra que me hagas este comentario, veo que se entiende.
Gracias
Comentario:
Ya puedes ver parte del proyecto en el blog :-)
Comentario:
oooo asique de ahi viene el nick :P jejeje que bonita historia algo melancolica ^^ jejejeje sigue asi no paras de currar eso esta bien cuidate deiii
Comentario:
Bonita metáfora del Modus Vivendis del 90% de la población del planeta éste grisaceo donde vivimos.
Por cierto, ya informarás por donde cae este bosque, que a más de uno no nos importaría pasar una semanita allí tumbado en la hierva fresca y comiendo moras de buen enebro... digo, zarzamora.
Un abrazo.
Por cierto, ya informarás por donde cae este bosque, que a más de uno no nos importaría pasar una semanita allí tumbado en la hierva fresca y comiendo moras de buen enebro... digo, zarzamora.
Un abrazo.





