Canción: Siempre hay un camino de Alejandro Martínez
Saliendo de la parada del metro de Urquinaona, a mano izquierda, calle Camino número 13, bajos...
Él le pidió que le diera un beso en la boca. Ella aceptó. Comieron patatas, bebieron felices y saborearon el principio de los finales que más o menos acaban bien. El pianista del lugar les observó de reojo, como si fuera indecente buscar la inspiración en las chispas de otros. Cerró los sentidos a ver si se le subía la música a la cabeza, pero solo escupió un acorde de más. La chica de rizos de oro y gafas de pasta pensó que cambiaría de canción y aprovechó para toser. Hacía meses que soñaba, entre colillas y plumas, humedecerse con alguna nota de más en aquella barra americana. Pero el camarero trabajaba solamente para poder comprarse las películas japonesas originales. Era friki como el chico de negro que maquinaba que escuchando blues llegaría a interpretar mejor “Bye, bye, baby” (de Janis Joplin). Tal vez, si la profesora de música, joven y morbosa, hubiera dejado de explicar la naturaleza de las flores de los cactus (solitarias y hermafroditas) al marido destetado que solo bebía vino tinto, aprendería que el chocolate negro no es un sustituto. El viejo borracho gritaba que quería la tercera, penúltima, mientras la viuda sacaba de la máquina otro paquete de tabaco cantando: “¡Viva los Ducados y la gente sin ducación!”. Y el joven de pelo largo que paseaba, guitarra al hombro, soñando con tener dinero para algún día poder entrar a tomarse una copa, en el Paraíso, giraba por el camino de la derecha inconsciente de su fortuna.
Saliendo de la parada del metro de Urquinaona, a mano izquierda, calle Camino número 13, bajos...
Él le pidió que le diera un beso en la boca. Ella aceptó. Comieron patatas, bebieron felices y saborearon el principio de los finales que más o menos acaban bien. El pianista del lugar les observó de reojo, como si fuera indecente buscar la inspiración en las chispas de otros. Cerró los sentidos a ver si se le subía la música a la cabeza, pero solo escupió un acorde de más. La chica de rizos de oro y gafas de pasta pensó que cambiaría de canción y aprovechó para toser. Hacía meses que soñaba, entre colillas y plumas, humedecerse con alguna nota de más en aquella barra americana. Pero el camarero trabajaba solamente para poder comprarse las películas japonesas originales. Era friki como el chico de negro que maquinaba que escuchando blues llegaría a interpretar mejor “Bye, bye, baby” (de Janis Joplin). Tal vez, si la profesora de música, joven y morbosa, hubiera dejado de explicar la naturaleza de las flores de los cactus (solitarias y hermafroditas) al marido destetado que solo bebía vino tinto, aprendería que el chocolate negro no es un sustituto. El viejo borracho gritaba que quería la tercera, penúltima, mientras la viuda sacaba de la máquina otro paquete de tabaco cantando: “¡Viva los Ducados y la gente sin ducación!”. Y el joven de pelo largo que paseaba, guitarra al hombro, soñando con tener dinero para algún día poder entrar a tomarse una copa, en el Paraíso, giraba por el camino de la derecha inconsciente de su fortuna.
Comentario:
Muchas gracias a todos...
¡un brindis por vosotros!
Saludos
¡un brindis por vosotros!
Saludos
Comentario:
Noche destetada...Niña despintada de azules...
PD:Puedes ayudarme con un temita del blog?
PD:Puedes ayudarme con un temita del blog?
Comentario:
me gustaria ser uno mas de la barra del bar, donde tantas vidas se entremezclan entre el humo del tabaco
besos
besos
Comentario:
y yo visualizando....
casi huelo a alcohol....
Genial... ;)
Un Saludo...
casi huelo a alcohol....
Genial... ;)
Un Saludo...
Comentario:
"...como si fuera indecente buscar la inspiración en las chispas de otros"
"Tócala otra vez, Sam"
La Bailarina
"Tócala otra vez, Sam"
La Bailarina
Comentario:
Excelente, creo que más palabras sobran. Un saludo





