“Mientras lloras y gimes por los dolores de edades enterradas después de muchos siglos, las golondrinas preparan sus nidos para albergar el fruto del amor.
Mientras cantas en el coro tristezas que no sientes, corre loca la savia por las entrañas de las plantas y se amontona en los pétalos colorados de la flor, como la sangre se traspasa en las mejillas de la Virgen hermosa.
El olor del incienso te enerva el espíritu; en el campo huele a tomillo, y la espinera y el laurel real embalsaman el ambiente libre.
Tus ayes y lo míos son la voz del deseo encadenado; rompamos estos lazos y volemos juntos; la primavera nos convida; cada hoja que nace es una lengua que te dice: “Ven, el misterio dionisíaco te espera.”
Soy la voz del amor, soy la ilusión que acaricias en sueños; tú me arrojas de ti, pero yo vuelo en la callada noche, y muchas veces al huir en la obscuridad enredo entre sus manos mis cabellos; yo te besé los ojos que estaban llenos de lágrimas que durmiendo vertías.
Yo soy la bienamada, que te llama por última vez: ahora o nunca. Mira hacia atrás, ¿no oyes que me acerque? ¿Quieres ver mis ojos y morir de amor? ¡Mira hacia atrás, mírame, mírame...!”
El diablo en semana santa
Leopoldo Alas “Clarín”
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