NO SIN MI MÓVIL (II PARTE)
Son ocho los años que hace que dispongo de móvil y en todo ese tiempo nunca había extraviado ninguno.
Tuvo que ser justo al mes de tener en mis manos aquel preciado móvil, regalo que me había hecho el destino (creía yo) después de haber tocado fondo con la despedida de mi yayi y con mi “media-historia” sentimental, cuando ese mismo destino decidiese arrebatármelo, mire usted.
Tal vez por ese motivo le confiriese tanta importancia a aquel pequeño objeto que, aunque no deja de ser algo material, había provocado cierto entusiasmo en mi interior cuando no conseguía sacarme de aquel estado de abatimiento absolutamente nada.
Volvimos al parking y en un último intento desesperado nos dedicamos a mirar por debajo de los vehículos que se encontraban aparcados a ambos lados del nuestro a ver si por casualidad...;la búsqueda fue en balde.
Evidentemente, antes de comenzar la cruzada en busca del móvil perdido realicé unas cuantas llamadas desde el de S a mi número, pero el móvil estaba ya más “apagao” que mis esperanzas de encontrarlo.
Salimos de allí y S me preguntó qué era lo que prefería hacer, contesté que quería seguir con lo que teníamos planeado, tampoco se acababa el mundo porque me hubiesen robado el móvil. Además, así me distraería y no pensaría en los recuerdos audibles que con él se largaban (al menos por esas horas).
En el nuevo centro comercial buscamos un establecimiento de telefonía móvil de la compañía en concreto y procedí a hacerme un duplicado de tarjeta para no perder mi número y poder volver a utilizar el antiguo aparato.
En principio seguiría localizable para el mundo allá donde estuviese...ummh,¿esto me gusta?, pues debe ser que sí.
S es muy bueno, y una vez más me sorprendió regalándome el Cd de Jamiroquai que en principio iba a comprarme yo.
Después hicimos un cine, cena y a casita, que al día siguiente yo curraba de nuevo.
Llegamos tarde, solo me lavé los dientes y me confundí con las sábanas.
A las siete de la mañana del día siguiente pegué un salto de la cama, cogí mi tarjeta y corrí a colocarla en mi antiguo móvil.
Solo encenderlo una idea asaltó mi mente, entré en el menú, grabaciones de voz, ok y...¡¡ahí estaba ella!!.
La voz de mi solete estaba grabada en la memoria del móvil, no en la tarjeta, y solo bastó escuchar el principio de aquella primera canción para que de mis ojos brotasen las lágrimas de la felicidad mas intensa que he sentido en mi vida.
Apagué rápidamente y no seguí escuchando pues las lágrimas se hubiesen tornado de tristeza, aún no puedo ver ni una foto de mi cielo porque no estoy preparada pero me quedé con una sensación de paz y tranquilidad inmensas.
Me di cuenta de lo que realmente me importaba, era eso lo que me tenía en vilo...
Me fui a trabajar alegre como un cascabel.
Al día siguiente algo me daría otra alegría.
¡Jé!...hay que ver lo que da de sí el robo de un móvil, ¿no?
¡Hasta pronto! ;)
Tuvo que ser justo al mes de tener en mis manos aquel preciado móvil, regalo que me había hecho el destino (creía yo) después de haber tocado fondo con la despedida de mi yayi y con mi “media-historia” sentimental, cuando ese mismo destino decidiese arrebatármelo, mire usted.
Tal vez por ese motivo le confiriese tanta importancia a aquel pequeño objeto que, aunque no deja de ser algo material, había provocado cierto entusiasmo en mi interior cuando no conseguía sacarme de aquel estado de abatimiento absolutamente nada.
Volvimos al parking y en un último intento desesperado nos dedicamos a mirar por debajo de los vehículos que se encontraban aparcados a ambos lados del nuestro a ver si por casualidad...;la búsqueda fue en balde.
Evidentemente, antes de comenzar la cruzada en busca del móvil perdido realicé unas cuantas llamadas desde el de S a mi número, pero el móvil estaba ya más “apagao” que mis esperanzas de encontrarlo.
Salimos de allí y S me preguntó qué era lo que prefería hacer, contesté que quería seguir con lo que teníamos planeado, tampoco se acababa el mundo porque me hubiesen robado el móvil. Además, así me distraería y no pensaría en los recuerdos audibles que con él se largaban (al menos por esas horas).
En el nuevo centro comercial buscamos un establecimiento de telefonía móvil de la compañía en concreto y procedí a hacerme un duplicado de tarjeta para no perder mi número y poder volver a utilizar el antiguo aparato.
En principio seguiría localizable para el mundo allá donde estuviese...ummh,¿esto me gusta?, pues debe ser que sí.
S es muy bueno, y una vez más me sorprendió regalándome el Cd de Jamiroquai que en principio iba a comprarme yo.
Después hicimos un cine, cena y a casita, que al día siguiente yo curraba de nuevo.
Llegamos tarde, solo me lavé los dientes y me confundí con las sábanas.
A las siete de la mañana del día siguiente pegué un salto de la cama, cogí mi tarjeta y corrí a colocarla en mi antiguo móvil.
Solo encenderlo una idea asaltó mi mente, entré en el menú, grabaciones de voz, ok y...¡¡ahí estaba ella!!.
La voz de mi solete estaba grabada en la memoria del móvil, no en la tarjeta, y solo bastó escuchar el principio de aquella primera canción para que de mis ojos brotasen las lágrimas de la felicidad mas intensa que he sentido en mi vida.
Apagué rápidamente y no seguí escuchando pues las lágrimas se hubiesen tornado de tristeza, aún no puedo ver ni una foto de mi cielo porque no estoy preparada pero me quedé con una sensación de paz y tranquilidad inmensas.
Me di cuenta de lo que realmente me importaba, era eso lo que me tenía en vilo...
Me fui a trabajar alegre como un cascabel.
Al día siguiente algo me daría otra alegría.
¡Jé!...hay que ver lo que da de sí el robo de un móvil, ¿no?
¡Hasta pronto! ;)
NO SIN MI MÓVIL (I PARTE)
Hola,guap@s.
Aquí teneis una de esas historias por fascículos que me gustan tanto y que espero a vosotros también.
Pensad ante todo que, más o menos interesantes, son siempre historias reales.
_______________Sábado 25 de junio de 2005:
A las cinco y media de la tarde acabé mi jornada laboral y me dirigí rauda y veloz hacia la calle.
Mi novio me esperaba en el interior del coche estacionado frente al recinto de oficinas que dejaba a mis espaldas.
Esa tarde íbamos a realizar unas pequeñas compras en un supermercado que se encuentra próximo a la zona donde trabajo; solo en él se encuentra esa marca de sidra asturiana que en ocasiones a S le gusta beber y que se agoto en casa la noche de San Juan.
En los cinco escasos minutos de trayecto hacia ese lugar cojí el móvil para leer el mensaje de texto que S decía me ha enviado esa tarde y cuyo aviso yo no había escuchado.
El mensaje me indicaba que después del “super” iríamos al Fnac a comprar lo nuevo de Jamiroquai (¡bien!).
Llegamos al parking, aparcamos y nos dirigimos a la zona de alimentación en concreto.
Bien, he aquí donde empieza mi odisea (creo), porque es que aún no sé como pudo ser pero a los 15 minutos de encontrarnos en el supermercado comprobé que el móvil había desaparecido de mi bolso.
Evidentemente me cercioré de ello cuando me disponía a pagar en una de las cajas.
Más que ponerme nerviosa pensé que se trataba de un descuido y que en lugar de haberlo vuelto a colocar en el bolso lo habría dejado en la guantera del coche o que probablemente estaba en mi asiento esperándome...jé.
Acabamos de darnos una vuelta por allí y unos 20 minutos mas tarde bajamos al parking para coger el coche y dirigirnos al otro lugar.
Lo primero que hice al abrir la puerta es mirar en el asiento, el móvil no estaba allí, entonces abrí la guantera y desgraciadamente observé que tampoco allí se encontraba, movimos los asientos, en definitiva...pusimos el coche patas arriba y nada de nada.
Antes de seguir con esta historia debo indicaros que tenía aquel móvil desde hacía tan solo un mes y que llevaba como cuatro meses más esperando acumular los dichosos “puntos Movistar” para poder obtenerlo.
Me había enamorado de él y la espera había valido la pena pues con los puntos que había acumulado me había acabado costando tan sólo 25 euros cuando es un móvil que ahora mismo vale 360.
Fue en ese instante cuando se apoderó de mí una sensación de desconcierto y temor que me hizo vaciar de golpe sobre el asiento todo el contenido de mi bolso sin que aquello resolviese nada.
Evidentemente el móvil había desaparecido. El cómo o el cuando...aún no he podido averiguarlo.
Rápidamente concluimos en dirigirnos, él hacia el seguridad del parking, y yo hacia el centro de atención al cliente del supermercado.
Entre unas cosas y otras desde que habíamos llegado hasta que nos dispusimos a abandonar el centro habrían pasado unos 45 minutos más o menos y tenía la esperanza de que si se me había caído alguien lo hubiese encontrado y hubiese tenido la buena fe de devolver algo que no era suyo.
Me equivocaba de cabo a rabo.
Nadie había devuelto nada, nadie sabía nada de un móvil así que desistimos y nos fuimos de allí cabizbajos.
Yo estaba abatida pues además de haber perdido un pedazo de señor móvil, en la tarjeta SIM guardaba información con una carga sentimental importante, entre algunas fotos sin importancia y varios sms que no había querido borrar por hablar de mi yayi y estar escritos antes de su marcha, se encontraba registrada también su voz cantando dos canciones de su extenso repertorio.
(To be continued)
Muchitos muás ;)

Aquí teneis una de esas historias por fascículos que me gustan tanto y que espero a vosotros también.
Pensad ante todo que, más o menos interesantes, son siempre historias reales.
_______________Sábado 25 de junio de 2005:
A las cinco y media de la tarde acabé mi jornada laboral y me dirigí rauda y veloz hacia la calle.
Mi novio me esperaba en el interior del coche estacionado frente al recinto de oficinas que dejaba a mis espaldas.
Esa tarde íbamos a realizar unas pequeñas compras en un supermercado que se encuentra próximo a la zona donde trabajo; solo en él se encuentra esa marca de sidra asturiana que en ocasiones a S le gusta beber y que se agoto en casa la noche de San Juan.
En los cinco escasos minutos de trayecto hacia ese lugar cojí el móvil para leer el mensaje de texto que S decía me ha enviado esa tarde y cuyo aviso yo no había escuchado.
El mensaje me indicaba que después del “super” iríamos al Fnac a comprar lo nuevo de Jamiroquai (¡bien!).
Llegamos al parking, aparcamos y nos dirigimos a la zona de alimentación en concreto.
Bien, he aquí donde empieza mi odisea (creo), porque es que aún no sé como pudo ser pero a los 15 minutos de encontrarnos en el supermercado comprobé que el móvil había desaparecido de mi bolso.
Evidentemente me cercioré de ello cuando me disponía a pagar en una de las cajas.
Más que ponerme nerviosa pensé que se trataba de un descuido y que en lugar de haberlo vuelto a colocar en el bolso lo habría dejado en la guantera del coche o que probablemente estaba en mi asiento esperándome...jé.
Acabamos de darnos una vuelta por allí y unos 20 minutos mas tarde bajamos al parking para coger el coche y dirigirnos al otro lugar.
Lo primero que hice al abrir la puerta es mirar en el asiento, el móvil no estaba allí, entonces abrí la guantera y desgraciadamente observé que tampoco allí se encontraba, movimos los asientos, en definitiva...pusimos el coche patas arriba y nada de nada.
Antes de seguir con esta historia debo indicaros que tenía aquel móvil desde hacía tan solo un mes y que llevaba como cuatro meses más esperando acumular los dichosos “puntos Movistar” para poder obtenerlo.
Me había enamorado de él y la espera había valido la pena pues con los puntos que había acumulado me había acabado costando tan sólo 25 euros cuando es un móvil que ahora mismo vale 360.
Fue en ese instante cuando se apoderó de mí una sensación de desconcierto y temor que me hizo vaciar de golpe sobre el asiento todo el contenido de mi bolso sin que aquello resolviese nada.
Evidentemente el móvil había desaparecido. El cómo o el cuando...aún no he podido averiguarlo.
Rápidamente concluimos en dirigirnos, él hacia el seguridad del parking, y yo hacia el centro de atención al cliente del supermercado.
Entre unas cosas y otras desde que habíamos llegado hasta que nos dispusimos a abandonar el centro habrían pasado unos 45 minutos más o menos y tenía la esperanza de que si se me había caído alguien lo hubiese encontrado y hubiese tenido la buena fe de devolver algo que no era suyo.
Me equivocaba de cabo a rabo.
Nadie había devuelto nada, nadie sabía nada de un móvil así que desistimos y nos fuimos de allí cabizbajos.
Yo estaba abatida pues además de haber perdido un pedazo de señor móvil, en la tarjeta SIM guardaba información con una carga sentimental importante, entre algunas fotos sin importancia y varios sms que no había querido borrar por hablar de mi yayi y estar escritos antes de su marcha, se encontraba registrada también su voz cantando dos canciones de su extenso repertorio.
(To be continued)
Muchitos muás ;)






