Zarandeado
Dos veces me le voy encontrando y las dos veces por el mismo lugar y a la misma hora.
Le conozco (de vista y de pertenecer al mismo entorno, no más... no recuerdo haber cruzado una sola palabra con él) desde hace mucho y la impresión que siempre me causó el mirarle es que era un chico al que la vida le sonreiría siempre, en todos los aspectos.
Me le crucé la primera vez hace más o menos un mes y...eran poco más de las nueve de la mañana y su imagen , bueno su imagen era la de un harapiento borracho. Con una botella en la mano, unos ropajes sucios y roídos, cantando y un caminar un tanto titubeante. No, no era el despertar de una noche de juerga, era una forma de vida.
No me pareció entristecido, más sin embargo...
Días después, en el mismo escenario me lo volví a tropezar, esta vez acompañado y en las mismas condiciones...
Era un "triunfador" y ahora... la vida es incierta siempre.
Desde mi ventana...
He dicho alguna vez que la lluvia no me gusta? Me impide el pensamiento... No llueve ahora, pero sigue amenazando lluvia
Le conozco (de vista y de pertenecer al mismo entorno, no más... no recuerdo haber cruzado una sola palabra con él) desde hace mucho y la impresión que siempre me causó el mirarle es que era un chico al que la vida le sonreiría siempre, en todos los aspectos.
Me le crucé la primera vez hace más o menos un mes y...eran poco más de las nueve de la mañana y su imagen , bueno su imagen era la de un harapiento borracho. Con una botella en la mano, unos ropajes sucios y roídos, cantando y un caminar un tanto titubeante. No, no era el despertar de una noche de juerga, era una forma de vida.
No me pareció entristecido, más sin embargo...
Días después, en el mismo escenario me lo volví a tropezar, esta vez acompañado y en las mismas condiciones...
Era un "triunfador" y ahora... la vida es incierta siempre.
Desde mi ventana...
He dicho alguna vez que la lluvia no me gusta? Me impide el pensamiento... No llueve ahora, pero sigue amenazando lluvia
Calma
Amainando el temporal, tras unos días un tanto desconcertantes por lo agitados o agitados por lo desconcertantes, parece que la barquita se hace un huequito en este ancho y bello mar... izaré velas y aprovechando el viento a favor, navegaré.
Mi propósito es arribar en una playa de arena dorada y tenderme al sol, escuchar el silencio, respirar olvido y exhalar tranquilidad, más... tiempo al tiempo, ¿qué será será?...
Y la rueda gira y gira y lo que antes estaba del derecho ahora aparece del revés... esperemos.
Desde mi ventana
La esperanza me hace querer buscar y... miro a través de la ventana
Mi propósito es arribar en una playa de arena dorada y tenderme al sol, escuchar el silencio, respirar olvido y exhalar tranquilidad, más... tiempo al tiempo, ¿qué será será?...
Y la rueda gira y gira y lo que antes estaba del derecho ahora aparece del revés... esperemos.
Desde mi ventana
La esperanza me hace querer buscar y... miro a través de la ventana
Darse cuenta
Me levanto por la mañana.
Salgo de mi casa.
Hay un socavón en la acera.
No lo veo
y me caigo en él.
Al día siguiente
salgo de mi casa,
me olvido de que hay un socavón en la acera,
y me vulevo a caer en él.
Al tercer día
salgo de mi casa tratando de acordarme
de que hay un socavón en la acera.
Sin embargo,
no lo recuerdo
y caigo en él.
Al cuarto día
salgo de mi casa tratando de acordarme
del socavón en la acera.
Lo recuerdo y,
a pesar de eso,
no veo el pozo y caigo en él.
Al quinto día
salgo de mi casa.
Recuerdo que tengo que tener presente
el socavón en la acera
y camino mirando al suelo.
Y lo veo y,
a pesar de verlo,
caigo en él.
Al sexto día
salgo de mi casa.
Recuerdo el socavón en l acera.
Voy buscándolo con la mirada.
Lo veo,
intento saltarlo,
pero caigo en él.
Al séptimo día
salgo de mi casa.
Veo el socavón.
Tomo carrerilla,
salto,
rozo con la punta de mis pies el borde del otro lado,
pero no es suficiente y caigo en él.
Al octavo día,
salgo de mi casa,
veo el socavón,
tomo carrerilla,
salto,
¡llego al otro lado!
Me siento tan orgulloso de haberlo conseguido
que lo celebro dando saltos de alegría...
Y, al hacerlo,
caigo otra vez en el pozo.
Al noveno día,
salgo de mi casa,
veo el socavón,
tomo carrerilla,
lo salto y sigo mi camino.
Al décimo día,
justo hoy,
me doy cuenta
de que es más cómodo
caminar...
por la acera de enfrente.
JORGE BUCAY ( inspirado en un poema del monje tibetano
RIMPOCHÉ )
Me cuestiono...
¿Me son necesarios los muchos y repetidos rasguños en las rodillas?, ¿desoír al de al lado me hace buscando, encontrar mi propia respuesta?, ¿soy torpe?
Desde mi ventana ....
Día gris
Equilibrio
Hacer de equilibrista cuando siento que piso firme y que mi apoyo es una franja lo suficientemente ancha para dar cabida a mis pies me hace sentir segura, más sin embargo el andar por el alambre me provoca vértigo e incertidumbre, inseguridad??
Siento desde ayer un nudo en el estómago, como si pensara o sintierara que hay cuenta atrás...
Desde mi ventana...
¿Es posible que esta sensación de incertidumbre paralice mi mirada? Lo hace y mis ojos sólo advierten una ciudad en marcha, un decorado demasiado común que por serlo, común, no consigue llamar mi atención.
Siento desde ayer un nudo en el estómago, como si pensara o sintierara que hay cuenta atrás...
Desde mi ventana...
¿Es posible que esta sensación de incertidumbre paralice mi mirada? Lo hace y mis ojos sólo advierten una ciudad en marcha, un decorado demasiado común que por serlo, común, no consigue llamar mi atención.
Un mosquito el culpable
He vuelto a dormir mal, ahora que parece la alergia me iba desapareciendo, al menos con respecto al mucho sueño que me deparaba, un intruso en mi habitación ha hecho que me pase gran parte de la noche en vela, hasta conseguir exasperándome hacerme levantar a templar nervios.
Eran más o menos las tres de la mañana cuando por primera vez me vi inoportunada quebrantando mi sueño que hasta entonces era plácido, y a partir de ahí... cerrado los ojos sí, pero dormir no más, el muy caxxxxxazo ha jugado conmigo a placer. No, no tenía a mano ningún insecticida de los que se enchufan y tampoco el típico "flis flas". La batalla la tenía perdida.
Esta situación me recuerda a una vivida en el pasado....
Hace mucho tiempo ya, en un viaje a Córdoba en pleno Agosto, no hice otra cosa que dejar a media tarde las ventanas abiertas (obviamente no contaba con aire acondicionado el hotel de carretera) para que, ilusa yo, el atardecer y caída de la noche refrescara la habitación... y allí nos vimos de madrugada, saltando de cama en cama con las zapatillas en las manos "cazando" mosquitos.
Desde mi ventana ...
Tengo tal pesadez en los ojos que mirando no encuentro, aunque tampoco tengo interés alguno hoy en buscar nada.
Eran más o menos las tres de la mañana cuando por primera vez me vi inoportunada quebrantando mi sueño que hasta entonces era plácido, y a partir de ahí... cerrado los ojos sí, pero dormir no más, el muy caxxxxxazo ha jugado conmigo a placer. No, no tenía a mano ningún insecticida de los que se enchufan y tampoco el típico "flis flas". La batalla la tenía perdida.
Esta situación me recuerda a una vivida en el pasado....
Hace mucho tiempo ya, en un viaje a Córdoba en pleno Agosto, no hice otra cosa que dejar a media tarde las ventanas abiertas (obviamente no contaba con aire acondicionado el hotel de carretera) para que, ilusa yo, el atardecer y caída de la noche refrescara la habitación... y allí nos vimos de madrugada, saltando de cama en cama con las zapatillas en las manos "cazando" mosquitos.
Desde mi ventana ...
Tengo tal pesadez en los ojos que mirando no encuentro, aunque tampoco tengo interés alguno hoy en buscar nada.
Quisiera...
Quisiera, porque me apetece...
Tras una cortina, tupida esta o no, salir, asomar de entre ella primero medio cuerpo y agitar los brazos a modo de saludo, dejándome ver, provocando se me vea... y sonreir, sí, sonreir...
Desde mi ventana
Ninguna diferencia con respecto ayer... y la luna en la inmensidad del cielo que se presenta raso a estas horas, tal como ayer, solitaria en el cielo.... la miro tratando de entender porqué fascina tanto a tanta gente y a mí apenas me dice nada.... claro que hace que pose mis ojos en ella, tal hice ayer....
Tras una cortina, tupida esta o no, salir, asomar de entre ella primero medio cuerpo y agitar los brazos a modo de saludo, dejándome ver, provocando se me vea... y sonreir, sí, sonreir...
Desde mi ventana
Ninguna diferencia con respecto ayer... y la luna en la inmensidad del cielo que se presenta raso a estas horas, tal como ayer, solitaria en el cielo.... la miro tratando de entender porqué fascina tanto a tanta gente y a mí apenas me dice nada.... claro que hace que pose mis ojos en ella, tal hice ayer....
Una foto y una sola fecha
Dicen que lo que no se conoce no se siente, dicen, y si bien no siempre resulta así de fácil, lo cierto es que crecí con el desinterés por saber, por conocer.
Lo que me dijeron me bastó de siempre y no hubo por mi parte mayor curiosidad por acercarme a aquella vida que tenía que ver con la mía.
Había muerto siendo mi madre una niñita de tan sólo tres años. Los recuerdos que había dejado en la familia, mínimos en sus hijos, los cuatro pequeños, y mi abuela se reservó para si misma el pasado de una vida en común que nunca quiso compartir con sus pequeños.
A duras penas habló de él, de ellos, como si el hacerlo supusiera alejarse un poco, desprenderse de su amado, o quizás pensara que al hacerlo empañaba el recuerdo siempre vivo de quien tanto quiso. Lo poco que me llegó es que como pareja se quisieron mucho, muchísimo. Él murió a una edad muy temprana y ella vivió en silencio su tragedia hasta el final, celosa siempre de su vida en común.
Mi abuelo, una foto y una fecha, de muerte, pero poco más, muy poco más...
Hay más, su muerte fue tan sangrante que su familia (mis mayores) pusieron interés en saber acerca, y supimos... pero...
Hace días me dijeron la fecha en la que nació y el día en el que se casó con mi abuela... no había supuesto que eso no se sabía, quizás el interés nunca les había llevado por ese camino, fijos siempre en su muerte. Y yo, más de lo mismo, sabiendo de lejos de mi abuelo, ignorando una vida que me compete, no sintiendo su ausencia de siempre.
Desde mi ventana ... el día se aclara y llega luz.
Lo que me dijeron me bastó de siempre y no hubo por mi parte mayor curiosidad por acercarme a aquella vida que tenía que ver con la mía.
Había muerto siendo mi madre una niñita de tan sólo tres años. Los recuerdos que había dejado en la familia, mínimos en sus hijos, los cuatro pequeños, y mi abuela se reservó para si misma el pasado de una vida en común que nunca quiso compartir con sus pequeños.
A duras penas habló de él, de ellos, como si el hacerlo supusiera alejarse un poco, desprenderse de su amado, o quizás pensara que al hacerlo empañaba el recuerdo siempre vivo de quien tanto quiso. Lo poco que me llegó es que como pareja se quisieron mucho, muchísimo. Él murió a una edad muy temprana y ella vivió en silencio su tragedia hasta el final, celosa siempre de su vida en común.
Mi abuelo, una foto y una fecha, de muerte, pero poco más, muy poco más...
Hay más, su muerte fue tan sangrante que su familia (mis mayores) pusieron interés en saber acerca, y supimos... pero...
Hace días me dijeron la fecha en la que nació y el día en el que se casó con mi abuela... no había supuesto que eso no se sabía, quizás el interés nunca les había llevado por ese camino, fijos siempre en su muerte. Y yo, más de lo mismo, sabiendo de lejos de mi abuelo, ignorando una vida que me compete, no sintiendo su ausencia de siempre.
Desde mi ventana ... el día se aclara y llega luz.
Sagita
No sé a santo de qué me viene a la cabeza, pero...
Decidieron escapar de su entorno para disfrutar de esa última noche juntas, lejos de miradas conocidas que las inoportunaran, como si los minutos de esa noche fueran especiales (y lo eran) en donde todo lo que no fueran ellas, no contaba.
Se apartaron un tanto del sitio que solían frecuentar, y decidieron entrar a cenar allí, a ese restaurante que aparentemente se veía recogido pero que les era del todo desconocido.
Abrieron la puerta y, en ese mismo instante el camarero fue hacia ellas, posando la mirada en una en particular a la que ayudó a quitarse el abrigo mientras que se despreocupaba un tanto de la otra amiga.
Las acomodó en una mesa y durante toda la cena las atendió con esmero, casi agasajándolas, propiciando la risa pícara de una, y la incomodidad de la otra, porque sí, la atención continuada y fija en una de ellas era notoria, haciéndola no despegar la mirada de la mesa, rehuyendo sus ojos que sabía fijos en ella, sintiéndose más y más molesta al ser presa de aquel desconocido que la estaba abrumando tanto.
La otra amiga se mostraba divertida ante aquella desorientación de su amiga.. disfrutó de la cena mientras que la otra lo pasó ralmente mal no viendo el momento de escapar de allí.
Cuando ya se disponían a salir, él se dirigió a la chica, le ayudó con el abrigo y le pidió volver a verla, un teléfono para contactar con ella... ella confusa sólo consiguió decirle que sabía donde encontrarle.
Salieron fuera y una mostraba risa abierta y la otra perplejidad y un cierto enojo. ¿Cómo podía ser cierto lo vivido?. ¿Un instante era válido, suficiente para prendarse de una persona? porque fue mientras la vió entrar por la puerta...
Yo no solía creer que pudiera darse esa atracción instantánea y tan desmedida, aun hoy pongo interrogante a todo ello y me cuestiono que el arquero con su sagita apunte el tiro y no yerre, hasta me pregunto si llega a apuntar. ¿Flechazos?, ¿sí, no?.
Desde mi ventana .... el tiempo está poniendo color al paisaje y aunque no veo más allá, disfruto con la vista.
Decidieron escapar de su entorno para disfrutar de esa última noche juntas, lejos de miradas conocidas que las inoportunaran, como si los minutos de esa noche fueran especiales (y lo eran) en donde todo lo que no fueran ellas, no contaba.
Se apartaron un tanto del sitio que solían frecuentar, y decidieron entrar a cenar allí, a ese restaurante que aparentemente se veía recogido pero que les era del todo desconocido.
Abrieron la puerta y, en ese mismo instante el camarero fue hacia ellas, posando la mirada en una en particular a la que ayudó a quitarse el abrigo mientras que se despreocupaba un tanto de la otra amiga.
Las acomodó en una mesa y durante toda la cena las atendió con esmero, casi agasajándolas, propiciando la risa pícara de una, y la incomodidad de la otra, porque sí, la atención continuada y fija en una de ellas era notoria, haciéndola no despegar la mirada de la mesa, rehuyendo sus ojos que sabía fijos en ella, sintiéndose más y más molesta al ser presa de aquel desconocido que la estaba abrumando tanto.
La otra amiga se mostraba divertida ante aquella desorientación de su amiga.. disfrutó de la cena mientras que la otra lo pasó ralmente mal no viendo el momento de escapar de allí.
Cuando ya se disponían a salir, él se dirigió a la chica, le ayudó con el abrigo y le pidió volver a verla, un teléfono para contactar con ella... ella confusa sólo consiguió decirle que sabía donde encontrarle.
Salieron fuera y una mostraba risa abierta y la otra perplejidad y un cierto enojo. ¿Cómo podía ser cierto lo vivido?. ¿Un instante era válido, suficiente para prendarse de una persona? porque fue mientras la vió entrar por la puerta...
Yo no solía creer que pudiera darse esa atracción instantánea y tan desmedida, aun hoy pongo interrogante a todo ello y me cuestiono que el arquero con su sagita apunte el tiro y no yerre, hasta me pregunto si llega a apuntar. ¿Flechazos?, ¿sí, no?.
Desde mi ventana .... el tiempo está poniendo color al paisaje y aunque no veo más allá, disfruto con la vista.
Un respiro
Paren el mundo que yo me bajo... y cuando se me haya pasado el mareo me subiré a la rueda... seguro que quiero.
Cuando todo va mal no desespero, con sólo mirar para atrás me doy cuenta que todavía podría ir peor... pero a veces duele y otras, bueno, otras jode (pretendiendo poner énfasis al fastidiar que me parecía sumamente liviano y que se ajustaba poco).
Respirar hondo, tomar aire y ... esperar.
Desde mi ventana ... pues no, no atisbo con la mirada nada que me merezca la pena... ya llegará mañana.
Cuando todo va mal no desespero, con sólo mirar para atrás me doy cuenta que todavía podría ir peor... pero a veces duele y otras, bueno, otras jode (pretendiendo poner énfasis al fastidiar que me parecía sumamente liviano y que se ajustaba poco).
Respirar hondo, tomar aire y ... esperar.
Desde mi ventana ... pues no, no atisbo con la mirada nada que me merezca la pena... ya llegará mañana.
La primavera
Solía escuchar las cuatro estaciones de Vivladi mientras tomaba un baño de agua bien caliente cuando necesitaba templar ánimos, cuando necesitaba relajar músculos, cuando pretendía despejar mente, cuando buscaba aislamiento, cuando pretendía el escape.
Solía hacerlo, y sí, lo cierto es que me resultaba sumamente agradable esa sensación. La música amansa las fieras, dicen, y si cierto o no, el caso es que yo lo recibía como bálsamo que si bien no curaba mis heridas, si las aliviaba, y me reconfortaba.
Esa música me mecía, me arrullaba, y yo al tiempo que iba distendiendo músculos cual niño chico iba abandonándome, enfrascándome en un espacio ausente de realidad, sólo complacencia, agrado, dicha.
Ausencia de todo, hasta de mí misma... etereo, sin medidas, sin horarios, sin color... la nada era todo y el todo era nada.... relax completo.
Debo recuperar a Vivladi y su primavera y dejarme mecer...

Solía hacerlo, y sí, lo cierto es que me resultaba sumamente agradable esa sensación. La música amansa las fieras, dicen, y si cierto o no, el caso es que yo lo recibía como bálsamo que si bien no curaba mis heridas, si las aliviaba, y me reconfortaba.
Esa música me mecía, me arrullaba, y yo al tiempo que iba distendiendo músculos cual niño chico iba abandonándome, enfrascándome en un espacio ausente de realidad, sólo complacencia, agrado, dicha.
Ausencia de todo, hasta de mí misma... etereo, sin medidas, sin horarios, sin color... la nada era todo y el todo era nada.... relax completo.
Debo recuperar a Vivladi y su primavera y dejarme mecer...

Alergia
Siento que estoy poff , todo bien pero sin embargo yo me siento decaer y decaer, y sin motivo, al menos aparente.
Le echo la culpa a la maldita alergia con la que llevo conviviendo (¿conviviir?, NOOO) que llevo arrastrando desde hace tiempo ya; allá a últimos de Enero me sobrevino anunciándome la incipiente bonita ( ja) primavera; sí, esa estación tan apreciada por los románticos (todavía existen o son trasnochados vestigios de un ayer?) y que yo no acabo de ver en todo su esplendor, y mira que le he puesto ganas, intentando ver más allá, o más acá, con mis ojos de siempre.
Me levanto con un aturdimiento tal, que lo arrastro durate todo el día y al final de este, me vence un sueño anormal del todo que me hace ir a la cama antes que tarde, casi sin querer, pero que necesito porque me siento sin fuerzas, vencida, rendida.
Y así un día tras otro... y van?
Y si encima con el despertar veo un día gris que me impide encontrar la inmensidad de un cielo azul... pues eso, que estoy poff y así seguiré mientras esta primavera no se haya acomodado bien a mi persona, o yo a ella.
Desde mi ventana... mejor no digo lo que veo veo, verdad?
Le echo la culpa a la maldita alergia con la que llevo conviviendo (¿conviviir?, NOOO) que llevo arrastrando desde hace tiempo ya; allá a últimos de Enero me sobrevino anunciándome la incipiente bonita ( ja) primavera; sí, esa estación tan apreciada por los románticos (todavía existen o son trasnochados vestigios de un ayer?) y que yo no acabo de ver en todo su esplendor, y mira que le he puesto ganas, intentando ver más allá, o más acá, con mis ojos de siempre.
Me levanto con un aturdimiento tal, que lo arrastro durate todo el día y al final de este, me vence un sueño anormal del todo que me hace ir a la cama antes que tarde, casi sin querer, pero que necesito porque me siento sin fuerzas, vencida, rendida.
Y así un día tras otro... y van?
Y si encima con el despertar veo un día gris que me impide encontrar la inmensidad de un cielo azul... pues eso, que estoy poff y así seguiré mientras esta primavera no se haya acomodado bien a mi persona, o yo a ella.
Desde mi ventana... mejor no digo lo que veo veo, verdad?
Calma
Desayunar sentada y sin prisas es un placer que pocas veces puedo hacer puesto que el amigo tiempo ahí arribita está encima de mi cabeza mostrándome su filo, recordándome que soy presa de él. Pero cuando por un casual se da, cuando puedo sentarme a la mesa y desayunar de foma pausada, cuando me voy desperezándome a mi ritmo, siempre un ritmo lento, un estado de gracia, de sosiego me embarga. Algo así como si la partida de ese día la gano yo, como si dejara de sentir el filo de la espada sobre mí.
Hoy decidí que así fuera, y si bien tengo un día por delante nada ocioso, el desayuno me lo tomo sentada y con calma, sorbiendo sorbo a sorbo ese café matutino que a mí me sabe a gloria.
Echo de menos el acompañamiento de esas galletas untadas con mantequilla, o la magdadenas, si, pero es que los abusos de tiempos pasados traen la moderación presente. Pero da igual (casi da igual), el placer estriba en comerle un peón al tiempo, en desoírle aunque no más sea por media hora.
Desde mi ventana veo veo ....
El día está gris, el cielo encapotado y las montañas que tengo al frente quedan cubiertas por una niebla que me impide la visión más allá. El horizonte no está en la lejanía hoy.
Hoy decidí que así fuera, y si bien tengo un día por delante nada ocioso, el desayuno me lo tomo sentada y con calma, sorbiendo sorbo a sorbo ese café matutino que a mí me sabe a gloria.
Echo de menos el acompañamiento de esas galletas untadas con mantequilla, o la magdadenas, si, pero es que los abusos de tiempos pasados traen la moderación presente. Pero da igual (casi da igual), el placer estriba en comerle un peón al tiempo, en desoírle aunque no más sea por media hora.
Desde mi ventana veo veo ....
El día está gris, el cielo encapotado y las montañas que tengo al frente quedan cubiertas por una niebla que me impide la visión más allá. El horizonte no está en la lejanía hoy.
Como niños
¿Qué te pasa? -le preguntó la niña de los ojos negros al aprendiz, que llegaba con el rostro desencajado.
El aprendiz la miró como si estuviera sonámbulo.
- ¿eh?. ¿qué? -acertó a articular.
¨¿Qué que te pasa? -insistió la niña elevando el tono de voz.
El aprendiz se situó al fin. Tomó conciencia de que, a quien tenía delante, era la niña de los ojos negros, y ella parecía ser toda una "experta" en el tema.
- ¿Podemos hablar un rato? -le preguntó el aprendiz a la niña.
- Sí, claro - dijo la niña-. Y luego jugamos un poco, ¿vale?
El joven no contestó. Simplemente se sentó en el suelo, apoyando la espalda en la piedra de la alberca del Manantial de las Miradas.
La niña le imitó.
- ¿Qué te ha pasado? -volvió a insistir la niña.
El aprendiz la miró angustiado.
- Que he visto un hada -dijo con voz temblorosa.
- ¡Ah!, ¡sólo era eso! -había cierto tinte de desilusión en su voz.
El aprendiz levantó una ceja.
- Muchas hadas son amigas mías -explicó la pequeña. Las hay que tienen alas de mariposas y las hay que tienen alas de libélula.
- ¡De esas! -interrumpió el aprendiz con nerviosismo. ¡Una de esas creo que era la que yo he visto!
- Sí, esas son muy divertidas -prosiguió la niña sonriendo.
- Sí. Ya.
El aprendiz torció la boca con ironía.
- Y también hay duendes y gnomos -siguió la niña.- y elfos.
- ¡¿Todo eso?!
- Sí -respondió la niña escuetamente.
El joven se rascó la cabeza. Si se había vuelto loco, iba a tener todo un mundo de locos que descubrir.
- No. No te has vuelto loco -le dijo la niña como adivinando sus pensamientos-. Sólo es que ahora eres un poco más como yo, un poco más niño.
Y como si la última palabra le hubiera recordado algo, se levantó de un salto y tirando de la mano del aprendiz, le dijo:
- ¡Venga! ¿vamos a jugar!.
El manantial de las miradas - Grian
Pues aquí estoy yo, tomando la escalera que me acerca hasta mi nube....
Aun a medio despejar... desde mi ventana no veo nada que me llame la atención... será eso, será que todavía sigo con la noche.
El aprendiz la miró como si estuviera sonámbulo.
- ¿eh?. ¿qué? -acertó a articular.
¨¿Qué que te pasa? -insistió la niña elevando el tono de voz.
El aprendiz se situó al fin. Tomó conciencia de que, a quien tenía delante, era la niña de los ojos negros, y ella parecía ser toda una "experta" en el tema.
- ¿Podemos hablar un rato? -le preguntó el aprendiz a la niña.
- Sí, claro - dijo la niña-. Y luego jugamos un poco, ¿vale?
El joven no contestó. Simplemente se sentó en el suelo, apoyando la espalda en la piedra de la alberca del Manantial de las Miradas.
La niña le imitó.
- ¿Qué te ha pasado? -volvió a insistir la niña.
El aprendiz la miró angustiado.
- Que he visto un hada -dijo con voz temblorosa.
- ¡Ah!, ¡sólo era eso! -había cierto tinte de desilusión en su voz.
El aprendiz levantó una ceja.
- Muchas hadas son amigas mías -explicó la pequeña. Las hay que tienen alas de mariposas y las hay que tienen alas de libélula.
- ¡De esas! -interrumpió el aprendiz con nerviosismo. ¡Una de esas creo que era la que yo he visto!
- Sí, esas son muy divertidas -prosiguió la niña sonriendo.
- Sí. Ya.
El aprendiz torció la boca con ironía.
- Y también hay duendes y gnomos -siguió la niña.- y elfos.
- ¡¿Todo eso?!
- Sí -respondió la niña escuetamente.
El joven se rascó la cabeza. Si se había vuelto loco, iba a tener todo un mundo de locos que descubrir.
- No. No te has vuelto loco -le dijo la niña como adivinando sus pensamientos-. Sólo es que ahora eres un poco más como yo, un poco más niño.
Y como si la última palabra le hubiera recordado algo, se levantó de un salto y tirando de la mano del aprendiz, le dijo:
- ¡Venga! ¿vamos a jugar!.
El manantial de las miradas - Grian
Pues aquí estoy yo, tomando la escalera que me acerca hasta mi nube....
Aun a medio despejar... desde mi ventana no veo nada que me llame la atención... será eso, será que todavía sigo con la noche.
El ciclista
Cuando salí de casa esta mañana me tropecé con un ciclista, nada anómalo dicho así, pero si especifico un poquito más ...
Hube de apretar los ojos bien para cerciorarme de que no me estaban jugando una mala pasada mis ojos y es que pedaleaba con una sola pierna, la derecha, la izquierda le faltaba por entero. La bicicleta se ve iba preparada para él puesto que el lado izquierdo no llevaba pedal alguno. Nos cruzamos, y una vez pasado por mi lado seguí con insistencia y admiración mirándole, hasta que le perdí la vista tras una curva. El chico, jóven, iba ataviado con el maillot típico ciclista y llevaba un buen ritmo dado que subía por una carretera con bastante inclinación y curvas. No daba bandazos pese a que el terreno y el equilibrio suyo no debe ser el más óptimo, o sí? En cualquier caso supe más que supuse, que el esfuerzo debía ser grande.
Constancia, ganas de superación, encarar la vida, la suerte, pundonor... virtudes que son necesarias para asumir las limitaciones de cada cual.
Seguí mi camino mientras continuaba pensando en lo visto y recordando como hace mucho tiempo ya, siendo relativamente jovencita, tuve ocasión de ir a ver una competición de natación de gente con distintas minusvalías.
Recuerdo la impresión que me llevé, lo frágil y pequeñita que me observé viendo a toda esa gente ilusionada, contenta. Todos eran grandes ante mis ojos, hombres grandes, mujeres grandes, niños y niñas grandes... y yo, nosotros, los que les mirábamos detrás del cristal, insignificantes del todo.
Me sobrecogí, y recuerdo no me resultó grata la experiencia vivida... quizás, ya digo, era demasiado jovencita como para asumir aquello con contento.
Hubo de pasar tiempo para que entendiera que la vida es ingrata con muchos, o con todos en algún momento, y que lo primordial es asumirlo todo para mirar al frente y esbozar una sonrisa que demuestre que queremos vivir, y que todos, yo también, de acuerdo a nuestras posibilidades y momento actual debemos encararla, sorberla, disfrutarla.
Hube de apretar los ojos bien para cerciorarme de que no me estaban jugando una mala pasada mis ojos y es que pedaleaba con una sola pierna, la derecha, la izquierda le faltaba por entero. La bicicleta se ve iba preparada para él puesto que el lado izquierdo no llevaba pedal alguno. Nos cruzamos, y una vez pasado por mi lado seguí con insistencia y admiración mirándole, hasta que le perdí la vista tras una curva. El chico, jóven, iba ataviado con el maillot típico ciclista y llevaba un buen ritmo dado que subía por una carretera con bastante inclinación y curvas. No daba bandazos pese a que el terreno y el equilibrio suyo no debe ser el más óptimo, o sí? En cualquier caso supe más que supuse, que el esfuerzo debía ser grande.
Constancia, ganas de superación, encarar la vida, la suerte, pundonor... virtudes que son necesarias para asumir las limitaciones de cada cual.
Seguí mi camino mientras continuaba pensando en lo visto y recordando como hace mucho tiempo ya, siendo relativamente jovencita, tuve ocasión de ir a ver una competición de natación de gente con distintas minusvalías.
Recuerdo la impresión que me llevé, lo frágil y pequeñita que me observé viendo a toda esa gente ilusionada, contenta. Todos eran grandes ante mis ojos, hombres grandes, mujeres grandes, niños y niñas grandes... y yo, nosotros, los que les mirábamos detrás del cristal, insignificantes del todo.
Me sobrecogí, y recuerdo no me resultó grata la experiencia vivida... quizás, ya digo, era demasiado jovencita como para asumir aquello con contento.
Hubo de pasar tiempo para que entendiera que la vida es ingrata con muchos, o con todos en algún momento, y que lo primordial es asumirlo todo para mirar al frente y esbozar una sonrisa que demuestre que queremos vivir, y que todos, yo también, de acuerdo a nuestras posibilidades y momento actual debemos encararla, sorberla, disfrutarla.