Paja que alimenta quiero
Son tantas cosas!, tantas la que ocupan mis pensamientos que veo difícil la evasión; intento dejar la mente en blanco, enfrascarme en cosas de mi alrededor que por ser nimias no cargan más la mente, esas cosas que te hacen parecer insustancial por tomarlas para tí, pero que alimentan el vacío, lo ocupan, llenan e impiden se llegue al complejo que es mi cabeza, porque sí, además de todo soy compleja, bastante compleja.
Antaño no entendía la razón del porqué la gente utilizaba el recurso de hablar del tiempo climático en el ascensor, los creía estúpidos por no considerarse los unos a los otros... miraba con desdén a todo aquel que no se enfrascaba en conversaciones que yo entendía podían resultar interesantes ¿y este? me decía, y lo miraba y remiraba para ponerlo al lado de la raya que más me satisfacía.
Entendía por aquel entonces que los silencios hablan mucho y bien, que no hacen daño, que son buenos, que rubrican una forma de ser...... no diré que hoy en día pienso los silencios dañan pero sí que pueden contener encierros, y yo no quiero para mí unos barrotes que me limiten, por eso no quiero la tensa calma....ocupar, ocupar la mente de paja, que se impida todo aquello que no sea liviano.
Recuerdo en un momento dado, alguien sabedor que las cargas emocionales no son buenas me dijo que todo tiene su momento y que no desdeñara hablar de si llueve o deja de llover, de si hoy hace buen día y mañana? que todo tiene su aquel, que supiera reírme de hasta del infortunio, que me diera toda y en todo... Sabio consejo el que me dieron que sólo con el pasar del tiempo entendí al completo y por completo. Hoy en día soy yo quien en el ascensor hablo del tiempo que hace o no hace y comprendo la razón de esos rellenos.
Pero tengo refondo y este hace que a veces sea incapaz de ponerle buena cara al mal tiempo y me anclo en las ciento y una preocupaciones que el día a día me plantea.... Es entonces cuando suelo echar mano de mi escalera para sumergirme en mi nube de algodón, blandita blandita y........ A veces pasa que no encuentro la escalera o que esta se hace corta porque la nube, mi nube se distancia de mí.
Antaño no entendía la razón del porqué la gente utilizaba el recurso de hablar del tiempo climático en el ascensor, los creía estúpidos por no considerarse los unos a los otros... miraba con desdén a todo aquel que no se enfrascaba en conversaciones que yo entendía podían resultar interesantes ¿y este? me decía, y lo miraba y remiraba para ponerlo al lado de la raya que más me satisfacía.
Entendía por aquel entonces que los silencios hablan mucho y bien, que no hacen daño, que son buenos, que rubrican una forma de ser...... no diré que hoy en día pienso los silencios dañan pero sí que pueden contener encierros, y yo no quiero para mí unos barrotes que me limiten, por eso no quiero la tensa calma....ocupar, ocupar la mente de paja, que se impida todo aquello que no sea liviano.
Recuerdo en un momento dado, alguien sabedor que las cargas emocionales no son buenas me dijo que todo tiene su momento y que no desdeñara hablar de si llueve o deja de llover, de si hoy hace buen día y mañana? que todo tiene su aquel, que supiera reírme de hasta del infortunio, que me diera toda y en todo... Sabio consejo el que me dieron que sólo con el pasar del tiempo entendí al completo y por completo. Hoy en día soy yo quien en el ascensor hablo del tiempo que hace o no hace y comprendo la razón de esos rellenos.
Pero tengo refondo y este hace que a veces sea incapaz de ponerle buena cara al mal tiempo y me anclo en las ciento y una preocupaciones que el día a día me plantea.... Es entonces cuando suelo echar mano de mi escalera para sumergirme en mi nube de algodón, blandita blandita y........ A veces pasa que no encuentro la escalera o que esta se hace corta porque la nube, mi nube se distancia de mí.





