Abelina
Se llama Abelina y es quien ha acaparado mi pensamiento durante todo el día.
El verla nuevamente cuando no lo esperaba me ha producido una gran alegría. ¿Qué puedo decir de ella? Es una mujer entrada en años, una abuelita, menuda toda ella y por lo que he podido apreciar en estos meses que dejé de verla, ha desmejorado físicamente mucho, pero sin embargo sigue igual, “arrollándolo” todo, o quizás mejor debiera decir, intentando arrollar todo. Sus cuidadores dirán probablemente que es una pesada, que es escandalosa, que revuelve al personal…. En fin una ancianita de las de cuidado.
Allá por el mes de junio-julio dejé de verla; esa mujer acaparaba toda la atención en el comedor y volvía del revés a sus compañeros de mesa y es que era tan inquieta (eso por no decir que era “mala malísima”) ; no dejaba títere con cabeza si es que se le ponía a tiro títere alguno.
Fue marcharse ella y recobrar el comedor su quietud.
Recuerdo haber preguntado por ella, pero o bien no me dieron respuesta alguna o la olvidé rápido por no parecerme de interés entonces…
No me une nada a Abelina, ni siquiera puedo decir que me inspiró algún día ternura, esa ternura que los abuelitos inspiran, y sin embargo hoy me siento contenta, mucho, por haberla encontrado nuevamente.





