Fue lo que fue
Me cogió de improviso y sumamente inexperta, sin tiempo para asimilar el torbellino de emociones nuevas que empezaba a experimentar mi persona, y no sé si esto hizo que mi primer amor, ese que siempre se recuerda en el tiempo con agrado, fuera un total fracaso, y en definitiva el impulsor a una forma de ser, una forma de hacer que lleva a entender en una primera lectura sobre mí siempre una negación, un trato distante.
Yo sabía que aquel amor me hacía mal, por desigual, por no caminar juntos el uno con la otra, quizás por pretender lo que no podía ser, quizás... pero estaba encadenada a unos sentimientos que si bien se alejaban mucho de la razón, me hacían experimentar emociones gratas hasta cuando me ponía al borde del absimo.
Pero no podía decirse que estuviera cegada, no, era en soledad cuando más crudamente se mostraba ante mí la realidad, y era entonces cuando yo me despreciaba y recriminaba a mí misma por ser débil, por no poner fin a una situación que no era lógica, que no era buena.
Y así, un día tras otro, mes tras mes, negándome a mí misma.... Sabía lo que tenía que hacer pero necesitaba de tiempo y coraje para decir adiós. Todos los días despertaba con la ilusión de verlo y todas las noches me dormía maldiciendo esa ilusión.
Por fin un día frente a un espejo, mirándome, supe que había llegado el momento, mi momento; bañada en lágrimas que me quemaban la cara, me dije que hasta ahí llegaba, me sentía morir pero al tiempo reconfortada. Me era necesario dar ese paso para recobrar mi autoestima que un mal día perdí en unos brazos que no me arropaban.
Los días y meses siguientes fueron duros porque el recuerdo, su recuerdo (siempre distorsionado) me acompañaba constantemente y me hacía sentir la herida abierta, tan abierta...
Pasado un tiempo, un buen día descubrí que el rictus amargo había desaparecido de mi rostro, señal inéquivoca que la herida había cicatrizado, ya no dolía; la mirada esperanzada e ilusionada, la creencia en mí misma habían, a modo de puntos de sutura, recompuesto lo que en su día quedó hecho pedazos.
Aquella experiencia, aquello vivido, delineó el camino a seguir... pudo ser otro el camino, pudo ser otra la experiencia, pero fue lo que fue.
Día precioso es lo que me vista capta desde mi ventana.
Yo sabía que aquel amor me hacía mal, por desigual, por no caminar juntos el uno con la otra, quizás por pretender lo que no podía ser, quizás... pero estaba encadenada a unos sentimientos que si bien se alejaban mucho de la razón, me hacían experimentar emociones gratas hasta cuando me ponía al borde del absimo.
Pero no podía decirse que estuviera cegada, no, era en soledad cuando más crudamente se mostraba ante mí la realidad, y era entonces cuando yo me despreciaba y recriminaba a mí misma por ser débil, por no poner fin a una situación que no era lógica, que no era buena.
Y así, un día tras otro, mes tras mes, negándome a mí misma.... Sabía lo que tenía que hacer pero necesitaba de tiempo y coraje para decir adiós. Todos los días despertaba con la ilusión de verlo y todas las noches me dormía maldiciendo esa ilusión.
Por fin un día frente a un espejo, mirándome, supe que había llegado el momento, mi momento; bañada en lágrimas que me quemaban la cara, me dije que hasta ahí llegaba, me sentía morir pero al tiempo reconfortada. Me era necesario dar ese paso para recobrar mi autoestima que un mal día perdí en unos brazos que no me arropaban.
Los días y meses siguientes fueron duros porque el recuerdo, su recuerdo (siempre distorsionado) me acompañaba constantemente y me hacía sentir la herida abierta, tan abierta...
Pasado un tiempo, un buen día descubrí que el rictus amargo había desaparecido de mi rostro, señal inéquivoca que la herida había cicatrizado, ya no dolía; la mirada esperanzada e ilusionada, la creencia en mí misma habían, a modo de puntos de sutura, recompuesto lo que en su día quedó hecho pedazos.
Aquella experiencia, aquello vivido, delineó el camino a seguir... pudo ser otro el camino, pudo ser otra la experiencia, pero fue lo que fue.
Día precioso es lo que me vista capta desde mi ventana.