Delito imaginario
Así se denomina en Francia a las denuncias inventadas que nunca existieron.
Hace unos días, una joven denunció ser víctima de una agresión antisemita, ayer confesó su mentira.
La noticia primera, la de la supuesta agresión, conmocionó a la sociedad, sobre todo y principalmente por la pasividad de quienes se supone asistieron impasibles a tales hechos y no prestaron ayuda…. pero claro, ¿cómo hacerlo si no existió?
En un mundo tan contrariado en el que hay tanta crispación sólo nos faltaba esto, las falsas denuncias que posibiliten más el enfrentamiento entre los pueblos, entre las personas… suele decirse que a “río revuelto, ganancia de pescadores”, pero ¿qué se gana con mentir y soliviantar a la gente?, ¿no tenemos ya demasiado con las verdades del día a día?
Estas falsas denuncias (del tipo que sean, da igual) deberían salir a la luz y tener su “justa respuesta” (siempre por parte de la autoridad y no por la calle, obviamente); no se puede, creo yo, permitir que la gente en aras de y so pretexto de, vaya aumentando el grado de crispación que tenemos todos.
Hace unos días, una joven denunció ser víctima de una agresión antisemita, ayer confesó su mentira.
La noticia primera, la de la supuesta agresión, conmocionó a la sociedad, sobre todo y principalmente por la pasividad de quienes se supone asistieron impasibles a tales hechos y no prestaron ayuda…. pero claro, ¿cómo hacerlo si no existió?
En un mundo tan contrariado en el que hay tanta crispación sólo nos faltaba esto, las falsas denuncias que posibiliten más el enfrentamiento entre los pueblos, entre las personas… suele decirse que a “río revuelto, ganancia de pescadores”, pero ¿qué se gana con mentir y soliviantar a la gente?, ¿no tenemos ya demasiado con las verdades del día a día?
Estas falsas denuncias (del tipo que sean, da igual) deberían salir a la luz y tener su “justa respuesta” (siempre por parte de la autoridad y no por la calle, obviamente); no se puede, creo yo, permitir que la gente en aras de y so pretexto de, vaya aumentando el grado de crispación que tenemos todos.