La gran lente
Kubrick quería que las escenas grabadas en interiores de Barry Lyndon estuvieran iluminadas con luz natural. El cineasta rehusaba usar focos, sólo quería que la cámara recogiese la luz de las velas que se utilizaban en el siglo XVIII. El director de fotografía, John Alcote, necesitaba, por tanto, una lente que permitiera una abertura del diafragma enorme para que la poca luz de la escena sensibilizara la película.
Kubrick recorrió el mundo buscando lentes que admitieran más luz y después de tres meses encontró la Zeiss de 50 mm desarrollada por la NASA para sus misiones en la luna. Pero como sabrán aquellos a los que les guste la fotografía, cuanto más se abre el diafragma más se reduce la profundidad de campo, es decir el espacio perpendicular al objetivo que se mantiene enfocado.
Ed DiGuilio, un ingeniero californiano, fue el encargado de adaptar la lente a la cámara. Para hacerlo tuvo que reconstruir la cámara. Las escenas resultan planas por la limitación de la profundidad de campo pero esta falta de perspectiva hace que la factura de la película sea aún más pictórica. De manera, que la fotografía en Barry Lyndon recuerda a los cuadros del siglo XVIII.

Las velas eran de cera de abeja, igual que las que se usaban entonces, y fueron encargadas a al compañía Price´s que las fabricaba para la Iglesia Católica. Kubrick acudió personalmente a la fábrica donde se producían y encargó las velas suficientes como para iluminar cien salones. Entre la cantidad de velas que había en cada escena, los pesados trajes que habían de llevar y el maquillaje, los actores recuerdan el rodaje de esas escenas como uno de los más duros de su trayectoria.

Este es uno más de los ejemplos de la capacidad de innovación de Stanley Kubrick y de su preocupación por la calidad de sus filmes. Con sus aportaciones, Kubrick abre nuevos caminos para que otros cineastas tengan a su disposición más posibilidades de expresión. Os invito a que veáis Barry Lyndon y comprobéis la majestuosidad de su factura.
Kubrick recorrió el mundo buscando lentes que admitieran más luz y después de tres meses encontró la Zeiss de 50 mm desarrollada por la NASA para sus misiones en la luna. Pero como sabrán aquellos a los que les guste la fotografía, cuanto más se abre el diafragma más se reduce la profundidad de campo, es decir el espacio perpendicular al objetivo que se mantiene enfocado.Ed DiGuilio, un ingeniero californiano, fue el encargado de adaptar la lente a la cámara. Para hacerlo tuvo que reconstruir la cámara. Las escenas resultan planas por la limitación de la profundidad de campo pero esta falta de perspectiva hace que la factura de la película sea aún más pictórica. De manera, que la fotografía en Barry Lyndon recuerda a los cuadros del siglo XVIII.

Las velas eran de cera de abeja, igual que las que se usaban entonces, y fueron encargadas a al compañía Price´s que las fabricaba para la Iglesia Católica. Kubrick acudió personalmente a la fábrica donde se producían y encargó las velas suficientes como para iluminar cien salones. Entre la cantidad de velas que había en cada escena, los pesados trajes que habían de llevar y el maquillaje, los actores recuerdan el rodaje de esas escenas como uno de los más duros de su trayectoria.

Este es uno más de los ejemplos de la capacidad de innovación de Stanley Kubrick y de su preocupación por la calidad de sus filmes. Con sus aportaciones, Kubrick abre nuevos caminos para que otros cineastas tengan a su disposición más posibilidades de expresión. Os invito a que veáis Barry Lyndon y comprobéis la majestuosidad de su factura.Comentario:
Fascinante este blog, oiga, me creia un fan de Kubrick, pero tanta información me abruma.
Felicidades.
Felicidades.





