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Esto es Kubrick
Visionario, excéntrico, legendario, obsesivo, perfeccionista...genial
Sindicación
 
La imagen contra el diálogo: el arte de un director de novelas
De los trece largometrajes que dirigió Kubrick en su carrera cinematográfica once están basados en una novela. Los únicos dos filmes que posen un guión original son los dos primeros: Miedo y deseo (1953) y El beso del asesino (1955). Pero estas películas son las menos representativas de la trayectoria del cineasta neoyorquino por tres razones: son casi mediometrajes (Fear and Desire dura sólo 68 minutos y El beso del asesino, 67), tienen escaso presupuesto y no han tenido demasiada repercusión en la Historia del cine.

Las once restantes están basadas en novelas de distinta temática y distinto autor. Así, Atraco Perfecto se inspira en Clean Break de Lionel White, Senderos de Gloria en la novela homónima de Humphrey Cobb y Espartaco de Howard Fast sirvió a Dalton Trumbo para elaborar el guión de la película de igual nombre.

Por otra parte, Kubrick adaptó al cine Lolita de Vladimir Nabokov, una historia sobre la atracción por las niñas y el incesto que cosechó gran éxito y ha credo toda una iconografía entorno a ese personaje. Sin embargo, Nabokov no se indigna porque su nombre aparezca irremediablemente unido al de Lolita: “Su éxito (el de Lolita) no me molesta. Yo no soy Conan Doyle quién, por esnobismo o pura estupidez, prefería ser conocido como autor de una historia de África, que imaginaba muy superior a su Sherlok Holmes. Y es muy interesante plantearse como hacen ustedes los periodistas, el problema de la tonta degradación que el personaje de la nínfula que yo inventé en 1955 ha sufrido entre el gran público. No sólo la perversidad de la pobre criatura fue grotescamente exagerada sino el aspecto físico, la edad, todo fue modificado por ilustraciones en publicaciones extranjeras. Muchachas de 20 años o más, pavas, gatas callejeras, modelos baratas, o simples delincuentes de largas piernas, son llamadas nínfulas o "Lolitas" en revistas italianas, francesas, alemanas, etc. Y las cubiertas de las traducciones turcas o árabes. El colmo de la estupidez”.

Otras películas del neoyorquino que se derivan de novelas son: ¿Teléfono rojo? Volamos hacia Moscú basada en Red Alert de Peter George, Barry Lyndon en Memorias de Barry Lyndon de William M. Thackeray, 2001 una odisea del espacio en el libro homónimo de Arthur C. Clarke, al igual que La naranja mecánica de Anthony Burgess. Para completar al lista de novelas que utilizó Kubrick como sustento argumental de sus filmes diremos que El resplandor bebe de la novela de igual título de Stephen King, La chaqueta metálica inspirada en The Short Timers de Gustav Hasford y Eyes wide shut en Relato soñado de Arthur Schnitzler.

Sin embargo, gran parte del reconocimiento artístico de Stanley Kubrick proviene de su manejo de la imagen por encima del diálogo. “Las partes más importantes de una películas son las partes misteriosas, más allá del alcance de la razón y el lenguaje”, declaró Kubrick en una ocasión. También dijo, como ya os he señalado en el artículo sobre la exposición de Kubrick en Madrid que “Vivir la experiencia es lo importante, no la habilidad de verbalizarla o de analizarla”.



Películas tan emblemáticas como 2001: una odisea del espacio reflejan cómo la factura visual de sus películas supera lo verbal para incidir directamente en el sentimiento de espectador, recupera el cine como objeto de inmersión en el que la experiencia te envuelve. De ahí que la cinta, de 140 minutos de duración, sólo contenga 40 de diálogo y que Kubrick dijera que jamás trataría de dar con ella “un mensaje traducible en palabras”.

Por eso, podemos concluir que Kubrick no ha cometido el error de hacer novelas grabadas sino que ha sabido adaptar los textos en los que se inspiran sus producciones al lenguaje cinematográfico. Ha sabido primar la imagen sobre el diálogo. Ha sabido ser un gran director de novelas y un gran director de cine.
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