<?xml version="1.0" encoding="ISO-8859-1" ?><feed version="0.3" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns="http://purl.org/atom/ns#"><title><![CDATA[etamograma - La leyenda del Churrasco Cimarrón]]></title><link rel="" type="" href="" title=""/><link rel="http://blogs.ya.com/etamograma/atom.xml" type="text/html" href="http://blogs.ya.com/etamograma/atom.xml" title="etamograma - La leyenda del Churrasco Cimarrón"/><id><![CDATA[ID]]></id><tagline><![CDATA[<i>la historia de un pedazo de carne muerta que aún frita se niega a ser devorada</i>]]></tagline><generator><![CDATA[http://www.ya.com]]></generator><entry><title><![CDATA[I - 2: ETERREÁGONIS (en La Tierra de la Agonía Perpetua)]]></title><link rel="etamograma - La leyenda del Churrasco Cimarrón" type="text/html" href="http://blogs.ya.com/etamograma/atom.xml" title="etamograma - La leyenda del Churrasco Cimarrón"/><id><![CDATA[]]></id><issued><![CDATA[200412]]></issued><modified><![CDATA[200412]]></modified><created><![CDATA[200412]]></created><summary><![CDATA[I - 2: ETERREÁGONIS (en La Tierra de la Agonía Perpetua)]]></summary><author><name><![CDATA[[etamograma]]]></name></author><dc:subject><![CDATA[I - 2: ETERREÁGONIS (en La Tierra de la Agonía Perpetua)]]></dc:subject><content type="application/xhtml+xml" xml:lang="sp" xml:base="http://blogs.ya.com/etamograma/c_14.htm"><![CDATA[<a href=http://blogs.ya.com/etamograma/200412.htm#13 targe=top>leer parte 1...</a><br/><br/>Capítulo I<br/>Parte 2<br/><br/>unca más volvimos a ver la luz, no como hasta entonces, ninguno de nosotros –de aquellos nosotros- ni siquiera yo, es que... y acá estoy tratando de contarles esta historia, que es muy parecida a otras. Todas han sucedido y todas son ciertas.<br/><br/>Alguien me tironeaba del brazo para sacarme del auto por la ventanilla, Marta y los chicos ya estaban sobre la improvisada balsa. Con restos de tablas y una puerta echaron a flotar lo que sería bautizado “El Afindes”, y ellos nos rescataron a mí y a mi familia. Pero al Gordo no, el auto se hundió luego de que finalmente me subieran a la balsa, el agua para entonces ya había llegado a los techos de las casas y la ciudad se sumergía lentamente bajo el río –todo era río- y la llovizna. Pablo tenía unos 30 años y fue quien tiró a flotar la puerta de madera invitando a los demás a unirse, Gustavo quien me rescató de la trampa en que se había convertido el auto de Carlos.  Elena, la novia de Pablo, nos acercó unas toallas y unas sábanas para cubrir a los chicos. Elena y Pablo eran artesanos y músicos de paso en la ciudad, aunque en ese momento ya no había más ciudad y de lo que quedaba todos nos veíamos obligados a estar de paso. Me estaba recuperando cuando Gustavo gritó “giren, giren!”, la balsa iba derecho a estrellarse contra el segundo piso de un edificio. Guillermo y Pancho con los improvisados remos se fueron sobre un costado de la balsa haciéndola girar levemente. Era extraña la situación... bueno, sí, todo era muy extraño y no podía pensar en lo que estaba pasando en general, pero ver a esas personas –desconocidas para mí, y desconocidas entre ellas, sabría después- actuando como experimentados tripulantes de tempestades, esa escena, me obligaba a incorporarme y colaborar en algo. No alcancé a ponerme de pie cuando ese dolor de nuevo en la cabeza me tiró al piso. Marta dejó a los chicos y se acercó a mí hablándome al oído, en voz baja: “Martín, ¿estás bien? ¿de nuevo el dolor?”, me preguntó y ella también actuaba extraño, como si le hubiese contado de la jaqueca, como si fuese normal lo que estaba sucediendo. “Sí...”. “Vení, recostáte acá un rato”, me dijo dulce, y me dormí apoyándome en su falda, era lo que necesitaba.<br/><br/>“Carlos!!” grité, su recuerdo me despertó y todos se dieron vuelta hacia mí. Bajo el techo que habían armado con toldos en la balsa me habían dejado descansar. Marta y los chicos, junto a los otros estaban comiendo en la punta de la balsa (no era proa ni popa, no había alcanzado para tanto la repentina improvisadora experiencia que todos parecíamos tener). Y Carlos también, entre ellos, comiendo.<br/><br/>-- Por fin te despertaste, dormilón. <br/>-- ¿Carlos?<br/>-- ¿A quién esperabas, bella durmiente, a tu príncipe? – y acompañaron las risas de los demás.<br/>--  ¿Estás bien, Martín? – se acercó Marta ayudándome a levantarme.<br/>Habrán notado mi cara de mareo y desconcierto porque Guillermo se acercó a ayudarme y abrieron la ronda convidándome un pan con picadillo.<br/>-- Es lo que guardaste en el bolso, en casa -- me explicó Marta y entonces todos comenzaron a explicarme. <br/>-- Dicen que la represa se rompió, por eso ya no se ven ni los cables de la luz, sólo los pisos más altos de algunos edificios –- comenzó Guillermo ante el silencio de todos. –- Y encima la lluvia, toda la ciudad está bajo agua. Vamos hacia allá, varios botes y balsas como la nuestra están yendo para allá, debe ser hacia el norte, aunque sin brújula y sin sol es difícil saberlo.<br/>¿Preguntar por Carlos o por la noche?. “Y vos Carlos, ¿cuándo saliste del auto?”<br/>-- El río me salvó. No se bien, pero cuando me di cuenta estaba nadando hacia esta balsa, donde justo estaban ustedes.<br/>-- ¿Están bien chicos?<br/>-- Sí, papá – dijeron los dos. Y se los veía bien, estaban tranquilos ya, se les había pasado el susto del principio entretenidos con la travesía que estaban viviendo.<br/>-- Me llamo Pablo y ella es mi novia Elena –- comenzaron a presentarse. Además de Guillermo y Gustavo, también estaba a bordo de esa embarcación alla eternauta,  la hija de Guillermo, Silvina, una nena de ocho años.<br/>-- Y el viejo de allá es Pancho – señaló Gustavo hacia un costado de la balsa.<br/>-- No me llamo Pancho – contestó molesto sin molestarse en darse vuelta para verme ni sacar las piernas del agua.<br/>-- Él vende panchos en la peatonal, ¿lo ubicás?<br/>El tipo parecía de más de 60 años y se mostraba molesto con todo y con todos, aunque no dudaba a la hora de hacerse responsable de algunas tareas en la balsa, si se tratara de la supervivencia del grupo.<br/>-- No le hagás caso –- bajó la voz Pablo. -– Desde que subió está así, y como no habla ni quiere decirnos su nombre Gustavo le puso Pancho.<br/>-- Preguntá por la noche en el día, ¿o eso a vos tampoco te llama la atención? –- increpó Pancho siempre dándonos la espalda –- O sobre esta llovizna, dale, ¿o vos también querés olvidar?<br/>Miré a Marta, ya no recordaba lo que no debía olvidar, si es que había sucedido algo, pero qué. Marta bajó la vista hacia los gurises, Carlos me miró a mí buscando alguna respuesta, y fue Guillermo el que intentó darla. <br/><br/>Guillermo era delegado gremial en su trabajo, y en la tragedia, en esa tragedia que estábamos viviendo había perdido a su mujer salvando a su hija. Carlos también perdió a su familia –y nunca más sabría nada de ellos-, mi intención era buscar a la mía en su auto cuando estaba inconsciente para luego ir por la de él, pero nunca llegamos. De Gustavo nunca supe más que su nombre, no tuve tiempo de conocerlo, y de Pablo y Elena, sólo que eran artesanos en tránsito.<br/><br/>-- El viejo habla de la luz en el cielo, fue como una explosión enorme. ¿Ustedes no la vieron? <br/>-- No, en el cielo no vimos nada...<br/>-- Estábamos pescando en un bote en el río cuando...<br/>-- Algo le pegó en la cabeza a Carlos, era un pedazo de metal, creo...<br/>-- Hubo una explosión enorme en el cielo, y empezó a oscurecer –- retomó el relato Guillermo. –- Y luego comenzó a caer esta lluvia y a salir agua por todos las alcantarillas y las rejillas y de los pozos, y a inundarse toda la ciudad. Eso. No hay más, en pocas horas todo se inundó.<br/>-- La explosión fue un ruido muy grande, que hizo temblar todo –- agregó Marta.<br/>-- No, nosotros no... como una ola se levantó frente al bote y se nos dio vuelta, como un torbellino de agua o algo así.<br/>-- ¿Y la oscuridad? –- preguntó Carlos.<br/>-- No es noche en lo que estamos –- interrumpió el viejo siempre de frente al agua, de espaldas a nosotros. –- La ausencia de luz en el cielo se debe a que el sol se ha apagado, y la claridad que nos deja vernos es el tiempo que demora en llegar a nosotros la luz almacenada en la luna –- sentenció y nadie quiso contradecirlo, aunque su explicación era tan poco posible como todo lo que estaba sucediendo. Quería preguntarle por la llovizna, algo había dicho, y porqué el río inundó la ciudad, y por el olvido, pero el silencio de todos también le pedía silencio a él y a mí, así que guardé las dudas. <br/>Estuvimos algún instante sin hablar y comiendo con la vista baja, dejando a nuestras cabezas jugar con lo que estábamos viviendo y que no entendíamos. Salvo Cristian, Elita y Silvina, que se habían ido a jugar un poco más allá en la balsa, cuando Guillermo comenzó a hablar.<br/><br/><a href=http://blogs.ya.com/etamograma/200412.htm#13 targe=top>leer parte 1...</a>]]></content></entry><entry><title><![CDATA[ETERREÁGONIS (en La Tierra de la Agonía Perpetua) I - 1]]></title><link rel="etamograma - La leyenda del Churrasco Cimarrón" type="text/html" href="http://blogs.ya.com/etamograma/atom.xml" title="etamograma - La leyenda del Churrasco Cimarrón"/><id><![CDATA[]]></id><issued><![CDATA[200412]]></issued><modified><![CDATA[200412]]></modified><created><![CDATA[200412]]></created><summary><![CDATA[ETERREÁGONIS (en La Tierra de la Agonía Perpetua) I - 1]]></summary><author><name><![CDATA[[etamograma]]]></name></author><dc:subject><![CDATA[ETERREÁGONIS (en La Tierra de la Agonía Perpetua) I - 1]]></dc:subject><content type="application/xhtml+xml" xml:lang="sp" xml:base="http://blogs.ya.com/etamograma/c_13.htm"><![CDATA[Capítulo I<br/>Parte 1<br/><br/>Quizás ahora sí, como redención o –mejor- como una forma de expulsar culpas. Ahora sí, estuvo repetidamente a punta de lengua esta historia –en mejores formas, vale decirlo, en plumas mejor entintadas- pero no se quiso, y este parece ser el momento en que se (me) decide salirse, y aquí va, entonces, pues. En algún fogón ensayé algunos versos, eran otros tiempos (hace poco pero otros... ya entenderán), y luego tuve que finalizar el relato abruptamente porque el fuego parecía apagarse o cambiaba de color, y no es buen lugar para quedarse a oscuras esos sitios donde nos gustan hacer fogones. En fin, es tan poco el tiempo pero abruma mucho, parece ayer cuando esto comenzó a comenzarse, y fue ayer nomás, o anteayer, que al caso vale lo mismo, porque los días dejaron de contarse desde entonces...<br/><br/>Era feriado, con el Carlos nos habíamos aprontado para ir a pescar. Dos o tres veces había ido yo a pescar, con mi abuelo y mi padre cuando chico, y después ya no. El Gordo Carlos, que seguía viviendo terco cerca del río venía de familia de pescadores y sí, conocía al río y el río lo conocía a él. Detuvo su auto frente a mi casa sin apagar el motor, un beso a la bruja, un saludo a los gurises, y salimos rápido confirmando que estuvieran las lombrices y el vino. Hasta ahí es claro el recuerdo, luego todo parece como en un sueño, sin un hilo conductor, cosas que suceden aquí y allá, y todo eso que ya sabemos que pasa en los sueños, así como surrealista que le dicen, ¿no?.   <br/><br/>No pronosticaba nada fuera de lo normal para esa altura del año la televisión, aunque pocas veces a pronosticado alguna noticia improbable. Y ahí estábamos, río adentro, haciendo como que pescábamos porque en realidad hablábamos más que los peces que se acercaban al bote, y hablábamos de nada y de todo al mismo tiempo, tampoco había un hilo conductor en nuestra conversación, o por lo menos no un hilo demasiado grueso. Algo pasó pero no nos dimos cuenta, el Gordo recordaba después que había visto saltar un pez raro en el agua, yo no y quizás él tampoco y sólo era su imaginación tratando de darle algún guión para que no fuera sólo yo el narrador. La cosa es que como un metal le cayó a Carlos en la cabeza y lo desmayó, y rebotó al agua el objeto y se hundió. Carlos se desplomó sobre la conservadora de telgopor y la aplastó derramando el vino. “¡Qué mierda...!?”, me fui sobre él mirando al cielo, no había nada allá arriba, “Carlos!”, estaba totalmente inconsciente, como muerto, no reaccionaba a nada, quise darlo vuelta, acostarlo boca arriba y el bote tambaleó. Pero no era por su peso o el movimiento dentro, era afuera la cosa, en el río, bajo el agua. “La puta madre...”, apenas me salió decir asombrado y como pidiendo auxilio también, el río se levantaba, ahí, al lado nuestro, como una ola, como una pared, como... no se cómo, el río se levantaba, el bote se estaba por dar vuelta y el Gordo ahí desmayado y “la puta madre!”, de nuevo, ahora pidiendo auxilio, sí, y ordenándole al Gordo que se levante y más asustado que asombrado. El bote se nos da vuelta, apenas puedo escupir un poco del agua que tragué cuando ya no veo nada, sólo agua por todos lados, ni Carlos ni el bote ni la orilla ni el cielo, sólo agua, entonces intento nadar hacia algún lado en cualquier dirección, un par de brazadas desesperadas y de repente todo se calma y me encuentro cerca de la orilla, el bote tumbado flotando por ahí y las cañas de pescar y la conservadora naufragando, y me parece que Carlos allá, en la orilla, pero ya es de noche.<br/><br/>En la ciudad se había cortado la luz, la gente estaba en las calles, agitada, y lloviznaba, esa llovizna que luego se nos haría natural. Los gurises lloraban y Marta, la bruja, tenía una expresión desencajada.<br/><br/>-- Fue un ruido horrible ¿qué pasó?<br/>-- ¿Los gurises?...<br/>-- Se asustaron, decime Martín ¿qué pasó?<br/>-- No se, no se!, Carlos está en el auto, está desmayado el Gordo y... vamos!...<br/>-- ¿A dónde, Martín?... ¿Qué te pasó? ¿Qué es eso?<br/>-- ¿Dónde, qué?!<br/><br/>No sabíamos, ni yo ni ella, lo que estábamos haciendo, mucho menos lo que estaba sucediendo. Marta intentaba tranquilizar a Cristian y Adela, y yo juntaba cosas en un bolso: algunas ropas, nuestras y de los gurises, velas, fósforos, una cuerda, un cuaderno que teníamos por las dudas, por si había que anotar algo, un par de lapiceras, creo que una roja y otra azul, los documentos, plata que guardábamos en el cajón de las medias, el costurerito de Marta también puse en el bolso, agarré unas latas de picadillo y algo de pan que había quedado, un cuchillo y otras cosas más. No se para qué, ahora me miro en aquella escena y me veo actuando como un diestro boy scout, pero sólo había visto algunas películas en “Sábados de Super Acción” y nada más. Ahora veo también, que fue todo en vano, si hubiera sabido lo que estaba pasando o lo que se venía...<br/><br/>“¿Qué te pasó? ¿Qué es eso?”, me dijo alejándose. Su cara se transformó y le tapó los ojos a Elita en sus brazos –la llamábamos así por Cristian, tenía cuatro años cuando nació su hermana y le resultaba difícil <i>“Adelita”</i>, siempre a los chicos las cosas más simples les resulta difícil. “Martín, por Dios!. En tu hombro” Y lo toqué y lo sentí y me empezó a doler, como una sanguijuela de treinta centímetros en mi espalda cerca del hombro (Un shupange, se llamaría. ¿Desde cuándo estaba allí, alimentándose de mi sangre?). “Agh, la reput...!”, lo quise desprender y sentí que se aferraba más clavándome algo,  y no recuerdo nada más. No se si me desmayé o qué, no se. <br/><br/>Me falta el aire otra vez, agua en mis pulmones otra vez, abro los ojos y el agua nos está tapando. Marta conduce, el Gordo sigue desvanecido en el asiento del acompañante, atrás junto a mí Cristian intenta callar los llantos de Adela. Y el agua que ingresa al auto. “Martín ¿qué hacemos?”. Una imagen que no imaginé nunca: el agua mojaba toda la ciudad a una altura de cincuenta centímetros, los árboles parecían en otoño, era de noche pero no estaba oscuro, los faroles de la calle rotos y las casas deshabitadas, abiertas y rotas las puertas y las ventanas como si en muchos años nadie hubiera vivido en esta ciudad, las paredes, todas las paredes resquebrajadas, una brisa como en remolino de a ratos y la llovizna constante. La gente en la calle caminando con los pantalones arremangados, algunos subidos a los árboles desnudos, asustados en los techos de las casas, otros en botes cargados de muebles escapando, y un murmullo aturdidor. Una imagen que no imaginé nunca, y sin embargo me parecía tan familiar. Me duele la cabeza y no se qué hacer, ¿qué estaba pasando?. Hace apenas unos instantes –creo recordar- estábamos pescando y ahora... pero ¿porqué es de noche?.<br/><br/>(<a href=http://blogs.ya.com/etamograma/200412.htm#14 target=top>continúa: parte 2...</a>)]]></content></entry><entry><title><![CDATA[panamargo]]></title><link rel="etamograma - La leyenda del Churrasco Cimarrón" type="text/html" href="http://blogs.ya.com/etamograma/atom.xml" title="etamograma - La leyenda del Churrasco Cimarrón"/><id><![CDATA[]]></id><issued><![CDATA[200412]]></issued><modified><![CDATA[200412]]></modified><created><![CDATA[200412]]></created><summary><![CDATA[panamargo]]></summary><author><name><![CDATA[[etamograma]]]></name></author><dc:subject><![CDATA[panamargo]]></dc:subject><content type="application/xhtml+xml" xml:lang="sp" xml:base="http://blogs.ya.com/etamograma/c_12.htm"><![CDATA[no se que pueda ser,<br/>si una curva del tiempo<br/>o un hueco en el corazón<br/>atento<br/> <br/>diputados argentinos aprobaron el tratado con australia que permite el ingreso de residuos radiactivos.<br/> <br/>el saliente gobierno uruguayo se apresta a aprobar la instalación de la mayor planta de celulosa sobre el río uruguay.<br/> <br/>a todo trapo. necesidad y urgencia. necesidad de plata y urgencia agonizante.<br/> <br/>la eficacia de los inoperantes...¿será que es tiempo de bisagras?.<br/> <br/>el apuro de finlandeses y batllistas parece originarse en las dudas de si el nuevo tiempo uruguayo puede de verdad remontar la historia. ahora o quizá nunca.<br/> <br/>el oportunismo de los legisladores argentinos parece aprovechar la mata navideña para la gambeta de la felonía. ahora o quizá nunca.<br/> <br/>las transnacionales y el norte contento.<br/> <br/>el agua, el aire, la tierra y las generaciones del sur valen muy poco.<br/> <br/>si algo une ambas noticias es el cáncer a cambio de millones.<br/> <br/>millones de falacias, de papel pintado, de asientos contables sin destino.<br/> <br/>en el ta-te-tí de los bloques del modelo agónico, el casillero latinoamericano, el despoblado continente de los grandes ríos y las pampas es el repositorio de sus desatinos.<br/> <br/>ta-te-tí, muerte para tí.<br/> <br/>ta-te-tí, libre mercado sí.<br/> <br/>si las aguas y tierras de europa se sanan sacando sus plantas, allá están, generosas, abiertas, baratas, forestables, clorables, las del río de la plata.<br/> <br/>si los más prominentes científicos del norte no se animan a abrir los reactores, -porque saben-, allá está la excelencia argentina, -que saben- pero tienen hambre.<br/> <br/>total igual, su expectativa de vida no es tanta.<br/> <br/>si los pueblos del norte lo saben y exigen y se cumple la ley, en el sur los medios hablarán de que boca es campeón y la constitución que prohibe no importa, si total nadie cumple ni paga, salvo menem que puede volver.<br/> <br/>qué idiota me siento sintiendo la mirada indulgente del que sabe vivir este tiempo.<br/> <br/>me derrapa la alparga intentando deslizar como cuña aquel tiempo.<br/> <br/>en que un pelo de amor más que yunta de bueyes tiraba.<br/> <br/>en éste que unos cuantos millones -de falacias, de números fatuos-, tira más que el oncológico futuro de nosotros, nuestros hijos y los hijos de los hijos.<br/> <br/>arrugo en el bolsillo de atrás el papelito en que durante tanto tiempo caligrafié la palabra pacifismo.<br/> <br/>y me arrebujo en tu hombro, almado de espuma, indignado, a esperar el dosmilcinco.<br/> <br/>sabiendo que habrá que empezar, más de atrás, más de abajo, y por tanto. con más convicción, con más enjundia.<br/> <br/>con más necesidad y urgencia.<br/> <br/>a doblar el tiempo o que se quiebre.<br/> <br/>por la vida.<br/> <br/><i>desde las cuchillas del sureste entrerriano<br/>república occidental del uruguay<br/>ejército alpargatista de liberación nacional<br/>subcomandado insolvente<br/>flaco</i><br/><font size=-2><a href=mailto:contramano22@yahoo.com.ar>contramano22@yahoo.com.ar</a></font>]]></content></entry><entry><title><![CDATA[sexysteriqueos, baby]]></title><link rel="etamograma - La leyenda del Churrasco Cimarrón" type="text/html" href="http://blogs.ya.com/etamograma/atom.xml" title="etamograma - La leyenda del Churrasco Cimarrón"/><id><![CDATA[]]></id><issued><![CDATA[200412]]></issued><modified><![CDATA[200412]]></modified><created><![CDATA[200412]]></created><summary><![CDATA[sexysteriqueos, baby]]></summary><author><name><![CDATA[[etamograma]]]></name></author><dc:subject><![CDATA[sexysteriqueos, baby]]></dc:subject><content type="application/xhtml+xml" xml:lang="sp" xml:base="http://blogs.ya.com/etamograma/c_11.htm"><![CDATA[Me gusta jugar a pelear, hacerte enojar<br/>me hacés creer todo un campeón y me dejás ganar<br/>enojitos de virgen y ese rol de pendeja enamorada<br/>te queda tan bien excitar<br/>decís que te gusta que te diga lo que no debés escuchar<br/>hacés decirme cosas que suenan mal<br/>y a vos te gusta.]]></content></entry><entry><title><![CDATA[(A...)]]></title><link rel="etamograma - La leyenda del Churrasco Cimarrón" type="text/html" href="http://blogs.ya.com/etamograma/atom.xml" title="etamograma - La leyenda del Churrasco Cimarrón"/><id><![CDATA[]]></id><issued><![CDATA[200412]]></issued><modified><![CDATA[200412]]></modified><created><![CDATA[200412]]></created><summary><![CDATA[(A...)]]></summary><author><name><![CDATA[[etamograma]]]></name></author><dc:subject><![CDATA[(A...)]]></dc:subject><content type="application/xhtml+xml" xml:lang="sp" xml:base="http://blogs.ya.com/etamograma/c_10.htm"><![CDATA[no quiero nombrar su nombre, no! (es todo mi tesoro...)<br/>Partusa de carroñas de fauna indefensa<br/>degustan el plato principal con aderezo de inocencia<br/>un nuevo script de pura vieja tecno-barata de TV<br/>lucen feo el antifaz, sirenas new age, bien estéticas!<br/>remodelan su encanto y se morfan todo.<br/>Así de triste está este infierno aquí hoy<br/>ronda de obituarios en un café.<br/>Y ella no,<br/>allá el paraíso no cobra entrada.<br/><br/>quemás poco, pero quemás igual, y duele!<br/>relatos del trasfondo del tiempo vienen<br/>la simpleza será belleza, y será nuevo, observá!<br/>Y en ella el paraíso no cobra entrada]]></content></entry><entry><title><![CDATA[No compramos en el mismo bazar]]></title><link rel="etamograma - La leyenda del Churrasco Cimarrón" type="text/html" href="http://blogs.ya.com/etamograma/atom.xml" title="etamograma - La leyenda del Churrasco Cimarrón"/><id><![CDATA[]]></id><issued><![CDATA[200412]]></issued><modified><![CDATA[200412]]></modified><created><![CDATA[200412]]></created><summary><![CDATA[No compramos en el mismo bazar]]></summary><author><name><![CDATA[[etamograma]]]></name></author><dc:subject><![CDATA[No compramos en el mismo bazar]]></dc:subject><content type="application/xhtml+xml" xml:lang="sp" xml:base="http://blogs.ya.com/etamograma/c_9.htm"><![CDATA[Un par de veces me miró <br/>a mí y a todos  los que jugaban allí<br/>y luego sólo eligió<br/>(sabiendo que dominaba la situación)<br/><br/>Un par de tragos me mandé<br/>(me creía un gran cazador)<br/>salió y volvió, y dejó la trampa<br/>tomó su presa del mostrador.<br/><br/>De esas pibitas muy stone<br/>acopla la guitarra<br/>y cree que el Big Bang fue ayer<br/><br/>Pasa las tardes con un héroe de video-game<br/>no hay mundos más allá de su tatuaje<br/>se inclina en pose seductora y ríe<br/>y termina las noches en la mesa de pool de algún bar<br/><br/>Quema un faso y salta el muro<br/>extiende su mano (creo que la voy a ayudar)<br/>se ríe y guarda sus sentimientos<br/>en su corazón nunca hubo lugar.<br/><br/>De esas pibitas muy stone<br/>acopla la guitarra<br/>y cree que el Big Bang es una banda de rock<br/><br/>Va soberbia con su tristeza que creo yo adivinar<br/>son tantos igual en esa noche, tantas estrellas,<br/>se quieren apagar antes de que amanezca!.<br/><br/>Pero en esa mesa de pool es ella la que abre el juego<br/>e invita a jugar<br/>(inocente, cruel y suicida)<br/>es víctima, también, y eso me da pena<br/><i>- y victimaria, nene, la inocencia no cotiza más</i><br/>nada cambiará, dice, nada cambiará...<br/>y en esa mesa de pool es ella la que abre el juego]]></content></entry><entry><title><![CDATA[SUERTE! (vos)]]></title><link rel="etamograma - La leyenda del Churrasco Cimarrón" type="text/html" href="http://blogs.ya.com/etamograma/atom.xml" title="etamograma - La leyenda del Churrasco Cimarrón"/><id><![CDATA[]]></id><issued><![CDATA[200412]]></issued><modified><![CDATA[200412]]></modified><created><![CDATA[200412]]></created><summary><![CDATA[SUERTE! (vos)]]></summary><author><name><![CDATA[[etamograma]]]></name></author><dc:subject><![CDATA[SUERTE! (vos)]]></dc:subject><content type="application/xhtml+xml" xml:lang="sp" xml:base="http://blogs.ya.com/etamograma/c_8.htm"><![CDATA[<b>D</b>esnudás mis disfraces<br/><i>hay miedos que no temen más!</i><br/>Un par de robos y unas líneas más<br/>nada mejor puedo<br/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;(nada como vos)<br/>pero me animo a más, me animas a más.<br/><br/>El brillo de tus labios<br/><i>tu piel</i><br/>son caricias<br/><i>y tus labios</i><br/>que despiertan sueños dormidos.<br/>Rescate del incendio, del fondo del incendio<br/>y de nuevo, nuevamente, luz<br/>luz para respirar, aire, fe<br/>vos<br/>tu piel<br/>y tus labios.<br/><br/><i>hay miedos que no temen más! </i><br/><br/>Vuelvo a ser, volví a ser<br/>(soy de nuevo yo)<br/>puedo sentarme a un papel a soñar<br/>- se que nada mejor puedo (nada que merecieras vos) -<br/>y avivás el fuego, calor<br/>y avivás los sueños, amor<br/>¡cuánta belleza esconde el sol cuando deja a la luna bailar!<br/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<i>(...el sol, pocos miran al sol, quemarse...)</i><br/><br/>Los rasgos de tus ojos, misterio y perdición<br/>parecen dibujados: un comic de Alcatena<br/>tan bellos, tan profundos, sugestión.<br/><br/>Me encandilas y quemas, me encegueces, embriagas, ensueñas...<br/>siete en los dados, buena suerte<br/>que sigan ciegos los que no pudieron verte<br/>(Mil ofrendas y mi vida adeudo al Olimpo, por guiarte hasta mí)<br/><i>Más que suerte!</i><br/><br/>¡cuánta belleza esconde el sol...<br/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<i>(y no se escribir sobre el sol</i><br/>y pocos pueden mirar!<br/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<i>es en muy poco lo que este tonto te puede recompensar...)</i><br/><br/>Todos los cielos serán infierno para mí<br/>...si en alguno de ellos faltás vos.]]></content></entry><entry><title><![CDATA[6 o 7]]></title><link rel="etamograma - La leyenda del Churrasco Cimarrón" type="text/html" href="http://blogs.ya.com/etamograma/atom.xml" title="etamograma - La leyenda del Churrasco Cimarrón"/><id><![CDATA[]]></id><issued><![CDATA[200412]]></issued><modified><![CDATA[200412]]></modified><created><![CDATA[200412]]></created><summary><![CDATA[6 o 7]]></summary><author><name><![CDATA[[etamograma]]]></name></author><dc:subject><![CDATA[6 o 7]]></dc:subject><content type="application/xhtml+xml" xml:lang="sp" xml:base="http://blogs.ya.com/etamograma/c_7.htm"><![CDATA[El reloj diría 7, pero si el día cierra con los ojos quizás sea el 6.<br/>¿Quién mide el tiempo? ¿Cuánto tiempo es tiempo suficiente?<br/>La eternidad es un instante fugaz<br/>el vuelo de una mariposa, el florecer de una rosa,<br/>toda la eternidad en un acto efímero<br/>y quizás sea así.<br/>&#9;&#9;<br/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;de desengaños viene uno bebiendo<br/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;y no hay naufragio que te dé seguridad<br/><br/>Cuando todos los soles brillan grises<br/><i>-parece mentira, pero es así-</i><br/>viene un ángel a enseñarte la ruta.<br/>Precavida sonrisa, un brillo oculto en los ojos<br/>un consuelo desinteresado<br/>y unos cuantos secretos que nunca sabré.<br/>Tu fragilidad inspira miedo, chiquita, y eres toda mi suerte.<br/>Muchos sueños esperan...<br/><br/><center>vivir es dudar y arriesgar<br/>hay diluvios por navegar</center><br/><br/>Atrapar la eternidad<br/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;el instante fugaz de la mariposa<br/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;el vuelo de la rosa<br/>Ayer es suficiente pasado, hoy quizás no haya mañana, pero hoy es la eternidad.<br/>A burlar el destino, mi amor.<br/>El tiempo, al fin de cuentas, también se puede desengañar.]]></content></entry><entry><title><![CDATA[Bienvenidas...]]></title><link rel="etamograma - La leyenda del Churrasco Cimarrón" type="text/html" href="http://blogs.ya.com/etamograma/atom.xml" title="etamograma - La leyenda del Churrasco Cimarrón"/><id><![CDATA[]]></id><issued><![CDATA[200412]]></issued><modified><![CDATA[200412]]></modified><created><![CDATA[200412]]></created><summary><![CDATA[Bienvenidas...]]></summary><author><name><![CDATA[[etamograma]]]></name></author><dc:subject><![CDATA[Bienvenidas...]]></dc:subject><content type="application/xhtml+xml" xml:lang="sp" xml:base="http://blogs.ya.com/etamograma/c_6.htm"><![CDATA[¿Es posible enamorarse de alguien que uno no conoce?<br/>En todo caso, la pregunta es: ¿qué es el amor?]]></content></entry><entry><title><![CDATA[&#8220;¿Volvés mañana?&#8221;]]></title><link rel="etamograma - La leyenda del Churrasco Cimarrón" type="text/html" href="http://blogs.ya.com/etamograma/atom.xml" title="etamograma - La leyenda del Churrasco Cimarrón"/><id><![CDATA[]]></id><issued><![CDATA[200412]]></issued><modified><![CDATA[200412]]></modified><created><![CDATA[200412]]></created><summary><![CDATA[&#8220;¿Volvés mañana?&#8221;]]></summary><author><name><![CDATA[[etamograma]]]></name></author><dc:subject><![CDATA[&#8220;¿Volvés mañana?&#8221;]]></dc:subject><content type="application/xhtml+xml" xml:lang="sp" xml:base="http://blogs.ya.com/etamograma/c_5.htm"><![CDATA[La eternidad es ese instante fugaz<br/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;que se escapa<br/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;se nos escapa.<br/>El miedo es zonzo y Cronos se burla del tiempo.<br/>La eternidad es presente<br/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;es futuro presente<br/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;todos los futuros<br/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;la felicidad<br/>en ese instante fugaz.<br/>El futuro tiene muy poco de eterno,<br/>es que el futuro es pasado<br/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;por vivir<br/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;repetir.<br/>Y la eternidad es ese instante hoy,<br/>porque quizás no exista el mañana.<br/>&#8220;¿Volvés mañana?&#8221;, preguntás<br/>y te respondo: -Sí.]]></content></entry></feed>
