La casualidad.
La abundancia de detalles favorables se llama fortuna, y la abundancia de detalles desfavorables se llama desgracia, y cuando a estos dos casos se asocia la voluntad de los hombres, entonces de denomina el bien y el mal, y cuando estos hombres convierten en una profesión el juzgar a los demás, se habla de justo y de injusto.
Pero el bacilo que nos fulmina, el automóvil que nos atropella, el hombre que nos calumnia, el juez que nos condena, no son más que variaciones de un mismo fenómeno: la casualidad. No existe ninguna diferencia entre el edificio que se incendia porque dos hilos eléctricos descubiertos se han puesto en contacto, y el juez que nos manda a la cárcel porque entre el testimonio del policía que tiene la severidad como hábito mental, y el juramento de la monja, cuya misión es de idulgencia, el juez tiene el deber de creer al policía. Pulsa A CONTINUACIÓN para escuchar música... torna_a_surriento_5.mid
(c) ego A. Torres.
Comentario:





