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" Crónicas desde el exilio"
You´ll never write alone
Acerca de
Poca cosa puedo decir sobre mí. Eso preguntadselo a mis amigos. Sólo quiero decir que lo que ponga aquí será un reflejo de mis pensamientos.
Sindicación
 
INSENSIBLE SOY.

Fuente: INSENSIBLE; Autor: SAVIA

Algunas veces siento miedo al mirarme en el espejo de la realidad y ver que ya no soy aquel niño que sólo le bastaba un vaso de leche caliente para empezar a soñar al instante con viajes al centro de la tierra y ser algún día un príncipe que comía perdices.

Todo es más complejo cuando no todo sale bien. Sé que no soy el único que siente esto de vez en cuando, pero aunque me cueste he de reconocer que me estoy volviendo insensible.

Ya no lloro cuando veo una catástrofe. Es más, ya ni me inmuto. Sigo comiendo de manera automática ante cualquier atrocidad. ¿ Mecanismo de defensa? Puede ser.

Retal de un imaginario insensible en la 2ª Guerra Mundial:


Caen las bombas y con ellas afloran mis desvelos.

No se cuanto más voy a poder a aguantar en este refugio....

que más que refugio es una fábrica de locura y desasosiego.

Oigo llantos de madres que resuenan en mi cama......

cuando se hace un silencio lactante en sus brazos.

Veo desde las rendijas de mi libertad gente corriendo a la deriva,

como pollo sin cabeza por las calles negras, vacías de la ciudad.

Nada de eso me importa ya, nada de eso rompe mi objetivo.

Mi alma ahora es roca, insensible soy.
 
SALIDA A LAS 15:00
Hoy es martes, 24 de enero de 1956.

Se apagó la luz de su cara al verlo montar en aquel tren a ninguna parte. Se le vinieron a la mente todas aquellas noches de amor desmesurado al pie de aquella chimenea francesa que presenciaba sus encuentros con un disimulo que rozaba lo inglés. Cuando escucho el silbido del revisor pronto se dió cuenta de la tragedia que se le avecinaba. La soledad estaba formando filas para realizar un envite demoledor directo al corazón de Malena.

El tren echó a andar sin preguntarle a nadie si podía hacerlo. Vive Dios que si se lo preguntasen a la dulce Malena ese tren no se mueve un ápice del andén número ocho. El humo que desprendía era negro como su futuro sin Torsten.

Comenzó a llorar y todos los planetas se aliniaron para contemplar tanta belleza junta en esas lágrimas adolescentes, llenas de pasión y desespero del que sólo sabe amar a ráfagas.

Alguien le tapó los ojos y le dijo al oído:

No me podía ir sin pasar mil años más contigo.