Día 11
"Tenemos buenas noticias, teniente. Hemos localizado la nave en la órbita y en las condiciones que esperábamos". Esta frase me la había dicho el comandante hacía apenas media hora, mientras estaba comiendo, chupando de un tubo transparente que me servía una especie de crema de proteinas, hidratos, vitaminas y una sustancia que lo aglutinaba y lo daba una especie de sabor. Cuando me soltó la frase, una angustia se apoderó de mí, por fin había llegado el momento. Todo este tiempo no me había hecho a la idea de lo de vivir en aquella nave, ha sido un viaje tan largo y monótono que mi cerebro había enterrado esa preocupación en lo más profundo. Pero ahora que se veía real, me había entrado un ataque de pánico; y lo había somatizado en el estómago.
No me dió tiempo a llegar a los baños, eché el primer vómito sobre uno de los pasillos; lo he tenido que sellar para que no se vaya flotando por toda la nave; en cuanto consiga tranquilizarme, esterilizaré esa zona. Aquí estoy, sí, agarrado a unos arneses con los pies, sujetando un tubo aspirador, echando bilis, porque no me queda más comida por expulsar. Cuántos recuerdos se me vienen a la cabeza, cuántas sensaciones de soledad, de no ver a nadie durante meses enteros, de hablar a gritos conmigo mismo y sólo oír mi eco retumbando por pasillos enormes, de escuchar durante días seguidos el ruído de las máquinas, de sus fuentes de refrigeración imperturbables, de ver fantasmas y sombras pasar fugazmente entre las penumbras de los pasillos y los compartimentos, de escuchar ruídos de pisadas...
¿Por qué demonios acepté esta misión? ¿Acaso pude decir que no, o había alguien que se lo mereciese más? Yo mismo acepté someterme de nuevo al juicio del destino, él decidirá si debo seguir viviendo o no.
Este exilio no lo hubiese aceptado hace 20 años, pero por aquel entonces, aún no conocía a aquella figura que estaba enfrente del espejo todos los días; aquella que años más tarde, carnicería tras carnicería, su solo nombre causaba pánico y miedo entre compañeros y enemigos.
No pude evitar que una carcajada enorme, salvaje e irracional invadiera la estancia, cortada repentinamente por un pequeño espasmo y un amago de vómito. Si me vieran ahora todos aquellos que me temían, todos aquellos que agachaban las cabezas ante mi presencia... ¡Qué patética es la naturaleza del ser humano!
No me dió tiempo a llegar a los baños, eché el primer vómito sobre uno de los pasillos; lo he tenido que sellar para que no se vaya flotando por toda la nave; en cuanto consiga tranquilizarme, esterilizaré esa zona. Aquí estoy, sí, agarrado a unos arneses con los pies, sujetando un tubo aspirador, echando bilis, porque no me queda más comida por expulsar. Cuántos recuerdos se me vienen a la cabeza, cuántas sensaciones de soledad, de no ver a nadie durante meses enteros, de hablar a gritos conmigo mismo y sólo oír mi eco retumbando por pasillos enormes, de escuchar durante días seguidos el ruído de las máquinas, de sus fuentes de refrigeración imperturbables, de ver fantasmas y sombras pasar fugazmente entre las penumbras de los pasillos y los compartimentos, de escuchar ruídos de pisadas...
¿Por qué demonios acepté esta misión? ¿Acaso pude decir que no, o había alguien que se lo mereciese más? Yo mismo acepté someterme de nuevo al juicio del destino, él decidirá si debo seguir viviendo o no.
Este exilio no lo hubiese aceptado hace 20 años, pero por aquel entonces, aún no conocía a aquella figura que estaba enfrente del espejo todos los días; aquella que años más tarde, carnicería tras carnicería, su solo nombre causaba pánico y miedo entre compañeros y enemigos.
No pude evitar que una carcajada enorme, salvaje e irracional invadiera la estancia, cortada repentinamente por un pequeño espasmo y un amago de vómito. Si me vieran ahora todos aquellos que me temían, todos aquellos que agachaban las cabezas ante mi presencia... ¡Qué patética es la naturaleza del ser humano!
Día 10
He estado pensando en estas últimas horas sobre todas esas familias desaparecidas. No consigo explicarme el motivo de que no encontraran ningún cuerpo en toda la nave. Pienso que alguien debería haber quedado en el puente de mando. Por los protocolos de navegación que se siguen, esa zona debería estar siempre sellada cuando se realizan operaciones en los hangares.
Por otro lado, los códigos en los mensajes de auxilio enviados eran los usados para accidentes, no por ataques de otras naves o por abordajes. Todo seguía siendo muy extraño. Por no hablar de los archivos que me enviaron desde Inteligencia Aeroespacial, todo había sido minuciosamente filtrado y recortado, los informes sobre los biochips médicos y de localización no constaban, así como parte de la carga e historial de los técnicos que la conformaban.
Me inquietaban varias cosas de esta misión, pero la principal era si el aire que quedaba dentro estaba contaminado o no. Mi transporte me suministraría oxígeno y recicladores para depurarlo del CO2, pero aún así no me gustaría estar dos años respirando radiactividad.
Otra cosa que me producía repulsión, era un contenedor que iban a descargar junto a mi equipo; y que portaba congeladores para guardar posibles cadáveres que encontrara, así como bolsas para recoger las pertenencias que llevaran encima y podérselas enviar a los familiares. Una misión un tanto macabra. No sé qué aspecto tendrá un cadaver pudriéndose en gravedad cero, con gases tóxicos que actuan sobre las bacterias descomponedoras y deformado por los bruscos cambios de presión y temperatura.
Por otro lado, los códigos en los mensajes de auxilio enviados eran los usados para accidentes, no por ataques de otras naves o por abordajes. Todo seguía siendo muy extraño. Por no hablar de los archivos que me enviaron desde Inteligencia Aeroespacial, todo había sido minuciosamente filtrado y recortado, los informes sobre los biochips médicos y de localización no constaban, así como parte de la carga e historial de los técnicos que la conformaban.
Me inquietaban varias cosas de esta misión, pero la principal era si el aire que quedaba dentro estaba contaminado o no. Mi transporte me suministraría oxígeno y recicladores para depurarlo del CO2, pero aún así no me gustaría estar dos años respirando radiactividad.
Otra cosa que me producía repulsión, era un contenedor que iban a descargar junto a mi equipo; y que portaba congeladores para guardar posibles cadáveres que encontrara, así como bolsas para recoger las pertenencias que llevaran encima y podérselas enviar a los familiares. Una misión un tanto macabra. No sé qué aspecto tendrá un cadaver pudriéndose en gravedad cero, con gases tóxicos que actuan sobre las bacterias descomponedoras y deformado por los bruscos cambios de presión y temperatura.
Día 8
A veces el destino es cruel; cuando la vida parece ofrecerte una segunda oportunidad, llena de dificultades con final feliz, entonces todo se tuerce de repente, y tu vida se acaba, como un destello, sin pensarlo, sin despedirte de nadie, se acabó, fin; son de esas situaciones en que te planteas el sentido último de la existencia.
Llevo 3 horas revisando toda la documentación sobre la misión que me precedió, partieron en agosto de 2211 desde una base lunar compartida, eran 26 familias, en total 60 adultos y 43 niños. El viaje, en principio, transcurrió con total normalidad, empezando las maniobras de aproximación a la órbita venusiana alrededor de Navidad de ese mismo año. Durante una semana estuvieron preparando los equipos para ir bajando al planeta progresivamente material y equipo humano.
A primeras horas del día 2 de enero habría una ventana para que una primera cápsula fuera lanzada. Pero algo pasó. De pronto, sonaron las alarmas de descompresión en el hangar número 5, desde donde se iba a lanzar la segunda cápsula. La telemetría de la nave fue indicando continuas alarmas y fallos en los sistemas de soporte vital; fugas de gases radiactivos, pérdida de presión y fallos en la integridad del casco en al menos 3 niveles de carga, pérdida de líquido de refrigeración de los sistemas de ignición, fallos eléctricos varios, etc. Eso fueron los primeros 23 minutos, entonces la nave perdió su órbita; se cortó todo contacto telemétrico con ella, así como la comunicaciones de emergencia con su puesto de mando. Los satélites entorno a Venus estaban varias órbitas más abajo y no la pudieron rastrear. Cuando todo se daba por perdido, a las 8 horas y 12 minutos del último contacto, la nave se volvió a detectar en otra órbita aparentemente estabilizada.
Dos semanas más tarde, un destacamento militar mixto se pudo acoplar en uno de los hangares. Los sistemas de soporte vital aún funcionaban, aunque seguía habiendo altas dosis de radiactividad y ciertos gases mezclados con el oxígeno. Todo un sector de la nave, al que pertenecía el hangar 5, había desaparecido, pero los sistemas de departamentos estancos había podido aislar el resto de la nave.
No encontraron ni rastro de vida, bueno, para ser exactos, no encontraron ni siquiera rastro de cadáveres. No había absolutamente nada, si no fuera porque desde afuera se observaban importantes desperfectos, nadie diría que la nave había sido protagonista de una de las tragedias civiles más importantes de la navegación espacial. La mayoría de la carga estaba intacta aún en sus contenedores estancos, pero la nave estaba inservible al menos para salir de la órbita venusiana, sólo funcionaban algunos motores de acoplamiento y auxiliares, suficientes para mantener estabilizada la nave y orientada al Sol para recargar sus paneles.
Ocho horas más tarde, la misión de rescate se desacoplaba para dejar a la nave en una eterna órbita alrededor de Venus.
Tengo las fichas de la tripulación, gente muy preparada, bastantes ex-militares curtidos durante décadas en decenas de batallas; esta misión iba a ser pan comido, llegar y directos a la gloria. Pero algo debió pasar. ¡Dios! No me imagino todas estas familias absorbidas por las brechas, engullidos por el vacío. Posiblemente la diferencia de presión acabara con ellos antes de ser expulsados de la nave. Debió ser una muerte horrible, no les daría tiempo a tomar las cápsulas de suicidio. Es horrible, esos hombres, viendo a sus hijos y mujeres morir... no pudieron ni siquiera salvarse ellos, posiblemente por ayudar a sus familias. Eso no se estudia en la academia, seguro que no; por eso la guerra es cosa de hombres, de hombres jóvenes, sin familias ni ataduras.
Maldita sea, me ha entrado una angustia horrible imaginando la dantesca escena, necesito tomar algo...
Llevo 3 horas revisando toda la documentación sobre la misión que me precedió, partieron en agosto de 2211 desde una base lunar compartida, eran 26 familias, en total 60 adultos y 43 niños. El viaje, en principio, transcurrió con total normalidad, empezando las maniobras de aproximación a la órbita venusiana alrededor de Navidad de ese mismo año. Durante una semana estuvieron preparando los equipos para ir bajando al planeta progresivamente material y equipo humano.
A primeras horas del día 2 de enero habría una ventana para que una primera cápsula fuera lanzada. Pero algo pasó. De pronto, sonaron las alarmas de descompresión en el hangar número 5, desde donde se iba a lanzar la segunda cápsula. La telemetría de la nave fue indicando continuas alarmas y fallos en los sistemas de soporte vital; fugas de gases radiactivos, pérdida de presión y fallos en la integridad del casco en al menos 3 niveles de carga, pérdida de líquido de refrigeración de los sistemas de ignición, fallos eléctricos varios, etc. Eso fueron los primeros 23 minutos, entonces la nave perdió su órbita; se cortó todo contacto telemétrico con ella, así como la comunicaciones de emergencia con su puesto de mando. Los satélites entorno a Venus estaban varias órbitas más abajo y no la pudieron rastrear. Cuando todo se daba por perdido, a las 8 horas y 12 minutos del último contacto, la nave se volvió a detectar en otra órbita aparentemente estabilizada.
Dos semanas más tarde, un destacamento militar mixto se pudo acoplar en uno de los hangares. Los sistemas de soporte vital aún funcionaban, aunque seguía habiendo altas dosis de radiactividad y ciertos gases mezclados con el oxígeno. Todo un sector de la nave, al que pertenecía el hangar 5, había desaparecido, pero los sistemas de departamentos estancos había podido aislar el resto de la nave.
No encontraron ni rastro de vida, bueno, para ser exactos, no encontraron ni siquiera rastro de cadáveres. No había absolutamente nada, si no fuera porque desde afuera se observaban importantes desperfectos, nadie diría que la nave había sido protagonista de una de las tragedias civiles más importantes de la navegación espacial. La mayoría de la carga estaba intacta aún en sus contenedores estancos, pero la nave estaba inservible al menos para salir de la órbita venusiana, sólo funcionaban algunos motores de acoplamiento y auxiliares, suficientes para mantener estabilizada la nave y orientada al Sol para recargar sus paneles.
Ocho horas más tarde, la misión de rescate se desacoplaba para dejar a la nave en una eterna órbita alrededor de Venus.
Tengo las fichas de la tripulación, gente muy preparada, bastantes ex-militares curtidos durante décadas en decenas de batallas; esta misión iba a ser pan comido, llegar y directos a la gloria. Pero algo debió pasar. ¡Dios! No me imagino todas estas familias absorbidas por las brechas, engullidos por el vacío. Posiblemente la diferencia de presión acabara con ellos antes de ser expulsados de la nave. Debió ser una muerte horrible, no les daría tiempo a tomar las cápsulas de suicidio. Es horrible, esos hombres, viendo a sus hijos y mujeres morir... no pudieron ni siquiera salvarse ellos, posiblemente por ayudar a sus familias. Eso no se estudia en la academia, seguro que no; por eso la guerra es cosa de hombres, de hombres jóvenes, sin familias ni ataduras.
Maldita sea, me ha entrado una angustia horrible imaginando la dantesca escena, necesito tomar algo...
Dia 8
He pasado 2 días de reposo en el departamento médico, ya que me implantaron los estándares biotécnicos que deben llevar todos los componentes de una misión. Llevo implatado 2 biochips de constantes médicas y de localización, para que me puedan monitorear desde cualquier punto del Sistema, siempre y cuando esté cerca de una fuente emisora, que en mi caso será la nave. Si me alejase mucho, no creo que importase el estado de mis constantes vitales, de hecho, creo que no les importaría ya mucho fuera de los parámetros de mi misión.
Además, me implantaron 2 lentes intraoculares desde las cuales puedo visualizar datos como mapas, coordenadas, indicadores de navegación o apuntar a un objetivo desde un puesto artillado.
Todo esto se une a las dos vías para inyecciones de emergencia, uno para las subcutáneas y otro para la intramusculares, de tal manera que hasta un ciego con parkinson pudiera automedicarse, este dispositivo había salvado millones de vidas desde que se implantaró a los soldados.
En fin, nunca el ser humano estuvo tan equipado y atendido, ni nunca estuvo tan solo ante el peligro, a cientos de miles de kilómetros de otro ser humano.
Hoy echaré un vistazo a los informes de la nave donde voy a trabajar estos meses. Hay una parte clasificada con un informe sobre la desaparición de la anterior tripulación de la nave; familias enteras de colonos embaucados en el sueño de un nuevo Edén. Pobres diablos, pensaban encontrar el Paraíso y encontraron un Infierno.
Además, me implantaron 2 lentes intraoculares desde las cuales puedo visualizar datos como mapas, coordenadas, indicadores de navegación o apuntar a un objetivo desde un puesto artillado.
Todo esto se une a las dos vías para inyecciones de emergencia, uno para las subcutáneas y otro para la intramusculares, de tal manera que hasta un ciego con parkinson pudiera automedicarse, este dispositivo había salvado millones de vidas desde que se implantaró a los soldados.
En fin, nunca el ser humano estuvo tan equipado y atendido, ni nunca estuvo tan solo ante el peligro, a cientos de miles de kilómetros de otro ser humano.
Hoy echaré un vistazo a los informes de la nave donde voy a trabajar estos meses. Hay una parte clasificada con un informe sobre la desaparición de la anterior tripulación de la nave; familias enteras de colonos embaucados en el sueño de un nuevo Edén. Pobres diablos, pensaban encontrar el Paraíso y encontraron un Infierno.
Día 5
Siempre he creído en la persistencia de una justicia infinita para todos; sé que en algún momento seremos juzgados por nuestros crímenes, o tal vez vapuleados por todos a los que, a lo largo de nuestra vida, hicimos algún mal. Esa idea me inquietaba horrores, y era una de las razones por las cuales luchaba por sobrevivir el máximo tiempo posible en este Universo incierto. Me asusta la idea abstracta de Eternidad, porque la asocio a purgar las penas para siempre, a la tortura del alma. Aunque simplemente te condenaran a la soledad, eso sería demasiado duro para un ente que no puede morir.
Me pregunto si algunas de mis víctimas sienten rencor desde el otro lado; es decir, bueno ya estás en la vida infinita, qué mas quieres, se supone que ya no vas a sufrir, ni arrastrarte a por comida, ni a matar por odio; ¿qué sientes al otro lado?, ¿te llevarás todos los recuerdos?, ¿serías capaz de adivinar quién lanzó esa granada que te mató?, ¿existe la venganza?
Esta inactividad me está matando, ir en un transporte militar es aburrido, pero ir además de pasajero, lo es sobremanera. Sí, lo que se observa desde mi camarote es precioso, pero tarda días y días en cambiar, te cansas de observar las mismas estrellas y planetas, recordando que lo que te separa de ellos, es simplemente, una minúscula pared que te permite vivir presurizado en un oásis de vida artificial.
Me pregunto si algunas de mis víctimas sienten rencor desde el otro lado; es decir, bueno ya estás en la vida infinita, qué mas quieres, se supone que ya no vas a sufrir, ni arrastrarte a por comida, ni a matar por odio; ¿qué sientes al otro lado?, ¿te llevarás todos los recuerdos?, ¿serías capaz de adivinar quién lanzó esa granada que te mató?, ¿existe la venganza?
Esta inactividad me está matando, ir en un transporte militar es aburrido, pero ir además de pasajero, lo es sobremanera. Sí, lo que se observa desde mi camarote es precioso, pero tarda días y días en cambiar, te cansas de observar las mismas estrellas y planetas, recordando que lo que te separa de ellos, es simplemente, una minúscula pared que te permite vivir presurizado en un oásis de vida artificial.
Dia 4
He estado repasando mentalmente los planos de la nave que voy a ocupar por 2 años una y otra vez. Parece sencillo y no tendría que tardar en adaptarme más de 1 semana. La zona habitable que voy a usar son unos 400 metros cuadrados más otros 600 de zona de mantenimiento que tendré que ir revisando si quiero mantenerme caliente, a buena presión y con oxígeno.
Lo único malo es que si algo falla, la nave de rescate más cercana tardaría unos 15 días en llegar. Pero a quién le importa eso, al fin y al cabo soy un maldito soldado inservible para lo que me adiestraron, sin familia a la que enviar pertenencias personales o la pensión una vez licenciado, sin amigos vivos en un radio de 2 meses, sin reputación suficiente para que me hubiesen ascendido o enviado a un sitio más confortable... todo me lo arrebataron ellos, no fue el enemigo quien me envió a servir por 20 años a la causa, quien planificó la vida de miles de millones de personas para servir a un ideal, un vago ideal que aquí, a millones de km de casa, no importa nada. Si existe un purgatorio en el Universo, desde luego voy hacia él...
Lo único malo es que si algo falla, la nave de rescate más cercana tardaría unos 15 días en llegar. Pero a quién le importa eso, al fin y al cabo soy un maldito soldado inservible para lo que me adiestraron, sin familia a la que enviar pertenencias personales o la pensión una vez licenciado, sin amigos vivos en un radio de 2 meses, sin reputación suficiente para que me hubiesen ascendido o enviado a un sitio más confortable... todo me lo arrebataron ellos, no fue el enemigo quien me envió a servir por 20 años a la causa, quien planificó la vida de miles de millones de personas para servir a un ideal, un vago ideal que aquí, a millones de km de casa, no importa nada. Si existe un purgatorio en el Universo, desde luego voy hacia él...
Día 4
Hoy me he levantado pronto, últimamente no hago más que despertarme con fuertes dolores de cabeza y unas ganas terribles de orinar. Hay algo que me incomoda y que no sé lo qué es. Son esos instantes felices, unos segundos mágicos en el limbo, cuando aún estoy seminconsciente y saliendo del trance del sueño en que el todavía no me viene ningún pensamiento ni recuerdo a la mente, una milésima después me vuelvo a deprimir por cualquier imagen o palabra que me recuerda mi situación: presente, pasado y futuro. Mierda, necesito unos analgésicos...
He estado repasando una y otra vez la misión que me ha sido encomendada. Parece sencillo, tengo que ocupar un viejo transporte estelar que lleva 24 años abandonado sobre la órbita venusiana, parece ser que fueron de los primeros colonos que iban a establecerse en Venus antes de que se recudeciera la guerra.
Al estacionarse sobre la órbita algo debió pasar, se perdió todo contacto y 3 meses después la misión de rescate que llegó a acoplarse a la nave descubrió que permanecía aparentemente intacta, totalmente desierta, carente de vida...
Las bodegas son enormes, llevaban equipos y estructuras para estar montando una base durante 5 años sin ayuda del exterior, si no ha sido saqueada o perdida por alguna brecha, aún estará ahí la anticuada carga.
El caso es que al estar en una economía de racionamiento por la duración de la guerra, me habían pedido que la ocupara, montara unas antenas de comunicación, un par de sensores, desplegar paneles solares, y desde allí coordinar sondas robots que se desplegarían entorno a un sector de Venus donde se había detectado un importante yacimiento de cobre y hierro -declarado de prioridad alta por el Ministerio de Guerra-. Tan mal parecían andar las cosas, que en vez de mandar una base de operaciones, me hacían ocupar una nave fantasma a la deriva desde donde dirigir la operación.
He estado repasando una y otra vez la misión que me ha sido encomendada. Parece sencillo, tengo que ocupar un viejo transporte estelar que lleva 24 años abandonado sobre la órbita venusiana, parece ser que fueron de los primeros colonos que iban a establecerse en Venus antes de que se recudeciera la guerra.
Al estacionarse sobre la órbita algo debió pasar, se perdió todo contacto y 3 meses después la misión de rescate que llegó a acoplarse a la nave descubrió que permanecía aparentemente intacta, totalmente desierta, carente de vida...
Las bodegas son enormes, llevaban equipos y estructuras para estar montando una base durante 5 años sin ayuda del exterior, si no ha sido saqueada o perdida por alguna brecha, aún estará ahí la anticuada carga.
El caso es que al estar en una economía de racionamiento por la duración de la guerra, me habían pedido que la ocupara, montara unas antenas de comunicación, un par de sensores, desplegar paneles solares, y desde allí coordinar sondas robots que se desplegarían entorno a un sector de Venus donde se había detectado un importante yacimiento de cobre y hierro -declarado de prioridad alta por el Ministerio de Guerra-. Tan mal parecían andar las cosas, que en vez de mandar una base de operaciones, me hacían ocupar una nave fantasma a la deriva desde donde dirigir la operación.
Día 3
Hoy por fin, y después de mucho tiempo, he podido volver a caminar con normalidad. Me han dado un permiso de 12 horas mientras la nave se aprovisiona de combustible y víveres para poder bajar a la estación, la cual tiene un sistema autónomo de gravedad que me ha permitido dar un paseo corto pero intenso, ya que sólo estoy autorizado a pasear por una pequeña zona de los muelles.
He estado contemplando Venus desde un mirador que había en un buffete de alimentación, tenía un aspecto tenebroso ya que la luz del Sol en ese momento le iluminaba de refilón, el planeta presentaba un extraño tono rojizo pincelado por manchas oscuras sobre su superficie arenosa castigada por aquellas tormentas implacables. Sin duda, un extraño fenómeno que tal vez sólo se pudiese contemplar desde este punto del Universo, lo cual al menos para mí, no me hacía más dichoso.
Eché un trago de la botella de agua mineral importado de La Tierra, una botella azul oscura con el nombre grabado sobre el cristal donde se leía "San Pellegrino". Sí señor, esto sí que era agua y no lo que bebíamos reciclado una y mil veces de los depósitos de la nave, una suerte de fetichismo obligado en el que sin saberlo, podías estar bebiéndote los meados (purificados) de cualquier tripulante, incluídos los tuyos.
En ese momento, y mientras daba un sorbo a la botella, delante de mí pasaban 4 soldados de uniforme camino de alguna máquina expendedora, todos sonrientes, sin el más mínimo ápice de amargura en los rasgos de sus caras. Pobres diablos novatos -pensé- no aprecian lo que tienen en estos momentos y que perderán en apenas unos instantes. Obviamente aún no habían combatido realmente, tal vez estarían recien salidos de la academia o habrían hecho alguna pequeña misión de reconocimiento táctico.
En aquel momento empecé a recordar aquellos tiempos en que era tropa terrestre, aquellos malditos momentos que jamás se nos olvidarán a los que estuvimos en aquel mes fatídico de mayo de 2206. Aquellos cuerpos calcinados por los cañones de fusión, los cadáveres tendidos en el suelo con los oídos reventados por las bombas sónicas, aquella madre abrazada al hijo antes de ser semivaporizados por los robots de reconocimiento...
Se supone que después de cada batalla nos daban pastillas para olvidar los traumas más fuertes y que no nos dejaran secuelas psíquicas, pero después de 4 meses de lucha sin cuartel, a nadie ya le quedaba ni una sola...
Maldita sea, no quiero recordar esas lúgubres historias, ya lo hago todas las noches, es mejor que apure lo que queda del agua y coja una lanzadera de regreso a mi nave...
He estado contemplando Venus desde un mirador que había en un buffete de alimentación, tenía un aspecto tenebroso ya que la luz del Sol en ese momento le iluminaba de refilón, el planeta presentaba un extraño tono rojizo pincelado por manchas oscuras sobre su superficie arenosa castigada por aquellas tormentas implacables. Sin duda, un extraño fenómeno que tal vez sólo se pudiese contemplar desde este punto del Universo, lo cual al menos para mí, no me hacía más dichoso.
Eché un trago de la botella de agua mineral importado de La Tierra, una botella azul oscura con el nombre grabado sobre el cristal donde se leía "San Pellegrino". Sí señor, esto sí que era agua y no lo que bebíamos reciclado una y mil veces de los depósitos de la nave, una suerte de fetichismo obligado en el que sin saberlo, podías estar bebiéndote los meados (purificados) de cualquier tripulante, incluídos los tuyos.
En ese momento, y mientras daba un sorbo a la botella, delante de mí pasaban 4 soldados de uniforme camino de alguna máquina expendedora, todos sonrientes, sin el más mínimo ápice de amargura en los rasgos de sus caras. Pobres diablos novatos -pensé- no aprecian lo que tienen en estos momentos y que perderán en apenas unos instantes. Obviamente aún no habían combatido realmente, tal vez estarían recien salidos de la academia o habrían hecho alguna pequeña misión de reconocimiento táctico.
En aquel momento empecé a recordar aquellos tiempos en que era tropa terrestre, aquellos malditos momentos que jamás se nos olvidarán a los que estuvimos en aquel mes fatídico de mayo de 2206. Aquellos cuerpos calcinados por los cañones de fusión, los cadáveres tendidos en el suelo con los oídos reventados por las bombas sónicas, aquella madre abrazada al hijo antes de ser semivaporizados por los robots de reconocimiento...
Se supone que después de cada batalla nos daban pastillas para olvidar los traumas más fuertes y que no nos dejaran secuelas psíquicas, pero después de 4 meses de lucha sin cuartel, a nadie ya le quedaba ni una sola...
Maldita sea, no quiero recordar esas lúgubres historias, ya lo hago todas las noches, es mejor que apure lo que queda del agua y coja una lanzadera de regreso a mi nave...
Día 3
Me acabo de despertar brúscamente. Un penetrante ruido y una fortísima vibración me hicieron incorporarme de mi nido, una suerte de saco de dormir que te mantiene atado para que no flotes a libre albedrío, y que controla la temperatura corporal durante el sueño.
Rápidamente, he ido flotando hacia la pequeña ventana de mi camarote para ver qué estaba pasando en el exterior. Al asomarme, pude ver una enorme mole de titanio, otras aleaciones metálicas y plástico iluminadas ténuemente por el Sol, sobre ella se proyectaba alargadamente la sombra de nuestra nave. No había duda, estabamos en la MAV, la estación civil espacial que había a medio camino entre La Tierra y Venus y que orbitaba alrededor del Sol; la cual servía de abastecimiento y para hacer los transbordos entre distintos transportes que llegaban desde los planetas interiores.
Junto a ella, atracaban decenas de naves de transporte civil y militar; desde que estalló la guerra parte de esta estación era requerida para el abastecimiento de minerales a las fábricas de armas pesadas.
De pronto, una súbita sacudida me devolvió a la realidad, estábamos realizando las maniobras para empezar a gravitar alrededor de la estación, ya que la nave era demasiado grande para poder atracar en uno de sus puertos estancos.
Rápidamente, he ido flotando hacia la pequeña ventana de mi camarote para ver qué estaba pasando en el exterior. Al asomarme, pude ver una enorme mole de titanio, otras aleaciones metálicas y plástico iluminadas ténuemente por el Sol, sobre ella se proyectaba alargadamente la sombra de nuestra nave. No había duda, estabamos en la MAV, la estación civil espacial que había a medio camino entre La Tierra y Venus y que orbitaba alrededor del Sol; la cual servía de abastecimiento y para hacer los transbordos entre distintos transportes que llegaban desde los planetas interiores.
Junto a ella, atracaban decenas de naves de transporte civil y militar; desde que estalló la guerra parte de esta estación era requerida para el abastecimiento de minerales a las fábricas de armas pesadas.
De pronto, una súbita sacudida me devolvió a la realidad, estábamos realizando las maniobras para empezar a gravitar alrededor de la estación, ya que la nave era demasiado grande para poder atracar en uno de sus puertos estancos.
Día 2
Miro ensimismado, por una de las pequeñas ventanas polarizadas de mi transbordador, afuera puedo ver el Sol, anaranjado y ténue, perfectamente redondo (aspecto producido por el cristal de la nave, que protegía de deslumbranientos y radiaciones), falsamente estático, omnipresente en cualquier parte hasta ahora conocida. Él lo dirige todo, sigue siendo un dios pagano al que le rendimos pleitesía, sabe que todo gira entorno suyo, y que así seguirá siendo hasta el final de los días.
El espacio para muchos, es algo maravilloso e inmenso en grandiosidad, para mí simplemente es aterrador, y cada vez más. No tiene nada que ver con lo que se aprende en la escuela o en la academia de vuelo; las distancias aquí son inmensas, todo está hecho para confundir al insignificante humano; lo que parece un planeta lejano, está a varios meses de navegación; la luz de las estrellas que observas son de hace miles de años, posiblemente ya ni existan; un grito nunca se oiría; es realmente escalofriante, es todo tan hostil...
Tus sentidos se ralentizan y se vuelven en tu contra, tus músculos se atrofian y hasta tu propia cara cambia por la falta de gravedad. Sí, eso es lo peor, la falta de gravedad; es por ello que me embarcaron aquí, en esta nave, rumbo a la órbita de Venus; los médicos militares me aconsejaron que flotando en el espacio, la enfermedad degenerativa que afectaba a mis piernas, se atenuaría hasta hacerse imperceptible.
Malditas piernas, causa de todo esto; nunca me dijeron la verdad, pero tampoco me negaron el motivo de la enfermedad. Cuando pregunté en el hospital si la causa de mis temblores y hormigueos fue las radiaciones recibidas durante mi periodo de servicio en tropa terrestre, simplemente obviaron el tema, se dieron media vuelta y siguieron inspeccionando a otros pacientes.
Ahora mismo me están temblando otra vez, ese cosquilleo que sale desde el talón y llega a las rodillas cada vez se hace más frecuente y persistente, sigo mirando al espacio profundo ensimismado, mientras dibujo un moñigote con el agua condensada en el cristal...
El espacio para muchos, es algo maravilloso e inmenso en grandiosidad, para mí simplemente es aterrador, y cada vez más. No tiene nada que ver con lo que se aprende en la escuela o en la academia de vuelo; las distancias aquí son inmensas, todo está hecho para confundir al insignificante humano; lo que parece un planeta lejano, está a varios meses de navegación; la luz de las estrellas que observas son de hace miles de años, posiblemente ya ni existan; un grito nunca se oiría; es realmente escalofriante, es todo tan hostil...
Tus sentidos se ralentizan y se vuelven en tu contra, tus músculos se atrofian y hasta tu propia cara cambia por la falta de gravedad. Sí, eso es lo peor, la falta de gravedad; es por ello que me embarcaron aquí, en esta nave, rumbo a la órbita de Venus; los médicos militares me aconsejaron que flotando en el espacio, la enfermedad degenerativa que afectaba a mis piernas, se atenuaría hasta hacerse imperceptible.
Malditas piernas, causa de todo esto; nunca me dijeron la verdad, pero tampoco me negaron el motivo de la enfermedad. Cuando pregunté en el hospital si la causa de mis temblores y hormigueos fue las radiaciones recibidas durante mi periodo de servicio en tropa terrestre, simplemente obviaron el tema, se dieron media vuelta y siguieron inspeccionando a otros pacientes.
Ahora mismo me están temblando otra vez, ese cosquilleo que sale desde el talón y llega a las rodillas cada vez se hace más frecuente y persistente, sigo mirando al espacio profundo ensimismado, mientras dibujo un moñigote con el agua condensada en el cristal...
Día 1
Pensaba que nunca iba a disponer del suficiente tiempo para ponerme a escribir un rato el diario de la misión. Es curioso, cuanto más tiempo parece que tienes a tu disposición, más se te escapa de entre las manos.
Aquí, en un punto indeterminado del espacio, las cosas son completamente distintas a lo que es una rutina lógica. El hecho de carecer de día y de noche, te altera considerablemente; no sabes si te toca desayunar, comer o irte a la cama. Es cierto, que desde que implantaron las biocomputadoras, para todos los viajes fuera de la órbita terrestre, la cosa ha mejorado; ellas te dicen si es de día o de noche, cuándo y qué debes comer, y hasta cuando deberías de visitar al amigo retrete. Es todo ficticio, claro, pero en cierta manera, te ayuda psicológicamente a llevar una rutina en tu cuerpo, y sincroniza los biorritmos con el resto de la tripulación; no es lógico que tú estes desayunando, cuando tus compañeros se están acostando.
Mi biocomputadora ahora mismo está marcando, ficticiamente, las 4 de la tarde; llevo apenas 9 horas despierto, pero parece una eternidad; estos viajes interplanetarios cada día los aguanto menos. Y más cuando sabes que te alejas de tu hogar, o de lo que queda de él. Tardará mucho tiempo hasta que pueda ver un amanecer como los entiendo, más bien como los entendía; porque aquella temporada que pasé en una estación militar orbitando alrededor de La Tierra me desquiciaba, teníamos una puesta de Sol y un amanecer cada 38 minutos, una maldita locura.

Aquí, en un punto indeterminado del espacio, las cosas son completamente distintas a lo que es una rutina lógica. El hecho de carecer de día y de noche, te altera considerablemente; no sabes si te toca desayunar, comer o irte a la cama. Es cierto, que desde que implantaron las biocomputadoras, para todos los viajes fuera de la órbita terrestre, la cosa ha mejorado; ellas te dicen si es de día o de noche, cuándo y qué debes comer, y hasta cuando deberías de visitar al amigo retrete. Es todo ficticio, claro, pero en cierta manera, te ayuda psicológicamente a llevar una rutina en tu cuerpo, y sincroniza los biorritmos con el resto de la tripulación; no es lógico que tú estes desayunando, cuando tus compañeros se están acostando.
Mi biocomputadora ahora mismo está marcando, ficticiamente, las 4 de la tarde; llevo apenas 9 horas despierto, pero parece una eternidad; estos viajes interplanetarios cada día los aguanto menos. Y más cuando sabes que te alejas de tu hogar, o de lo que queda de él. Tardará mucho tiempo hasta que pueda ver un amanecer como los entiendo, más bien como los entendía; porque aquella temporada que pasé en una estación militar orbitando alrededor de La Tierra me desquiciaba, teníamos una puesta de Sol y un amanecer cada 38 minutos, una maldita locura.






