LA VIDA MONTUBIA 

Por JOSÉ DE LA CUADRA

 

RÉGIMEN FAMILIAR.- La familia montuvia gira en torno de la madre, antes que del padre, en lo afectivo; pero, en el respeto social, se centra hacia el padre. El impulso de la madre es netamente sentimental, espontáneo; el impulso al padre es provocado por el reconocimiento tácito de la superioridad de éste, primeramente material (baqueanismo, es decir, sabiduría del campo), y más tarde, moral (experiencia traducida en consejo, ciencia antigua, gerontolatría).

La familia montuvia constituye una entidad prieta, aislada o casi aislada, que sigue sus propios destinos, sin vincularlos a los de los otros grupos familiares y que, normalmente, se representa por el progenitor masculino más viejo, casi nunca por los colaterales.

La monogamía y la monoviria son características. Sin embargo, el ayuntamiento marital estable se ejerce casi siempre fuera de la institución civil del matrimonio. En el pasado siglo, o sea cuando el matrimonio era una institución de derecho eclesiástico reconocida por el Estado, la religiosidad acrecía el porcentaje de uniones sacramentadas y desterraba la simple convivencia considerada como un pecado. La actual exigencia legal que da antelación imprescindible al contrato civil, sin el cual no puede efectuarse, bajo severas sanciones (prisión y multa para el sacerdote) el matrimonio religioso, ha traído como consecuencia un aumento del porcentaje de amancebamiento. En las aldeas, este fenómeno no es tan visible como en el agro remoto. Gran influencia tiene, por cierto, en la disminución aludida, la explotación de los tenientes políticos rurales, que exactan cuanto pueden a quienes pretenden casarse.

No obstante ello, o quizá por lo mismo, las uniones son más duraderas; y, originándose en la atracción sexual amorosa, se van llenando de contenido económico (mutua conveniencia, ayuda mutua, preindivisión de bienes) a lo largo de la vida, y no terminan sino con ésta.

La monoviria a que me he referido, es una constante de la mujer montubia. La prostitución es rarísima y se produce en virtud de determinantes individuales, no sociales. Casi siempre se manifiesta con escándalo. La prostituta montubia, cuando lo es de veras, se enorgullece de serlo y recaba una posición de machismo tenoriesco: ella es quien elige. Pero, la mujer montubia, cuando está en el agro, no busca salidero. Acude a la prostitución como a una cura de hambre: los burdeles citadinos costeños, en especial los de Guayaquil, consumen mucha carne montubia, reclutada máximamente entre domésticas traídas desde las haciendas por sus patrones, prostituídas por éstos y abandonadas después.

La monogramia no es una constante. Se fija al elaborarse plenamente la virilidad -hacia los veinticinco años- y con el afianzamiento del hogar. Hasta entonces, el joven montubio es, siquiera en la intención, polígamo.

(Quede claro que estas conclusiones, como las demás de este ensayo, son deducidas de altos números y no excluyen la posibilidad de excepciones).

El nexo con el hijo es sólido y estrechísimo. El hijo parásito acaba a los siete años. Desde tal edad (y a veces antes), entra a colaborar en la economía de la familia con el aporte de su esfuerzo.

Aun cuando no perverso, el montubio es eminentemente sexual. No concibe el mito de la virginidad. Para él es tabú el incesto.

Frente a su mujer adúltera, el marido montubio se siente, más que en su amor, ofendido en su dignidad de macho; reaccionando su venganza preferentemente contra el amante, en quien tratará de castigar la burla de que éste lo ha hecho víctima. No es infrecuente que perdone a la mujer o que, separado de ella, permanezca después indiferente; siempre, por supuesto que haya logrado la venganza que persiguiera.

IMPULSIONES ARTÍSTICAS.- El montubio ignora el dibujo. Simplemente, lo desconoce. Apuntaremos a este respecto una observación: En las aldeas con población escolar activa, las paredes de las casas y las cercas de los solares permanecen, por la regular, limpias. Al contrario de lo que ocurre con el niño mestizo de las ciudades, el niño montubio no siente el deseo de gratificar sus ideas. No lo sentirá jamás. Y se notan a faltar esos monos infantiles en que los que se extravierte un elemental sentido humorístico. Causa una extraña impresión este niño campesino que no mancha las murallas...

Excepcionalmente se cultivan las artes plásticas, conectadas a industrias manuales. Sólo de un modo muy excepcional se las emplea suntuariamente, para el embellecimiento de los hogares. En Samborondón y aledaños, el labrado del barro es una manufactura típica. En los agros tagüeros manabitas tallan el marfil vegetal, y así se manufacturan sortijas y objetos de adorno personal. En el tejido de la paja toquilla descúbranse también expresiones artísticas.

En las vecindades de las selvas, donde abunda el bejuco Platzaort o plazarte - los nudos de los bejucos son esculpidos a navaja admirablemente. En estos puños hay maravillosos monos, caballos, etc. teñidos o barnizados después.

La inspiración musical del montubio es rudimentaria, y la originalidad de la música llamada montubia resulta muy discutible.

Empero, ha superado el compás binario y más bien se lanza instintivamente al de tres por cuatro. Por ello, el pasillo montubio recuerda al pasillo colombiano antes que al de la sierra del Ecuador. Es como un ligero valse, donde se introducen, un poco arbitrariamente, largos calderones.

El amorfino, más interesante por la letra que por el acompañamiento, es casi todo en dos por dos.

En nuestro campo suelen escucharse viejas canciones cubanas y yucatecas, a las que se guarda particular afición.

De la música moderna lo que mejor ha captado el hombre de nuestro agro es el tango argentino, el mismo que canta y glosa como valse lento.

En general, el montubio transporta toda música exótica al compás de res por cuatro más o menos acelerado, si no les posible convertirla en una suerte de danza.

El montubio, es corriente y, con frecuencia, extraordinarios tocador de guitarra.

Cuanto a la poesía, emplea espontáneamente el metro castellano de a ocho, o sea el metro de romance, pero con rima perfecta, casi siempre en agudos o graves fáciles, y sin cuidar del isocronismo de los versos rimados.

Esta poesía, que explota temas pasionales, como el amor, el odio, etc., se hace para ser cantada; y se liga como letra al amorfino.

El amorfino, más ensalzado que estudiado, es el contrapunto, o dicho, o cambio de decires, de otros pueblos de América, y remonta y su origen a la época colonial.

Al lector interesado en un conocimiento mayor de la poesía montubia, habrá que remitirlo a las obras de Chávez Franco, cronista oficial de Guayaquil, y sin duda, el mejor informado sobre la materia.

En la narrativa es donde la impulsión artística del montubio alcanza expresiones insignes. Su innata tendencia mística, que señalamos adelante, halla aquí cauce amplio.

En las bellas noches tropicales, reunidos en la cocina alrededor del fogón donde hierve el agua para el café puro, los montubios cuentas las "penaciones" y los "ejemplos". Póe no habría desdeñado aprovechar los argumentos de las unas; y, Vorágine habría aplicado los otros a algunos de los santos de su Leyenda Dorada.

Las hazañas de los montoneros, de los ladrones de ganado, de los cazadores de lagartos, de los cortadores de madera en los bosques vírgenes, son referidas en tono heroico, complicadas de múltiples episodios y salpicadas de preciosas descripciones.

El relatista ecuatoriano tiene en estas narraciones una mina rica e inexplotada.

DETERMINANTES CRIMINALES.- El Prof. García Moreno. (José Miguel), que ha dedicado preferentemente atención al estudio de la criminalidad montubia, en El problema penal en el Ecuador, (Universidad de Guayaquil, 193), dice: "los hijos de los campos del litoral son eminentemente hipotenizables por el alcohol, demostrando la estrecha relación entre el apetito sexual y el ansia roja del sabor de sangre".

En sus ponencias en la comisión que actualmente (1936) estudia la reforma del sistema punitivo y arancelario ecuatoriano, el propio Prof. García Moreno plantea la afirmación de que nuestros montubios alientas un "sentido de justicia expiatoria casi vengativa."

En los términos últimos se enfoca la cuestión.

Los determinantes de la criminalidad del montubio arrancan de su sentido de justicia, muy semejante al que informa la vendetta de la Italia Meridional: aun aquellos determinantes que parecen arrancar de otros sentimientos, como el que mueve al robo de ganado, por ejemplo. Es corriente que el abigeo escoja sus víctimas con cierto criterio selectivo de castigo; buscará perjudicar a los hacendados mayormente explotadores de la peonada: incluso robándole ganado procurará punir los desafueros del gamonal. En mi vida profesional he constatado casos no infrecuentes de este tipo de cuatrerismo, que confirman la acersión de García Moreno.

Así, el montubio se aproxima sentimentalmente y hasta llega a cometer lo que en el lenguaje abogadil suele decirse "crimen social"; esto es, rebeliones a mano armada contra la policía que apoya al terrateniente, incendio de horreos y sementeras, daño de las maquinarias piladoras de granos, etc.

Los brotes exporádicos de esta clase de criminalidad han sido achacados al comunismo, reputándoles consecuencia de su propaganda campesina. Esto no es verdad de ningún modo. Los lugares montubios de influencia comunista son muy limitados y pueden reducirse a Milagro y Ñausa; y precisamente ahí - ignoro si obedeciendo directivas del P.C.-, la lucha adopta sólo fórmulas negativas; reclamación legislativa, boycot, huelga, etc.

El alcohol y el ansia sexual, moralmente aliados, exacerba ésta por aquel, son los principales determinantes de la criminalidad montubia y los que originan nuestra "Crónica policial que siempre abunda, pintando secuestros, agresiones, violaciones, estupros", como en alguna parte anota Luis alberto Sánchez.

TENDENCIA MISTICA.- teóricamente, la religión montubia es la católica. Realmente, es un sartal de superticiones, atadas bajo el rubro del cristianismo. En cierto sentido, por lo demás como repetiremos más adelante, el montubio es panteísta.

La población eclesiástica del agro litoral, es reducida. Parroquias y parroquias, próximas en el mapa, en verdad a insalvables distancias por la dificultad de comunicaciones, se agrupan bajo un solo pastor o cura de almas, que nose alcanza para tamaña feligresía. La falta de un adoctrinamiento permanente hace que el montubio extravíe las prácticas católicas y, parcialmente, regrese a prácticas ancestrales indias, o negras, conservadas quien sabe cómo por los brujos y jorguineros paisanos.

La tendencia mítica de nuestro campesino, sobre ser fuerte, es irrefrenable. De ahí su pantéismo. De ahí su constante fabricación de héroes.

Su panteísmo manifiesta en la creencia generalizada de la existencia de poderes protectores, ubicados en objetos de los más singulares y hasta ridículos: la piedra imán, la pezuña de la danta (una de gran bestia), etc. Como derivación de esta panteísmo, en los relatos montubios los animales hablan, lo propio que las plantas y las cosas todas; sus impalpables presencias influyen en los destinos humanos, modificándolos favorable o desfavorablemente, según su condición de buenos o malos poderes. Es inexplicable por que, en estas circunstancias, el fatalismo no haya hecho presa del montubio en el grado que hubiera sido de esperar.

La fabricación de héroes es, como digo, constante. Este mecanismo no para su funcionamiento.

En el agro montubio, las figuras históricas del general Alfaro, del general Montero, del general Serrano (especialmente en El Oro), el coronel Concha y del negro Lastra (especialmente en Esmeraldas) y, todavía, la del general Buen, no se mantienen en sus líneas reales, sino que han trascendido en un plano nebuloso, casi homérico, donde viven una vida que puede compararse -en ubicación- a los semi dioses de la mitología clásica.

Yo he asistido al inicio de la formación de un mito, y he relatado eso en un cuento: El santo nuevo (Revista Claridad, Buenos Aires, 1933).

Cierto viejo montubio, tocado quizá solo mediamente por la propaganda comunista, tenía en la repisa de los santos una foto de Lenin, que participaba de la velación diaria. Por supuesto yo exageré literariamente el color del asunto; pero, a mi entender, si el P.C. no toma cuidado, bien puede resultar que fomente la aparición de un nuevo taumaturgo de la devoción montubia; San Lenin, patrón de los oprimidos...