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Desayuno de trabajo
Opinión, cultura, comentarios de política y sobre la vida en general.
Sindicación
 
TORRIJAS
Vuelta ya de la Semana Santa y después de pasar por varias vicisitudes personales que no vienen a cuento, creo que es el momento de analizar esta cortísima vacación que se compone de ingredientes muy dispares: procesiones, violetas, narcisos y torrijas.
En mi pueblo, que es Sigüenza, este año han televisado las procesiones, tremendos focos por las calles tan preciosas y por la catedral, y por eso nos hemos quedado todos los habituales en casa por si nos veíamos en la tele que es más bonito. Y, claro, las procesiones se han llenado de turistas que no se sabían las canciones tradicionales de la pasión castellana y encima no nos hemos visto en la pequeña pantalla, ni Cristo que lo fundó, expresión esta absolutamente misteriosa para mí. Si alguien sabe lo que significa me lo aclare, por favor.
El cura comentarista de las teleprocesiones, que es un amigo, empezó hablando de la Virgen de la Soledad y, sin duda presa del síndrome del talante ZP, se le fue un poco el tarro y acabó hablando de la Virgen de la Solidaridad. La Dolorosa de mi pueblo es muy suya y la mujer iba ensimismada detrás del Cristo yacente. No estaba para nadie, y eso de la solidaridad me parece que no reflejaba su estado de ánimo en absoluto, pero en este país, últimamente, parece que si lo dices muchas veces, cuela.
Los personajes de los pasos seguntinos se parecen un poco a los paisanos o sea que son como nosotros mismos, algo bajitos y cabezones, y los turistas se preguntaban por qué no sacábamos al final, detrás de los armados, de los curas y de los ediles – hay que ver qué confusión - la estatua de Franco, la de Guadalajara, que por su apariencia lo deben haber forjado los mismos artistas que al Cirineo, por dar un ejemplo, aunque Franco lleva prismáticos y el Cirineo no.
En cuanto a las torrijas, en Sigüenza son muy recomendables porque hace mucho frío y están ricas, pero algunos padres de la patria, deberían abstenerse, que lo que dicen no lo dirían si no se la hubiesen cogido antes. Y, fuera de la Semana Santa, la torrija y las procesiones no son aconsejables.
 
QUÉ BONITO ES EL AMOR
Como estamos ya completamente en primavera y parece que el asunto de los olores ha caducado, antes de tomarme unos días de asueto, voy a colgar un post sobre el amor, tema muy ecuménico y de temporada. Además, así no escribo de política, que me crispa mogollón.
El amor tiene muy buena prensa: rosas rojas, margaritas, cenas a la luz de la luna, niños rubios con flechas y cosas así. Pero en la dura realidad suele constituir una catástrofe física y económica considerable.
Parece ser que cuando nos enamoramos liberamos endorfinas, producto hormonal que causa confusión y felicidad a partes iguales, y que hace ver al objeto amado como algo perfecto y maravilloso, aunque sea un adefesio. Animados por tan engañosa percepción hombres y mujeres nos lanzamos con entusiasmo y deleite a la tarea de empujar al contrario hasta el paroxismo, asunto al que, en situación normal y sin endorfinas por medio, no dedicaríamos ni medio segundo.
Las endorfinas son eso que deben poner a ZP en el café de las mañanas y que se refleja tanto en su cara como en su manera de hablar francés y de elegir a las ministras. José Mari en cambio liberaba endorfinas muy pequeñas (dicen) y por eso sonreía poco y ahorraba más. Pero he dicho que de política no quiero hablar, era sólo por poner un ejemplo.
El amor ha sido elevado por los poetas desde su verdadera dimensión (instinto de reproducción que compartimos con animales, como las lagartas, y vegetales, como las judías verdes) hasta el desideratum: fuego arrasador y divino, arrebato del alma, éxtasis, pasión, deleite de los sentidos… Por amor sufrimos y gozamos, morimos y matamos, cobramos y pagamos.
Sea lo que fuere el amor, es algo que no se puede ocultar, porque suele manifestarse sumiendo al aquejado en un estado de insensatez profunda. Incita al llanto y a escuchar el Adagio de Albinoni u otras canciones de Camilo Sesto, obliga a peligrosos y múltiples desplazamientos por tierra, mar y aire, siempre con gafas de sol y/o bigote postizo, y ocasiona muchas molestias al individuo previamente emparejado con otra persona. Y, en otro orden de cosas, también exige tener el cuerpo a punto de caramelo, depilaciones dolorosas, tintes y permanentes, fondo de armario, dietas, gimnasios, botox, estiramiento de papadillas y nada de flato.
Pues con todo y con eso, no hay ser vivo que no sienta como prioritario el deseo de enamorar y de enamorarse, aunque sea de Pepiño, de Zerolo o de Fernández, vaya por Dios, otra vez la política. Y es que el amor es muy bonito.
 
MUJERES Y AROMAS
Como parece que lo prometí, y alguno de mis comentaristas me lo ha reclamado, hoy que es domingo voy a hablar sobre mujeres y olores, a sabiendas de que es un tema delicado que se presta a comentarios soeces, escatológicos y/o gazmoños.
Sobre mujeres sé bastante: yo misma soy una de ellas. Y aunque a la vista está que hay muchas variedades, podría decirse que en ese tema soy una experta. De olores es otro cantar, pues ya les he confesado que perdí el olfato y no me quedan más que lejanos recuerdos.
En uno de esos programas del corazón que todo el mundo abomina y ve, el conde Lecquio declaró días pasados que a la Mohedano le cantaban los bajos cosa tenebrosa. Padre y madre de la Mohedano salieron a su encuentro y le amenazaron con una querella fulminante. Él reculó un poquito y dijo que, donde dijo bajos, quería decir partes. Y así hemos pasado la semana, oyendo hablar del olor de los bajos/partes de la Mohedano, siempre fuera del horario laboral, se entiende. Dios sabe cómo hará su señoría para practicar la prueba en caso de que se admita la querella a trámite.
En otro orden de cosas, tengo un primo funcionario de la Administración Local que ha manifestado en repetidas ocasiones, que las mujeres, algunas veces, “huelen muy fuerte”. ¿Quiere decir este felón soterradamente que TODAS las mujeres hieden que tiran p’ atrás? ¿O se refiere únicamente a las funcionarias de la Administración Local?
Dicen que son las funcionarias mejor pagadas, tendrían que tener medios para afeites y jabones…quizá trabajan demasiado y no tienen tiempo para enjuagarse… pero ¿a qué dedica mi primo la jornada laboral en el Ayuntamiento? Quizá pueda ayudar a su señoría a practicar la prueba en el caso Mohedano versus Lecquio.
Conozco a un gourmet de Soria que asegura que descubrir el olor de una mujer es como aspirar el aroma de la trufa más escondida. Pudiera ser, los hombres son muy raros, de eso sí estoy segura. De todas maneras siempre queda la incógnita de si el gourmet de Soria se acerca a su pareja en calidad de sofisticado gourmand o en calidad de cerdo trufero, que son dos cosas distintas.
Otro día hablaré del perfume de los hombres, que no se van a ir de rositas.

 
NARICES Y ESTATUAS

No hace mucho tiempo yo tenía una nariz sumamente eficaz en cuestión de olores. No es por presumir, pero era una nariz que igual me trasladaba a la infancia con un rico aroma a verano y mermelada, que me orientaba en asuntos sociales. Pocas veces he errado en cuestión de amores, amistades, jefes o riesgos dejándome llevar por mi olfato.
Pues se acabó. Tuve una gripe fuerte y resurgí de ella en un mundo limpio de olores, absolutamente estéril. El médico me dio pocas esperanzas y ya hace más de un año que voy de capa caída, equivocándome con mis recuerdos, mis sensaciones y mis pálpitos. La vida es muy rara.
A pesar de mi anosmia, o falta de olfato, el aire que me rodea es tan denso que todo me hace pensar que algo huele a podrido y no precisamente en Dinamarca. Nada más lejos de mi intención que ser catastrofista pero ¿a qué viene que se queme la torre Windsor a cuatro pasos de nuestra ubicación laboral? A mí en otro tiempo me hubiese olido fatal la tostada y nunca mejor dicho, tanto trasiego nocturno de fantasmas.
Otrosi: ¿a qué viene que se lleven a Franco con su caballo precisamente ahora? Lo podían haber hecho cuando no estaba tan muerto. Los comentaristas suponen que fue un homenaje a Carrillo, cosas de viejos y de antiguas rencillas. Demasiadas copas la noche del miércoles, quizá. Yo sin mi olfato no soy nada, pero esto lo escribí antes de que sucediera (ver post 11-M) aunque esta admonición premonitoria, como dirían los Kikos Argüellos, fue más bien una revelación, nada que ver con la nariz…
Y me pregunto ¿quién va a ocupar ese pedestal vacío? Descarto a Polanco, por obvio… ¿Tal vez el abuelo republicano de ZP? Mi abuelo también me dejó un diario, pero él era monárquico liberal y, claro mi diario debe ser muy distinto del de ZP senior, aunque mi abuelo también era muy majo. En fin, que no creo que sea el momento para que los abueletes se líen a tortazos en el más allá.
He oído a Rubalcaba decir, con mucho sentido común, que debía ocupar el pedestal alguien que gustase a la mayoría y después de pensarlo detenidamente, con la convicción de que en este momento represento a las dos grandes colectivos de población (mujeres y gays) propongo que ocupe el pedestal del viejo dictador George Cloony, aunque tengo el pálpito, que no el olfato, que va a ser que no.
 
PRIMAVERA
Ahora ya parece que sí. Después de atravesar este seco y larguisimo invierno, en Madrid se ha declarado la primavera. La calle está inundada de luz y hemos sacado las chaquetas y los michelines a pasear.
Se ven por doquier puntas de narcisos y ramas abriendo sus brotes al sol, y a mí me gustaría que me saliese una mata de violetas en mitad de la cabeza, unas hojas pequeñas de hiedra en los sobacos y así sucesivamente, o sea, que se me abriese la naturaleza en mi mismo cuerpo.
En el Ministerio tendría que proclamarse esta estación, tan bonita, como un nuevo y rotundo triunfo de ZP. Le ofrezco la idea gratis: los jefes se pondrían obligatoriamente las corbatas más floridas y los gayumbos esos tan graciosos de hipopótamos follando y corazones entrelazados; se podrían instalar alegres terrazas en los aparcamientos y llenar las ventanas de flores...
Pepiño Blanco, Zerolo y el Comité de Sabios, constituídos en masa coral, deberían deleitarnos con temas alusivos al amor y al matrimonio. Es sólo una sugerencia, pero creo justo que a los funcionarios que se enamorasen le tendrían que dar una gratificación, de esas llamadas "bufanda", que se reparten siempre en las alturas y entre los más aburridos.
Las funcionarias deberían soltarse la faja, relegar al fondo de armario ese traje tan oscuro de Elena Benarroch, que hemos llevado todo el invierno para hacernos las simpaticonas, y ¿pourquoi pas?, ponernos los pendientes de Felipe y la bata de cola, que incita al cante por sevillanas.
Pero creo que todo se quedará en agua de borrajas. Espero que por lo menos florezca el laurel de Caldera y ojalá que también le brote alguna idea buena y sepamos por fin dónde vamos a ir a parar.
 
EL 11-M

Tarde, pero inevitablemente tenía que hablar del 11-M, a pesar de que durante estos días se ha dicho todo lo decible.
Empezó mi día con el triste doblar de campanas…en la radio. Parece que el párroco del Cristo de la Victoria, la vecina iglesia que goza de torre con hermosas campanas, se olvidó de ponerlas en marcha.
En el Ministerio hicimos una pequeña manifestación de duelo en la Arquería que da a La Castellana. Es curioso, pero los Nuevos Ministerios lindan por un lado con la estatua ecuestre de Franco, que está como disimulando, apuntando con la mano hacia otra parte, en un intento de evitar que un día alguien se dé cuenta de que todavía está ahí y lo baje de su caballo a la fuerza. Y por el otro extremo nos damos de bruces con la torre Windsor, espléndido monumento funerario y monetario, asediado por las grúas.
Mirando a la Castellana, la mañana lindaba con la muerte, porque allí estábamos nosotros, los funcionarios, en silencio, pensando durante unos minutos en los que aquel día justamente, el año pasado, estaban cogiendo el tren, gente como nosotros, trabajadores, estudiantes. La nuestra era una manifestación como desalentada. Nos costó trabajo salir de nuestro espacio, es tan difícil acceder a nuestros despachos como salir de ellos. A mí me recuerda el asunto a El ángel exterminador, la película de Buñuel, con los pobres, o sea los funcionarios de a pie, y las ovejas, o sea los jefes, dando vueltas sin encontrar la forma de salir, (tienes razón en lo de la endogamia, Wolfo).
Pues estábamos los funcionarios fuera de nuestro habitat natural y tristes. Y yo pensando que, si alguno de los míos hubiera estado en ese tren, no hubiera permitido que se lo apropiase nadie: ni los del PSOE, que tanto les deben, ni los del PP, que no lo supieron evitar. Ni siquiera los que no les llegamos a conocer personalmente y sólo pudimos sentir impotencia y dolor. Un muerto sigue teniendo padre y madre, hijos o novia y ellos son sus legítimos dueños.
Al frente de los funcionarios estaba Caldera. Yo le veía sólo ese flequillo que supongo le peina el peluquero de ZP. No me fijé si llevaba el laurel y la toga ¿Tú también, Brutus, hijo mío?
 
EL DÍA DE LA MUJER TRABAJADORA
Esto sí me gusta que me mata. Yo creía que la mujer trabajaba todos los días y no sólo el 8 de marzo. A las mujeres se les debía suponer la condición de trabajadoras como al soldado el valor.
Hace un par de años, nuestro jefe regaló a las funcionarias un clavel y fue casi, casi, la revolución de los claveles, todas haciendo ¡fuu! Por eso este año, que nuestro jefe ha sido ascendido a las alturas y ve la vida a través del triángulo de Dios, ha delegado en el Gobierno y el Gobierno nos ha regalado a las mujeres “Las Medidas”. Yo, la verdad, hubiese preferido un día de asueto, que es cosa más contundente y real, porque a saber a qué cajón van a parar esas medidas.
De todas formas, las mujeres hemos evolucionado bastante por nuestra cuenta en el último medio siglo y lo digo tanto en el aspecto laboral como en nuestra dependencia de los hombres.
En los años cincuenta estábamos con el agua al cuello por culpa de tantos valores eternos. Entonces las mujeres íbamos todas con faja, con fajas Ruiz para ser más precisa o, en su defecto, pololos. Era una medida social imprescindible contra la infidelidad, a ver quién era la guapa que se permitía un lío con una prenda tan antiestética.
En los setenta nos hicimos contestatarias e infractoras, desterramos la faja y, a ver quién era la guapa que no se confesaba infiel, estando el adulterio tipificado en el código penal. Era una auténtica provocación a la que pocas se podían resistir.
En la actualidad hemos adelantado mucho, se han abolido los adulterios y las fajas, se ha inventado la tanga, y unas somos fieles y otras no, a nuestro libre albedrío. Unas quieren estar en los Consejos de Administración y otras no, también a nuestro propio gusto y según nuestra valía. Así debería ser.
Y lo que todas queremos es que algunos hombres dejen de creer que son más importantes sólo por esa pieza suelta, y que la ley nos proteja. Pues eso.


 
El Ministerio y la torre Windsor
En este momento estreno mi blog. He hecho varios intentos, porque soy muy torpe con estas cosas, y mi idea era llamarme Accoramboni, princesa paduana como las mantas, a la que su asesino preguntaba cuando le clavaba el puñal "¿os toca mi puñal el corazón?". Me parece algo muy propio de funcionarios. Pero había 15 Accorambonis y me sugerían que me llamase "chupyaccoramboni," así que he optado por el nombre de fajasruiz, que resulta más ecléctico.
Cada vez que cambia el Gobierno a los funcionarios nos llevan de aquí para allá, Urbano encantado, faltaría más, pero nosotros regular, para qué voy a decir otra cosa. Ahora estamos alojados frente a Azca, en el piso 6º del Ministerio de Fomento, aunque somos funcionarios de Trabajo. Así que gozamos de una privilegiada vista, primera línea de fuego, de ese magnífico cadáver que es la torre Windsor, lugar que se llenó de fantasmas con linternas paseando entre las llamas y las cajas fuertes.
Nuestro ministro Caldera se parece mucho a un patricio romano, siempre que lo veo en la tele me parece que le falta la corona de laurel y la sabanilla, así que lo he imaginado durante la noche del incendio sentado frente a las llamas y tocando el laúd, como un nuevo Nerón.
Y los funcionarios de enfrente pasamos la noche frente al televisor, soñando al ver tanta llama que teníamos chimenea en el salón o que se iba a prender el Ministerio y vendrían los fantasmas a llevarse todos nuestros papeles.
Es lo que tiene esto de ser funcionario itinerante.