AURORA
Después de las bodas, dicen que empieza el largo invierno y a mí me ha tocado un día un poco triste de hospital, a los palacios subí y a las cabañas bajé, así es la vida, un rato de cada cosa. Tan pronto te vistes de gasa y cenas fuaduá, como te metes en el metro y te vas al Gregorio Marañón. Afortunadamente salió todo bien en la seguridad social y ahora un apreciado corazón partío ha tenido su remiendo y marcha como un reloj.
Estaba yo ya pensando que se había terminado la temporada de verano, pero la vida está siempre trufada de sorpresas y esta semana he recibido una invitación para la fiesta de Aurora. Consiste en una foto de ella misma hace unos pocos años, un día de cumpleaños como este que se avecina, porque luce un disfraz de conejo, más bien coneja, - y, Manola, no admito bromas - con faldita de cuadros sobre las patitas. Tiene una cara redonda, con mofletes, y está como sorprendida en mitad de su paseo por el bosque. La foto no puede ser más graciosa, así que ahora está entronizada en mi nueva cocina y a la hora del desayuno veo la cara de Aurora con cuatro o cinco años y veo que tiene ya los ojos de risa fácil que no ha perdido desde entonces y, además de esa cara risueña que asoma por debajo de las orejas de peluche y que todavía conserva, Aurora tiene la rara virtud de gustarle a todo el mundo y no es fácil en mi familia (ni en otras) que todos estemos de acuerdo en una cosa tan personal. Es más: me parece que es el único caso. Eso es lo mejor que puedo decir de ella, porque creo que si dijese más cosas me retiraría el saludo.
Anoche se celebró el cumpleaños y esta vez Aurora no llevaba su disfraz de conejo, sino un traje muy bonito, pero tenía la misma cara divertida de entonces. La fiesta fue estupenda, la noche veraniega, la terraza preciosa, la cena excelente, los invitados elegantes y simpáticos, los regalos buenos y Aurora se lo mereció todo. Y las hermanas de Aurora también, que son la bomba.
No está mal para terminar el verano esta agenda de festejos, tres bodas y un cumpleaños para ser más precisos, esto te obliga a sujetarte los cordones de la faja por lo menos hasta el día de los Santos, día en que yo me suelo comer un kilo de batatas que es lo que más me gusta del otoño , además de las setas, los pimientos, las azofaifas y las castañas. Creo que este invierno engordaré hasta reventar.
Estaba yo ya pensando que se había terminado la temporada de verano, pero la vida está siempre trufada de sorpresas y esta semana he recibido una invitación para la fiesta de Aurora. Consiste en una foto de ella misma hace unos pocos años, un día de cumpleaños como este que se avecina, porque luce un disfraz de conejo, más bien coneja, - y, Manola, no admito bromas - con faldita de cuadros sobre las patitas. Tiene una cara redonda, con mofletes, y está como sorprendida en mitad de su paseo por el bosque. La foto no puede ser más graciosa, así que ahora está entronizada en mi nueva cocina y a la hora del desayuno veo la cara de Aurora con cuatro o cinco años y veo que tiene ya los ojos de risa fácil que no ha perdido desde entonces y, además de esa cara risueña que asoma por debajo de las orejas de peluche y que todavía conserva, Aurora tiene la rara virtud de gustarle a todo el mundo y no es fácil en mi familia (ni en otras) que todos estemos de acuerdo en una cosa tan personal. Es más: me parece que es el único caso. Eso es lo mejor que puedo decir de ella, porque creo que si dijese más cosas me retiraría el saludo.
Anoche se celebró el cumpleaños y esta vez Aurora no llevaba su disfraz de conejo, sino un traje muy bonito, pero tenía la misma cara divertida de entonces. La fiesta fue estupenda, la noche veraniega, la terraza preciosa, la cena excelente, los invitados elegantes y simpáticos, los regalos buenos y Aurora se lo mereció todo. Y las hermanas de Aurora también, que son la bomba.
No está mal para terminar el verano esta agenda de festejos, tres bodas y un cumpleaños para ser más precisos, esto te obliga a sujetarte los cordones de la faja por lo menos hasta el día de los Santos, día en que yo me suelo comer un kilo de batatas que es lo que más me gusta del otoño , además de las setas, los pimientos, las azofaifas y las castañas. Creo que este invierno engordaré hasta reventar.
BODAS
Había decidido abandonar mi blog porque no encontraba eco en mis contertulios, pero hoy abro y veo que algunos de los fieles de mi parroquia se han asomado a la ventana de fajasruiz y me da cosa marcharme. Esto está convirtiéndose en algo parecido a aquella mascota virtual, de cuyo nombre no puedo acordarme, por la que los niños suspiraban hace algunos años y que requería alimento y cariño cada poco. Así que era un juguete y un coñazo, los pedagogos al coñazo le llamaban responsabilidad, pero casi todos los felices dueños acabaron tirándolo por la ventana presos de la ira, y dicen que algunos, hoy en día y ya crecidos, se están tratando el síndrome de culpa por el asesinato del jodío tamagochi, ya me acordé del nombrecito, una cosas así sólo se les puede ocurrir a los japoneses o a los psicólogos.
Pues no, este blog lo escribo para disfrutar, así que en el momento en que me incomode lo cierro como si fuese una mercería en quiebra.
He puesto arriba “bodas” y de eso quería hablar, porque últimamente no hago más que ponerme de falda y tacón alto y asistir a bodas de los hijos de mis amigos. Bodas lujosas y en preciosas iglesias, creo que la nueva generación sigue siendo bastante tradicional. Las novias de blanco, con cola y velo, guapas guapísimas y, lo que es mejor, listas. Ellos con chaqué, altos, guapos y también listos. Es la consagración del amor y de la juventud, yo no puedo evitar una lágrima cuando los veo regresar del altar convertidos en marido y mujer. Las bodas son muy bonitas y emocionantes, no me extraña que los gays quisieran tenerla en sus vidas, ya que no tienen más inconveniente que el gasto, que debe andar por las nubes.
Las bodas de ahora, además de una cena o comida en condiciones y con magníficos vinos, tienen que tener aperitivo, barra libre, baile y resopón. Con tanta libación, en las dos últimas me he mareado un poquillo, me he fumado un puro y he bailado hasta que mis pies han tenido que ser ingresados en Calzados Pradillo, el sanatorio de los pies. Y lo he pasado muy bien. No quiero ponerme negativa, pero si hay que dar un “necesita mejorar”, se la lleva la homilía de los respectivos clérigos, que ha abundado en aquello de preservar la dulzura de la mujer para el marido y todo así, quedando indemne el varón a todos los efectos. Lo que las mujeres tenemos que aguantar desde que asomamos la cabeza, o la parte inferior, en este mundo, es inenarrable. Digo yo que esta gente se tiene que modernizar o se van a quedar sin parroquia, porque las novias de hoy no son las de antes.
Sería bueno que los curas hicieran un curso tipo OT para ver quién hace mejor sermón y los contraye
LA RENTRÉE
Aunque he trabajado la semana pasada, lo cierto es que hoy me siento como si volviese de un verano expréss y mañana tuviera que presentarme en la vida real. Y es que cada fin de semana que paso en Sigüenza me parece que estoy en dos vidas distintas y que ninguna de las dos me corresponde. Ya dice mi madre:
- Qué vida tan rara… y tan larga.
Puede que a ella le parezca larga porque va a cumplir los noventa y dos, pero a mí, francamente, me parece que apenas he salido de la pubertad, confusa por las neuronas alocadas, y ya estoy en la prejubilación, con las neuronas patinando entre el olvido y la añoranza. Qué vida tan rara y tan corta..
Mi madre tienen opiniones distintas a las mías y a las de mi tía Nena, ella sí que tiene las neuronas en su sitio, regenta la casa y la familia con mano férrea y cada día aprende cosas nuevas.
- Lorenas ha botado a su novio porque tomaba – me dijo no hace mucho, refiriéndose a Nereida, una dominicana que las cuida, rebautizada por mi tía con gran éxito, pues ésta prefiere ahora llamarse “Lorenas”. Es su nombre español.
Es bonito que una seguntina aprenda a los noventa a hablar en dominicano. Y sin embargo no se hace con el euro.
- Esto es una catástrofe, - exclama apesadumbrada - ¿Y decís que también lo han puesto en Roma?
Como digo, mi tía es una mujer que conserva su memoria, su curiosidad y es expedita y contundente. Cuando tuvo conocimiento de que en la Placita se reunían los jóvenes para el botellón nocturno y que a veces se desmandaban y hacían pintadas (y pis), indagó cómo los municipales no ponían remedio:
- Porque no hacen ni caso – le contestamos.
- Bueno, pues que les disparen a las piernas.
Quería yo hablar aquí del verano, de lo rápido que ha pasado, que ya ni me acuerdo de lo que he hecho, y de la vida que transcurre sin darnos respiro, pero es que en mi veraneo mi madre y mi tía son dos personajes muy principales.
Ahora que ha llegado septiembre se despiden, con pena y muy mal rollo, de sus amigas, cuñadas y y primas, que pasan un par de meses allí.
- Ya no nos veréis más, - se dicen las unas a las otras.
Y se quedan mirando cómo se va el sol por poniente, por allí se va a Madrid, y todos nos vamos a trabajar y ellas se quedan con su Lorenas, esperando que los fines de semana hagamos una pausa y volvamos a esa vida tan rara y tan larga que disfrutan en su casa de Sigüenza.
Se acabó el verano, pero el otoño es una estación preciosa.
VAYA POR DIOS
Pues eso, vaya por Dios, que ha acabado el tiempo de tumbarse al sol y quemarse la piel y de nuevo empieza el curso, ya puedo ver mi mesa llena de papelajos. Vuelvo al trabajo, al ordenador, y a los madrugones. Dura poco la felicidad en casa del pobre y mi reencuentro con este blog es también algo duro. Dejé un sustituto y me ha dado sopas con ondas, ahora se despide dejando a los lectores silenciosos, los que entran y salen de mi blog sin romperlo ni mancharlo, interesados e intrigados. Y yo con esta galbana, no sé si abandonar y dedicarme a la reflexión otoñal.
Maguinda me dice que nos vamos a comer el otoño, ella siempre tan positiva y tan amante de las emociones intensas, pero yo le he contestado no, nena, yo no puedo comer nada hasta el día de Navidad, que me he puesto muy gorda. Y ella: bueno, pues nos lo bebemos. Vale, eso es otra cosa, los líquidos dan menos trabajo.
También tendré que leer algunos periódicos a fin de meterme de lleno con el poder establecido, que es cosa socorrida y los políticos me causan un tedio infinito, qué fuerte ser periodista y tener una columna diaria, cómo admiro a Raúl del Pozo, que las escribe tan bien todos los días, algunos incluso de política.
Creo que mañana mismo veré a Princesita, tengo gana de que me cuente su veraneo de cuento, en Palacio, con los Rajás y las Ranis, ostras, qué amigas mas estupendas tengo.
Mi verano ha sido bastante tranquilo, todos hemos sobrevivido a las agencias de viajes, a las demoras de los aviones, a la diarrea estival y sé de algunos matrimonios que han aguantado el cuerpo a cuerpo durante un mes sin acudir a la Plaza Castilla.
Quizá los hermanos Eto estén ya en mi lugar de trabajo, ahí frente a la inexistente Torre Windsor, tan inexistente ya que no recuerdo ni cómo se escribe. Bar Eto frecuenta por las cercanías una tasca con mucho sabor, en la que se refugia a veces para olvidar a l pingüino, - por cierto ¿cómo se te ocurre, querido Bareto, escribir sobre animales con diéresis, con lo que interrumpe el discurso la diéresis? Y si no, dímelo a mí, soy de Sigüenza y estoy todo el rato a tortas con los puntitos, que parecen moscas y me distraen de los quehaceres.
En realidad tengo gana de ver a mis amigos, y a los demás, a Manola y a Alzacuellos, a Hommer, a Brújula, a Darío, a los Eto y a los otros. He vuelto, chicos.
Maguinda me dice que nos vamos a comer el otoño, ella siempre tan positiva y tan amante de las emociones intensas, pero yo le he contestado no, nena, yo no puedo comer nada hasta el día de Navidad, que me he puesto muy gorda. Y ella: bueno, pues nos lo bebemos. Vale, eso es otra cosa, los líquidos dan menos trabajo.
También tendré que leer algunos periódicos a fin de meterme de lleno con el poder establecido, que es cosa socorrida y los políticos me causan un tedio infinito, qué fuerte ser periodista y tener una columna diaria, cómo admiro a Raúl del Pozo, que las escribe tan bien todos los días, algunos incluso de política.
Creo que mañana mismo veré a Princesita, tengo gana de que me cuente su veraneo de cuento, en Palacio, con los Rajás y las Ranis, ostras, qué amigas mas estupendas tengo.
Mi verano ha sido bastante tranquilo, todos hemos sobrevivido a las agencias de viajes, a las demoras de los aviones, a la diarrea estival y sé de algunos matrimonios que han aguantado el cuerpo a cuerpo durante un mes sin acudir a la Plaza Castilla.
Quizá los hermanos Eto estén ya en mi lugar de trabajo, ahí frente a la inexistente Torre Windsor, tan inexistente ya que no recuerdo ni cómo se escribe. Bar Eto frecuenta por las cercanías una tasca con mucho sabor, en la que se refugia a veces para olvidar a l pingüino, - por cierto ¿cómo se te ocurre, querido Bareto, escribir sobre animales con diéresis, con lo que interrumpe el discurso la diéresis? Y si no, dímelo a mí, soy de Sigüenza y estoy todo el rato a tortas con los puntitos, que parecen moscas y me distraen de los quehaceres.
En realidad tengo gana de ver a mis amigos, y a los demás, a Manola y a Alzacuellos, a Hommer, a Brújula, a Darío, a los Eto y a los otros. He vuelto, chicos.