Blogs.ya.com Quitar publicidad
Desayuno de trabajo
Opinión, cultura, comentarios de oficina y sobre la vida en general.
Sindicación
 
MURALLAS

Vuelvo a Madrid, como todos los domingos, a primera hora de la mañana. El campo es un gran bizcocho frío y espolvoreado de azúcar glas. A lo lejos, entre las nubes espesas y sobre ellas, el pico del Alto Rey brilla bajo un sol altisimo, blanco y saludable como si fuera un monte de Suiza, tengo que leer otra vez La Montaña Mágica, he pensado. Mientras, en la radio hablan de murallas, de las murallas que cada uno se fabrica alrededor de su persona y de su intimidad.
Pienso entonces también en los personajes de este blog, cada uno encerrado en su parcela, amurallado, asumiendo el papel que representa. Me irrita un poco que ninguno de ellos parece que haya leído el post o, si lo ha leído, lo ignore. Quizá Maguinda, quizá alguno de los homenajeados y/o felicitados, pero al margen, cada uno sigue con su historia, han conseguido una identidad más verdadera que la que se esconde tras ellos, Biscuter en su eterna, y tan hilada, investigación detectivesca, Manola y Alzacuellos en su torrentina o torrentera, (de Torrente, o sea) lascivia, nostálgicos todavía del inefable MA, Hommer en sus amores perdidos, Princesita en su altivez, Soneto en su alma endecasílaba, todos. Sólo los animales de Bar Eto saltan alguna vez su cercado y comen un poco de hierba en mi parcela. El resto sigue amurallado, como yo y como cada quisque a quien no paguen en Salsa Rosa. Mis amigos entran gratis, son plumas superdotadas y me encanta su intervención y su amistad, pero me gustaría que dejasen un resquicio para ver si en un momento de abandono les sorprendo con los calzones tendidos.
He pensado mientras bajábamos por Torija y traspasábamos el castillo de irás y no volverás, que lo más íntimo de una persona es, creo yo, su cuenta corriente. Hablamos con desparpajo de lo humano y lo divino, de asuntos familiares, de problemas con amigos, de nuestros maridos y mujeres, de nuestros hijos, de sexo. Pero la cuenta corriente es otra cosa, la tenemos blindada y escondida a los ojos del mundo, como si fuera una monja de clausura. El dinero es nuestro dios, el dueño de nuestra alma, nuestro secreto más oscuro. Qué curioso.
El coche es otra muralla que nos hace niños-burbujas por la carretera. Mientras viajo en el coche, pienso mejor que en ninguna otra parte del mundo. Todo el universo va desfilando por el parabrisas, por las ventanillas no puedes cerrar tu pensamiento, todo pasa a tu lado. Sigo con los ojos una uve de patos blancos e/inmigrantes, continúo mirándolos por el espejo retrovisor. Ellos, los patos emigrantes, o in, no tienen murallas insalvables. Ellos se ponen detrás del sherpa y pasan fronteras sin necesidad de vender su vida por una patera.
Pues a lo que voy, que creo que incluso este blog es para mí una forma cómoda de traspasar murallas y que me gusta ir en coche siempre que no sea yo el vértice de la uve, o sea, el conductor.


 
ANTONIO

El mes de noviembre es variado y muy distraído: empieza en lo laboral con puentes, santos, muertos, almudenas; y en la naturaleza con un otoño de miel en los hayedos, cielos incomparables, parras rojas deshojadas por el jardín. Melancolía y decadencia . Hacia la mitad hay un ensayo de invierno y los grises cierran filas, incluso nieva un poco en los cerros cercanos. Después de estos acontecimientos, noviembre se despeña hacía el 20-N, el día del otoño del patriarca, día que una vez muchos esperamos desesperadamente, si es que se puede decir este sinsentido.

En este blog, que ya se está haciendo histórico, he dejado constancia de las bondades de algunos de mis parientes - he hablado de Ja, de la tía Nena, de Toya, de Aurora, de mi primo el del Ayuntamiento, de mi cuñada, de mis amigas Virtudes y Sofía Loden - y hoy le ha tocado a Antonio, mi primo el abogado, porque el día 20 además de ser el día que es, o sea 20-N, es su cumpleaños.
Antonio, conocido en la familia como Antoñito de Logroño, por haber visto la luz en esa bonita localidad riojana, patria del buen vino y de las tapas de oreja de cerdo, entre otras exquisiteces culinarias, era en su infancia un niño despierto, de flequillo rubio y gafas redondas, simpático y de voz aguda, aficionado a los toros y al cante. Hoy en día sigue despierto y con gafas, su voz ha derivado hacia un agradable barítono, el flequillo ha ido a bastante menos, sigue siendo aficionado a la fiesta y su simpatía permanece intacta. Su vocación de cantante cristalizó en varios discos de éxito y en una extraordinaria versión de “Poetas Andaluces” que en días de vino y rosas- más vino que rosas - entonamos los miembros de la familia a varias voces.
Viajero impenitente y escritor intuitivo y ameno, es autor de más de 13 - por decir un número - libros de viajes, editados y encuadernados primorosamente por Aurora, que no tienen nada que envidiar a los de Paul Morand, Julio Verne o Javier S. Reverte (esto último me ha quedado como en los libros).

- Algún defecto tendrá – me diréis.
- Pues… creo que no sabe dibujar – contesto yo misma – y que no come tapas de oreja, ni congria, ni queso, ni vísceras, ni muchas cosas más. Para eso de comer es raro, raro… y, cáspita, que casi se me olvidaba, él también tiene un poco de talante.

La verdad es que lo del talante lo había olvidado aposta porque luego se forma mucho lío y me marean con lo que digo y dejo de decir.

- Tendrá todo el talante que quieras – dice Pedro – pero Antonio es muy amigo de sus amigos. Y eso es la pura verdad.

Noviembre tiene fama de ser triste, pierde poco a poco la luz del sol y los colores del otoño empalidecen hasta desembocar en un auténtico puré de judías. Pero sin duda lo mejor de noviembre son Antonio y las setas.

Este año ni media, por cierto.

 
GRISES

Esta mañana, cuando hemos salido de Sigüenza, estaban nevados los altos del cerrillar. La nieve se arremolinaba entre las matas amoratadas y se comía las setas de cardo definitivamente abortadas por el frío.
Luego, ya más abajo, Pedro y yo hemos surcado un paisaje absolutamente gris. Por el gris indiferente de la carretera y contra el gris panzaburra de las nubes, que se pegaban al campo indecisas, sin saber si llover o nevar o qué, esperando alguna orden misteriosa del alto comisionado del tiempo.
Esta elegancia gris parecía una lección de la naturaleza contra el rojo del fuego de Paris, contra la sangre vertida por los violentos, contra la cresta envenenada de la gripe aviar. Iba yo en el coche, contemplando el mundo grandioso que nos rodea, que se disfraza de colores para cada estado de ánimo y para cada situación. Ha sido un viaje del alma por los grises, introspectivo y un poco sepulcral, pero muy , muy hermoso.
En otro orden de cosas, aprovechando que estamos compuestos de alma y cuerpo, y el cuerpo pide mucho pan, anoche hicimos un ensayo de choco, pero por lo privado. Fue una cena futbolera en la que consumimos, durante el recreo de los jugadores, una gran cantidad de alimentos suculentos . Creo yo que debido a la rápida ingesta, he pasado una noche regular y en los ratos que he conseguido dormir, he soñado cosas bastante estúpidas.
En una de estas fases rem he soñado que mi primo el abogado - no confundir con el primo del Ayuntamiento, que éste es otro - era nombrado Gobernador del Banco de España . Para festejar el acontecimiento, y no por inusitado, que a mi primo le sobran dotes para ser nombrado esto o lo de más allá , le habíamos organizado un homenaje por todo lo alto, y a mí se me habían encomendado una serie de gestiones para reunir a los amigos antiguos y modernos, a los compañeros y a los parientes. Bueno pues un desastre. Se me había olvidado todo y de lo único que me había acordado era ir en busca del Padre Maruri a los Cerros de Úbeda. El padre Maruri y un Chantre que molaba bastante han cantado juntos algunas coplas extremeñas. Y todo ha resultado bonito. Bien está lo que bien acaba.
Cuando me he despertado tenía un poco de fiebre, ya me parecía a mí que los sueños eran raros y también el viaje introspectivo por el centro más gris de mi alma y de Castilla La Mancha.
 
CHOCO
Mi primo el del Ayuntamiento nos obsequió este sábado con un glorioso cocidito madrileño. Con su sopita de fideos y con todo lo demás, sólo le falto eso que en la zona llaman matahambres, como si quedase hambre después de comerse un cocido. Mi tía Nena cuenta que en su casa, además del matahambres, siempre pusieron un plato de croquetas o de bonito asalmonado para rematar el cocido, pero a mí me cuesta trabajo creer que hayan crecido tan poco con esas comilonas que dice se metían en su tierma infacia entre pecho y espalda.
Al llegar al postre, mi primo el del Ayuntamiento, en un acto de íntima contradicción con el madrileñismo de su cocido, nos sorprendió vistiéndose, en vez de de Felipe de mi vida, o de la suya, de jordano, modelo que se ha traído de un reciente viaje por allí. Salió de la cocina impulsado por los aplausos de los comensales, con un camisón blanco con alzacuellos, el mantel de cuadros en la cabeza, la venerable barba y unas gafas de sol. Y, en la su mano derecha, un porro casero con hierbas de su cosecha, ya que en un viaje a Amsterdam se hizo con unas semillas. Es que mi primo es muy viajero.
Hace ya muchos años que no fumamos y a mí me daba no sé qué por si aparecían por el lugar de autos mis nietos con sus padres, los hijos regañan mucho por estos desvaríos de progres antiguos, pero aún le dimos unas caladas por no desairar al excelso cocinero. Y luego de reírnos un montón, nos echamos una siesta.
Este primo que cito, el día de la boda de Toya , sin duda con unas copas de más, se juntó con un amigo, cocinillas también, y juntos decidieron montar un choco, esa cosa vasca dónde no dejan entrar a las mujeres. Ya han hecho los Estatutos y en esta ocasión dicen que sí van a dejarnos entrar . Se proponen cocinar entre otras cosas: Congria, conejo, cordero, calostros, liebre, callos, caracoles, bofe con arroz, sesos con su cabeza, sangre, hígado, bacalao y otros platos de ese porte. Y, claro, la señora de mi primo, que tiene una lista de lo que no come que empieza en la A, con abadejo, y acaba en la Z con zamburiñas, le ha dicho a su marido (y mi primo) que devuelva el estatuto o le haga una enmienda a la totalidad. Y es que la política se cuela en nuestras vidas por todas las rendijas.
De todas formas es sospechoso que, si en estas cosas no dejan entrar mujeres, digan en los estatutos que bueno, que vayamos ... ¿tendrán alguna intención torticera, como asuntos de limpieza o así? Me escama sobre todo el traje de jordano ¿será un modelo simbólico?
Estoy que no vivo.
 
VIVIR/MORIR

Hace unos meses hablé en este blog del Heredero del Heredero. Hoy ya puedo concretar y puedo decir que el heredero es una heredera, que se llama Leonor y que ha venido al mundo, no con un pan debajo del brazo, como otros niños de su generación que han tenido el privilegio de nacer en España o en el mundo civilizado, sino con una corona real en la cabeza. Sin duda por eso ( si es difícil parir una cabeza monda y lironda, una corona debe ser prácticamente imposible) tuvieron que hacerle la cesárea a su mamá, quien a partir de este nacimiento, de este venir a vivir al mundo de la heredera, se ha convertido en Doña Nadie, o todo lo más, en la Mamá de Leonor. Es lo que tiene la vida, que desaloja mucho a los que van delante.
Esta pequeña reinecilla trae también bajo el brazo la reforma de la Constitución y eso creo que no es propiamente pan, sino una torta de chicharrones, pero en todo caso ella será una niña querida, mimada y muy privilegiada porque, sólo por vivir, ya tiene casa, colegio, educación y trabajo. Escribe Raul del Pozo un artículo redondo, Leonor y el odio, se llama. Yo te deseo amor, Leonor, como se lo deseo a todos los que todavía tienen la ¿suerte? de vivir.

El sábado fui al cementerio de Sigüenza y, si me permitís esta palabra estomagante, es recoleto. Pues sí, es muy recoleto y el día que estuve allí estaba recién lavado, Dios había regado a sus muertos y lucía el sol en cada lápida. Los cipreses brillaban como la seda y olían a mirra, me parece. Daba gana de quedarse. Mi tía Nena, que ya ha cumplido los noventa, se resistía a visitar a sus deudos: ¡Para qué voy a subir hoy! - exclamó. Y añadió con toda la razón - ya tendré tiempo de aburrirme allá arriba. En cambio mi madre se puso un abrigo y se montó en el coche de Toya de un salto, le gusta salir aunque sea al cementerio y eso que luego dijo que conocía a mucha más gente muerta que viva. La pura verdad.

Pues en Sigüenza estaban todos los muertos tumbados y callados y los vivos comprando flores horrorosas a precios de escándalo y hablando sin parar. Tuve que disculparme con mi padre por llevarle margaritas de noviembre y no una copa de vino y un pincho de escabeche que es lo que a él le hubiera gustado. Somos hipócritas.

¿Estarán por ahí nuestros muertos? El clero seguntino jura que sí, que están unos en la gloria con nubes y rayos y otros en el tenebroso averno. Yo pienso que si estuvieran por aquí lo habríamos sabido, mi abuela nos habría dicho algo, es lo mínimo Yo creo que están en los genes y en la memoria de los vivos, siempre más favorecidos de lo que eran en la realidad de sus vidas.
Nuestros muertos más queridos son ese dolor crónico con el que nos encontramos cada noche, pero según trancurre el tiempo te acostumbras, los acoplas en tu vida, y acaban siendo los únicos que nos acompañan sin cambios, los que nos quieren sin condiciones, los que nunca nos traicionan. No envejecen, no enferman, no fracasan y no tienen asuntos propios. Caramba, tienen muchas ventajas.

Por ellos es tan bonito vivir. Y al final te queda el premio de quedarte en la memoria de los que te han querido y nada más.