MÁS NAVIDAD
Mañana nos vamos a Sigüenza a pasar les vacaciones de invierno, o sea, la nochebuena, la navidad y el fin de año. Fiestas agotadoras, tantas compras, tanto lío. Es la sociedad de consumo que nos exprime y nos devora.
Hace muchos años, cuando yo era una niña con flequillo, íbamos a Sigüenza, a casa de mis abuelos, y allí habían dado cera al suelo y brillo al piano, habían puesto el belén y la cocina estaba encendida día y noche. En el lavadero del jardín había matanza y los niños pasábamos el día subiendo y bajando por las escaleras heladas del jardín, con unos pequeños delantales hechos de sábanas viejas. Subíamos al desván a husmear por los oscuros rincones para descubrir tesoros y bajábamos al lavadero a ver cómo se hacían los chorizos y por si nos dejaban picar piñones para las morcillas. Todo el mundo se afanaba junto al fuego bajo, un intenso olor a especias lo impregnaba todo y, en tablas enormes, el cerdo despiezado era una invitación a hablar con susurros. Era una ritual muy cercanoa la naturaleza, a la vida y a la muerte
Mi padre tocaba el piano en el comedor, los mayores, hombres claro está, bebían jerez por la tarde. En la cocina las mujeres, claro está, calentaban las planchas para alisar los manteles, y por la noche subía la rondalla por la escalera de madera, asmáticas zambombas de olor a ajos, botellas de anís del mono y panderetas.
Pero esto era hace tantos años, ahora parezco el abuelo Cebolleta con la nostalgia. Mañana también vamos a Sigüenza, también estará helado el jardín, apretado de hielo el pilón de los peces de colores. Pero ningún niño de la familia de hoy ha visto la matanza del lavadero, que se derrumbó antes de que nacieran, las planchas han sido sustituidas por centros de vapor y creo que en general y hablando de asuntos domésticos estrictamente, hemos mejorado muchísimo, pero me parece que para nuestros niños la ilusión es la misma. Yo no voy a hacer matanza, pero puedo dar brillo a mi IPod y poner música de navidad, llevaremos a los niños a ver a las rondallas. Toya y yo sacaremos los manteles y les pasaremos una plancha de vapor. Y los niños correrán de arriba abajo, habrá en nuestras casas jornadas de puertas abiertas, habrá regalos, una buena cena y por fortuna seremos casi los mismos que el año pasado (se ha rajado la tía Marisa, que está convaleciente). La tía Nena dirá qué rico todo y mi madre preguntará varias veces el motivo de tanta celebración y tanto regalo.
Y dentro de muchos años, los niños recordarán sus navidades infantiles como yo recuerdo las mías: dulces, llenas de gente y muy felices a la luz dorada de la nostalgia
IDAYVUELTA
El viernes fuimos a Sigüenza de noche y tengo que decir que la luna parecía un queso manchego y que el cielo era intensamente azul y cristalino, había estrellas a puñados y algunas nubes blancas se mecían a lo lejos: era una noche de cine. Incluso percibí entre las estrellas algunos objetos volantes no identificados, pero no dije nada por si Pedro se distraía.
Al pasar por La Beltraneja, urbanización en mitad del páramo castellano, allí donde murió el niño Dónovan Párraga, de extraño nombre y triste destino, pensé que si yo fuera una mujer libre y una escritora de verdad, me vendría con mi portátil a pasar un par de meses a La Beltraneja, viviría esa vecindad que ahora no puedo imaginar, y escribiría una novela negra sobre esa muerte terrible y sin resolver. Siempre que paso por aquí pienso lo mismo, porque hay ahí, entre esos matorrales negros, algo maligno que tira de mí…¿a que acojona?
Ayer, sábado, nos invitó Colin, estupenda anfitriona y excelsa cocinera, a comer a su casa. La casa estaba preciosa, la comida era magnífica y la dueña del garito estaba ya cocida cuando llegamos, así que los invitados - que éramos el primo abogado y Aurora, el primo jordano marrano del ayuntamiento y Concha y Pedro y yo, nos reímos mucho, echamos de menos a Toya, que no asistió, y a Paco que tampoco, y a la hora de los postres ya llevábamos cuatro botellas de Calzadilla y una de licor de café casero. El del ayuntamiento, que es partidario del tripartito, aportó una botella de freixenet, que no llegamos a apurar, pero no fue por el boicot, sino por falta de tiempo. Nos comimos todo y sólo sobraron, a mi gusto, besos, abrazo y alguna declaración de intenciones, esas cosas son muy propias de la intoxicación etílica.
Por la tarde mareamos a Ja y la tía Nena sentándonos en la camilla y hablando todos a la vez, como si fuéramos miembros del coro de esclavos de Nabucco, pobres, qué tarde les dimos. Y para postre y a causa de los excesos he soñado que a Julia (mi jefa) y a mí nos echaban del Ministerio. Yo me reía, pero Julia estaba muy cabreada. Decía: “No te rías, que tú no dabas golpe, pero a mí, que me paso el día currando, me sienta fatal”.
La vuelta esta mañana, después de desayunar con Martita, por un sendero de escarcha, el cielo radiante, música italiana de Adriano Celentano, y a lo lejos una fila de montañas nevadas. De banderas al viento ni rastro. Ha pasado mucho tiempo.
NAVIDAD
Rozando las fechas navideñas, suelo ponerme mustia y de mal talante. Una diría solamente "talante", como dicen cuando se trata de Zapa, pero yo sé, el sabe y todos sabemos, que su talante, como el mío en navidad, suele ser de natural malo. A él se le nota menos por los dardos azules de su mirada (apud Sr. Ortiz) y la obligada sonrisa, que le hacen cara de bueno, pero lo cierto es que, en navidad, Zapa y yo estamos muy presionados y le comprendo como nunca.
Las compras (él de crudo, de bancos, de políticos y esas cosas, y yo de regalos, capones y besugos) nos traen a los dos a maltraer, te quedas sin un euro en los presupuestos, y además no se te ocurre nada. Sin contar con la de vueltas que hay que dar para encontrar algo que mole. Porque a Zapa, como su propio nombre indica, le gusta mucho quedarse en casa y con zapatillas, lo mismito que a mí, que no me parezco en nada a Princesita y odio ir de shopping. Ojalá lo haya escrito bien, que luego me regañan los anglohablantes en la oficina.
Mientras yo pienso qué le compro a mi tía Nena, un suponer, Zapa se devana los sesos con el regalo de Montilla, por ejemplo. Si mi tía Nena es difícil, porque no ambiciona nada, qué será de Montilla, que le sobra dinero para que vivan tres generaciones de montillitas sin dar ni chapa y tiene de todo menos caspa.. ¡Madre mía, me dan mareos sólo de pensar que estas navidades tuviera yo que comprar regalos a Pepiño, a Carod o a la vicepresidenta, que es tan pijilla!
Le estoy cogiendo simpatía a Zapa, porque me muy siento identificada con él…¿Cómo se puede andar por ahí con talante (bueno, claro) teniendo esta presión navideña que no sólo afecta a la cartera, sino también al corazón? Si a mí, funcionaria de tercera, se me hielan los pulsos de pensar en lo que me queda por comprar, él, con esa tremenda responsabilidad de quedar bien con todo el mundo sobre sus espaldas, tiene que estar machacado y todo el día hablando con la Benarroch, que ésa si que tiene buenas ideas, y lo mismo le niquela un pendiente para Otegui que se mea la perra, que le sugiere una pashmina ideal de la muerte, para la de Cultura.
No sé por qué me ha venido a la mente este paralelismo con ZZP y es que le veo tenso por las fiestas que se avecinan. Nunca se me hubiera ocurrido en verano, yo en la municipal de Sigüenza y él en yate por el mediterráneo, pero ahora sí, ahora Zapa y yo tenemos mucho en común.
CONSTITUCIÓN
Sin moverme de Madrid, que me gusta celebrar el día de la Constitución aquí, donde lo celebré la primera vez. Eran días de vino y rosas y de algún porro, muchos amigos y un solo y muerto enemigo. Bueno, en realidad los enemigos eran muchos, pero más que nada, las ideas metidas en nuestras propias cabezas. Sin embargo, fue una celebración unánime, qué palabra más fea para decir algo bueno, pues eso, unánime, porque unos celebraban la libertad y otros se acababan de liberar del miedo que les atenazaba pensando que después del dictador volvería la guerra. Pero celebramos el día en paz, la esperanza se repartía por todas las esquinas, creo recordar que había un sol de diciembre y una alegría general.
Hoy me he asomado a la misma ventana de entonces, he visto el mismo sol y he pensado que todo es tan distinto. O no. A lo mejor sólo cambiamos nosotros, la luz sigue tal como era cuando teníamos treinta, el cielo resplandeciente y el pálido sol de invierno, pero ahora llevamos gafas, el sol brilla la mitad y han pasado tantas cosas, tenemos varios quilos de más y el código de barras nos lastra la sonrisa, los chicos de entonces somos incapaces de reconocer los mismos escenarios de aquel día, nos falta la alegría, bueno, nos falta la juventud.
Y el ocho de diciembre era antes el día de la madre. Vaya regalos que hacíamos las niñascon las monjas, todito filtiré. En cambio mis hijos me hacían setas de arcilla, grandes, horrorosas y dibujos con palillos que tenía que exponer todo el año en el salón, eran tiempos muy alternativos. Yo les amenazaba con regalarles a ellos en su cumpleaños cosas parecidas, trabajos manuales con pinzas de la ropa, y ponían el grito en el cielo.
Este puente largo me ha tocado pasármelo en un hospital con mi tía Marisa. No es buena enferma, no quería desmaquillarse ni quitarse las bragas para la operación. Por lo visto esperaba que un amigo suyo, llamado Macorra, viniera en moto a visitarla y no quería recibirlo sin arreglar. Luego Macorra le ha fallado, porque le habían operado de cataratas y le lloraban los ojos en la moto. La feliz pareja tienen más de 175 años a repartir a pachas. Estas señoras son incombustibles.
AMIGOS
Este fin de semana hemos rifado las papeletas para el amigo invisible. A mi me ha tocado un amigo fácil, le gustan los regalos en general, así que por este año, en vez de romperme la cabeza por las tiendas, iré, compraré algo que me guste y quedaré, creo, bastante bien. Porque aborrezco las tiendas y las navidades y, simplificando el trámite, se dulcifica el ajetreo navideño.
Dentro de los amigos que uno considera como tales, los hay de todas clases: Amigo invisible, amigo imposible, amigo constante, amigo inservible, amigo insufrible, amigo irresistible, amigo inaccesible, amigo increíble, amigo improbable, amigo incompatible, amigo adorable, amigo aparente y ahora, con esto de los blogs, amigo virtual y amigo on-line. Y no se acaba ahí la cosa, hay también amigos imaginarios, amigos advenedizos, amigos falsificados, amigos de conveniencia…pero yo me quiero referir sólo a los verdaderos. A esos amigos con los que has pasado ratos inolvidables, con los que te has reído hasta morir, unidos por el mismo sentido del humor, sólo por una palabra o una situación.
He estado reflexionando sobre la inmensa suerte de tener amigos y es algo en lo que no he tenido problemas, he sabido elegir muy bien, es una habilidad que da muchas satisfacciones. Yo me equivoco mucho porque soy insegura y dubitativa, pero en cuestión de amistad, supe decidirme por los mejores y creo que tengo un nivel óptimo de amigos, gente inteligente, simpática, guapa y divertida que muchos me envidian. Que tengo buen ojo para los amigos, vaya.
Cuando un amigo es amigo, es para siempre, no importan las discusiones y los desacuerdos. No importa que se vaya a vivir a La Patagonia, no importa que enferme y se muera. Bueno, eso sí importa y mucho, importa para el dolor, pero no para la amistad, porque esté donde esté, él tiene el hueco en tu historia y tú en la suya, y eso es algo permanente. Otras veces un amigo te traiciona y no una vez, sino siempre. Y tú piensas que ya lo sabías, pero no puedes dejar de considerarlo amigo, es como el Hermano Lobo, su traición está en su naturaleza.
Pero en general debo decir que lo bueno de los amigos es que, conociéndote, tienen mejor opinión de ti que tú mismo y te perdonan cosas que tú no te puedes perdonar. Caramba, espero que mis buenos amigos me perdonen el rollo de hoy.
A propósito de perdones, oye Manola, que perdones a Soneto, que me ha pedido que interceda contigo. Él dice que ya se disculpó y que le pones mucho. Anda, mujer.