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Desayuno de trabajo
Opinión, cultura, comentarios de política y sobre la vida en general.
Sindicación
 
REBAJAS


Me paseo por las principales rebajas de Madrid con mi cuñada. En la calle hace frío y Madrid tiene un aire grisáceo muy de finales de enero por la tarde. En las rebajas veo a muchas señoras cansadas, con ojeras, a nadie le brillan los ojos con la ropa de rebajas, pero en algunas esquinas ha florecido la primavera del cortinglés y algunas ilusas se acercan con ilusión. Nada más aburrido que las rebajas, porque las compras que apetecen son caras, sorprendentes e inútiles. Volvemos hartas y sin comprar, con una urgencia de llegar a casa, quitarnos los zapatos y sentarnos en la butaca a ver, aunque sea, un concurso de la tele.

Madrid, desde la ventana de mi dormitorio, ha encendido todas sus luces, mostrando su cara de capital y todavía allá a lo lejos brilla una nube de bordes rojos, detrás de las picudas torres del Ministerio del Aire. Bonita dedicación para un Ministerio, deberían ocuparse de tenerlo transparente y en condiciones para el consumo humano.

A propósito del aire, ha mejorado mucho en la oficina, pero ahora la mayor parte del funcionariado está en los aparcamientos echando humo y cogiendo un catarro de bronquios. No sé si algún día se decidirán por la revolución, últimamente la gente se está aborregando mucho.

A mí en realidad me molesta el humo de los cigarros ajenos, yo soy una arrepentida, pero me da nostalgia, me gustaba fumar, tomar una copa alguna vez y ser un poco mala por las tardes (por las mañanas menos) y hoy priman, solo en apariencia, la salud y el talante. Ha pasado el tiempo del humo y lo que se llevan son los desodorantes y el antiguo deportivo en chandal, luchando por mantener la panza a raya.

Parece pues que el humo ha dejado de ser una leyenda, y sólo por recordar, ayer vi Cayo Largo, maravillosa, Bogart fumando sin parar y E.G.Robinson también, Bacall guapisima, modernisima. Esos hombres tan complicados hundidos en la niebla densa del tabaco, me fascinan. Pero el humo ya no ciega mis ojos y también ha pasado el tiempo de la lluvia fina a la salida del cine y el tiempo de los gansters malos y de lujo, así que sólo nos quedan las películas de Huston para recordarlo.

Y ya van dos días hablando de Bogart, pero algo hay que hacer para escapar de esta rutina de oficina, rebajas y prohibiciones. ¿Qué se sabe de la revolución pendiente? Tendremos que hacer alguna cosa que nos devuelva el brillo de la vida.
 
SIGÜENZA/USA

Vamos a Sigüenza a pasar el fin de semana, como siempre. He conseguido que lo que repito todos los viernes me parezca distinto gracias al viaje por la carretera, unas veces por autovía y otras por autopista. Pero no es el camino lo que cambia, es la luz, las nubes, la música de la radio, los estorninos, que se han constituido en banda alada y ahora van todos juntos dibujando banderas negras sobre el cielo. Cambia el rumbo de aterrizaje de los aviones por el viento y cambia sobre todo mi estado de ánimo.

Cuando paso por Guadalajara hago una pequeña concesión a mi infancia lejanísima, con uniforme de las francesas. Pasamos por el castillo de Torija y llegamos al páramo de Trijueque, poco más allá se tiende amenazante la urbanización llamada La Beltraneja, lugar del crimen, donde algún día tendré que quedarme. Al pasar imagino que el coche derrapa y ¡pumba!, nos estrellamos y muero dejando sin resolver el misterio que me tienen encomendado.

Me gusta ir a Sigüenza porque tengo parientes, parientes-amigos y amigos-amigos. Mis hijos se han ido a Seattle, o sea, a USA, donde también tienen amigos. Maguinda vuelve de USA y tiene amigos en la ONU. ¡Qué itinerarios tan distintos! Paloma sobrevolará el verde Estado de Washington y Maguinda rozará los rascacielos de NY, mientras yo me estrello en La Beltraneja con un alboroto de estorninos, entre los espinos y los alcornoques. Pero en todos los casos la causa de la movida, sea por trabajo o por turismo, acaba siendo la amistad. Qué bonito.

Dice la tía Nena que ha hecho arqueo y que este año ha gastado lo mismito que el año pasado: Cinco millones de euros.
-¿Has apuntado todo? – Indago atónita
- Lo gordo no, sólo el menudeo – Precisa ella.
El menudeo de la Tía Nena es fundamentalmente la tienda de la Merceditas, que es muy carera, pero no creía yo que lo fuera tanto.

Mientras vamos y venimos, ZP nos coge desprevenidos, se entrevista con los catalanes y se pone de acuerdo con don Artur y con un heladero. Como veo que mis amigos del PSOE callan, no me atrevo a preguntarles si les gusta. He visto a Carod en la tele, con el talante regulín y con ese lugarteniente que se bañó en casa de Pedro Jota, y dice que el acuerdo es degradante y no le ha gustado nada, estoy por declararme proclive, para distinguirme. Dios nos asista y todo sea para mayor gloria de España. Y de USA.

 
PRINCESITA

Madrid me mata. Esta noche he disfrutado del concierto de un tipo con una caja o cajón que viene a amenizar las noches de Argüelles. No sé de qué nacionalidad era, dicen que hay en Madrid un 16 por ciento de extranjeros, pero creo que debería ser requisito indispensable para aposentarse en la capital, de momento, de España, el que, vinieran como vinieran, se dejasen en su pueblo la caja. Anda, gordo, por fi, ponlo en alguna ley, majete (esto se lo pido a ZP, a ver si me hace caso).

Había prometido colgar un post en conmemoración del cumpleaños de Princesita, Pachi, Pachanga, Sofía Loden, y me pongo a ello. Conocí a Princesita hace casi veinte años, cuando todavía era simplemente Pachi, al mismo tiempo que a Maga, y entonces ellas eran don pibas con las que me reía hasta morir. Hemos seguido juntas a través de muchas peripecias laborales y nos hemos reído un montón, también hemos sufrido juntas lo indecible y a estas alturas de mi vida no podría prescindir de su amistad, porque ellas hacen que me olvide de que Madrid me mata algunos días, algunas noche y todas las mañanas cuando sueña el despertador. Cuando las encuentro en la oficina me reconcilio con el mundo en general por lo estupendas que son.
Entre mis mejores amigas, si Maguinda es la imaginación y la aventura, Princesita es la fuerza de la razón, perfeccionista hasta el límite, inteligente y voluntariosa.
A Princesita le acompaña el misterio y eso indudablemente le da mucha profundidad, porque , como todos, ella tiene su talón de Aquiles y su sino es enamorarse hasta el tuétano de los hombres más fuertes y arriesgados, más ricos , más aventureros, así que su pasado es denso y secreto como de película de Hollywood.
Princesita es lo más cool de la oficina, el arbitrum elegantiae del Ministerio. Ella convierte el pasillo el la pasarela Cibeles y contradice la creencia de que las funcionarias vestimos de funcionarias.
Princesita nos redime de nuestros baldones, conoce a todos los chefs de Madrid y del universo mundo, sabe de vinos y de diamantes, de hoteles de lujo y de obras de arte. Viaja con Louis Vuiton, se relaciona bien con los franceses de la Avnu. Montaigne y seduce a los príncipes orientales. Y además es graciosa, divertida y tabernea en Madrid fenomenal.
No sé, hija, Princesita ¿qué coño haces en un sitio como este?
 
RÉGIMEN


En Sigüenza nos hemos puesto a régimen toda la pandilla y vamos tristemente por los bares de fumadores, aunque nosotros no fumamos, pidiendo zumo de tomate y un puerro con aceite y vinagre.
Las meriendas de la tía Nena son una guerra constante. Nereida arrastra el carrito con el café por el pasillo. Está triste esta chica caribeña y tiene una tristeza diría yo que provocativa:
- ¿Qué te pasa, Lorenas? - Pregunta su Doña Nena, para que veamos que ella sí se preocupa.
- Pues que he perdido el apetito, por culpa de los haitianos – dice la muy esaboría.
Yo me pongo a la defensiva le contesto con mala leche:
- Lo del apetito está bien, así adelgazarás un poco. Y lo de los haitianos, manda guevos, guapa. Tú vienes aquí a buscar trabajo y ahora no quieres que ellos vayan a tu tierra.
Pero es inútil discutir con Nereida/Lorenas porque no tiene memoria histórica. Ella cree que está delgada, que es rubia y que ha nacido en la Calle Mayor de Sigüenza.
Ja pregunta si esta Nereida es la misma que la Lorenas que otros días lleva un turbante. Por lo visto le gusta más la del turbante, y pide aclaraciones sobre la identidad de la dominicana que lleva dos años allí , cuidándola con mimo, que unos días es una y otros, otra.
Luego sigue la merienda y la tía Nena se preocupa: no queremos jamón, no queremos queso y no queremos madalenas. Ni siquiera queremos un polvorón que se amustia en la bandeja ya vacía de los turrones. Y es que nos hemos visto en las fotos de fin de año y hemos hecho el firme propósito de adelgazar.
El mayor exponente de la desolación es mi primo del Ayuntamiento, el jordano del choco, que además de ver las fotos, se ha hecho unos análisis.
- Una catástrofe – dice mi prima, y él asiente pálido y acongojado, sin dejar de mirar el polvorón. Por lo visto se ha pasado este último trimestre con una guardia municipal, que le acompaña en las inspecciones urbanísticas, en un bar de bocadillos
- Hay unos de jamón, con pan de baguette tostado y crujiente, aceite de oliva y dos o tres patatas frititas. La muerte – rememora con pasión.
- Pues eso – le contesta su señora – la muerte, así que ya sabes…
Tiempo de expiación.

A la vuelta atravesamos Pedro y yo una espesa niebla, a ratos mojada, a ratos pegada a los campos. Es una mañana inglesa - castellano- manchega. Me pregunto si ahora que los asuntos territoriales están tan liados y son tan inciertos, los castellano-manchegos podríamos anexionarnos a la Pérfida Albión. Según están las cosas yo lo preferiría.
 
NOSTALGIA

Hago una visita retrospectiva a mi blog y me doy cuenta de que la mayor parte de lo que he ido escribiendo es una invitación a la nostalgia. El resto pinchazos políticos, creo que muy merecidos, pero no sé si el resto de los contertulios los comparten. Claro que mis amigos van a lo suyo, que suele ser de entrepierna, y conmigo comparten más bien todo lo que es el espacio físico o como sea este espacio que yo ocupo aquí semana tras semana. Bueno el caso es que este año me gustaría darle al blog un giro más novedoso y de actualidad y para ello me propongo hablar los jueves de Madrid, bonito título para una canción, y los domingos de Sigüenza. No sé si esto es actualidad, pero lo que veo de actualidad me obliga a esta limitación, no vaya a ser que me formen un Comité de Vigilancia del los Blogs y me hundan.

Mi vida se compone últimamente de dos partes: Parte Primera: La semana laboral en urgencias con la tía Marisa y la compañía inquebrantable de la tía Rosi. Ninguna de las dos cumplen los ochenta y cinco, y ¡mae mía de mi vida! que diría Mari Carmen Cañizares, vaya juergas que nos corremos allí. La Segunda Parte o fin de semana, es la de irme a Sigüenza. Allí me esperan Ja y la Tía Nena: 90 y tantos esplendorosos años, con su oxígeno y todo. El sábado es el día del SPA, salus per acuam, día consagrado a los juegos de agua y jabón y jugamos a las cartas. Y por la noche, de bares.

Menos mal que mientras tanto voy a la oficina y a la compra, que si no pensaría que esta vida es un rollo macabeo. Pues no. Esta semana he ido un día al cine, con Pedro y con Isabel, a ver Manual d’Amore, muy buena. Anoche vi en la televisión El Halcón Maltés, estupendo Bogart, tan serio, pero tan hablador, y diciendo esas frases lapidarias: “Está hecho de la sustancia de la que se forjan los sueños”, o sea, de lo mismo que este blog, y otras más que Dashiel Hammet, ¿o era Raymond Chandler?, me corroe la duda, escribió, yo creo que pensando en este hombre triste y apuesto, que han pasado a la historia del cine.
Bogart fumaba mientras pegaba, mientras disparaba y mientras besaba, para darle en los morros a la Sra Salgado y para rodearse de una espesa y misteriosa niebla. Ya no quedan hombres así, por favor.
He desayunado con mis amigas las rubias y con Bar eto, en pleno mono de tabaco pero muy templado, si no estuviera en la Administración, habría llegado a ser Bogart, cigarros, rubias y más de una copa. Así que no lo paso mal del todo.

Los que no están son los jefes, están siguiendo un curso de catalán acelerado en San Feliu de Guixols, que está la cosa muy chunga y Artur más, (es un chiste de Buenafuente).
Vale, pues lo dicho, hasta el domingo si Dios quiere.
 
ILUSIÓN

Si digo que he perdido la ilusión, no digo más que la verdad. Y eso que hoy no he cubierto mi cupo de veinte mentiras diarias, que según dicen los psicólogos, es lo que cada cual miente al día ineludiblemente, qué bonita palabra.

He abierto el blog después de siete días y veo que está bastante mustio, así que estoy pensando en disolver la reunión hasta que vuelva a tener gana. Pero hoy no se trata de la ilusión del blog, que me la hacía, sino la de los Reyes Magos, Sus Majestades, que hace muchísimo que la perdí. Luego la recuperé con mis hijos pequeños y la volví a perder. Y otra vez caí en la ilusión con mis nietos y en estos momentos soy una convaleciente de ilusiones navideñas, ya que este año la he perdido recién y creo definitivamente, pues sinceramente espero no conocer a mis biznietos, quita, quita. He dicho "recién" porque mientras escribo estas palabras estoy visionando con un ojo una serie argentina de los Alterio.

Los Reyes Magos fueron para mí misterio oriental, frío y estrellas a partes iguales. Yo nunca los vi. Llegaban a Sigüenza por el pinar, tocaban las campanas y salíamos a la galería de cristales helados a ver la estrella que conducía a Sus Majestades hasta el salón de mis abuelos, donde habíamos puesto, delante de los balcones, unas bandejas con lazos, jerez, turrones y trigo para los camellos. Un año me trajeron una gallina que hacía cococó y ponía huevos. Creo que nada de lo que he tenido después me ha gustado tanto. Cuando Pedro, mi marido, era pequeño, le trajeron un caballo de cartón piedra, grande, hermosisimo, y lsu hermano y él lo descuartizaron esa misma tarde jugando a los carniceros. Su padre tardó años en recuperarse.

La mañana de Reyes era estupenda, siempre hacía un brillante sol de enero, paseábamos las niñas orgullosas con nuestra Mariquita Pérez o con el coche de capota. Los niños hacían ta-ta-ta-ta-tá con sus bonitas ametralladoras, algunos más pacifistas tenían un caballo o tren o un avión. Yo con mi gallina, tan contenta, siempre me gustó el hecho diferencial.

Este año me han traído una cartera preciosa y muchas cosas más, soy una señora Fajas muy afortunada, mucha gente se ha preocupado por encontrar lo que me gusta y necesito. Pero mis nietos han crecido, no he visto gallinas en toda la navidad (sólo pulardas trufadas) y además el día de Reyes el sol brillaba por su ausencia y el cielo parecía un harapiento trapo del polvo, nada me recordaba a Sus Majestades los Reyes de Oriente de antaño.

Desde que los Royals se casan morganáticamente hablando con proletarios y sindicalistas, ya no son lo mismo, digan lo que digan las estadísticas o los psicólogos esos que mienten tanto.
Pero tenemos amor, amigos, salud, un poco de dinero y gana de divertirnos. Quizá en estas circunstancias, podamos prescindir de las ilusiones.

 
AÑO NUEVO


Las vacaciones en Sigüenza han sido frías, sobre todo al principio. Los árboles amanecían bañados en hielo, blancos y preciosos como si fueran de diamantes. Los últimos días subieron las temperaturas y las nubes bajas eran de algodón, toda la ciudad en su estuche silencioso bajo la niebla, qué bonito invierno.
La nochebuena fue como siempre, completamente familiar: Ja y la tía Nena bajaron las escaleras precedidas por sus dulces susurros, sus pelos blancos y sus nietos y sobrinos, cansadas pero contentas. La tía Marisa este año se quedó en casa y se bebió todo el champán el día de antes, harta ya de tanta gaita navideña.
Los niños picotearon, corrieron de aquí para allá y, excepto Mía que bailaba de contento, pidieron el libro de reclamaciones a Papá Noel, que se había confundido de regalos y había traído otros… en fin, lo de siempre. Toya hizo una cena estupenda y cuando llegó el amigo invisible repartimos regalos bonitos, originales y de mucha actualidad, pues nuestros descendientes son ejecutivos modernos que saben comprar lo mejor. Al día siguiente cambiamos de ejecutivos, unos se iban con su padre y otros volvían con otro padre. La familia normal tiende a duplicarlo todo. Vaya trabajina, sabiendo como sabemos que todos los hombres son iguales, qué manía con cambiarlos y descambiarlos.

Pasados otros pocos días de vacaciones, ayer mismo llegó el Año Nuevo y cenamos otra vez de casa de Toya, que es la más grande, (no sólo su casa, también ella misma, y por eso abusamos) Antonio y Aurora aportaron mariscos estupendos y el primo del Ayuntamiento cocinó con largueza consomés y solomillos, ya he dicho que es un impenitente cocinas. Toya nos regaló unas gafas que ponían los ojos tristes, muy celebradas por Concha, que notó enseguida su utilidad para los asesinos, ya que parecen otros cuando se las ponen y así pueden asesinar sin problemas. También nosotros parecíamos otros, de hecho a mí no me cabían mis mejores pantalones de fiesta. Y es que he seguido estos días de ocio un régimen de turrones de Híjar (los mejores del mundo, de verdad) que me han destrozado la figura, ya de por sí bastante deteriorada, mi primer propósito para el año nuevo es adelgazar y el segundo el mismo que el de Bar Eto: no estar tan pendiente, me ha parecido justo lo que yo necesito.
La vuelta la hemos hecho esta mañana, escuchando el concierto de Año Nuevo. Música de Strauss por la carretera, marcha Radesky y polka “pizzicato”.
De las montañas nevadas han salido unos rebaños de nubes blancas y se han puesto a pastar sobre el radiante cielo de enero, no sé si eran ovejas celestiales o ángeles sufiis, de esos grandes como el universo, cuya sola visión, dicen, nos haría enloquecer. Creo que eran nubes, porque amenazaban nieve, pero cualquiera sabe. Delante, un camión trotaba como un camello y a la izquierda casitas y campanarios. He visto a un paisano que parecía el caganet, ¡hala, una palmera! Me parece que todos íbamos hacia Madrid con los Reyes Magos. Puede que todos estemos formando parte de un Belén gigante y municipal. Casi seguro.
Feliz año nuevo a todos los que entráis a mi blog.