CENAS
Los fines de semana me los suelo pasar comiendo. Este último he ido a primera hora - después de desayunar, claro - a la dentista, para que me prepare los dientes, que con tanto condumio se me están deteriorando. No se puede decir que les haya dado poco uso en estos últimos años.
Con la mandíbula anestesiada y a duras penas, he comido en casa de mis primos los de Birmania. El jordano marrano del ayuntamiento ha aportado un rissoto de setas con parmesano, triunfando en toda le línea al alimón con Aurora que ha experimentado una ensalada de canónigos con pera. Creo que los canónigos han hecho pareja, porque estaba estupenda.
Luego nos hemos trasladado al galope para merendar con la tía Nena, que si no vamos se enfada. Lorenas ha servido el café mientras contaba cosas muy divertidas de mi madre, que en cuanto ve a alguien con traje ("ensacadoss", decía Lorenas, o sea, con "saco") cree que es de la policía y confiesa. Y últimamente, cada vez que se despiden las visitas, saca una maleta para irse con quien sea a algún lugar de su juventud. Mi madre sonreía con indulgencia, contenta de que hablásemos de ella.
Bueno, pues nada más merendar, hemos decidido ir a cenar con Lorenzo y Alicia. Lorenzo sabe todo de todo y volvía de cazar en Bulgaria, por cierto, y había cazado un jabalí como un toro de mihura y dice que los bosque de por allí son como los de Asterix. A ver si dejamos de quemar los nuestros y conseguimos uno de esos. Un gran bosque si que sería una buena realidad nacional.
A mí las cenas me suelen sentar mal y no por la compañía, que la de ayer era muy agradable, ni siquiera se habló de política pensando en la digestión, pero la cosa es que mis helycobacter tienen muy mal vino aunque sea de reserva, y no hay quien los ponga a dormir.
Y es que, como dicemi cuñada, la edad no perdona.
Con la mandíbula anestesiada y a duras penas, he comido en casa de mis primos los de Birmania. El jordano marrano del ayuntamiento ha aportado un rissoto de setas con parmesano, triunfando en toda le línea al alimón con Aurora que ha experimentado una ensalada de canónigos con pera. Creo que los canónigos han hecho pareja, porque estaba estupenda.
Luego nos hemos trasladado al galope para merendar con la tía Nena, que si no vamos se enfada. Lorenas ha servido el café mientras contaba cosas muy divertidas de mi madre, que en cuanto ve a alguien con traje ("ensacadoss", decía Lorenas, o sea, con "saco") cree que es de la policía y confiesa. Y últimamente, cada vez que se despiden las visitas, saca una maleta para irse con quien sea a algún lugar de su juventud. Mi madre sonreía con indulgencia, contenta de que hablásemos de ella.
Bueno, pues nada más merendar, hemos decidido ir a cenar con Lorenzo y Alicia. Lorenzo sabe todo de todo y volvía de cazar en Bulgaria, por cierto, y había cazado un jabalí como un toro de mihura y dice que los bosque de por allí son como los de Asterix. A ver si dejamos de quemar los nuestros y conseguimos uno de esos. Un gran bosque si que sería una buena realidad nacional.
A mí las cenas me suelen sentar mal y no por la compañía, que la de ayer era muy agradable, ni siquiera se habló de política pensando en la digestión, pero la cosa es que mis helycobacter tienen muy mal vino aunque sea de reserva, y no hay quien los ponga a dormir.
Y es que, como dicemi cuñada, la edad no perdona.
VIAJES IMAGINADOS
Lo mejor del mundo es la imaginación, qué herramienta tan maravillosa. Esta mañana hemos regresado de Sigüenza atravesando el campo verde de Suiza: Guadalajara desde la R-2 y entre la bruma era igualita que mi recuerdo de Berna en el año 88 del siglo pasado.
Venía yo pensando en el mar, ahíta de galopar en las olas de Tarifa, la brisa en la cara y la espuma en mi tabla, el pelo aclarado de arena y sal. Hemos pasado por el valle lunar de Hita y enseguida y al otro lado, estaba La Peltraneja. Y de esto hablaré luego, que tiene lo suyo.
Sigüenza estaba hasta los topes esta semana, llena de gente de Marbella que se habían trasladado sólo para disimular. Las procesiones eran de romanos y de capuchonas, casi no quedan hombres en las cofradías castellanomanchegas, bastante tienen ellos con ir a fumar a las puertas de los bares.
Mi primo el del ayuntamiento sufrió un sofocón y tuvo que pasar por el centro de salud. Y que iba de urgencias, pero lo acababan de derruir, el centro vaya, y maldita sea, estaban las urgencias en unos barracones a las afueras, le echaron las gomas y no era nada. También han estado en Sigüenza los Galos y su gato Manoló, que lo traen por ser seguntino.
Mi primo el abogado ha estado en Birmania con su señora y me lo han contado tan bien que ahora yo cierro los ojos y veo Rangoon y el barco de Beccara que les llevó rio arriba, un río bajo la luna con mil farolillos de luz. Y veo la ciudad de los seis mil templos y todo gratis y sin volar, que me da dolor de oídos. Lo mejor del mundo es viajar como sea y, si no es posible pagando, hay que intentar un viaje astral. Gracias a la imaginación y a la televisión he pasado un buen rato viendo la Semana Santa en Cartagena, los costaleros van de seda marfil y oro, como toreros, y con los brazos colgando. Impresionante.
En cuanto a lo de La Peltraneja no ha resultado como yo pensaba . En las novelas todo pasa poquito a poco, vas conociendo a la gente, sospechas, peligro y resolución. Aquí, en la vida real, la cosa, por obra y gracia de la imaginación, transcurrió de repente. Estaba yo durmiendo en la habitación de al lado de los caseros cuando tuve una revelación y la verdad apareció tan nítida y patente que me dio miedo que supieran lo que sabía los del otro lado del tabique de rasilla. Recogí sigilosamente mis cuatro cremas, mi ordenador y el chandal de los domingos y huí como un conejo. Y no pienso volver, lo siento por Yeneire. Os lo contaré en el próximo post y si alguien me persigue que sepa que lo tengo escrito en una carta depositada en el notario, no vaya a ser que me ejecuten.
Y no digo nada más, sólo que he soñado que un vagabundo entraba en la casa del conde (de Romanones) y encontraba dos estatuas y un surtidor en el cuarto de estar. Y una muerta con gafas de sol sentada en la cama grande. Voy a ir al médico.
TRISTEZAS
He abandonado temporalmente la Peltraneja, dicen que va a ser declarada nación parameña (de páramo) en breve, para asistir a dos desagradables eventos. Uno era lo que pudiéramos llamar ahora que estamos en Semana Santa, la imposición de las gomas, que ha consistido en meterme por vía oral a través de la garganta, pasando por el esófago y hasta lo más profundo del fistro duodenal, que diría chiquito, una goma con cámara. Me ha molestado.
El segundo evento ha sido más triste, el entierro de un amigo. Creo que en el cementerio de Sigüenza tengo más amigos que en la Alameda, y este amigo lo tenía yo desde que éramos unos niños o casi y nos hemos reído un montón en otros tiempos más felices y también hace unos días. Ha sido una cosa triste y fugaz, anteayer estaba en un bar hablando de su novela y hoy hemos subido con él al cementerio. Porca miseria.
A mí no me gustaría morirme por primavera, es como antinatural, todo brotando y tú te paras en seco y dejas de funcionar. La primavera es para sufrir y para enamorarse, para estar deprimido y pedirse la baja laboral por astenia primaveral, pero hombre por Dios, nunca para morirse.
Tengo que decir aquí que últimamente no estoy muy de acuerdo con las cosas que Dios manda. Todos esos tristes acontecimientos que vemos en el telediario: niños maltratados, mujeres asesinadas, guerras, epidemias, hambre, atentados terroristas, la Campa en el juzgado...¿No estará Dios un poquitito distraido? ¿No se le estará pasando el frío de las alturas a la cabeza?
Porque, francamente, me parece una injusticia que pasen estas cosas tan terribles, que se mueran mis amigos, habiendo por ahí tanto impresentable, y que sufran tanto seres inocentes que no hacen mal a nadie.
Y que estando Otegi por ahí, con su amigo Pernando, no se le ocurra al altísimo más que mandarles una pequeña bronquitis para evitarles días de cárcel , caramba, me toca las narices.
MAÑANA PRIMAVERAL
Esta mañana me he despertado pronto, he desayunado rápido y me he calzado las botas de andar. Fuera no había nadie, el campo estaba precioso, el aire se movía más bien frío entre las carrascas y mi cara, y la mañana era absolutamente perfecta, un cielo indescriptible, los senderos verdeando, los pájaros dando la matraca y todos esos olores de mi juventud. Estaba yo pues transida de gozo espiritual, a ver si me comprenden, me sentía como en el recreo del colegio entre la comunión y el bocadillo de tortilla francesa...quien no ha vivido una experiencia similar.
Andaba yo canturreando aquello de "como el ciervo que a la fuente de agua fresca va veloz" por el bosquecillo, las sombras de los árboles era alargada y de repente ha salido de la nada el primer tío sin guayabera de esta urbanización barata.
No diré que no me he estremecido, he dado un salto formidable y me he pegado un susto de muerte, las cosas no son para menos, que cada día recibo anónimos en el blog, pero una vez apaciguado mi corazón, he visto que el hombre me sonreía y se disculpaba desde lejos:
- Siento haberla asustado, ha gritado , parándose en el recodo del camino. Soy Isaías Mazarete, alcalde de Guayaberas del Río, el pueblo de allá arriba...
Luego se ha acercado sonriendo y me ha tendido una mano firme y morena.
- Es un pueblo alto y sin río, le podían haber llamado Guayaberas de la Sierra, estamos tratando de cambiarle el nombre...¿Es usted la escritora?
Como siempre que alguien me llama escritora yo me he puesto clueca como una gallina. Este hombre me ha gustado y me ha caído bien. Me ha contado que tiene una casa aquí, que sube todos los días andando hasta su ayuntamiento y me ha invitado a subir a Guayaberas para ver la iglesia, que tiene una bonita talla del siglo XV.
El paseo ha sido agradabe hasta que ha preguntado de qué trataba esta novela que había venido a escribir a este lugar tan apartado.
-Trata de las muertes de tres niños ocurridas aquí desde 1994 - le he contestado.
Y entonces él se ha parado en seco.
- La niña Expiración Coronado era mi sobrina, de los otros dos no sé nada, pero más vale dejar en paz a los muertos y a los que tanto hemos sufrido. Adios, buenos días.
He vuelto a casa muy fastidiada porque este hombre me parecía un aliado perfecto para contarme según que cosas. Le preguntaré a Yeneire. Aquí hay mucho tomate.





