VACACIONES
Mañana me voy de vacaciones, parece mentira lo rápido que pasa el tiempo, si hace cuatro días que acabó la navidad y ya estamos pasando medio verano en Madrid, que está siendo duro.
Me voy a Sigüenza donde pasaré Santa Marta con Martita y quizá nos tomemos una tarta de chocolate a pachas y de paso celebremos todos los santos del santoral, San Pedro, San Pablo y San Santiago... Ya veremos.
Hoy por la mañana hemos ido las rubias de bote y yo a ver a Bareto, que continúa asido por las venas a un goteo que le deja un poco dormido. Los sanatorios son a veces un lugar de retiro y oración. Él está en una duermevela de eter y por allí desfilamos los amigos haciendo como que nos da mucha risa que le hayan llevado a semejante garito. Como decía una amiga mía sobre el caviar: ¡Oh, Victor, qué original: canapés de moras!... Y otras tonterías similares.
Sí ya sé que se me va un poco la olla, pero es que de repente me he visto mayor , y es porque últimamente me paso la vida en los sanatorios y en los hospitales, que decía Miguel Hernández y cantaba Serrat. Cuanto más rato visitas los hospitales más gana te da de no ir a trabajar. Total ¿pa qué?. Y más gana te da de aprovechar la vida y de vivir en lugares paradisiacos como por ejemplo Marbella antes de intervenir la Anticorrupción, para que luego digan.
Bueno, pues ahora me voy a Sigüenza y me noto con poca alegría, que están las Nenas que son una gaita. Después iremos a Grecia, venga a bailar el sirtaky en las islas, a lo mejor me quedo en Corfú con el recuerdo de los Durrell, que se cambiaban de villa sólo para que no les viniera a visitar una tía muy tostona.
Pues ya no escribo hasta la vuelta, le diré a Toya que cuelgue un post en agosto para que no me cierren el quiosco de malaquita este, donde digo lo que quiero y me visitan los amigos: igualito que si estuviera en un hospital pero sin tocarme los entresijos.
Un abrazo y hasta después. Y que Bareto se ponga bueno, que voy a llevarle un presente a la Virgen de la Salud de Barbatona en su nombre. Abur.
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AMIGOS
Hoy 25 de julio, día de Santiago Apostol, santo caminador que vino andando hasta Galicia a predicar la doctrina cristiana, con su vieira y su cantimplora...¡qué tiempos aquellos!, hoy hubiese venido en patera con todos esos desheredados y le hubiesen dejado en un centro de internamiento de Canarias y después, hala, a Madrid, a dormir en un banco o en un Banco, que les dejan elegir. De todas formas, nadie le hubiera escuchado, menudo rollo.
Pues hoy, Santiago, Sant Yago, San Jaime o San Jacobo, es el santo de mi primo del Ayuntamiento, el jordano marrano, que se inclina más por el mantelillo en la cabeza que por la cosa cristiana de la vieira, que dice él que está un poco demodé .
Yo tengo una cierta debilidad por el del ayuntamiento, a pesar de nuestras diferencias ideológicas, sobre todo en cuestión de olores, no sé, ya se sabe que el asunto de las simpatías es muy visceral , al jordano le queda una chispa de cachondeo en la punta de la babucha y es un tipo oso aragonés, cabezota y cagón en el aspecto de cagarla de vez en cuando, pero bueno. Es como un hermano grande del que no podría prescindir. Felicidades, Santi, este verano bailaremos el Shirtaki, si nos dejan, que la cosa de la salud en nuestra familia está muy chunga.
Hoy tengo que hacer una mención obligatoria a mi amigo bar eto, de los Eto de toda la vida, Soneto, bareto and Coop, uno de mis pocos preferidos en esta vida administrativa de la que disfruto ocho horas al día (vale, bueno, siete). Bar eto está un poco fastidiado. Ese espíritu indomable, libre y rebelde, con o sin causa, se está sometiendo a unas pruebas médicas y los médicos no saben de libertad, que lo primero que te ponen es un goteo clavado al cauce mismo de tu sangre y no te puedes escapar, porca miseria. Amigo Bar eto, no te dejes amilanar, saldrás vencedor en estas lides y pronto volverás al blog con tus animales racionales y comeremos en esos sitios que te gustan, donde el humo ciega los ojos de los comensales y parecemos todos más guapos y donde estalla la blanca ola de la amistad. Porque los amigos son lo más dulce de la vida.
SEMANA DEL PENE
Leo en El Mundo que se prepara en el Reino Unido, patrocinado por Channel 4, una masturbamaratón colectiva y solidaria. Ocho horas y un pico de onanismo. Por lo visto, y a la vista del éxito de la Semana del Pene, este asunto da mucho dinero y ya se ha experimentado en San Francisco, donde se reunen cada cinco años más de cinco mil masturbantes.
De la Semana del Pene no dice mucho, a mí me hubiese gustado algo más de información y así hubiésemos podido las chicas indagar en qué consiste, por si nos vemos en la necesidad de organizar una semana de la vagina, y pedir, aprovechando la celebración, unos días de vacaciones o de asuntos propios, para ponerla a punto. Me pregunto si no sería más adecuado para ellos, en vez de pene, hacer una semana de los textículos, aquí hay mucho huevón y ellos podrían disfrutarla mucho, rascándose los mismos con solidaridad.
Ya imagino todo Hyde Park aquejado de un calambre colectivo, los padres y los niños animando al solidario, ojeroso y valeroso participante, todo ese ectoplasma vital y gelatinoso inundando el green... ¡Qué idea tan simpática!
Qué queréis que os diga, a mí me da un poco de asco, creo que todavía no estoy preparada para una masturbación colectiva en el Retiro y en cuanto a la Semana del Pene, pues que sólo les falta eso a nuestros colegas, hacerle una semana anual al caprichoso colgante, darle el Príncipe de Asturias de la Solidaridad , sacárlo bajo pálio en el Corpus y que frieguen ellas. Lo que nos faltaba.
Creo que lo que más vende ahora es la solidaridad y preveo una larga proyección de estas jornadas masturbatorias: Cagadas colectivas para abonar los desiertos del tercer mundo, mocos para la solidaridad, lapos contra la tuberculosis y cosas así que antes sólo se hacían en privado y con disimulo.
En fin, abajo las caenas, muera la represión. Y sobre todo: Dios salve al Pene. Y si es un pene solidario, mejor.
VIDA DE URGENCIA
Ayer, 17 de julio, San Alejo, pasé una larga mañana en urgencias y además viajé en ambulancia, tengo unos cardenales para acreditarlo. Pues sí. La tía Nena y yo hicimos un traqueteante itinerario por la ruta habitual que acostumbro a hacer los domingos con Pedro. Con él, o sea con Pedro, creía haber sentido todo tipo de emociones en cuestión de deportes de riesgo, bueno y de los otros. Pero en el apartado de riesgos me equivocaba: no hay nada como la ambulancia. Ni Formula uno, ni mis cojones, si no has viajado en ambulancia de acompañante, no sabes lo que es miedo.
Las urgencias estaban llenas de viejecitos abandonados o a punto de serlo, pero ahí estábamos mi hermana Toya y yo acompañando a nuestra tía, que la mujer ha pasado la vida haciéndose acreedora de esta compañía, y yo la traje y Toya la devolvió, mientras me quedaba pensando sobre las urgencias y comiendo patatas fritas de la máquina de la sala de espera.
Cuando volví a Madrid la luz se había ido de veraneo y me tuve que subir ocho pisos de los de antes a patita. La nevera de mi casa estaba de capa caída, húmeda y viscosa, tiré lo que nadaba y me tomé un poco de gazpacho del valle. Templaducho. La electricidad es la llave de mi felicidad. Cuando veraneaba el El Bosque no teníamos electricidad y nadie parecía necesitarla, que vida más muelle y más saludable. Eché de menos hasta El Tomate, esa telebasura de la hora del café que no pude tomar.
Pues ya lo dije antes, que al año que viene y en lo sucesivo celebraré solamente Santa Fajas, ultimamente con los cumpleaños tengo la suerte de espaldas. Ni siquiera me regalaron un libro de Guillermo el Proscrito. Eso sí recibí tiernos mensajes de todas mis amigas y un peluco muy chulo de Pedro.
De lo que se deduce: que no podemos hacer planes y que la verdadera vida es este minuto urgente que ya se ha terminado.
DIAS DE TRUENO
Después de varios días de un calor horrendo, ayer por la tarde empezó a tronar. A mí las tormentas me devuelven a la infancia, esos angelitos jugando a los bolos, me da alegría y unos nervios como agradables, los rayos culebreando el firmamento, siempre espero más de los truenos y las gotas gordas, un poco polvorientas, o el golpeteo blanco del granizo, que le voy a hacer. Si fuera agricultora, que es mi vocación frustrada, estaría de los nervios de verdad, que los granizos te dejan los frutales para el arrastre, pero aquí, en Madrid, la tormenta me lleva al campo, al cielo y , casi casi, a Dios.
Y es que en Madrid por ahora, los rayos suelen ser de neón, los truenos procedentes del camión de la basura y la lluvia no pasa de ser una sopa de barro con olor a pollo. Siento más gana de volver al campo cuando hay tormenta, una necesidad de ver el rayo en su esplendor total, partiendo el cielo, la música de timbales del trueno tremendo y el granizo demoledor como una enfermedad letal, la lluvia charolando los árboles, hundiéndose en los sembrados resecos, perfumando de tierra mojada el aire. Es que yo soy un poco rara.
A la gente de mi alrededor en general no les ponen las tormentas, esa fuerza de la naturaleza desubicada sobre Madrid. Aquí las tormentas hacen un pulso con Gallardón, barriendo calles, desalojando terrazas, lavando los coches polvorientos de las mil y una obras que disfrutamos. Los autobuses se vuelven rojos por la Gran Vía, parecen de Londres, la calzada es una torrentera, la gente corre bajo la lluvia con tacones y del alquitrán empieza a subir el aliento fétido del metro - ¡Vuela! .
Pero yo no quiero volar debajo del asfalto, lo que quiero es ver una buena tormenta de las de antes: con toda la batería celestial y resguardada en una cueva del pinar. Lo demás son mariconadas.
CALORES
A estas alturas del mes, el calor en Madrid es insoportable y todo lo insoportable acaba siendo noticia. Ayer, a las seis de la tarde, en el aparcamiento de IKEA el turbio sol era oro fundido que te caía por le espalda ¿Y que hacía Fajas en el parquing de IKEA a la hora de la siesta? se preguntará algún léctor si, con suerte, lo hubiera. Pues , francamente, hacía el gilipollas sin paliativos.
Como nadie está libre de cometer gilipolleces, ahora parece que se lleva mucho, según dicen mis amigos los psicólogos, darse permiso para cometer equivocaciones y estupideces. ¡Dáte permiso, no te tortures!, dicen los psicólogos. Y eso está bien dentro de un orden, caramba, que hay equivocaciones para las que uno no debería darse permiso de ninguna manera, y no quiero señalar, porque últimamente estamos viendo como el gobierno de ZP está dándose permiso para hacer el canelo- y el vago - y eso me sonroja, como miembro que soy de este país del oso y el madroño.
Pero con este calor, me da tanta galvana hacer la enumeración de los pecados de ZP, que creo que lo dejo para otro día y mientras tanto que les den morcilla que son una panda de mamarrachos: que vuelva Felipe, que vuelva Roldán, pero que desaparezca esta caterva de cursis con collares de perlas, que dan mucha gana de arrojar. Y que sepan que no hay por mi parte permiso para nada que no sea dimisión...
Bueno, pues a ver si bajan las temperaturas o, en su defecto, nos vamos a la playa a tumbarnos y a dejarnos mecer por las olas, en estos paises mediterraneos deberíamos gozar de vacaciones estivales mucho más largas, así no hay quien curre, demonios.
7 DE JULIO SAN FERMIN
Un día magnífico, el de San Fermín, con su calor, con su madrugón y, en Pamplona, con su chupinazo. Me parece el colmo de la gilipollez que este año el concejal de turno se haya declarado agnóstico y no pueda dar vivas a San Fermín, por un día más que mienta este pureta no se va a condenar. Vaya facha de hombre, como sí todos los que gritaban abajo fueran creyentes. Lo veo y no lo creo.
Y es que creer en San Fermín no debe tener nada que ver con la iglesia, o con la religión o con la magia potagia. San Fermín aquí y ahora, y más todavía en Pamplona, es tan real como mi señor ministro, porgo por caso yo tampoco le he visto nunca, o como el Papa de Roma que está en Valencia, y no creer en él, o no darle vivas aunque esté muerto o no haya existido o si ha existido no sea santo, no sólo es necedad sino también cursilería. Podrán haber dicho ¡Viva Don Fermín! y nadie lo hubiera notado.
Pero me temo que lo que quería este señor tan tiquismiquis era lo que se llama "hacerse de notar", más o menos como el gordito catalán que se baña en la piscina de Pedro Jota y otros de parecida calaña, frikis de televisión, grandes hermanos, famosos de vía genital, cosas así.
Pues qué vida tan rara y tan llena de gente que nunca existió y en la que hoy en día no es políticamente correcto creer.
Estoy en un dilema mortal ¿Debo contar que , siendo agnóstica, se me ha aparecido Santa Rita de Cassia cojeando? Pues mira, a sabiendas de que se me va a tachar de falta de coherencia, lo confieso. Y me dio un susto tremendo.
Que viva tres veces San Fermín, caramba.
JULIO
El mes del cangrejo ha llegado. Para mí antes era el mejor, el tiempo esperado desde navidad, soñando con la piscina fría, con las siestas detrás de la persiana, con una novela gorda hasta las ocho o con las anochecidas al aire libre. Mes de las vacaciones y de los suspensos, de las noches estrelladas, de la luna clara y sobre todo del agua, tan necesaria para los cangrejos como yo.
Bueno, ahora el mes de julio ha cambiado un poco, es el del calor en el aparcamiento y en las calles recalentadas de Madrid, de las pegajosas noches de Argüelles, pero sigue siendo mi favorito, el mes de la esperanza de vacaciones, que luego se pasan en un suspiro.
El problema es que llegan los julios y se van a una velocidad pasmosa y cada vez me deja un año nuevo. La edad no es, como dicen tantos para consolarse, experiencia y aprendizaje, la edad es un tostón inevitable que nos va dejando sin defensas, más tontos, más feos y, desde luego mucho más sentimentales...Lo que daría yo por volver a las siestas de El Bosque, en el cuarto de la tía Paca, mujer inexistente, con unos tebeos de Roberto Alcazar y de La Pequeña Lulú, descubriendo a Guillermo Brown. O a la plena juventud, tiempo de amigos, la edad de la inocencia, cuando te expresabas sin cadenas, y cuando te enamorabas, volver a mis irónicos y despiadados juicios sin prejuicios. Ahora todo te dá como cosa y es por la vejez. A mi los años no me han hecho más buena, sino más cauta, más cobarde y más desconfiada.
Pues así y con todo, a pesar del regalo envenenado que es mi cumpleaños, el mes de julio sigue siendo mi favorito, le tengo tanta confianza que creo que algo de lo que me ofrecía antiguamente me lo va a regalar también este año, aunque nada más sean esos esplendorosos cielos estrellados de Sigüenza, cenando al aire libre con mis amigos.
Porque la luna sigue siendo la misma.





