APATÍA
Sí, apatía. No sabeis, desaparecidos contertulios, la apatía que me invade por estas fechas. Bueno, en realidad debería ser algo más tarde, ya casi en la detestada navidad, pero este año se me ha adelantado y en estos momentos sufro apatía, galbana y ansiedad. Todos estos síndromes tienen nombre de mujer histérica, con el colon irritable y la vesícula vaga... parece que me estoy describiendo a mí misma, amados contertulios, pero también los hombres lo padecen, aunque ellos pasan mucho más de los problemas domésticos que a nosotras nos ocupan , física e intelectualmente, un tiempo precioso que necesitaríamos para otros menesteres.
Pero no quiero dar estopa a los compañeros, que algunos están muy buenos y algunas veces nos prestan atención y ayuda, quiero atizar a la apatía, sacudirme la galbana (espero que sea con b) y dejar la ansiedad en la papelera del despacho de mi jefe Pitito. Que se la coma con patatas.
Hablando de otras cosas, me dicen que el Gran Xan José estuvo inefable en el discurso de Avilés. Dicen que el Ministro lloró a hurtadillas y la Secretaria de Estado, que es dura como el pedernal, se sonaba los mocos con una servilleta de bar, emocionados ambos ante la fluida - y complicada - oratoria de nuestro prócer. Sinencambio también me dicen que Taburete se presentó con un jersey que le había regalado Evo Morales, usado y con coderas. Una cosa es la pobreza y otra es la dignidad, que siempre debe regir nuestras vidas. Más vale un daca que dos te daré.
Buenos días.
LLUVIA
Ya era hora de que empezase a llover. Ayer me despertó el chaparrón en la ventana y casi me dio gusto levantarme y aspirar, que no oler, el ambiente húmedo de la calle. Luego Madrid se volvió imposible y se acabó el encanto, pero por la tarde nos fuimos al cine con el paraguas, me gusta que me mata salir del cine y ver la calle mojada, las luces brillando en las aceras, y ese olor que ya no percibo pero recuerdo, me retrotrae a otros otoños de mi juventud en los que llovía más y mejor.
Comí con las rubias de bote para celebrar el cumpleaños de Maga, Princesita un poco triste y Maguinda yo creo que con algo de ansiedad, porque se comieron entre las dos: dos hamburguesas, un pollo cantonés, un plato de huevos con patatas y jamón y una crema de chocolate. En ese sitio de comida rápida (pero buena) éramos las más tragonas del comedor. Seguro que a la hora de la báscula la única que engorda con ese régimen soy yo, por eso sólo picoteé en un plato de pollo de marraquésh, qué injusticia.
Este blog está ahora muy solitario, de momento casi es un diario semanal para no olvidar algunas cosas que hago. Por la noche ví el telediario, la política es un charco de ranas y la rana más fea baila con Zapatero, aunque él ponga esas manitas, y deditos, para que creamos que todo va bien. A cambio estoy leyendo una novela que me está gustando.
Me pongo en una butaca cerca del ventanal y veo cómo cae la lluvia en la terraza y algunas gotas escurren por el cristal, hoy hace una mañana como para quedarse en casa con la novela. Otro día será.
EL ARROZ
Desde que el jordano ingresó en nuestra familia, allá por la primera transición, nos reunimos los primos varias veces al año alrededor de una suculenta paella, condimentada con mucho amor y mucha gula por el del ayuntamiento, que es un experto cocinero. No tiene estrellas michelín porque no está en el mercado de la restauración de puro milagro, ya que siempre que comemos juntos, o sea cada fin de semana, dedicamos una media hora, o una hora y media, a hacer planes para poner un hotel con muchísimo encanto en la huerta y con un comedor dirigido por Santiago el jordano.
Haciendo tantos planes se nos ha pasado el arroz, no el del jordano, sino el de la vida, y ya creo que no vamos a construir ese hotel tan encantador y a la cocina que le den, es demasiado trabajo, pero mola mazo imaginarlo, como mola imaginar que estamos empezando a vivir y que nos queda tiempo para todo aunque lo cierto es que estamos ya en pleno otoño, que por cierto estaba ayer en el jardín más bonito que nunca.
Y es que el otoño tienen una belleza insuperable, trasparente el sol y el aire claro, violento el fucsia de la parra virgen, Concha y Aurora pusieron la mesa con cristal y unos morrones asados, y yo aporté las primeras setas de cardo, recogidas por Pedro de madrugada en secretos parajes solitarios. El vino era imponente y Toya y Antonio estuvieron lo que se dice sembrados, no hablamos de política y fuimos, ese rato, muy felices.
OTRA VEZ VIRTUDES
Esta mañana ha llamado Magacha, que está de vacaciones, y yo, consumida en un problema doméstico, no me he acordado de que es su cumpleaños, asunto que llevamos a rajatabla en la pandilla de la oficina, aunque todavía le debo el regalo del año pasado y el de Pachi también.
Esto es una desidia y una omisión contranatura, la administración ya no es lo que era, que antes yo tenía un sacacorchos y , gracias a esa codiciada posesión, me invitaban cada día a un cumpleaños, y desde que estamos en los Nuevos Ministerios - y esto de nuevos es un eufemismo - ya ni cantamos el japiverdeituyú, ni nos reunimos con canapés de por medio, asco de vida, todos tan ocupados.
Pues, Magui, ya sabes lo que te queremos y en este blog saben, porque lo dije el año pasado por estas fechas, que tú nos has proporcionado mucha vidilla y que sin tí nuestra jornada laboral sería sosa y oscura.
Lo de Magacha, o Virtudes, no es solamente una apreciación, o aprecio, personal. Todos sus amigos sabemos que ella es una persona especial, que va por el ancho mundo dejando un cálido reguero de alegría .
Bueno, Vir, perdona mi olvido y pasa un día magnífico haciendo lo que te pegue la gana. Muchas felicidades. Japiverdeituyú.
TARDE EN CASA
Entre la gripe y un día de fiesta nacional en mitad de la semana, llevo unos días muy caseros. La mañana pasa enseguida, haciendo esas tareas domésticas tan alienantes, pero las tardes me gustan cantidad, sentada en una butaca leyendo, o colgando los cuadros que almaceno desde el verano apilados en el suelo delante del radiador.
Hoy, que es el día del Pilar y de las fuerzas armadas, por la mañana he puesto la televisión y he visto pasar unos cazas preciosos primero en la tele y después por mi ventana. Me gusta mucho el desfile y me recuerda la primavera, cuando los guardiamarina, guapisimos y morenos de mar, esperaban el momento de desfilar delante de mi colegio mayor, en Martinez Campos, y nosotras quedábamos para salir con ellos por la tarde, aunque luego nos quedábamos con nuestro novio, tan buenecitas. Ahora el desfile es otoñal y no tiene más intríngulis que si se sienta Zapatero o si Letizia tienen cara de nausea. O sea, muy distinta ilusión.
Por la tarde me he quedado leyendo y haciendo que escribía en el ordenador este nuevo que es casi como un cuaderno a estrenar y lo único que me perturba es eso de los chiquiprecios, estoy de acuerdo con Juan: que metan en la cárcel al publicista. Y sentada en mi mesa he visto caer la tarde por detrás de la casa de campo, un color impresionante, Madrid compite con Santorini en la puesta de sol.
No he salido con los guardiamarina, pero he pasado una tarde estupenda.
Al filo de las nueve me la ha estropeado la Lorenas. Porca miseria.
ANIVERSARIO
Ayer, día siete, fue mi aniversario de boda. Bueno, el mío y el de Pedro, que en cuestión de bodas las cosas son a pares. Una barbaridad de años, pero nosotros somos personas tenaces y decidimos resistir los avatares de la vida. Salvados los primeros diez años, que son los más difíciles, hemos superado a trancas y barrancas los siguientes veintisiete, que son los peores, y Pedro me ha regalado este magnífico portatil en el que escribo, que se llama Inspiron 6400, de Dell, y que me encanta.
Lo celebramos con un cocido madrileño en Sigüenza, con todos los ingredientes importados desde el gourmet del cortinglés, y el agua mineral de Baides, que la de mi pueblo le sienta mal a mi cocido. Al principio iba a ser un cocido íntimo, pero luego llegaron mis primos, el abogado y el del ayuntamiento con sus señoras, y a los postres mi hija, los niños y mi yerno, que acabó con el cocido en horario nocturno, fue un cocido muy bien aprovechado.
Mientras todo era alegría y un poco de gula, yo iba poniendome griposa y pasé la tarde malamente, pero muy acompañada de marido, madres, hijos, nietos y primos. Qué bonito es el amor y qué bonita la familia unida alrededor de un buen cocido.
Y ya no cuento más que estoy un poco febril.
SERPIENTES EN EL AVIÓN
Veo ultimamente anuncios de esta película que adelanto que no pienso ver. No es que tenga neuras sobre serpientes o sobre aviones, como mi primo el jordano, pero es que me parece que ya el título lo dice todo: Serpientes en el avión. Cucarachas en el camión, Ranas en la Zodiac, Ratas en la Oficina, Ladillas en el Servicio de Señoras del Waldorf Astoria. Ya podemos saber lo que podemos esperar de un titulo tan chungo y tan revelador. Uno sabe de sobra lo que habrá durante hora y media: mucho susto, mucho reptil alargado y mucho aburrimiento.
Dicen que las serpientes tienen un profundo contenido sexual, y es que no se dicen más que tonterías, yo creo que en este aspecto algunos hombres son un poco desequilibrados, que todo lo que pasa delante de su vista lo comparan con ese órgano que tantos gustos y también tantos sinsabores les da. Algunos quisieran que eso suyo se pareciera a una anaconda, en tamaño y agresividad, y bueno, no estaría mal si tuviera rombos como algunas culebras del mundo animal, creo que le daría color al acto y se podría elegir pareja a juego con la ropa interior, quedaría ideal con los calcetines a juego.
Pero puestos a hacer una peli de serpientes, podrían ponerlas en el Congreso de los Diputados, a esa si que iría yo, que me gustaría ver a los padres de la Patria, con tanto sueldo, tanta pensión y tanto chanchullo, corriendo por los pasillos y haciendo regates a las acechanzas de las sierpes venenosas, para que viesen lo que es bueno, que se quejan de vicio.
Y ni siquiera tendrían que contratar serpientes.
Dicen que las serpientes tienen un profundo contenido sexual, y es que no se dicen más que tonterías, yo creo que en este aspecto algunos hombres son un poco desequilibrados, que todo lo que pasa delante de su vista lo comparan con ese órgano que tantos gustos y también tantos sinsabores les da. Algunos quisieran que eso suyo se pareciera a una anaconda, en tamaño y agresividad, y bueno, no estaría mal si tuviera rombos como algunas culebras del mundo animal, creo que le daría color al acto y se podría elegir pareja a juego con la ropa interior, quedaría ideal con los calcetines a juego.
Pero puestos a hacer una peli de serpientes, podrían ponerlas en el Congreso de los Diputados, a esa si que iría yo, que me gustaría ver a los padres de la Patria, con tanto sueldo, tanta pensión y tanto chanchullo, corriendo por los pasillos y haciendo regates a las acechanzas de las sierpes venenosas, para que viesen lo que es bueno, que se quejan de vicio.
Y ni siquiera tendrían que contratar serpientes.
MADRES
Ya veo que mis achaques personales interesan poco en este blog, qué gente más ingrata. Por eso acometo la ingente tarea de hablar de las madres, por eso y porque hoy es el cumpleaños de la mía, aunque lo celebramos el sábado, con mucho jamón y una tarta de chocolate inenarrable de buena que estaba. Muchas felicidades, Ja.
No sé si sucede en general o sólo en mi familia, pero yo tengo la idea de que la relación madre-hija es una relación difícil, un tira y afloja que comienza con el biberón y la papilla, continúa increscendo hasta la adolescencia, se estabiliza un poco con la boda y el resto del tiempo se remonta con altibajos y un plus de irritación: nunca consigues ser lo que ella esperaba de tí , ni llevar los madelos que ella elegiría para tí. Como hija es indignante y como madre debo decir que aguantamos mal la rebeldía y que siempre pensamos que la experiencia es un grado.
Con los padres es distinto, tú eres la niña de papá y te cuesta llegar a la cuarentena para darte cuenta ya es tarde para ser la niña de nadie.
Ahora que mi madre tiene ya 93 años la cosa empieza a serenarse, ella tiene generalmente la cabeza en otro lugar y yo se la peino y le pongo laca. Ahora soy yo la que quiero que se vista con la blusa blanca y la falda gris, justo cuando ella querría ponerse una blusa dorada años setenta que saca del fondo del armario y una falda negra de raso bastante corta. Ahora han cambiado las tornas y las hijas queremos que las madres ancianas tengan el pelo blanco, una cuidadora dominicana y una cama ortopédica. Ha llegado la revancha.
Pienso en lo que me pasará con mi hija y la miro con sospecha, porque yo , como madre, he sido bastante pesada con ella: ¿Qué pretenderá mi hija hacer conmigo cuando llegue a ser tan vieja? ¿Me mandará a "Prados Soleados"? ¿Estaré bajo la custodia de una rumana tipo Señorita Rotenmeyer?¿Entrará a saco en mi armario tirándome lo que más me gusta?
Es una larga cadena la de las madres y las hijas, una larga condena . Tendríamos que volver a nacer cien veces para cambiar el patrón y por mi parte lo único que puedo hacer es dejar que Ja haga de su armario un reino. Pues eso.
No sé si sucede en general o sólo en mi familia, pero yo tengo la idea de que la relación madre-hija es una relación difícil, un tira y afloja que comienza con el biberón y la papilla, continúa increscendo hasta la adolescencia, se estabiliza un poco con la boda y el resto del tiempo se remonta con altibajos y un plus de irritación: nunca consigues ser lo que ella esperaba de tí , ni llevar los madelos que ella elegiría para tí. Como hija es indignante y como madre debo decir que aguantamos mal la rebeldía y que siempre pensamos que la experiencia es un grado.
Con los padres es distinto, tú eres la niña de papá y te cuesta llegar a la cuarentena para darte cuenta ya es tarde para ser la niña de nadie.
Ahora que mi madre tiene ya 93 años la cosa empieza a serenarse, ella tiene generalmente la cabeza en otro lugar y yo se la peino y le pongo laca. Ahora soy yo la que quiero que se vista con la blusa blanca y la falda gris, justo cuando ella querría ponerse una blusa dorada años setenta que saca del fondo del armario y una falda negra de raso bastante corta. Ahora han cambiado las tornas y las hijas queremos que las madres ancianas tengan el pelo blanco, una cuidadora dominicana y una cama ortopédica. Ha llegado la revancha.
Pienso en lo que me pasará con mi hija y la miro con sospecha, porque yo , como madre, he sido bastante pesada con ella: ¿Qué pretenderá mi hija hacer conmigo cuando llegue a ser tan vieja? ¿Me mandará a "Prados Soleados"? ¿Estaré bajo la custodia de una rumana tipo Señorita Rotenmeyer?¿Entrará a saco en mi armario tirándome lo que más me gusta?
Es una larga cadena la de las madres y las hijas, una larga condena . Tendríamos que volver a nacer cien veces para cambiar el patrón y por mi parte lo único que puedo hacer es dejar que Ja haga de su armario un reino. Pues eso.





