PEDRO
Ya ha pasado otro año y todos los veintisiete de diciembre paso el día recordando un veintisiete de los años setenta, en concreto una noche de navidad en Madrid, con mucho tráfico y mucho frío, en la que nació mi segundo hijo, o sea :Pedro. Creo que nunca un regalo de navidad ha sido tan bueno como ese niño, ni tan grande, ni tan llorón.
Ahora que ya es un señor y no llora más que lo imprescindible, cada año me felicito las pascuas por la oportunidad de Pedro, que llegó en esas fechas que a mi nunca me han gustado. Pedro es lo mejor del invierno, que sólo por él mereció la pena. Felicidades.
Y además de Pedro, ya por ahora tengo vencidas las navidades, ya casi avisto el domingo de Ramos, y la primavera asoma detrás de los Reyes Magos y luego, enseguida, el verano que me gusta.
En fin que la vida pasa deprisa y que yo creo que la voy aprovechando bien.
Desde Sigüenza para Pedro y para todos mis amigos:
¡¡¡¡Feliz Año Nuevo!!!.
NAVIDAD
Efectivamente, dulce navidad. Ya creo que no tiene nada que ver con la cristiandad, ha sido sustituida en estos tiempos modernos por el Cortinglés.
Yo me voy a Sigüenza y allí si me parece un poco navidad, el mismo hielo en el pilón de peces rojos, la catedral fría como un témpano y las noches radiantemente estrelladas, o tachonadas de estrellas, que decían nuestros padres. Me gusta esa navidad y además en Sigüenza no tenemos Cortinglés, así que ponen los villancicos antiguos. Dios, cómo soy ya de vieja, que parece que sólo lo de antes es más bonito.
Me consuela que mi hija dice que cuando era ella pequeña era todo mejor. O sea que las cosas son más o menos, somos nosotros los que las vemos con una ilusión distinta. Y que cosa tan extraña es la ilusión. Yo la imagino como un caramelo bañada por hormonas diferentes: para el amor, para la infancia, para la evocación. Hormonas milagrosas de la felicidad, que vida más rara y más compleja.
Bueno, pues hasta la vuelta no digo nada más solo que lo paséis bien y que el cortinglés reparta vuestros gastos sin recargo.
Buenos días a todos.
COPAS
Desde hace un par de semanas parece que el mundo se ha vuelto más sociable y las actividades predominantes son: comer e ir de copas. Te llaman los amigos de siempre y los que no te habían llamado desde las navidades pasadas, te encuentras con un vecino, con un primo tercero, con los del pitillo en la puerta del Ministerio y todos te proponen lo mismo:, o sea, comer y/o ir de copas. Yo prefiero ir de copas porque la comida exige un nivel de amistad mucho más alto, en cambio la copa molesta poco y a la segunda ya estás pimplado.
La copa en navidad es tan inevitable como el turrón de jijona, hasta los jefes se bajan de su pedestal, o taburete, y quieren tomar una copa con el ordenanza, en una maravillosa alianza de civilizaciones y digo bien, porque las civilizaciones de los altos cargos y la de los subordinados cada vez están más lejos: los de la plantilla no saben si son corruptibles todavía, que pudiera ser que sí, pero hasta el momento no han tenido proposiciones.
En nuestra oficina, el jefe ha propuesto que hagamos una copa entre todos, pagando a pachas. Parece más igualitario y además parece que todos pagamos por estar juntos en estas fechas tan efusivas. Pero todo ese parecido es falso, porque entre nosotros no hay más que sospechas y en todo caso, indiferencia, para tres que te caen bien y con los que tomarías copas a medias, el resto te la sopla.
Yo abogaría además, para esta operación o proceso de paz, por igualar las nóminas.
Y además, oye, que paguen la copa los jefes si quieren disfrutar de nuestra ¿simulación es la palabra ? Se dice que las copas de navidad son muy peligrosas para la empresa, que el mando intermedio, e incluso el gran jefe, pueden calentarse la boca con el alcohol y decir cosas de las que luego se arrepienten 364 días. En algunas empresas americanas incluso se ha prohibido la copa porque mujeres en edad de procrear se han quedado en estado de buena? esperanza subidas a la copa y a la fotocopiadora.
Bueno, pero eso pasa sólo en las películas americanas. En este ministerio las mujeres son serias y algunas no tenemos edad, las copas son pocas y la copiadora está en mitad del pasillo, asi que yo he decidido tomarme la copa de navidad en el bar de la esquina con cinco amigos de verdad.
En definitiva ¡¡¡¡MUCHAS Y FELICES COPAS PARA TODOS!!!!!
ESPÍRITU NAVIDEÑO
Había escrito yo una cosa muy bonita sobre el tema ut supra y resulta que por caprichos de la informática se me ha borrado. Porca miseria.
Mi post estaba cimentado en la multitud de felicitaciones que se reciben por estas fechas. Me ha mandado una amiga un abeto luminoso que sólo con abrirlo se me ha instalado en la pantalla, ay de mí, y no se va. Me veo en el solitario mes de julio sacudiendo el monitor, pateándolo y con los nervios destrozados por las luces navideñas de mi abeto. Y es que se ha apoderado del mundo en general un espíritu navideño de amor y solidaridad.
Los amigos invisibles de la familia me mandan emails para que lo que me vaya a gastar en regalos se lo dé al Tercer Mundo. Las principales ONGs ofertan cabras y gallinas para los desheredados de la Tierra, que cada vez por desgracia son más. No es que yo esté contra el Tercer Mundo, nada más lejos, creo que se le debe ayudar a un nivel internacional, aquí si que debería haber un consenso mundial y urgente. Pero en cuanto a la caridad navideña me pregunto si no sería mejor acordarnos del mendigo que pernocta en nuestra calle, de algún vecino viejo y con poca pensión o alguna madre soltera deshauciada.
De la navidad odio las compras y el abigarramiento ornamental y me gustan cosas como comer con la familia, regalar libros a mis nietos, los turrones de Hijar y el champán francés. Eso es otra, que ahora que hablamos del extranjero, seré clara: donde esté la Viuda de Clicot que se quite Ana de Codorniu. Se siente.
Soy consciente de que esta manifestación va a ser muy criticada, pero lo crean o no, no es una apreciación política, sino de paladar y de vesícula. A mí el champán francés me sienta estupendamente, la verdad.
Paz y amor para todos, que nos toque la lotería, que desaparezca el sufrimiento y que se me quite el abeto de la pantalla.
JAZZ EN SIGÜENZA
Ya digo que mi puente ha sido de los cortitos. Y de los más fríos del año. En Sigüenza los bares estaban abarrotados de humo, allí se pasan las prohibiciones por el arco del triunfo. Una amiga me confió a gritos en la algarabía del Sánchez:
- Pues ya te digo - me dijo entre toses - a mi marido, cuando vuelve a casa, le huele a tabaco hasta el aparato reproductor.
No sé si es para tanto, pero el humo cegaba nuestros ojos, que es una expresión más poética, en la barra de los bares seguntinos.
Por las tardes hemos gozado de un festival de jazz en la ermita de San Roque, puro barrio ilustrado. Y nada de bandas de Nueva Orleans, jazz duro europeo, un poco dodecafónico, que una no sabía a ciencia cierta si le estaban tomando el pelo. Pero no, Carlo Actis y Baldo Martinez el viernes y Henri Texier y su Strada Sextet el sábado (el jueves era de NY, más gospel y blues y no pude ir) nos dejaron fuera de combate a los seguntinos y a los de fuera. Viva la movida, ahora que en Sigüenza dicen que alli empezó la de Madrid. Y no es de extrañar, que allí estaba el Molino y la consigna era grita libertad.
En Escoberas, pueblo de la estepa extremeña, en cambio me dice Maguida que hay un festival de darse con la escoba. Tampoco es mala idea para soltar los nervios prenavideños.
Mi hermana ha vuelto a casa desde el fin del mundo en Ushuaia y en El Calafate. Ha traído una foto ante un glaciar azul añil, azul zafiro, eso tengo que verlo yo, a ver si me toca la lotería y me paso allí un par de semanas. Mi hermana ha vuelto a la realidad de la vida y se ha puesto a organizar la navidad, y a mi me da mucha pereza tanto entusiasmo, ya digo que la navidad no me gusta nada, estaría mejor durmiendo un par de meses, hasta que se acabe el frío. O como esa que se hace llamar Anastasia Jerusalem de Palestina, huyendo de su vida para instalarse en otra vida rara. Pero no, la realidad de mi vida suele ser afortunada, no me cambiaría yo por la señora Jerusalem por nada del mundo. Si acaso unos días prenavideños de muchas compras, pero nada más.
Felices gastos.
PUENTE COLGANTE
En la Administración Pública somos pocos los que no aprovechamos esta semana interrumpida, puente fastuoso, para irnos de viaje. Esta vez me ha tocado quedarme, vaya, me he querido quedar porque en Sigüenza la cosa del turismo deja el pueblo abarrotado e incómodo y yo lo prefiero otros fines de semana más anónimos.
En cambio Madrid, con este puente colgante, está que lo tira, vestido de luces como un buen torero y tengo gana de pasear por los mejores sitios, más vacíos que habitualmente, ir a una buena película y salir del cine bajo los paraguas.
No sé a quien le cuento estas historias, me temo que a mí misma, quizá por no perder la costumbre de escribir, que es sano para la memoria y para aprender a callar.
Desde mi ventana de la oficina sigo viendo la obra, hoy llevan casco, qué novedad, debe ser que estos son especialistas ferralleros, esos que ganan tanto dinero y, claro, cuanto más dinero, más apego a la vida, a la buena vida. Los sinpapeles lucen sus pelos rizados completamente a pelo, que estoy viendo dos en el segundo piso.
Mañana día de la Constitución. La pobre, que se está quedando flaca de tanto manosearla cada cual para su propio provecho. Antes era motivo de orgullo para todos, ahora ya no se sabe si es una vieja con alzheimer y lo que parecía que decía no era eso y no digo lo que creíamos que quería decir. Casi es mejor conmemorar la Inmaculada Concepción, como en el colegio., que sigue siendo la misma cosa increíble antes y ahora, pero es el santo de mi prima Concha. Felicidades.
Vaya post más cutre me ha salido hoy. Y eso que mañana es fiesta.
VIERNES YA
Viernes de pasión. No de la Pasión de Semana Santa, pero sí es este un viernes de pasiones. En el sentido de dolores - y tampoco de Dolores -, yo estoy que no vivo con un ataque de lumbago, preferiría un ataque de lambada, dónde va a parar, que me arrastro hasta mi despacho, me siento con cuidado, relajo la espalda... y van y me desalojan por simulacro de incendio, eso sí que es pasional, este fuego arrasador llevándose los papeles ministeriales. Seis pisos hacia la calle por las escaleras, manda güevos.
Esta es mi ridícula aportación a la pasión, una ya no está para otras, pero cerca de mí alguien está pasando un calvario de desamores, entre la desesperación y la rabia.
Y es que el amor y la pasión son enfermedades del alma y deberíamos pedir una bajo laboral para su tratamiento. Meter el alma en la cama, bajarle la fiebre a base de Gotas de Alegría para la Pasión Jodida, Parches de Corazones Rotos y machacados, Tisanas para Soñar con Él... Pero no, tratamos el cuerpo con tranquimacín y unas vitaminas y a tirar millas como si no pasase nada. El alma se queda arrugada y sin posibilidades de liffting, con unas cicatrices que no tienen remedio, a ver, señores: una solución quiero.





