UNA DE NOSOTRAS
Hace unos días contaba unas pocas penas y la más triste de todas era la enfermedad de Julia, amiga y compañera, vamos: una de nosotras. Hoy sólo puedo contar aquí que Julia ha muerto y por eso he guardado unos días de silencio, porque ella era alguien que merecía algo más que el consabido minuto.
Julia era una de nosotras en la oficina, en el desayuno, tomando cañas o cenando , y por eso la muerte nos ha tocado tan cerca y por eso yo, francamente, me siento escandalizada. Ya sé que hay mucha gente que muere jóven, pero esas muertes causan un estupor que nos dejan sin palabras, son muertes innecesarias y casi se diría que provocadoras.
Me gustaría, ahora que ya nada tiene remedio, que los hijos de Julia supieran que su madre fue una buena persona , que siempre tuvo una sonrisa cordial para todos , que nunca hizo mal a nadie , que era divertida, que disfrutó de las cosas pequeñas y que tenía muchos amigos, entre los que me gusta contarme. Porque creo que es importante ser consciente de lo que han sido tus padres y los hijos de Julia han tenido esa ventaja, esa tremenda ventaja que ya nadie les puede quitar. Ella les ha dejado su marca , seguramente su inteligencia, su alegría y su sentido del humor , los ojos azules o que era un poco testaruda. Esa es la verdadera herencia y eso es lo que le da sentido a la vida, lo bueno de nosotros que pervive en los que nos quisieron.
Lo duro es que a ella le quedaba fuelle para rato, le quedaban viajes que hacer y triunfos que conocer, suyos y de sus hijos, pero dicen que cada vida, una vez concluída, es completa y perfecta de principio a fin, y en ese sentido la vida de Julia ha sido bonita, ha tenido tiempo de amar y de trabajar. Y también de tener muchos amigos. Ha sido corta, pero ejemplar en muchos aspectos, y así la debemos considerar. La vida fue un regalo para Julia y, a pesar de las cosas que pasan, la disfrutó y la vivio contenta.
Y ahora yo quiero hacer mi particular despedida, porque Julia era una de nosotras, porque la vida y la casualidad nos unió durante unos años y congeniamos y nos reímos juntas.
Para que siempre quede su nombre en el misterioso más allá de la red : Adiós, Julia Salgado, nosotros nos alegramos mucho de haberte conocido y ya te estamos echando de menos.
PUENTE DE LA CONSTITUCIÓN
Celebramos la constitución comiendo en mi casa. Aurora aportó cabrito asado y yo codornices escabechadas y fue de mucha risa porque Antonio, Concha y yo no comemos cabrito y Antonio y yo no comemos pájaros, así que añadimos algunas viandas vegetales y los otros se pusieron ciegos.
Al día siguiente, que era día corriente y moliente, el jordano marrano del ayuntamiento hizo un cocido maravilloso y allá nos fuimos, a su casa nueva, a estrenarla y a disfrutar de las excelencias madrileñas en Sigüenza: total, un par de kilos y sin empezar siquiera con los turrones.
Pero a pesar de tanto festejo, pasamos un puente un poco triste, porque Toya desmontó su casa y nos dejó para ir a otro sitio que todavía no ha decidido y, aunque lo tomamos con una cierta distancia y bastante frivolidad, era todo aparente, que en el fondo estábamos hechos polvo. En esa casa de Toya lo hemos pasado muy bien.
Últimamente creo que este blog es un listado de penas, eso sí, con comidas y cenas, pero lo cierto es que hay temporadas bajas y esta es una de ellas, a ver si cambia el horóscopo o lo que sea que deba cambiar.
En la sección "Viajes", Maguinda se ha trasladado a NY por unos días, también eso cuenta, porque ella da mucha alegría. Llegará allí como una bengala, sorprendiendo a los aburridos funcionarios de la ONU con sus chispas. Los míos vuelven el martes de su acostumbrado viaje navideño a Seattle, donde siguen teniendo amigos. Los amigos son la sal de la vida, no se puede prescindir de ellos. Y Pachi ha dado una vuelta por Port-Aventura con su hija y regresa un poco apachuscada de tanta atracción.
Dejo aquí este post tan raro para acordarme al año que viene de que estaba un poco triste por estas fechas y, cuando lo lea, pensaré que no tenía motivos, que estamos todos bien y juntos y que somos unos privilegiados. Seguro que será así.
Buena semana prenavideña.
DICIEMBRE
Pasa el tiempo a todo meter y , nada más acabar el verano y traspuesto apenas el dorado otoño, se presenta, quieras que no, la navidad. Iba a poner la maldita navidad, porque, quitando a los niños, angelitos, conozco a pocas personas de mi edad que les guste. Una de estas personas es mi marido, Pedro, que se queja con razón de que le amargue la dulce navidad con mis quejidos.
Ayer salí de compras y pude ver los almacenes brillando como joyas en la tarde gris marengo. La gente se paseaba...¿contenta? Los más mayores nada de contentos, pero los más jóvenes, sí, creo que estaban definitivamente alegres. Eso me da que pensar que sólo los agoreros y los que hacemos de la añoranza una creencia detestamos la navidad y abominamos del mes de diciembre, pero es culpa sólo de nuestra melancolía, una enfermedad del alma en la que por lo visto interviene la glándula pituitaria entre otras, que lo decían los griegos y Bertram Russell y yo no les voy a llevar la contraria.
Los jóvenes estaban contentos ayer por la tarde, olfateando ya las vacaciones y los regalos. Y no os cuento los niños, que iban archivando con los ojos lo que van a pedir a esos seres extraordinarios que habitan la navidad, Reyes Magos y el borrachuzo de Papá Noel, fantasías de papás caprichosos no más.
Con todos estos líos y puentes el mes de diciembre se despeña hacia nochebuena, navidad y fin de año. Fiestas de rojo espumillón, bastante hortera, con cava y con turrones.
Si no fuera por eso, diciembre sería un mes simpático, un mes de nieve tras los cristales, de fuego encendido, de quedarse en casa leyendo. Y en Sigüenza las mañanas radiantemente frías, tan preciosas. Pena de mes, todo el día de copas para celebrarlo y encima con cava, que es una bebida tan vacía de contenido y tan pedorra.
Bueno, pues después de desahogarme, debo comunicar a mis dos o tres lectores, que esto se ha acabado. Que este año diciembre será mi mes favorito. Que voy a esperar la navidad con ilusión y con mucha esperanza, que cada época tiene cosas buenas, y que este año lo voy a pasar muy, muy bien. De verdad, que viva diciembre con sus puentes colgantes.
Y que Papá Noel traiga cosas preciosas y mucha salud para los que quiero.
Ayer salí de compras y pude ver los almacenes brillando como joyas en la tarde gris marengo. La gente se paseaba...¿contenta? Los más mayores nada de contentos, pero los más jóvenes, sí, creo que estaban definitivamente alegres. Eso me da que pensar que sólo los agoreros y los que hacemos de la añoranza una creencia detestamos la navidad y abominamos del mes de diciembre, pero es culpa sólo de nuestra melancolía, una enfermedad del alma en la que por lo visto interviene la glándula pituitaria entre otras, que lo decían los griegos y Bertram Russell y yo no les voy a llevar la contraria.
Los jóvenes estaban contentos ayer por la tarde, olfateando ya las vacaciones y los regalos. Y no os cuento los niños, que iban archivando con los ojos lo que van a pedir a esos seres extraordinarios que habitan la navidad, Reyes Magos y el borrachuzo de Papá Noel, fantasías de papás caprichosos no más.
Con todos estos líos y puentes el mes de diciembre se despeña hacia nochebuena, navidad y fin de año. Fiestas de rojo espumillón, bastante hortera, con cava y con turrones.
Si no fuera por eso, diciembre sería un mes simpático, un mes de nieve tras los cristales, de fuego encendido, de quedarse en casa leyendo. Y en Sigüenza las mañanas radiantemente frías, tan preciosas. Pena de mes, todo el día de copas para celebrarlo y encima con cava, que es una bebida tan vacía de contenido y tan pedorra.
Bueno, pues después de desahogarme, debo comunicar a mis dos o tres lectores, que esto se ha acabado. Que este año diciembre será mi mes favorito. Que voy a esperar la navidad con ilusión y con mucha esperanza, que cada época tiene cosas buenas, y que este año lo voy a pasar muy, muy bien. De verdad, que viva diciembre con sus puentes colgantes.
Y que Papá Noel traiga cosas preciosas y mucha salud para los que quiero.





