ALELUYA
Nada más irse los Reyes por los arenales, me enfrento a la báscula de baño que siempre marca de menos y esta vez marca de más. Un desastre para mis propósitos, que suelen ser estar juncal como la Donatella Versace, que la he visto en ropa íntima y no vale nada, pero luego se pone el abrigo y está como un calamarito muy elegante.
Ahora llega la época de las vacas flacas y solo podré tomar filetes plancha y verduras de hoja verde. O bien seguir los consejos de Chumari, que me han dicho que va diciendo que todo se arregla con lavativas de café noir. Yo para el café soy un rato pija, así que me pregunto si será Blue Muntain, o Java achocolatado, o un Brasil sul de Minas suavito, o alguno de las montañas de Etiopía...¿Valdría la cosa en plan oral? No soy amiga de lavativas y además me parece un sacrilegio desperdiciar un buen café vertiéndolo por donde debería salir. Pero si Chumari lo autoriza soy capaz de beberme tres cafeteras por la mañana, con una tostada de pantumaca.
Ya se fueron los Reyes (Magos) y yo asisto al trabajo casi en solitario. Aquí están todos los funcionarios en la puerta del despacho: los ordenadores no responden- me dicen, estamos desactivados, cielos, qué horror vacui... Vaya catástrofe. Me he tenido que dedicar a las relaciones sociales y la gente fastidiada, con unos nervios... Y es que los ordenadores ocupan toda nuestra vida ¿qué hacer sin google, sin correo, sin periódicos digitales, sin solitarios, sin base de datos? Tremenda desazón.
Hablo con Maguinda y llamo a Princesita, que está sumergida en unas rebajas muy caras , que son las que molan. Las rebajas parecen algo tan usual que reconforta saber que todavía existen. Cuando el mundo parece resquebrajarse, es bueno hacer cosas corrientes, ponerse a régimen, ir de rebajas y dejarse lo que queda de la extra (o sea, nada) en una comida que no sea de navidad, con las amigas. Aleluya.
Aleluya, pero poca, porque las noticias para este mundo sufrido, que es el único que tenemos, son malas de verdad. Parece que los humanos nos hemos vuelto locos y hemos optado por el suicidio colectivo , qué equivocación, qué desafuero. Tendríamos que llegar a un acuerdo que evite las profundas desigualdades, que reparta los recursos de forma sensata. Sentarnos en la mesa de los poderosos y tratar de remediar este odio, esta guerra continua , esta sinrazón.
Ojalá que este año nuevo y nueve nos traiga cordura y buena voluntad.
2009
FELIZ AÑO a todos los que me visitais. Ya se están acabando las navidades, fechas que los cristianos y los comerciantes califican de mágicas, metiendo en el lío a niños, adolescentes, padres desprevenidos y abuelos resignados. Y mayormente a los neocatecumenales de Kiko Argüello que me han dicho que se ponen tremendos con la navidad. Pero en mayor o menor medida todos hacemos el juego de la navidad.
Retroceden nuestros recuerdos, manipulados por gentes desalmadas, y llegamos a duras penas - siempre en diciembre - hasta la niñez, la patria universal de la irresponsabilidad, en el buen sentido de la palabra, cuando sólo éramos responsables de ser felices y no gritar demasiado.
Teníamos padres jóvenes, abuelos de pelo blanco, cantidad de tías y primos y los niños ocupábamos el reino de la navidad con nuestros belenes, villancicos, cartas a los Reyes Magos y largas vacaciones. Cenábamos con los mayores en la mesa del comedor y todo era alegría y mucho pavo. La verdad es que siendo las cosas tan agradables en esos tiempos de azúcar, los de mi generación pasamos la navidad en la edad adulta echando de menos a los padres y a toda la familia que falta, que es un montón, echamos de menos los regalos de reyes y el belén, tan gracioso. Echamos de menos correr por el pasillo con los primos y ver a tu tío un poquito colocado. Y la gran cena que no se sabía quien la compraba, quien la guisaba y quien la recogía.
Ahora en vez de padres, tenemos hijos y ellos nos traen a nuestros nietos que son los que corren por el pasillo y se llevan casi todos los regalos de papá Noel, ese gordo borrachin, y de los Reyes Magos, un poco cabreados por el desplazamiento sufrido en la navidad a causa de la globalización. Y los papás y los abuelos a gastar, a guisar y a limpiar. Esto ya no es lo que era. Y encima engordamos un par de quilos por cadera y semana por culpa del turrón y del champán.
Pero es raro que la publicidad nos obligue a tanto. O la religión, o la educación, o la idea familiar. ¿Será lícito condenar a nuestros niños a una edad adulta con tantos traumas navideños? Hagamos algo por ellos ahora que estamos a tiempo. Yo creo que nos debíamos ir todos a la playa a pasar las vacaciones y santas pascuas y nunca mejor dicho.
Este año 2009 amenaza malo según dicen y, sin embargo, yo tengo un pálpito y creo que va a ser bueno. Ya veremos. Mi propósito es escribir un novelón que me de mucho juego, mucha diversión y, si pudiera ser, algo dinero.
Así pues gritaré con Maguinda "A por ellos, oé". y que sea lo que Dios quiera.Feliz año nuevo.
Retroceden nuestros recuerdos, manipulados por gentes desalmadas, y llegamos a duras penas - siempre en diciembre - hasta la niñez, la patria universal de la irresponsabilidad, en el buen sentido de la palabra, cuando sólo éramos responsables de ser felices y no gritar demasiado.
Teníamos padres jóvenes, abuelos de pelo blanco, cantidad de tías y primos y los niños ocupábamos el reino de la navidad con nuestros belenes, villancicos, cartas a los Reyes Magos y largas vacaciones. Cenábamos con los mayores en la mesa del comedor y todo era alegría y mucho pavo. La verdad es que siendo las cosas tan agradables en esos tiempos de azúcar, los de mi generación pasamos la navidad en la edad adulta echando de menos a los padres y a toda la familia que falta, que es un montón, echamos de menos los regalos de reyes y el belén, tan gracioso. Echamos de menos correr por el pasillo con los primos y ver a tu tío un poquito colocado. Y la gran cena que no se sabía quien la compraba, quien la guisaba y quien la recogía.
Ahora en vez de padres, tenemos hijos y ellos nos traen a nuestros nietos que son los que corren por el pasillo y se llevan casi todos los regalos de papá Noel, ese gordo borrachin, y de los Reyes Magos, un poco cabreados por el desplazamiento sufrido en la navidad a causa de la globalización. Y los papás y los abuelos a gastar, a guisar y a limpiar. Esto ya no es lo que era. Y encima engordamos un par de quilos por cadera y semana por culpa del turrón y del champán.
Pero es raro que la publicidad nos obligue a tanto. O la religión, o la educación, o la idea familiar. ¿Será lícito condenar a nuestros niños a una edad adulta con tantos traumas navideños? Hagamos algo por ellos ahora que estamos a tiempo. Yo creo que nos debíamos ir todos a la playa a pasar las vacaciones y santas pascuas y nunca mejor dicho.
Este año 2009 amenaza malo según dicen y, sin embargo, yo tengo un pálpito y creo que va a ser bueno. Ya veremos. Mi propósito es escribir un novelón que me de mucho juego, mucha diversión y, si pudiera ser, algo dinero.
Así pues gritaré con Maguinda "A por ellos, oé". y que sea lo que Dios quiera.Feliz año nuevo.





