AMORES
A pesar de que hace tiempo que acabó la primavera, cuando los amores están en plena efervescencia, apareciendo por doquier como capullos, sí capullos, de flor, y también pasó el verano con sus tórridas pasiones sobre tejados de cinz calientes, creo, por lo que voy viendo, que los amores de otoño son los más arrebatados del panorama estacional y los que provocan más pasión y desazón. Porque parece que, si bien el amor es estupendo, estimulante y arrebatador, nada es tan auténticamente pasional, como el final de un amor.
Siendo el desamor una parte importante del amor, como lo es la muerte de la vida, parece que entre amar y tratar de olvidar pasamos los humanos una parte importante de nuestro tiempo, y eso que descuento los amores de cariño y los de puro sexo, que están muy bien pero que no gravan la existencia con esa hipoteca de desesperación. Y se pasa más rato desenamorándonos que enamorándonos.
El otoño invita a la decadencia, caen las hojas amarillas y las nalgas prietas, cae la lluvia tras los cristales, caen amores que parecían indestructibles y las lágrimas se dejan resbalar suavemente desde los ojos. Tenía un amigo que defendía la teoría hidráulica de las emociones: el líquido es el mismo siempre y hay un sistema de poleas que unas veces lo lleva al ojo y otras veces a otras partes más inferiores, pero el asunto es que el humano suelta líquido cuando ama y cuando deja de amar, disculpen las molestias, no sé en qué belén me estoy metiendo.
Lo que yo quiero decir es que el desamor es una consecuencia del amor, como el otoño lo es del verano, y que es mejor haber amado y haber llorado el desamor, que pasear por un sereno y dulce panorama.
Ay, Virgen de la Mayor (es la patrona de Sigüenza) qué lío más cursi, casi debía haber hablado de ZP.
Comentario:
Ay qué rabia, lo de Be water lo quería decir yo. En fin, que tienes razón, Maguinda, que las penas dan mucha blefaritis.
Comentario:
Fajas, qué bien resumes lo que tantas veces queremos olvidar. Se ve que el día de hoy, absolutamente otoñal, nos identifica con esa parte de la vida donde uno busca el imposible equilibrio entre la pasión, la ternura y la serenidad y nos ponemos melancólicas. Y para belenes mira: El amor y el desamor son parte de lo mismo, uno es consecuencia del otro, claro que si, es imposible que se de uno sin otro, son caras de la misma moneda con o sin estrógenos, con o sin testosterona, con o sin dinero, poder y gloria, con o sin voluntad. El amor es una cosa, el sexo otra y cuando van juntos es un paseo por la nubes. Si eso se cae, fíjate la altura. Ahora bien, el desamor es lo peor que nos puede suceder pues se añaden a la tristeza y a la soledad todos los dolores del mundo: estómago, muelas, adelgazas o engordas, te salen un divieso o golondrino, barlotilinitis, ojeras y códigos de barras. Todo ello (según expertos en el tema y en el desamor)producido por la misma bajada de defensas a más de la teoría hidráulica de las emociones que tan bien expuso un conocido y muy querido psicólogo de la escuela conductista. Somos agua y la soltamos por todas partes, disculpen las molestias. ¡Be water, my friend! Fusionémonos con el día de lluvia.





