OS QUIERO, CARAMBA
Este año que acaba en siete me gusta y espero que no me defraude. Nací un 17 del 7, viví una infancia feliz en el número siete de la calle y me casé un día siete: si esto no es predestinación, que venga ZP y lo vea. Bueno, no que no venga ZP, que parece que está en una mala racha, como la Pantoja.
Empiezo el año con el disgusto de la T-4 y el consabido alfilerazo a ZP que ya todos mis contertulios esperan, a sabiendas que muchos son partidarios de esta opción, que yo lo entiendo y, a veces, en general, hasta comparto, pero me pregunto: ¿es que no hay más hombres en esas filas? Yo creo que sí, y que no sea Pepiño Blanco, por favor.
Pues dicho esto debo confesar que ya no tengo tanta mania al Niño, me he acostumbrado a verle, tan aseadito y confuso, que me da un poco de ternura en salva sea la parte, bueno, en navidad que con la cosa del niño, me pongo un poco mayor.
He pasado unos días en Sigüenza y se me nota en las caderas. Allí se bebe mucho, por el frío y por los bares. Y también se tapea.
A mi vuelta he visto el correo lleno hasta los topes y mi subdirector me ha dejado una felicitación muy maja, un soneto de Tirso, donde se habla de su ardiente estoque cantidad. Yo le deseo que le dure hasta el 2017, creo que diez años de suerte y estocadas ardorosas, están bastante bien, es un deseo generoso.
Pues que no sé qué me pasa, que ultimamente deseo el bien a todos y la paz del mundo, como las misses, y lo deseo de verdad, que ya llevo muchos años siendo un poco chinche. Ahora quizá ha llegado el momento de la redención de mis muchos pecados, os quiero, os deseo muchisima felicidad, este año seré una señora fajas muy buena.
Por lo menos mientras no venga el jefe con el ardiente estoque, claro.





