23 EFE
A estas horas de aquel año todavía estábamos desapercibidos. Todavía , a estas horas, nadie suponía (algunos sí sabrían) que la sombra de Tejero y su triconio, su pistola y sus sesientencoño, iba a intentar, como diría el dictador venezolano, jodernos la democracia.
Cuando lo veo en televisión y observo la escena de aquellos matracos contra la valentía de Gutierrez Mellado y Adolfo Suárez, todavía se me humedecen los ojos. En ese momento no creo que nadie en España pudiera estar de su parte, de la parte de las armas en el Congreso, la zafiedad contra la inteligencia, la guerra contra la paz. Nunca los españoles estuvimos tan orgullosos del nuestros representantes en el Congreso, cualquiera que fuera su color y su idea porque, aunque estuvieran debajo de los bancos, su legitimidad y su gallardía era infinitamente superior a la de los armados.
Hoy ha pasado más de un cuarto de siglo y y yo añoro de aquello no sólo mi propia juventud, sino también la ilusión y las ganas que todos teníamos de que "lo nuestro" saliera bien. Ahora todos los políticos se mueven en el ámbito de la ambigüedad y de la gramática parda, las palabras que nosotros aprendimos entonces, las grandes palabras que nos ayudaron a conseguir paz y prosperidad, las utilizan los unos contra los otros, ya no significan nada para nadie y ellos andan atizándose con el rodillo de las empanadillas.
Yo ya no sé qué es "lo nuestro", pero creo que "lo nuestro" es, más bien y sólo, lo de los políticos de carrera. Pues estamos arreglaos.
Creo que desde entonces han cambiado muchas cosas, estamos en un mundo distinto, mejor en muchas cosas, y más difícil en otras, pero los políticos de ahora piensan que todos somos tontos. Y nos cuentan mentiras y nos ocultan apaños con un cinismo ofensivo, porque ni se molestan en disfrazar un poco sus manejos: esto es la democracia.
Este post me ha salido trascendente, me lo voy a tener que tratar. Manola, hija ¿dónde estás?





