DESAFINANDO
Dice mi buen amigo Hommer que este es un espacio cuajado de despropósitos y que no llega a ver claro el hilo conductor. Te lo digo sin acritud, Hommer: a estas alturas de mi vida los despropósitos son una constante en mi pensamiento y, lo que es más raro, parece que también en el de mis comentaristas.
Veo despropósitos por doquier, mira el prócer ZP cómo lo lleva el hombre , y esos despropósitos, públicos y con nuestra pasta, son bastante más graves que los míos y no te digo nada del hilo conductor. Y esto lo escribo aquí solamente para crear polémica y crispar un poco el ambiente del blog, que se me está quedando fuera de la realidad nacional.
En otro orden de cosas y en coherencia con lo dicho, estaba Sigüenza este fin de semana barrida por el viento, con el cielo radiante y la luz deslumbradora de los mejores días. Un día frío en que todos los grajos volaban bajo.
La tía Nena, asada de calor como un boniato, y harta ya de que no abriésemos los balcones para que entrase el fresco, le pidió a nuestro fontanero favorito que le quitase la bata. Y él se la quitó, faltaría más. Esto del calor debe ser cosa para consultar a House, que se había estropeado la caldera de la calefacción y mientras la tía Nena se achicharraba mentalmente.
Entre unas cosas y otras parece que la armonía de la naturaleza y de la vida se está rompiendo y creo que la mayor parte de los humanos andamos desafinando en esta coral global donde cada quien debería saberse sus notas.
Pues mira tú por dónde aquí cada uno va a su bola, cantamos en el coro por libre, ignorando a los demás. Así no hay quien organice la alianza de civilizaciones. Y es que Dios no colabora.
Buen lunes.
Comentario:
Sabía yo que este asunto tendría pocos comentaristas. Parece que todos estamos de acuerdo en lo de los despropósitos.
Mañana me voy a Edimburgo, un corto viaje de inicio de primavera. Aquí se queda mi vida suspendida, esperando mi regreso, que yo sólo me voy a llevar la bolsa del maquillaje, una muda y un cepillo de dientes. Hasta la vuelta.
Mañana me voy a Edimburgo, un corto viaje de inicio de primavera. Aquí se queda mi vida suspendida, esperando mi regreso, que yo sólo me voy a llevar la bolsa del maquillaje, una muda y un cepillo de dientes. Hasta la vuelta.





