LA PROCESIÓN
Muchos pasos de la Semana Santa española son verdaderas obras de arte. Maravillas de la escultura y de la imaginería, dignas de estar en los museos. Pero, la verdad verdadera, ayer vi un ensayo de procesión por televisión y se me cayeron al suelo los palos del sombrajo. La música que acompañaba el paso era de tipo caramillo con tambor y los esforzados forzudos que movían el trono iluminado no estaban de acuerdo en casi nada. La talla de la Dolorosa parecía perpleja y algo molesta por el movimiento salsero.
Digo aquí, que es un foro pequeño, lo que pienso: era un espectáculo anacrónico, un auténtico show celtibérico, qué cosa más cadúca y qué lejos de lo que somos ahora y de lo que queremos ser en el futuro.
Estas representaciones de la muerte de Cristo, importantes para los cristianos, se han convertido en objeto de curiosidad turística y en la manifestación de una España muy de pandereta. Sí es una cosa turística, vale, la pela es la pela, pero en caso de que sea un fenómeno religioso, la iglesia, que cuenta con todos mis respetos, debería revisar estas manifestaciones de fervor, porque se -han quedado en temas del corazón y del tomate: que si el Rosio, con la Pantoja, que si la Esperanza, con Roca y Julián Muñoz, que si el Cristo de los Gitanos con Farruquito liberado de sus caenas, todo muy carcelario y penitenciario y typical. Hay que fastidiarse.
No me malinterpreten sus eminencias, pero esto de los capuchones y de los romanos pertenece al pasado, es una simbología demodé y out, y en mi humilde opinión, se tienen que modernizar.
Los españoles nos estamos acostumbrando a salir en manifestación, política o religiosa, y yo creo que es una mala costumbre: la política en el Congreso y la religión en los templos y en lo más íntimo y personal. Digo yo.
Bueno, pues que lo paseis bien en las procesiones y que os olvidéis de la política este fin de semana. Au revoir.





