TIERRA
Dicen que la Tierra está vieja y que todo lo más va a durar otro siglo, por culpa de las vacas pedorras de Nueva Zelanda y de nuestras carreteras. Para mí es más que suficiente, pero miro a mis nietos, cuya esperanza de vida es esa más o menos, y me preocupo. Si al menos la deflagración fuera repentina y no tuviesemos que pasar sequías, enfermedades y desertizaciones, pues bueno. Pero es que parece que la cosa va a poquitos, que ahora se mueren las abejas y mañana desaparece la morsa. Y si se apochan los árboles, además de los que se podan a traición, y el sol nos pudre la piel, la cosa se pone fea.
Menos mal que los astrónomos acaban de descubrir, en una galaxia vecina, una dúplica hermosa de la Tierra, un poco más grande, dicen, de la que nos separan no más de veinte años, donde el hombre podría instalarse cuando la vieja Tierra se quede como un ovillo viejo, todo cruzado de carreteras, autovías y autopistas y se vaya dando vueltas por el espacio hasta un rincón polvoriento y oscuro.
La nueva Tierra tiene un aspecto sorprendentemente lozano, verdes praderas, océanos sin surcar, altos picos nevados sin esquiar. Pero la verdad es que, si hay veinte años de viaje, yo ya voy saliendo que pa luego es tarde. Y que da pereza empezar de cero, con lo que ya teníamos adelantado. A mi me da mucha galbana la Edad Media, que parece triste y larga. Lo que más me gustaría pasar esta vez es esa época tan interesante que va desde los alegres años veinte hasta la guerra civil, pero lo demás me lo puedo saltar sin problemas, ya veremos si podemos elegir y si nos dan la oportunidad de rectificar.
Estos asuntos planetarios nos engrandecen el pensamiento, tan acostumbrado a navegar en la rutina. Si se acaba este chollo de la Tierra, tendremos que emigrar, un paseo de veinte años espaciales y la aventura incomparable de empezar, sin saber si aquel planeta gemelo está habitado, es respirable, reune condiciones y muchos enigmas más, todos ellos apasionantes. Pero la sola visión de esa enorme caníca azul, rodeada de lo que parecen nubes, me produce esperanza y calor. Y ese punto luminoso e imprescindible de la existencia que se denomina ilusión.
Acabo de oír que ha nacido la segunda hija del heredero del trono y que se llamará Sofía. Ella tiene tiempo para descubrir la nueva Tierra. Bienvenida a este viejo planeta, te deseo lo mejor, pero del trono mejor ni hablamos, según están las cosas de la política.
Y no digo más.
Comentario:
Lunes en solitario: todo el mundo está de puente. El propósito de partir a una tierra más lejana, en otra galaxia incluso, donde no esté de juana ni otegi ni la madre que les parió, se hace más firme al ver la portada de El País: Con ese paseante aquí no quedarían ni las ratas. Bueno, las ratas que se queden. Si yo fuera de la Bella Easo me repugnaría ver al asesino contaminando las calles. Esos tres médicos que le cuidan si que tienen buen estómago. Y que serán de su cuerda, o sea.





