DESBARAJUSTES
Estos días, aquí en la oficina, no veo más que desbarajustes: mi jefa se va, los peces gordos están recluídos en sus despachos mascando sus despechos y sus temores, y la primavera no acaba de ser verano.
Yo también me siento instalada en el caos y no sé bien por qué. Y mira que el caos es familiar para mí, debe ser un desajuste en mi carácter, pero nunca acabo se sentirme completamente segura. Quizá en Sigüenza, quizá en otoño, quizá en familia. Es una falla de mi carácter suspicaz.
Cuando llega la noche todos los temores se aparecen al borde del sueño y me sobresaltan, así que he aprendido a eliminar los más terroríficos y meterlos debajo de la cama, y sólo me quedan dos asuntos placenteros para mi refugio: la literatura y las obras de reforma en casa.
Ahí me hundo sin temores, en el universo de lo imaginado me siento mejor que en ninguna parte. Ahí decido yo y mando que el mundo sea agradable y sereno, que mis personajes sean lo que yo no consigo ser. Y todos ellos viven en la casa de mis sueños, con el sol arriba y con esos árboles antiguos, vaya que en ese desbarajuste de la vida mando yo y lo que hago es ordenar los armarios y quitar rincones oscuros: en mi novela se pasa bien.
Lo malo es que, cuando llevas un rato escribiendo, los personajes se empeñan en hacer lo que quieren y el ambiente idílico que tanto te ha costado imaginar , de repente se enrarece por un motivo fútil. El bueno se va haciendo malo, como en la vida misma. Es inútil que me empeñe en que reine la felicidad, ellos se encargan de cargársela.
Todo este rollo que cuento es porque quiero preparar una novela gorda para vivir en ella cuando me jubile. No, vivir de ella, no, ya sé que es imposible, pero me gustaría tenerla preparada. Y lo que estoy preparando es una historia de verdad y de desbarajustes. Vaya faena.
Oye, Maguinda, que te has ido y no has dicho ni Pamplona desde Chile, a ver que pasa. Si me lees, manifiestaté.
Comentario:
¿Maguinda en el extranjero? Qué raro. Pa mi que no le gusta estar mucho tiempo aquí, q'es lo que se llama un culo inquieto. Me gusta esa donna.
Comentario:
Eso mismo que le pasa a usté, alma cándida, con sus personajes, le pasa a Dios con el género humano, que le han salido ranas por no decir algo peor, escatológicamente hablando. Tanta lamentación da risa, la diferencia es abismal, contando con que los suyos se los inventa usté en la cama y los de Dios son de carne y hueso. Así que rece usté por la noche y ya verá como se duerme en paz: dos padrenuestros y treinta avemarías. De nada.





