TELÉFONOS
En esta era de las comunicaciones todo el mundo anda con un par de teléfonos en el bolso y hasta las niñas los lucen , negros y flamantes , colgados del cuello. El teléfono móvil es un trasto del que ya no se puede prescindir, toda la vida está dentro de su tarjeta y no hay amigos fuera de su ámbito. Puedes llamar a otro continente, puedes mensajear a las antípodas y creo en mi fuero interno que, sí hubiera alguien habitando ese planeta gemelo recientemente descubierto en una galaxia lejana, también recibiría esos mensajes tontos que enviamos a diario, ok, yo tmbien t kiero mcho, akabo de yegar.
En los programas basura todos los frikis saben hacer ese gesto tan vulgar con el meñique y el pulgar que denota que son escritores de mensajes, de esos que sólo llevan kas y que no tienen haches. El colmo de la elegancia. Y en los semáforos suena un móvil y todas las mujeres se ponen a escuchar el bolso, son gestos nuevos que estamos incorporando a la modernidad.
Hasta las bisabuelas tienen móviles de grandes números, móviles que ellas no distinguen del mando a distancia de la tele o del aire acondicionado... ¡Qué vida más dura llevais ahora!, me dijo un día mi madre, viendome sacar las gafas para leer un mensaje. Y tenía razón.
Los móviles son una cosa útil, nos mantienen ligados a los nuestros y nos facilitan la vida aunque parezca a primera vista que nos la complican y algunas veces da gana de tirarlos por la ventana, cuando ves que te llama tu jefe y no quieres saber para qué. Te pillan siempre y no valen después disculpas.
Y luego que , como todos los inventos humanos, tienen su malvada aplicación, te llaman los teleoperadores a la hora de la siesta, a veces suena en mitad de la noche para asustarte y ya en el colmo, véase la que les dieron en el 11-m los terroristas. Un móvil, una bomba. Todo depende de lo malo que uno sea.
En fin, que los teléfonos móviles son como todo en la vida y a ciencia cierta no sé por qué motivo me meto hoy con los móviles, estando el asunto de ETA candente y el asesino De Juana, que no quiere llevar pulseras ni zarcillos y es pura arrogancia. Aunque se ponga bisutería, o aunque no se la ponga, la cara de criminal no se la quita de encima.
Y éste es malo con independencia del uso que se le dé, que todo lo tiene envenenado.
Comentario:
Los abogados recuerdan que mirar, leer, coger o manipular los móviles ajenos es un delito, joder, sea hijo, marido, hermano, sin distinción que hay mucho cotilla suelto, mucho morbo y luego viene Paco con las rebajas y venga querellas y divorcios. ATENCION
Comentario:
Traducción para los clásicos,
Quien dice que los móviles no dejan huella para el futuro es que lo ignora todo sobre los móviles y sobre el futuro.
Quien dice que los móviles no dejan huella para el futuro es que lo ignora todo sobre los móviles y sobre el futuro.
Comentario:
kien dce q ls mvils no djan ueya pra l ftro s q ignra tdo sbre ls mvils y sbre l ftro
Comentario:
Lo malo, yo que sirvo de archivera, es que las postales y las cartas dejaban huella para el futuro y del móvil sólo quedará la contaminación. Tengo yo de este artilugio una escasa consideración, siempre que suena me dan malas noticia y además me llama un moro (no es despectivo, es un hombre de la morería) desde Marruecos y no le entiendo. Y a qué horas el jodío.
Comentario:
Pues a mi me jodió vivo. Menuda cantera para descubrir cuernos. Manda un mensaje, equivócate de y para qué quieres más.
Comentario:
Tienes toda la razón. Los teléfonos móviles hoy se han hecho imprescindibles, de modo y manera que olvidártelo en casa y darte cuenta de repente es como haber salido, un suponer, sin ropa interior. Te sientes incomunicada y huérfana, como si una hecatombe fuera a sobrevenir en ese lapso de tiempo y tu ignorante y ajena, minúscula en la red de comunicación inmediata. Cuando, por ejemplo, lo enciendes después de un vuelo largo o una reunión sesuda (argggg), o estás en zona fuera de cobertura, esperas ansiosa algún sobrecillo que indique que cuentas para el mundo, para tu mundo. Vaya, que viene siendo una incorporación básica a un nuevo orden emocional que ha dejado fuera de combate a las estafetas de correos, las postales y las fotos de papel. Qué quieres que te diga, Fajas, simbólicamente hablando (o no tanto, que para gustos se hicieron los colores) hemos pasado de besuquear aquellas cartas de los novios de antaño tan esperadas, a besuquear la fria pantalla de cristal cuando llega de sopetón una buena noticia o un mensaje de esos que tu llamas tontos, pero que alegran la vida, como es ese mismo que citas: Yo tb t kiero. Y, la verdad, ojalá llegaran muchos de ese tenor pero de esa persona que quieres. ¿O no? A mi, te aseguro, que me daría lo mismo que fuera con k o sin k. ¿Será sentimentalismo moderno?





