ASESINOS (SuPUESTOS)
Como estos días no estoy de buen humor por asuntos del corazón y veo que la patota, que dirían los argentinos, también anda desasosegada, cuelgo este post sobre un sujeto sombrío que suele acecharme desde la televisión. Y mira que lo siento, ya me gustaría volver a los días de vino y rosas en el M.A. de imborrable recuerdo.
Llevo un par de noches cenando con un supuesto autor ideológico, que dicen. Él sonriendo desde la pantalla y yo acojonada, delante de mi bandeja y de mi estupenda ensalada, absorta y sin disfrutarla, viendo su cara tan cerca de mí que casi distingo sus espinillas, el pendiente en su oreja, un rastro de sudor sobre su labio, algo de saliva en la comisura de la boca, los ojos duros con una mirada entre seria y triunfalista.
Dicen que los ojos son el espejo del alma y yo escruto esa mirada un poco chula, algo retadora, pero no muy diferente de las que he visto en otros ojos de probada inocencia, por ver si le veo el alma, por tener una explicación.
Ahí, a la hora del telediario, de todos los telediarios, sale en mi pantalla ese individuo, supuesto verdugo ideológico de niños y mujeres, supuesto ejecutor de hombres desconocidos para él, gente que no le ha hecho nunca nada y ya nunca podrá demandarle nada. Él da, supuestamente, claro, la orden sin mancharse, desde un teléfono lejano, desde su casa en el campo, o desde la cama de su novia, quizá con un hijo en brazos. Con frialdad, con la tranquilidad del deber cumplido, como si fuera su obligación y su trabajo. Supuestamente por supuesto.
Creo que los criminólogos y otros especialistas del ramo deberían aprender a distinguir en las miradas humanas el rastro que deja la sangre vertida y, si esto no puede hacerse, espero al menos que inventen un detector para las almas corrompidas.
En la piscina, cuando éramos pequeños, decía el socorrista que, si te hacías pis, el agua se pondría roja a tu alrededor. Era mentira podrida, claro, y todo el mundo lo sabía, cada cual se meaba en el agua y esta subía de temperatura. Pero en el caso de los asesinos, sobre todo de los supuestos autores intelectuales, siempre cobardemente escondidos tras alguna ley, sería imprescindible inventar un aparato delator, una célula fotoeléctrica que volviese roja la pantalla del televisor nada más aparecer. Y así ya no tendría yo que ver su cara de hombre casi como los demás, podría comer la ensalada o la tortilla pensando algo agradable, sin que me aceche la duda mientras hace declaraciones cínicas y embusteras, que me levantan el estómago y me fastidian la digestión.
Es necesario que a los asesinos les salga en la mirada una señal, una luz negra, un símbolo de Caín, para poder prescindir de su presencia, cambiar de canal y dejarles con la palabra en la boca. Poner de manifiesto con mi ausencia su soledad, la vileza de sus almas, su lacra y su perversión.
Y en estos días de ira te lo tengo que decir. Seas lo que seas, he visto tu alma y no te quiero más en mi televisor, Otegi.
Comentario:
Comentario:
Vale, Barrabaja, bonita, y solitaria, intervención
Comentario:
No he dejado de escribir en ninguno de tus posts y no quisiera que este se me quedara fuera. No creo que sea la cobardía el motivo de que la peña haya pasado aquí de comentarios. Pienso, más bien, que nos pilló de sorpresa el cambio de tercio mientras aun estábamos bajo los efectos de otros impactos que nos tocaban muy de cerca y más al corazón. Paco en el hospital, afortunadamente mejorando a pasos de gigante, la noticia del agravamiento de una compañera que, finalmente, se nos ha ido... Y, sobre todo, ¿Qué se puede decir de este ser al que haces referencia? Por no decir, siquiera se le debería nombrar. A veces mencionar a gente de esa catadura es otorgar una relevancia que jamás debieron tener. El Juez hizo bien. Coincido contigo, Fajas. Lo has escrito de manera inmejorable. Yo tampoco lo quiero en mi pantalla. Ni en mi pantalla, ni en mi radio, ni en mi prensa, ni en mi vida. Solo hay un sitio donde me gustaría tenerlo y es fuera de la venganza pero dentro de la Justicia.
Comentario:
Ya os vale, cagones, que hablo de Otegi y os ponéis a sudar, así nos van las cosas en este país de gallinas.





