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Desayuno de trabajo
Opinión, cultura, comentarios de política y sobre la vida en general.
Sindicación
 
LA CASA

Dejo el título para más tarde porque no sé qué contar en este trozo blanco que me ofrecen los de Ya.com. Es porque últimamente estaba tan estresada con mi madre que ahora que ella ha dejado de preocuparme tanto, me he quedado como sin objetivos. He pasado un fin de semana raro, en Sigüenza, como siempre, pero ahora estoy más desocupada y me fijo en otras cosas.

Veo desde mi balcón seguntino la Catedral majestuosa, veo los tejados brillando de escarcha y veo también la casa de enfrente, la casa de la tía Nena, donde vivían ella y mi madre y donde ya no viven ni siquiera los peces del pilón, que se murieron hace una semana. Evito mirar la casa que nunca vi cerrada, la casa donde nací. La miro sin querer y pienso que parezco aquella esposa de Barba Azul a la que no le dejaban entrar en una habitación a pesar de tener la llave.

Bueno, maldita sea, una casa es sólo una casa y aquí se queda ruinosa y vieja mientras los demás se mueren. Esa es la verdadera pérdida.

La cosa es que este fin de semana he tenido mucho tiempo por delante y Sigüenza estaba precioso y hemos paseado y hemos comido juntos, hemos jugado a las cartas y hemos cenado fuera.

A la ida y a la vuelta he estado en casa de Toya, viendo a Ja, que toma el sol en el jardín, con sombrero de panamá y una manta por las rodillas. Ha venido el psiquiatra a cambiarle la medicación y he notado que Ja está contenta y que come todo lo que le gusta, que no es el puré verde de la residencia. Toya le da a media tarde unas patatas fritas y un sorbito de champán y la surte de tangos y boleros y algunas arias de Pavarotti. Parece que no, pero es un buen tratamiento que Ja agradece con una mirada más alegre.

Ayer tomamos unas tapas en La Antigua, con los Bernal, los Pérez y los De Grandes, que inauguran una exposición de Santacruz el jueves, día 31 , y también se presenta allí el libro Pintores en Sigüenza. Quedais todos invitados, en la sala de arte de Caja Guadalajara.

En la Antigua había un ruido tremendo y así era dificil la conversación, que creo trataba de caza y de un coleccionista de libros de caza. O sea, de esas cosas que tanto gustan a los ricos.
Esta vida es cada vez más rara y yo me abismé en el ruido y enrocada en esa tormenta de gritos imaginé que me tocaba el euromillón y que me marchaba en el Queen Mary a NY, paseando por cubierta con una leve gabardina, oliendo a mar abierto y ahogada de millones para repartir. ¡Que gusto ser multimillonaria!
Y que no se me pase la edad, que a Ja ya no le conmueven los millones.
Feliz semana.
 
Comentario:
Ese destino interruptor de sueños precisa de una investigación específica. Joputa.
 
Comentario:
Mon Dieu, qué suerte, yo que estaba esperando el premio con las reservas hechas en el Queen Mary! Esta jugada del destino interruptor de sueños si que no me la esperaba...
 
Comentario:
He dicho la tele que hay uno por ahí por el sur que se ha embolsado todo el euromillon de una vez y que o anda recolectando aceitunas y no se ha enterado o se lo está callando el muy zorro como si eso se pudiera ocultar. Haygentepató.
No