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Desayuno de trabajo
Opinión, cultura, comentarios de política y sobre la vida en general.
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BULLICIOSO MAYO

La naturaleza está que se sale en estos primeros días de mayo. Ahora nadie tiene gana de morirse sino de perpetuarse y lo puedo decir porque he sorprendido esta mañana a un par de enormes saltamontes en pleno acto sexual y en mitad de la pradera de el Cañal. Los bichos están perdiendo las formas y se creen que todo el monte es el parque del Oeste y que cualquier saltamontes puede comportarse como si fuera la Veneno en horas de oficina.

El viernes pasado mi amigo Victor , Bareto para los habituales, me regaló un libro. Una primera y adelantada edición para amigos de su última obra: Delito y cine clásico. Victor es un prodigio escribiendo y el libro es estupendo, un ensayo imprescindible para psicólogos y para aficionados al cine negro. Victor lo sabe todo y lo cuenta tan bien que no te deja desengancharte. Y eso que confiesa que lo ha escrito sólo con un par de neuronas... Lo recomiendo fervientemente cuando salga después de verano. A leerlo todo el mundo con carácter obligatorio, que va a ser un ensayo best seller, estupendo de verdad. Cuando Victor utilice todas las neuronas le van a dar el premio Nobel.

El fin de semana también ha sido bueno, comiendo más de lo debido y con Sigüenza llena de gente hasta la bandera. Acaban ya los fines de semana solitarios, nuestra cena en el Sánchez, en la mesa de la esquina y, después, un paseo nocturno por la Alameda oscura. A mí me da un poco de pereza tanta gente y tanto alborozo. Me parece que la primavera es un poco ordinaria.

Toya, mienmana, está entregada en cuerpo y alma a seguir las enseñanzas de El Secreto, un libro de autoayuda que ella defiende a capa y espada y dice que somos unos listillos desconfiados, descreídos y cínicos y que así no vamos a ninguna parte, que hay que ser buenos, confiados y decididos. Las enseñanzas de el Secreto, de momento le sirven para aparcar, porque ha aprendido a visualizar el tráfico, o algo así.
Juro que a mi me gustaría, pero juro que no puedo. Soy una inutil para la cosa de las creencias y soy desconfiada porque soy muy de de pueblo. Y que me estoy volviendo rara, huyo de la fe y del alborozo y mayo me produce una pereza indescriptible, tanta alegría me fatiga. Y las noches profundamente azules sobre la catedral iluminada, me dan gana de llorar, vaya por Dios.

Esta semana me propongo, auxiliada por Aurora, llevar a las tías que nos van quedando a pasar la tarde con mi madre. No sé si saldremos con bien, pero allá vamos, que hace meses que no se ven. Mil años nos contemplarán, contando los míos.

Feliz semana.
No