DIENTES
En este siglo inaugurado no hace mucho, todo el mundo infantil, juvenil y postjuvenil anda con un aparato en los dientes que los deja enfilados y perfectos para lucir una impecable sonrisa hasta, dicen los dentistas, que llegue la hora inexorable de los implantes.
Tengo una nieta que me deja un postizo parecido a un chicle de fresa sobre la mesa del desayuno; una sobrina que alargó por dos años su molesta ortodoncia porque su madre, una de mis más dilectas primas, sobornó al dentista con regalos y jamones para que no le quitase los ganchos a fin de demorar en lo posible la práctica del morreo,- creo que en vano - , y también tengo una amiga que sufre en silencio una ortodoncia de caballo, porque aquello que lleva en la boca es auténticamente un freno para la gula y la lujuria.
Esto sucede en este siglo, pero los que fuimos niños, jóvenes o adultos en el siglo pasado no sólo nos tuvimos que conformar con nuestros dientes amontonados o mellados, sino que nunca llegamos al Día del Implante, sufriendo en cambio el Día del Puente, puente que la mayoría de las veces es colgante y acaba tragado al mismo tiempo que el bocado de pepito de ternera.
Nuestros parientes ancianos suelen llevar dentaduras postizas y amenizan las veladas y las partidas de bridge castañeando los dientes para llevar el compás y ganar la última mano. Me cuenta una amiga que su padre encontró una muela de oro en una paella de un estupendo restaurante y después de montar un pollo espectacular comprobó, ya en casa y mientras se lavaba los dientes, que la muela era de su propiedad y de oro de ley, y hubo que disuadirle de sus intenciones de volver al lugar de los hechos a fin de recuperarla.
Mi padre tenía una dentadura que le molestaba mucho y cuando viajaba se la quitaba, pero mi madre no quería verle sin dientes, así que insistía – anda, hombre, póntela – y un buen día mi padre sacó su dentadura del bolsillo, abrió la ventanilla y la tiró a los rastrojos.
Uno de mis amigos más mayores tuvo que asistir a una cena el mismo día que le habían puesto la dentadura postiza. Sufría una tortura inenarrable, así que se situó discretamente en la mesa justo al lado de la abuela de la casa, una mujer un poco ida de la cabeza. No podía comer y casi no podía hablar, así que se quitó la dentadura con discreción, se la metió en el bolsillo del pantalón y consiguió llegar a los postres respondiendo con monosílabos y sonriendo sin abrir la boca. En el café miró al suelo y vio con espanto que se le había caído la dentadura. La recogió con la servilleta y la volvió a guardar.
Al día siguiente se encontró con dos dentaduras, una en el bolsillo del pantalón y otra en el de su chaqueta y no sabiendo qué hacer, pidió a su mujer que llamase a la casa de sus anfitriones. Se puso la asistenta, que le indicó que los señores se habían tenido que llevar a su madre a urgencias porque, al parecer, se había tragado la dentadura postiza.
Esto que cuento es todo verdad y lo cuento como homenaje a los viejos que tienen un vaso con dentadura en la mesilla. Va por ustedes.
Tengo una nieta que me deja un postizo parecido a un chicle de fresa sobre la mesa del desayuno; una sobrina que alargó por dos años su molesta ortodoncia porque su madre, una de mis más dilectas primas, sobornó al dentista con regalos y jamones para que no le quitase los ganchos a fin de demorar en lo posible la práctica del morreo,- creo que en vano - , y también tengo una amiga que sufre en silencio una ortodoncia de caballo, porque aquello que lleva en la boca es auténticamente un freno para la gula y la lujuria.
Esto sucede en este siglo, pero los que fuimos niños, jóvenes o adultos en el siglo pasado no sólo nos tuvimos que conformar con nuestros dientes amontonados o mellados, sino que nunca llegamos al Día del Implante, sufriendo en cambio el Día del Puente, puente que la mayoría de las veces es colgante y acaba tragado al mismo tiempo que el bocado de pepito de ternera.
Nuestros parientes ancianos suelen llevar dentaduras postizas y amenizan las veladas y las partidas de bridge castañeando los dientes para llevar el compás y ganar la última mano. Me cuenta una amiga que su padre encontró una muela de oro en una paella de un estupendo restaurante y después de montar un pollo espectacular comprobó, ya en casa y mientras se lavaba los dientes, que la muela era de su propiedad y de oro de ley, y hubo que disuadirle de sus intenciones de volver al lugar de los hechos a fin de recuperarla.
Mi padre tenía una dentadura que le molestaba mucho y cuando viajaba se la quitaba, pero mi madre no quería verle sin dientes, así que insistía – anda, hombre, póntela – y un buen día mi padre sacó su dentadura del bolsillo, abrió la ventanilla y la tiró a los rastrojos.
Uno de mis amigos más mayores tuvo que asistir a una cena el mismo día que le habían puesto la dentadura postiza. Sufría una tortura inenarrable, así que se situó discretamente en la mesa justo al lado de la abuela de la casa, una mujer un poco ida de la cabeza. No podía comer y casi no podía hablar, así que se quitó la dentadura con discreción, se la metió en el bolsillo del pantalón y consiguió llegar a los postres respondiendo con monosílabos y sonriendo sin abrir la boca. En el café miró al suelo y vio con espanto que se le había caído la dentadura. La recogió con la servilleta y la volvió a guardar.
Al día siguiente se encontró con dos dentaduras, una en el bolsillo del pantalón y otra en el de su chaqueta y no sabiendo qué hacer, pidió a su mujer que llamase a la casa de sus anfitriones. Se puso la asistenta, que le indicó que los señores se habían tenido que llevar a su madre a urgencias porque, al parecer, se había tragado la dentadura postiza.
Esto que cuento es todo verdad y lo cuento como homenaje a los viejos que tienen un vaso con dentadura en la mesilla. Va por ustedes.
Comentario:
¿Pero no estábamos hablando de dientes? Crei que lo de los masajes ya estaba finiquitado y volvemos. Por cierto ¿el bellezón da masajes en la boca? ¿Por qué imputan a Princesita que tan solo se dio un masaje? ¿Por qué no al extranjero libidinoso? ¿Es finalmente gay Alzacuellos? Por cierto, hoy me ponen una corona.
Comentario:
Se ha dictado orden de busca y captura contra una tal Princesita, testigo en el caso de la Sala de Masajes por no hacer comparecido a prestar declaración en la Comisaría de Ventas, pese a haber sido citada en tres ocasiones. La Dirección General de la Policía, después de hablar con el Juzgado competente, ha acordado librar orden de detención a fronteras, aeropuertos y establecimientos hoteleros, por si la mencionada intenta abandonar el país. Según informa el Gabinete de Prensa no hay cargos contra ella, por el momento, salvo el de denegación de auxilio a la justicia por sus reiteradas incomparecencias, pero se considera vital su testimonio para el esclarecimiento del caso. Entre tanto, el principal imputado ha sido visto en una manifestación celebrada en días pasados en Madrid, junto a importantes miembros de la Conferencia Episcopal. La Dirección General ha aclarado que, en caso de detención, será tratado como un ciudadano más, independientemente de su credo religioso. Fuentes generalmente bien informadas han señalado que la cárcel de Zamora, en la que penaban los clérigos durante el franquismo, hace años que está cerrada.
Comentario:
Frugola no te pases que te meto un paquete que te enteras. Estaba de servicio vigilando al principal imputado en el caso del masajista sodomita. Y me sorprendió que el cura ese que anda en todos los guisos y que solo piensa en follar se codeara con Acebes (¿o acaso Aceves?), la Alvear y tantos y tantos santos que desfilaron el otro día tras una pancarta. Si a esos los pillan unos compañeros míos que estaban en la Brigada Político Social, se enteran. Les habrían dado de hostias hasta en el carné del club de Campo. Es que ahora el mundo esta al revés. Los hombres se casan con hombres y las manifestaciones las organiza la derecha. Yo creo que es un síntoma de progreso, pero de ahí a que yo sea gay va un trecho. Todo lo más soy guay.
Comentario:
Oye, Biscuter ¿estabas tu en esa manifestación? Yo crei que eras gay y tu compañero de curro, tu pareja de cama.
Comentario:
¿Alguien puede informar si Alzacuellos era uno de los portadores de la pancarta de la manifestacion del sabado junto a una dama llamada Carmen de Alvear?
Comentario:
Asukiki, te diré que es un freno más que bueno para dos de los pecados capitales más citados en el ranking del pecar: la gula (imposible comer con gusto nada que no sea líquido, que no se me interprete mal, poldiós...) y, sobre todo, la lujuria. Una vez sonríes (y quién puede ligar sin sonreir algo) percibes un gesto extraño y una mueca de dolor en la contraparte, en un 95% de la muestra a la que he tenido acceso en un año. No he preguntado qué se imaginan ni dónde, pero no suelen mostrar interés por el teléfono u otros indicadores de éxito. En un 3 % de los casos el fenómeno se invierte sin que tampoco se interprete motivo, despertando un morbo casi patológico, que más que agradar, asusta. El 2% restante, no sabe, no contesta o mira el entramado dentanl como una vaca a un tren. No mencionas qué tipo de abstinencia te vendría mejor de cara al verano. Si de verdad quieres profundizar especifica tu consulta y con gusto te daré todo tipo de detalles.
Comentario:
Oye, Barrabaja, quería yo preguntarte ¿es verdaderamente un freno pa la lujuria? Es que no me vendría mal una temporada de abstinencia...
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Oye, Barrabaja, quería yo preguntarte ¿es verdaderamente un freno pa la lujuria? Es que no me vendría mal una temporada de abstinencia...
Comentario:
Debo reconocer que ésa que sufre en silencio una ortodoncia de caballo es la que suscribe, para qué ocultarlo con lo que se lleva ahora salir del armario. Lo bueno es que sufro en silencio (a veces no tanto) algo que es provisional y no las hemorroides, que esas si que son la pena negra. Gracias a este año de abstinencia en casi todos los sentidos por culpa de este bozal, no perderé estos piños espléndidos, aunaque algo desordenados, que la naturaleza me dió, no como nuestro amigo Manolo Horrillo que apareció un día a la hora del desayuno sin uno de los dientes de abajo. Recuerdo que, como era un fumador impenitente, algunas pensamos que lo había hecho adrede para dejar el cigarro siempre a mano. Era una mella perfecta. Lo mismo le sucedió al marido de una compañera con el mismo diente que nuestro querido Horrillo. Trabajaba en el Ayuntamiento y en pleno Pleno y en el marco de un vehemente discurso, su diente provisional salió disparado contra un Concejal de la oposición. Eran otros tiempos y todos se rieron mientras su vehemencia daba paso a un intenso rubor que ahora nadie parece tener... Qué tiempos...





