SIGÜENZA
Regreso de Sigüenza después de un fin de semana corto pero aprovechado. He aprovechado para pasear por la plaza, para meterme en la Catedral, para ir de bares, para recorrer la Alameda, para bañarme en un agua limpia y helada, para hacer tertulia al lado del pilón, en el jardín familiar, cada año más viejo y más decadente. Mi tía dice que los aviones vuelan para coger la carretera general y que las hormigas salen el día 26 de junio. Ella debe saberlo, lo de las hormigas, claro, porque lleva muchos años esperando que salgan ese día para echarles unos polvos venenosos en sentido estricto, Manola.
A mí me gusta Sigüenza y me gusta mi familia en general, con algunas contadas excepciones, porque creo que allí estoy en mi casa y que Madrid es sólo una época, larga, larga, de mi vida.
Y es curioso, porque Sigüenza, ese pueblo de piedras rosas en mitad del secarral, significa para mí, sobre todas las cosas, agua. Tumbada sobre el agua fría de la piscina, me he dado cuenta de que mi naturaleza de cangrejo espera cada verano esta ración de humedad, qué cosa extraña y preciosa es el agua., transparente y quieta en la piscina, deshecha en gotas, en olas diminutas, ocupando mi mano, corriendo entre los dedos de los pies.
El agua que corría en las regueras, bajo los setos de la Alameda era, en mi infancia, la libertad, y cuando conseguí conocer el mar, pues qué os voy a decir, esa inmensidad incontenible me resultó un poco, no sé, un poco ordinaria. Tanta agua de repente y encima, salada… A lado de las filigranas de los regatos del Henares, de los charcos de la fuente Picarda, agua tan fría y tan fina, buena para el riñón, con hierbas y con ranas. La que manaba en burbujas en el río Dulce era poca y sosa, llevaba cangrejos buenísimos, y resultaba más rica y misteriosa que la vastedad del agua de los mares. Y era su escasez y su rareza la que me hacía creer que el agua que corría sobre aquellas piedras era un tesoro maravilloso.
Bueno, pues dicen los políticos que los de Sigüenza no necesitamos tanta agua y se la van a llevar en un plan hidrológico hecho con los pies y con las ambiciones de poder. Una cosa es que a mí me guste un riachuelo y otra que dejen a las ranas como yo en mitad de un monte y sin piscina.
Anda que cada día están más tontos…
A mí me gusta Sigüenza y me gusta mi familia en general, con algunas contadas excepciones, porque creo que allí estoy en mi casa y que Madrid es sólo una época, larga, larga, de mi vida.
Y es curioso, porque Sigüenza, ese pueblo de piedras rosas en mitad del secarral, significa para mí, sobre todas las cosas, agua. Tumbada sobre el agua fría de la piscina, me he dado cuenta de que mi naturaleza de cangrejo espera cada verano esta ración de humedad, qué cosa extraña y preciosa es el agua., transparente y quieta en la piscina, deshecha en gotas, en olas diminutas, ocupando mi mano, corriendo entre los dedos de los pies.
El agua que corría en las regueras, bajo los setos de la Alameda era, en mi infancia, la libertad, y cuando conseguí conocer el mar, pues qué os voy a decir, esa inmensidad incontenible me resultó un poco, no sé, un poco ordinaria. Tanta agua de repente y encima, salada… A lado de las filigranas de los regatos del Henares, de los charcos de la fuente Picarda, agua tan fría y tan fina, buena para el riñón, con hierbas y con ranas. La que manaba en burbujas en el río Dulce era poca y sosa, llevaba cangrejos buenísimos, y resultaba más rica y misteriosa que la vastedad del agua de los mares. Y era su escasez y su rareza la que me hacía creer que el agua que corría sobre aquellas piedras era un tesoro maravilloso.
Bueno, pues dicen los políticos que los de Sigüenza no necesitamos tanta agua y se la van a llevar en un plan hidrológico hecho con los pies y con las ambiciones de poder. Una cosa es que a mí me guste un riachuelo y otra que dejen a las ranas como yo en mitad de un monte y sin piscina.
Anda que cada día están más tontos…
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Dora, no disimules. A ti lo que verdaderamente te gusta de las heladerías es que te echen un buen mantecao y como has oído que el del Salón y el cura, que son la misma cosa, andan por ahí comiéndoles los bajos a las empleadas, pides ayuda para colocarte como si las demás fuéramos gilipollas y no supiéramos lo que buscas. Anúnciate en el ABC, -hay quien ofrece francés, griego, beso negro, me lo trago todo, por 30 euros- y no tendrás necesidad de ir por ahí mendigando un polvo y a la vez dándotelas de buena. ¡Serás carota!
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Con esto de la caló parece que mis clientes se retraen, lo mismito que los del Susanclub, el domingo colgaré un post hablando de mi tía Nena,que ha cumplido sus primeros noventa. Espero que mis comentaristas tengan en cuenta su edad, hagan caso omiso y hablen, como siempre, de esas cosas lujuriosas tan entretenidas, que para eso están. Alzacuellos, te extraño.
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A la pingúina le he llevado a otro ginecólogo (en la calle del pez) Me ha dicho que no tiene ni venéreas, ni trompas de Falopio, que tiene mollejas.
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Madre va mucho a Sigüenza, es un lugar de mucho tronío. Me gusta el plan de la Heladería esa del placer y sigo con mi idea de concursar al Ministerio de Marras, siempre estoy en la ambigüedad, es mi sino.
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¿Alguien me puede recomendar para conseguir el puesto de dependienta en una heladeria? Me gustan mucho los batidos, la horchata, tengo mano para el tuttifruti y ademas estoy en paro desde que se cerró el Salón de Masajes, por culpa de alguna deslenguada y del capullo de Biscuter. Necesito trabajar como sea.
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Se me olvidaba una sugerencia! Nos llevamos al pingüino de Bareto a la piscina de aguas gélidas? Así tenemos camarero de etiqueta que nos sirva aperitivo en condiciones dentro del entorno rural, no?
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Fajitas, con este calor me iba a tu pueblo pero ya! Si, Maguinda, todavía recuerdo la última comilona en el Calle Mayor y la cuesta inacabable hasta el parador, donde aparcamos. Si vamos ahora, recuerdame que aparque cuesta abajo. Nos vamos, chicas? Que viva Sigüenza!!!
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¡Pero si ha vuelto Bareto, que ha estado por Europa creo que arreglándole los papeles a su pingüina o quién sabe! Hola, Hola.
Me gusta el canto a tu tierra, Fajas. Estamos pensando en visitarla próximamente de nuevo ya que siempre lo pasamos chévere por allí y comemos... mmm... Aún recuerdo un revuelto de boletus con fuá que, oye, qué rico, qué torrija me agarré con el vino. Y aquél café en el parador... y los paseos por sus calles... Antes de que Princesita emprenda la aventura de ultramar, a ver si hacemos una escapada.
Me gusta el canto a tu tierra, Fajas. Estamos pensando en visitarla próximamente de nuevo ya que siempre lo pasamos chévere por allí y comemos... mmm... Aún recuerdo un revuelto de boletus con fuá que, oye, qué rico, qué torrija me agarré con el vino. Y aquél café en el parador... y los paseos por sus calles... Antes de que Princesita emprenda la aventura de ultramar, a ver si hacemos una escapada.
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Hola bareto, vaya problemas que te da el Velociraptor. Yo que tú le daba el pasaporte, pero yo soy muy bruta.
Comentario:
La pingüina tiene ladillas de velocirraptor.
Yo me he comprado una escopeta de cartuchos del 12. Tiro postas como para rinocerontes y ni por esas.
Le he enviado a un ginecólogo que trata hembras de mamut y me ha dicho que en la vida ha visto algo semejante.
Luego se ha fumado dos ducados.
Yo me he comprado una escopeta de cartuchos del 12. Tiro postas como para rinocerontes y ni por esas.
Le he enviado a un ginecólogo que trata hembras de mamut y me ha dicho que en la vida ha visto algo semejante.
Luego se ha fumado dos ducados.





