SUEÑOS DE VERANO
Esta noche he tenido un sueño difícil de interpretar. Era un sueño agradable y me ha dado pena despertarme, con dolor de cabeza y algo de lumbago.
Estaba en Madrid y tenía que ir a una dirección que un amigo me había dado para algo no especificado. Era por la mañana, era verano y yo iba a una casa de Bravo Murillo, muy cerca de Rios Rosas. El portal era corriente y oscuro, pero al final de este se abría un espacio enorme, un patio grandísimo rodeado de un edificio construído en lo que parecía pizarra muy fina, a modo de un gran abanico irregular, de aspecto chino, lustroso y lacado en negro. Me gustaría saber pintarlo , era una casa cóncava y preciosa, cuya fachada daba al recinto interior, con muchas ventanas cerradas y copetes en los tejados todos distintos.
Allí dentro supe que había unas personas viviendo en ese recinto como si fuera en un convento, que profesaban una extraña creencia de tipo budista. La señora que me recibió me dio un jarrón pequeño, regalo que me produjo un bienestar raro, como si con este objeto pudiera hacer cualquier cosa en la vida. Cuando regresé a casa, el amigo que me había enviado allí me dijo que era un jarrón de "weko", el material más antiguo y más escaso de la tierra:
- "Tú no puedes custodiarlo sóla "- dijo - "tendrás que darselo a la familia".
Ahí acabó el sueño.
Estando como estoy inmersa en un asunto de herencias, difícil como suelen ser todos estos líos familiares, digo yo que eso de "darselo a la familia" tendrá algo que ver con mi vida, pero yo creo que lo importante de mi sueño no era precisamente este detalle.
Lo importante ha sido lo bien que me encontraba y que, justo antes de despertar, he sabido cómo debía resolver la novela que estoy escribiendo con tanto trabajo y tanta torpeza, la que cada día borro y que estoy a punto de abandonar.
Cuando me he despertado aún tenía las manos apretadas, sujetando con devoción ese pequeño y valioso objeto que me negaba a entregar a la familia.
En este momento no tengo idea de dónde lo he podido dejar, ya se sabe que los jubilados tenemos la cabeza insegura, pero si estoy segura de que el jarrón de weko es mío. Estaría bueno.
Quizá lo utilice para escribir una muy larga novela que me tenga muy entretenida.
Besos en los morros a la familia.





