MOMENTOS
Me levanto y me asomo al balcón. Hace un día radiante y, sobre el azul intenso del cielo, delante de mis ojos, está la Catedral, majestuosa y rosada, con la campana grande llamando a misa. Algunos pájaros tontean en el tejado de enfrente. Me siento a desayunar con Pedro y con Marta la pequeña, y pienso que este es el mejor momento del día.
No tiene mucho mérito, porque es sábado y ya se sabe que los sábados suelen estar rellenos de buenos momentos: paseos bajo los olmos por el incipiente otoño de la Alameda, ratos de sol en el jardín, aperitivo, comidas ricas y sobremesas largas con amigos…Pero lo cierto es que, ya que hablo de momentos, me he puesto a reflexionar y me he dado cuenta de que a diario tengo muy buenos momentos, un montón de buenos momentos y un puñado de mejores momentos. Es buen momento el café oloroso de cada día en la cocina, con Pedro hijo y la radio, mientras amanece tras las ventanas; y el paseo hasta el Ministerio, con los árboles todavía tan verdes y tan frescos por el madrugón. Cuando llego me voy a tomar un agua con hielo a la cafetería, con Maga, Pachi , Julia y Luisa, un buen momento, y cuando subo abro el ordenador y me enchufo al iPod, desayuno de nuevo con Bach o me sube la bilirrubina y me dan ganas de bailar.
Pero el más bueno de todos es cuando regreso a casa a mediodía, como yo sola cualquier cosa que engorde y que esté bueno, y después ocupo el sillón de Pedro y me adueño del mando a distancia de la televisión… Este es un momento grandioso y lo disfruto mientras elijo entre Frijolito y sus papás, los Gavilanes y sus amantes o el tomate y la Operación Triunfo, Polanco o ZP. Ese es justo el momento en el que siento que la Ley de Autonomía Personal es una realidad en mi vida. Qué grande es mi dicha, caracoles.
Por la tarde tengo ratos estupendos, una conversación con Paloma por teléfono o chateando, o un rato de gimnasio (ese es malo, pero gratificante), alguna tarde un cine con Pedro.
Cuando por la noche me quedo otra vez sola, cuando todos duermen, leo un rato y es un gran momento. Ya en la cama, Pedro me calienta los pies y, mientras me duermo tengo una ligera idea de la suerte que tengo.
Sólo a veces me siento culpable por acaparar tantos buenos momentos. Esto debería estar regulado y entrar en un reparto justo, creo que podría prescindir de algunos buenos momentos. Dios, o ZZP, que tiene remedio para todo, deberían socializarlos.
Comentario:
Alto ahí! No consentimos que nos traten de falsas. Lo único que llevamos falso son las mechas, el resto, oro molido. No conocemos a la presunta Maricruz, sino todo lo contrario. Lo de Zaragoza nos honra y lo del cojo de Estambul fue por un desfallecimiento momentáneo en nuestra virtud, que nosotras somos serias y de la cofradía del Pilar . Tampoco conocemos al reverendo Alzacuellos ¿va por la calle del Tubo?
Comentario:
Como se suele decir ando con la picha hecha un lío. Mi jefe me ordenó seguir a las rubias de bote, protagonistas de sonados escándalos en el Motel Avión, en el que una de ellas se las vio con un clérigo ahora mas buscado que el Radovan Karacidk, y en un salón de masajes –en esa ocasión el cura, pasándose por un masajista italiano se dedicaba a darles con todo lo que tenía al grito de ¿Ahí voy con lo que te doy!- y cuando estaba a punto de identificarlas desaparecen de la escena, dando al traste con meses y meses de investigación y un montón de pasta tirada en viajes, alquiler de coches de lujo, pago de hoteles caros y cuentas de restaurantes de 20 tenedores, pues perseguir a este par de monadas, finas que te cagas, ha sido un tarea de inmersión en los lugares mas selectos de la tierra. Pues lo que decía, que ahora van las tías y aparecen en Zaragoza -¡manda güevos que diría Trillo- con nombres falsos y todas las pistas de corrupción, trafico de influencias, falsificación de moneda, incitación a la prostitución y no se cuantos delitos mas contra la propiedad industrial (todo lo que llevaban era falso menos las bragas) acaban en el despacho del Alcalde de la ciudad del Pilar, señalando para mas señas a Mari cruz Soriano, que podría estar detrás de toda la trama. Y lo sé porque tenemos intervenido el teléfono de Alzacuellos (el cura salido) y le dice unas cosas a la pianista que no dejan la menor sombra de duda. El tío no solo se la tira encima del piano mientras ella toca piezas de Richard Cleyderman (es imposible que se escriba así) sino que organizan en su casa reuniones para vender las falsificaciones, como las del tupperware, y el cabrón además de sacar una pasta que te pasas les pide el teléfono a las clientas y luego, a domicilio, se cobra el alboroque. Como esto no se pare pronto me ponen de patitas en la calle.
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Somos dos amigas de Zaragoza, rubias por más señas y nos ha conmovido el post de Fajas: Momentos. Para momentos uno que tuvimos, o dos, porque fue sucesivo, (somos decentes), con un cojo en Estambul...¡Qué juego de caderas!
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Pues no veas tú como me pone a mi lo de Manola. Es sin duda alguna el nombre más sexy que he escuchado en mi vida. No uno de los más sexy, ¡¡el más sexy!. Fíjate que, a fin de cuentas, me respondes lo que yo anticipaba en mi mensaje anterior. Tu tesis es que yo aún no he probado los lindos manjares que tú me puedes ofrecer. ¡Que los he probado, Manola!, ¡qué los he probado!. Tu línea argumental me recuerda mucho a la que utilizaba Isabel Gemio en un programa de radio sobre amor y sexo, ¡¡allá en los tiempos de otro socialista ilustre!!, un tal Felipe de mi vida. Cada vez que llamaba algún oyente quejoso le decía que lo que necesitaba era un buen polvo. Tal vez tenía razón la tal Gemio, pero yo también pienso que ella no le vendría mal un orgasmo cerebral. Insisto que no es fácil superar el placer que resulta de comer una lata de aceitunas, pero como veo que me desafías (se nota que estás de vuelta), te voy a pasar mi dirección postal para que me hagas llegar tu nº de teléfono, ahí marcamos un encuentro y si el género nos complace, no seré yo el que recuse un buen plato de caviar. A ti que asiste el mismo derecho. Ahora bien, si el género no satisface tus o mis expectativas nos vamos los dos juntitos a tomar unas anchoas de Guetaria, que las pago yo. Yo no sé lo que piensas tú, pero si hay que escoger entre unas alitas de pollo y unas anchoas de Guetaria, yo me quedo con éstas últimas. Las anchoas de Guetaria nunca me han defraudado. Toma nota de mi dirección postal. Zampabollos (alias” Fornicator”), C/ El rapidillo s/n. Castrillo de los Polvazares. Como puedes observar soy Maragato, aunque tengo ascendencia caucásica. Tú envíame tus datos a esta dirección que llega, hazme caso. Si tienes otra propuesta para que nos “conozcamos”, soy todo oídos.
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Oye, Zampabollos (como me pone ese nombre), como veo que andas un poco desganao estoy dispuesta a pasarte mi teléfono en la forma que acordemos, para que no se aprovechen otros, y quedar contigo. Luego me dices si prefieres comerme a mí o te parece más sabrosa una lata de aceitunas "La Española" que ahora con eso del Estatut son las más caras. Atrévete
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Pues yo Manola estoy bastante decepcionado con esto del sexo. No es para tanto, todos estos profetas del sexo nos prometieron el advenimiento de una nueva “era orgásmica” y al final lo que era, era un camelo, como lo del colesterol. Póntelo, pónselo; sida no pero sexo a tope; todos a follar, follar …y al final los boquerones estaban mucho más ricos. Creo que adivino tu respuesta: “lo que pasa que a ti te hace falta un buen polvo, un buen orgasmo de esos que te deja temblando y un poco escozio”. Conozco esa experiencia, Manola, pero me siguen gustando más lo boquerones, lo que pasa que decirlo así, abiertamente, es un ejercicio de honestidad al que la mucha gente no está acostumbrada. Además, tú no te las des de “bienfollá” que seguro que hay una tapa por ahí que te gusta más que un buen polvo, como a todo el mundo y si no que se pronuncie el blog. Eso sin entrar a considerar aquello supuestos en los que a tu pareja le huele el aliento o le cantan los bajos. En esos casos me conformo incluso con una tapa de aceitunas con hueso, digo bien, ¡¡con hueso!!.
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Es verdad, Fajas, ¡que bella es la vida! Aunque a mi todo eso que escribes me parece muy poético, pero poco practico. A mi lo que me gusta es irme con mi tronco a tomar copitas y que luego me dé un repaso de los buenos. De esos que te dejan con las piernas temblando y hasta un poco escozía. No sé si cuando sea vieja me gustaran las puestas de sol, los paseos y los boquerones en vinagre, pero ahora donde este un buen rabo que se quite todo lo demás. Y que me perdonen las finas, bueno las que se las dan de finas.





